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domingo, 18 de agosto de 2019

No tenemos tiempo para los demás


Es difícil seleccionar mis pasajes preferidos de mis propios escritos. Quizá sea una tarea que en ningún momento haya que hacer, como mostrar preferencias entre los propios hijos. Sin embargo, no es tan grave si lo hacen otros. No hace mucho una atenta lectora seleccionó su pasaje favorito de Descubre por qué te mato. Yo no digo que sea el mío, ni que no lo sea:


Aunque, bien pensado, quizá Arcadio tuviera su punto de razón. Quizá pasamos por esta vida demasiado absortos en nuestras cosas, en nuestro porvenir, en nuestro éxito o supervivencia, nuestro amor o nuestro placer… Incluso nuestros problemillas. Lo importante es que sean nuestros, para que podamos ocupar la mente en ellos impune y justificadamente. Y cada día, cada minuto tal vez, nos cruzamos con personas desesperadas que han perdido el norte de su vida, o que no han podido resistir el peso del sufrimiento y han quedado vulneradas para siempre, acaso incluso desquiciadas. Personas que podrían sanar, o al menos consolarse, con una pizca de atención, una sonrisa, algo de interés por nuestra parte. Pero no se lo damos. No, porque tenemos prisa, porque no tenemos tiempo que perder, porque nos acucian otras prioridades, nuestras prioridades. ¿Y si Arcadio fuera uno de esos? ¿Alguien a quien yo, sin quererlo, había pisoteado en mi estampida hacia delante?

(Descubre por qué te mato,  viernes de la 3.ª semana)


Foto: Antonio Puerta 


domingo, 11 de agosto de 2019

Tertulias literarias y antologías

Ya que me adentro en el tema de las antologias literarias (ver entrada de la semana pasada), me apetece desenterrar un fragmento de mi primera novela, Calle Menor, en la que un grupo de personajes asisten a una tertulia literaria relativamente bohemia.

[COLO, UN ESTUDIANTE DE PRIMER CURSO DE HUMANIDADES CON MUCHAS GANAS DE MEDRAR, ACUDE POR VEZ PRIMERA CON DOS COMPAÑEROS A UNA TERTULIA LITERARIA LIDERADA POR ONOFRE ZAMANILLO, POETA Y EDITOR LOCAL]

–Pues sí, queridos, os repito que tenéis la fortuna de palpar esta primicia que acaba de salir de imprenta, y que, como os digo, pretende ser un espacio horizontal donde se rescate la palabra, donde se trace una ecuación diferencial entre expresión comunicativa e inmanencia, de tal modo que, como afirma Bruenesk, se reconstruya esa pirámide multifuncional que estructura diversos niveles de interpretación y entre ellos se establezca una interdependencia no exenta de función performativa, según el concepto de Pierce. O por decirlo de otra manera, las palabras del poeta son ya actos, como declaró Alexander Pushkin.
Era impresionante estar ahí, pensaba Colo, y preveía que pronto se empezaría a familiarizar con algunos de los nombres intercalados aquí y allá por la vasta erudición de Onofre, llenándose de satisfacción en los pocos casos que detectaba terreno familiar, como la reciente referencia al último Bond. Aunque eventualmente su imaginación corriera el riesgo de volar por otros cielos, su vista permanecía fiel al transcurso de los razonamientos del maestro. Así, salvo alguna excusable excepción centrada en los aros voluptuosos del cigarro de Elsa, los ojos de Colo seguían los ejercicios rotatorios de muñeca de Onofre, los quebrados que dibujaba con el índice, su frotamiento de lámparas de Aladino, su donación de monedas a la plebe desde la carroza imperial, y los diversos juegos ternarios de pulgar, índice y corazón mientras sujetaban mandíbulas, simulaban disparos al aire o achinaban ojos izquierdos. Todo aquello aportaba un aura fantástica que a Colo le ayudaba a entender y degustar los placeres superiores que proporciona la cultura. Algún día, si todo marchaba como debía, también Colo hablaría así, y poseería su propio auditorio de embobados discípulos.
–En el río del acendrado panorama poético nacional desembocan los torrentes de estos jóvenes poetas que ya tienen mucho que decir de su particular visión de plenitud. Cada uno, pues, se afana por encontrar su propia voz y ofrecer al público esa personal invitación al silencio lector. El silencio es la voz del infinito, que diría Alomar. En definitiva, se trata de nuevas voces que siempre desde cada peculiar multidimensión susurran al receptor, como apunta García Montero, “aquí se habla de ti”, en ese acto fático de captatio benevolentiae. Surgir utopía y llegar a realidad, he aquí el meollo de la comunicación poética, algo que mis antologados ya han descubierto en alguna etapa de su personal itinerario creador.
Colo paseó la vista por las caras de los contertulios y comprobó una vez más el seguimiento magnético que provocaba Onofre. Advirtió que las respectivas expresiones faciales del delgaducho y del alopécico delataban además cierta expectación acompañada de un deje de impaciencia en aumento. Aunque nunca había pecado de muy curioso, le entraron ganas de adivinar el porqué. Onofre había llevado a la tertulia un volumen recién salido al mercado, una antología de poetas jóvenes que él mismo había elaborado por encargo de una editorial de prestigio. Y, de momento, se había limitado a presentar la obra con esa elocuencia tan embelesadora, pero no había leído sus contenidos ni había pasado de mano en mano el volumen.
–Y no os quepa duda de que éste es un proyecto signado por la apertura franca al autodescubrimiento de mundos interiores verbalizados, y nace con vocación de ser una brisa fresca en medio de un ambiente viciado por el comercialismo y el marketing, es una luz en la oscuridad, una ventana abierta a la belleza indeclinable. Pero, claro, no pueden estar todos los que son –añadió, con tono entre pícaro y misterioso, deteniendo su alocución para posar la vista sobre alguno de los presentes. El larguirucho se puso serio y tragó saliva. 
De nuevo se detuvo en este punto, como saboreando un estado de expectación latente. Los contertulios le miraban muy fijamente y se intercambiaban gestos entre sí. Tras unos segundos, Elsa lanzó una bocanada a lo Lauren Bacall y preguntó de modo distante y con voz grave: 
           –¿Algún conocido, Onofre?
El interpelado se sonrió alargando mucho la boca y arrugando la frente. 
         –Sí –contestó enigmático, –ya os diré–. Y siguió perorando durante unos minutos mientras Colo volvía a dejarse llevar por la imaginación hacia cumbres de un parnaso no lejano donde él aparecería como referencia obligada en futuras antologías de jóvenes promesas ya realidades. […] Al cabo de un tiempo oportuno, en control de la situación, Onofre se dispuso a revelar información privilegiada.
–¿Nombres? Bueno, bueno. Se repiten algunos de mi anterior antología, claro, pero en ésta se introducen otros novedosos e interesantes. Por ejemplo, se incluye un poema muy prometedor titulado “Raíz con brida”, de una tal Elsa Llorente. ¿La conocéis?
–Enhorabuena, Elsa –gritó el hombre de las patillas, a quien hicieron débil eco los demás–. Qué de puta madre... ¿Veis?, nuestra Elsa ya antologada...
Ella recibió la noticia con una media sonrisa y ojos cerrados, y para celebrarlo encendió otro pitillo con labios sensuales. –Gracias, Asier –contestó.
–¿Qué más tenemos por ahí? –prosiguió Onofre, como un Santa Claus de hipermercado sacando del saco chucherías para niños con verdugo–. Sí, queridos, seguro que os suena un poema de tres páginas titulado “Maletas sin fondo”, de Jacinto Coronado. Ese chico no me gusta como persona, es un auténtico vendedor de sí mismo, pero hay que reconocer que tiene talento. ¿No creéis? [… TODOS ASIENTEN, AUNQUE ANTES DE QUE LLEGARA ONOFRE HABÍAN PUESTO A CALDO AL TAL CORONADO…]. Bueno, ¿qué más nombres? Veamos. He incluido un poema titulado... –su tono recordaba al presentador de la noche de los óscars a punto de revelar la mejor película–: “Juegos de ingenio”, de Lauro Garbías!
–¡Chaaaachi! –ululó sin poderse refrenar el antologado, tensando los antebrazos en paralelo y pataleando levemente. Todas las miradas se posaron sobre él por unos instantes. Colo observó de reojo a sus dos compañeros de iniciación, que permanecían en el más sagrado mutismo, contemplándolo todo. Al cabo de un rato, por orden de colocación, parecía que le tocaría el turno al llamado Asier, pero éste pronto despejó la duda: 
–A ver si yo pa la próxima te mando algo, Onofre. Es que ya sabes que to lo que tengo lo he mandado a concursos, y estoy esperando que contesten...

[…EN ESTE PUNTO SE PRODUCE UNA DIGRESIÓN…]
–Y ahora... –intervino Pichi nerviosamente –¿seguimos hablando de la antología...?
–Me temo que no hay ninguna novedad interesante más –zanjó Onofre no sin cierta crueldad–. Luego están los de siempre, claro, […]. Pero esos ya estaban en la anterior antología, y son firmas imprescindibles para quien quiera entender la poesía joven contemporánea...
–Pero... –Pichi parecía abatido, y miraba a su maestro con la desolación del fiel Viernes a quien Crusoe, después de tantos años, vende como esclavo por cuatro duros. Pero no protestó, y su presunto reproche infinitamente matizado murió allí mismo.
–De todos modos, ya me han encargado elaborar la antología del año que viene. Estas cosas se prevén con mucho tiempo, y ya dijo Casona que vale más sembrar una cosecha nueva que llorar la que se perdió. Todo aquel que se lo merezca puede aparecer ahí. Pero no conviene dormirse en los laureles, hay que currárselo, ¿entendido, queridos? Cu-rrár-se-lo.

Calle Menor, capítulo 14

domingo, 4 de agosto de 2019

Antología de narrativa en La Rioja (cosecha 2005)

Con ocasión de un amistoso debate en el chat de la reciente Asociación Riojana de Escritores, he tenido oportunidad de volver a reflexionar sobre el fenómeno de las antologías literarias, un tema controvertido para todos los amantes de la cáscara de lo literario. Seguro que me inspirará para alguna entrada más de este blog, pero en la de hoy quisiera recordar, a propósito de un comentario sobre la ausencia de antologías de narradores riojanos, que al menos existe una de tales que data de 2005, un número especial (¡triple!) de Fábula subtitulado así: “Antología de narrativa en La Rioja”.

Los antólogos fuimos Eugenio Sáenz de Santa María y el que esto escribe. Por supuesto, toda antología es incompleta y parcial, pero al menos puedo asegurar que no nos centramos ni en nuestros amiguetes ni en posibles prestadores de favores. Al contrario, incluso invité a algunos que, si no llamaría enemigos (solo considero como tales al mundo, al demonio y a la agencia tributaria), no eran demasiado afines a mi persona. Establecimos el criterio de solicitar un texto narrativo a autores riojanos (de nacimiento o adopción) que ya tuvieran cierta trayectoria en publicaciones de este género, y extendimos bastantes redes (antes de la era de las RRSS) para localizar algunos que solo conocíamos de nombre.

En definitiva, si bien es imposible que fuéramos objetivos, sí que procuramos ser ecuánimes  y honestos con nuestro plantel de seleccionados. Así, en esta antología compartimos páginas con Begoña Abad, Javier Alonso , Rafael Azcona, Javier Bañares, Antonio de Benito , Fernando Benito , Javier Casis, Juan Carlos Chandro, Alonso Chávarri, Antonio Cillero, Tina Díaz Azcona, Marcelino Izquierdo, Javier Jiménez López , Jose María Lánder, Luis Martínez de Mingo, Francisco Páez de la Cadena, Luis Sáez Gamarra, Fernando Sáez Aldana, Bernardo Sánchez , Carmen Tejada, y Jesús Ángel Teso, todos ellos autores de valía.

Obviamente, si tuviéramos que elaborar otra antología similar 14 años después, se deberían añadir varios nombres más (Andrés Pascual aún no había irrumpido en el mercado), y quizá excluir a otros que no siguen demasiado activos. En estos tres lustros ha habido una auténtica explosión de narradores en La Rioja, quizá amparados  en la mayor accesibilidad de la autoedición, aunque a veces sea difícil separar el trigo de la paja.

Nuestra antología, ciertamente, tuvo una repercusión limitada en su momento; tampoco ahora dominamos las claves de la comunicación mediática que nos permitan reforzar la promoción de nuestras publicaciones. Pero si algún día un estudioso serio pretendiera elaborar una historia literaria honesta y documentada de la narrativa en La Rioja a principios del siglo XXI, sin duda debería tenerla en cuenta.

domingo, 28 de julio de 2019

La prima de mi Clara

"No hay nada nuevo bajo el sol", recuerda el Eclesiastés, y, en efecto, en el mercado literario también se cumple esta sentencia. No hace tanto vio la luz un libro de la célebre escritora estadounidense Mary Karr, Iluminada, editado en Errata Naturae en 2019, que utiliza una portada que al puñado de lectores que tienen la paciencia de seguirme les recordará a la de Mientras ella sea clara (2011).




Está claro que la inspiración de ambos portadistas proviene de las variaciones de un cuadro de Alex Katz. Es muy posible que los editores de Errata Naturae nunca hayan conocido el mío, pero no deja de ser curioso que utilicen una portada tan parecida para un libro de autobiografía descarnada, al igual que mi Clara adoptaba para sus confesiones a los lectores un tono de inusual sinceridad.

Otras divertidas coincidencias me han ocurrido al nivel de títulos. Así, poco después de que sacara (o me sacaran) Solo yo me salvo (2011), apareció la réplica Nadie se salva solo (2011), de la escritora y actriz Margaret Mazzantini, un buen antídoto al mensaje solipsista que proponía mi título. Cosas de la vida... literaria.


domingo, 21 de julio de 2019

Sherlock en Barcelona (II)


Los secretos de San Gervasio
AUTOR: Carlos Pujol
EDITORIAL: Menoscuarto
LUGAR Y AÑO: Palencia, 2019


UN SHERLOCK QUE ECHA SIESTA

Los secretos de San Gervasio, publicada por primera vez hace un cuarto de siglo, pertenece a esa corriente tan fecunda de pastiches o apócrifos que ha multiplicado por centenares los relatos originales de Conan Doyle, el llamado “canon holmesiano” formado por cuatro novelas y cincuenta y seis relatos protagonizados por el agudo investigador inglés.

De entre las diversas opciones que adoptan los escritores de apócrifos –algunos de los cuales se adentran en terrenos como lo gótico o la ciencia ficción– Pujol ha optado por mantener cierta apariencia inicial de continuidad con la tradición. Así, encontramos a un Watson narrador homodiegético que saca a colación personajes o episodios de pasadas (o futuras) aventuras canónicas; la célebre pareja recibe a unas clientes en el 122b de Baker Street, donde la señora Hudson les sirve el té; este primer encuentro permite un alarde de pericia deductiva y plantea un enigma que solo Holmes podrá solucionar si acepta el caso, que esta vez requiere su traslado a Barcelona.

Pero, a pesar de este inicio reconocible, en cuanto el cerebral Sherlock pone el pie en suelo hispano, un cambio empieza a obrarse en su interior. El primer revulsivo es su visita a una iglesia junto a Las Ramblas, que le retrotrae a su infancia en un colegio de Jesuitas y a lo que allí aprendió y/o luego desaprendió. Pronto se dará cuenta de que el caso que le arrastró a San Gervasio no es lo que parece, y, aunque se entretiene investigando un absurdo asesinato, acaso perciba que las gentes que se cruzan en su camino y que le acogen llevan vidas más humanas que la suya. Pero aún hay un factor más determinante de esta evolución: una vez que prueba el hábito de echar siesta, no es capaz de dejarlo.

La caracterización de Holmes parece también bastante canónica, pues, además de sus dotes de observación y análisis, despliega su talante racionalista y distante, pagado de sí mismo, vulnerable cuando la investigación no prospera, y sin escrúpulos para tomar atajos. Pero el desarrollo de la historia revela que Pujol no rinde pleitesía a Doyle y acaso se acerque más a otro autor de ficción detectivesca como Chesterton, quien ya en los inicios de su saga del padre Brown contrapuso al curita con aspecto de panoli con Aristide Valentine, el racionalista por antonomasia, clara parodia de Sherlock. En esta comparación, el método basado en el conocimiento cercano del alma humana parece llevar ventaja sobre el inductivo y experimental.

Volviendo a nuestra novela, conforme asistimos al progresivo fracaso de Holmes en su faceta habitual de racionalista, Pujol intercala diversos recordatorios que cuestionan su alto concepto de sí mismo. Uno de ellos es el estribillo “Si ganas, pierdes”, coherente con la clásica paradoja chestertoniana. Por otro lado está el poeta don Celestino, que intenta abrir un frente en el que la fantasía ayude a interpretar el “orden misterioso del mundo”, y no solo la fría lógica. En este programa, por supuesto, entra la poesía, que es “iluminación”, pues “la verdad sólo se ve de lejos y con los ojos cerrados”, y “la poesía no es una llave para abrir puerta, sino una luz que las hace transparentes”. Más tarde es el cura local, muy en la línea de Father Brown, el que intenta abrir los ojos de Holmes al misterio: “Los misterios tiene que ser inexplicables, si se explican ya no son nada”.

Si el pastiche es un artefacto postmoderno que implica reconocer la herencia literaria anterior, pero también reaccionar frente a ella como un heredero rebelde o contestatario, Pujol hace que Holmes aprenda de su paso por Barcelona que existe el Misterio, y que por muy inteligente que uno sea nunca podrá explicar lo inexplicable. Acaso se le podía aplicar una de las declaraciones de Pujol sobre las lecciones de la ficción narrativa: “Toda novela es la averiguación de una verdad que nunca se llega a descubrir del todo. Los autores que son tan listos que solo aspiran a demostrar lo que creen verdadero deberían abstenerse” (Cuadernos de escritura).

Elemental, queridos lectores. ¿O no?



domingo, 14 de julio de 2019

Si te ha pillado el toro...

En alguna entrada del pasado he abogado por la implantación, a nivel universal si se puede, de un día al año de apagón informativo sobre asuntos de política. Un día en el que ningún medio reproduzca las recurrentes declaraciones de nuestros líderes de uno u otro pelo, que, a pesar de ser repeticiones con escasas o nulas variaciones, acaparan portadas y titulares.

Mi propuesta se contentaría, de momento, con un día al año, aunque no desdeñarīa que fuera aumentando con el tiempo. Tampoco pasaría nada si el Día sin Política (DSP) se extendiera también al Día sin Fútbol (DSF), deporte no solo 'rey' sino más bien tirano en su inmoderada acaparación de atención. Imagínense la cantidad de noticias sobre ciencia, cultura, literatura, arte, etcétera que cabrían en los medios durante ese bendito DSP (y DSF).

En fin, de momento, esto es tan solo wishful thinking, acaso una impotente protesta ante la capacidad que tienen los medios de imponer una selección interesada de los asuntos que nos tienen que preocupar, añadiendo, si cabe, el enfoque correcto y el sano posicionamiento.

Pero, en esta línea, lo que me parece el colmo de la imposición temática inane en España ocurre de modo eminente en estos días de principios de julio. En concreto, me refiero a los titulares sobre los encierros de los sanfermines. Que en la jerarquía de noticias de prensa, radio y televisión ocupen esta semana un primer lugar las carreras ante los toros bravos, y las inevitables cornadas que esto conlleva, hace que se tambalee mi ya débil fe en la relevancia del modelo informativo que se nos propone o impone.

Cuántas violaciones de derechos humanos en el tercer (o primer) mundo, cuántas amenazas a la paz y a la libertad a nivel internacional, cuántos logros de personas individuales qué dan un paso anónimo hacia el progreso, etcétera, quedan eclipsados ante el parte diario de accidentes previsibles y provocados acaecidos en cada encierro matutino.

No digo yo que no se hable de esta fiesta, por lo que pueda tener de tradición y de fomento del turismo. Pero de eso a despertarnos o desayunarnos cada día de la semana con el bendito parte, hay un abismo. Es cuestión de prioridades.


domingo, 7 de julio de 2019

FAUNA URBANA (VIII): MALAPARCANTIS CONTUMAX

Esta especie no es exclusivamente de ciclos veraniegos, pero desarrolla sus plenas potencialidades en tal estación de aglomeraciones y escasez de espacio público. Como la mayoría de las especies que estudiamos en nuestra Fauna Urbana, esta tampoco considera relevante que existan otros seres en el mundo distintos de sí, pero en su caso tal conciencia se desenvuelve al volante de un vehículo automotor, o, más en concreto, en el momento de aparcarlo en un espacio colectivo.

Así, cuando precisa trasladar su corporeidad a hábitats compartidos con multitud de otros individuos, tales como una playa abarrotada o la piscina pública, nuestro espécimen manifiesta una sabiduría práctica que supera con creces la de sus congéneres. Es, pues, el primero en detectar que está libre el espacio indicado con un muñeco en silla de ruedas sobre fondo azul, y, en tal caso, estacionará allí sin reparo alguno.

Sin embargo, si las plazas con esta señalización azul no están disponibles y el Malaparcantis no encuentra otros espacios (sépase que no se caracteriza por dedicar su valioso tiempo a dar vueltas en su búsqueda), nuestro espécimen se apalanca en doble fila o en algún punto estratégico donde pueda bloquear el tráfico o impedir que otro vehículo estacionado correctamente consiga salir.

La variante más selectiva de esta especie manifiesta especial afición por inhabilitar otras unidades de estacionamiento diferentes de la suya. Así, si aparca en batería, es frecuente que ocupe dos o más plazas para poder salir y entrar de su coche con mayor holgura. Otras veces, también en un zona para vehículos en batería, él estacionará en paralelo si así puede aprovechar una preciada sombra (véase la imagen).

By CVF


Si usted está de vacaciones o lo estará en breve, sin duda se topará pronto con más de uno de  tales individuos. Desde esta sección le recomendamos que tenga paciencia y que no haga lo que le pide el cuerpo en ese momento.



domingo, 30 de junio de 2019

Escribir por amor

ESCRIBIR POR AMOR
(Editorial de Fábula 44)

Cuentan que el escritor victoriano Anthony Trollope tenía un hábito de escritura tan estricto que se imponía una rutina inamovible de dos mil a tres mil palabras diarias, cayera quien cayera, y que, una vez terminado un libro, empezaba inmediatamente el siguiente. Sólo así se explica su ingente producción de setenta títulos (descartando, claro, la ayuda de otras manos, blancas o negras).

Me rondan tales reflexiones porque en estos días, tras cinco años de recorrer otros caminos de escritura, he empezado la que, si ve la luz, será mi quinta novela. He vuelto a revivir la emoción de construir un universo paralelo poblado por criaturas cuyas vidas dependen en gran medida de mi voluntad, o de mi imaginación, o de la primera domeñando la segunda, o viceversa. Para un escritor liberado de la esclavitud de vender (por decirlo de modo positivo), sumergirse en una novela es una experiencia transformadora que te saca de ti, de tu contingencia, para proyectarte de lleno en un horizonte vital alternativo propio del juego irrepetible e irrenunciable de crear ficción.

Pero entre semejantes efluvios del gozo creador se interponen otras consideraciones más prácticas y terrenales, como la necesidad de una disciplina trollopiana o parecida que posibilite que las musas, si es que se asoman, te encuentren trabajando. Y viene la parte dolorosa del proceso, la que requiere quebrarse la cabeza contra el estilo, el léxico, el punto de vista narrativo, las tramas y subtramas, las descripciones, las narraciones, los diálogos, la documentación, las causas y efectos, la continuidad, los guiños intertextuales… Y revisar, revisar, revisar.

En estas disquisiciones me hallo cuando de pronto me topo con un texto de Pablo d’Ors en su célebre Biografía del silencio: “No es en absoluto cierto que haya que esforzarse o disciplinarse para escribir un libro. El libro se escribe solo, el cuadro se pinta solo, y el escritor o el pintor están ahí, ante su lienzo o cuaderno en blanco, mientras esto sucede”.

En principio no entiendo nada. ¿Estamos hablando de la trasnochada escritura automática de los surrealistas que dejó bodrietes tan prescindibles? ¿Cómo se armoniza esta teoría con el cansancio efectivo que siente el autor después de luchar a brazo partido contra las infinitas opciones que se presentan ante su mente? ¿O es que acaso el ordenador del señor d’Ors adquiere vida propia mientras su dueño duerme la siesta?

Pero luego retrocedo unas páginas de la misma fuente, y releo otro pasaje que me pasó desapercibido, y que acaso ofrece la clave: “desde muy joven he sabido qué páginas de mis libros estaban inspiradas y cuáles no […]: las inspiradas son aquellas que he escrito olvidado de mí, sumergido en la escritura, abandonado a su suerte; las menos inspiradas, en cambio, las que he planificado y redactado de forma más racional y menos intuitiva. […] Para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse”.

Ah, era eso. Y recuerdo la frase de otro sabio, Gustavo Martín Garzo, a quien una voz oí afirmar que “uno escribe por amor”. Y, bueno, igual tenía razón John Lennon cuando repitió tan machaconamente que: “All you need is love”

Foto: Ángela Villar 

domingo, 23 de junio de 2019

Sergio del Molino apadrina Fábula 44


El martes 18 de junio nos visitó Sergio del Molino como padrino del número 44 de la revista literaria Fábula.
Tondeluna, 18:30. Fotos; Irene Castellanos

Llegó en su coche desde Zaragoza, primero para el encuentro con el equipo y suscriptores de Fábula en el restaurante Tondeluna, a las 18:00. Entre unas copitas de tinto Solar de Samaniego proporcionadas por César León y unas sabrosas croquetas de la casa, Sergio fue el centro de una animada tertulia. Moderada por Evelyn Pérez —una “molinista” inmoderada—se centró (¿cómo no?) en la realidad de la España vacía, un problema al que Sergio puso nombre hace unos años y, así, contribuyó a extender el debate. Sin demasiadas esperanzas de solución, pues el autor no cree que se pueda revertir el despoblamiento rural mientras la economía nos empuje a comprar lo más barato y no lo de nuestro entorno. El campo solo se repoblará si produce agricultura, y si esta producción es rentable. Con todo, algunos asistentes insistían en que no hay que perder del todo la esperanza en lo que nos depare el futuro.


El tiempo voló (al igual que las croquetas), y a continuación nos dimos un paseo hasta la librería Santos Ochoa, donde se celebró el acto abierto de presentación de Fábula 44, ante más de un centenar de asistentes (entre los que se contaban, por cierto, el nuevo alcalde de Logroño y algunos concejales; se convierte así en el primer alcalde que acepta la invitación a una presentación de Fábula tras 23 años!)
¿A que apetece?

Tras una descripción (breve) de la revista por el que esto relata, y una (aún más breve, y más poética) introducción al autor por parte de Evelyn, Sergio del Molino volvió a abordar un tema del que tanto sabe, esta vez aportando nuevos matices, como la definición de las “aldeas Potemkin” para denominar poblaciones que buscan apuntalar su supervivencia recurriendo a reclamos turísticos que acarrean un vacío identitario.

Fotos: UR

Sergio del Molino es un hombre cercano, lúcido, no titubea al hablar. Como él admite, sus escritos tratan en gran medida de la ausencia y el vacío, por lo que acaso su lucidez transmite un punto de desencanto. Pero lo cierto es que ha conseguido convertirse en un nombre imprescindible de la cultura española actual, e hizo un hueco para visitarnos entre las numerosas invitaciones que recibe de diversos foros. 

Desde aquí le queremos agradecer, en nombre de todas las personas que estamos detrás de la revista, su cercanía y disponibilidad para acompañarnos en el alumbramiento de esta preciosa criatura, Fábula 44 (ya hablaré de ella en otro momento). Como quien no quiere la cosa, entre un acto y el siguiente le tuvimos hablando más de tres horas seguidas. 



Muchas gracias, Sergio.

domingo, 16 de junio de 2019

TIENE UN TESORO


Todo empezó por un rayón.
            Era lo que siempre había temido. Cada vez que aparcaba en batería me asaltaban los más ominosos temores de que la típica acompañante desaprensiva saliera del asiento del copiloto del coche recién aparcado a mi lado, y arremetiera sin cuidado contra la carrocería de mi flamante Mercedes clase A, 200 CDI.
            Pero esta vez la temida escena se produjo ante mi vista, ante mis propias narices. Así que me abalancé contra la susodicha y dejé que me llevaran los demonios.
             –¿Es que quieres que demos parte por esa chuminada? –dijo el chulo del marido, o lo que fuera–. Vamos, hombre, no me jodas.
            Tal desfachatez fue la gota que colmó el vaso, y a partir de este punto mis demonios transportistas me inspiraron las mejores lindezas de mi repertorio barriobajero, predicadas, por turnos, de la copilota, de su marido (o lo que fuera) y de la descarriada madre de cada uno de ellos.
            Como era de esperar, los ánimos se encendieron, y la cosa devino bronca, la bronca devino manos, las manos devinieron puños, y al final se montó un festival de huesos rotos, dientes, sangre, cristales y abolladuras. Acabamos, claro, en comisaría, hechos unos zorros, afrontando diversas denuncias por faltas, por lesiones, por daños, por injurias, por alteración del orden público, además de la desalentadora perspectiva de cuantiosos gastos y molestias por inminentes sesiones de rehabilitación y varias de odontología avanzada.
            Entonces, cuando nos tomaron los datos, caí en la cuenta.
            Ya sabía yo que me sonaba la cara del chulo del marido (o lo que fuera). Y me sonaba porque, desde hacía más de una año, era amigo mío. Amigo en Facebook.

domingo, 9 de junio de 2019

¿Cuánto cuesta el procés del procés?

¿Cuánto nos cuesta el procés del procés?  Jueces de alto nivel y altos sueldos, fiscales, abogados del Estado, secretarios, ujieres, policías, funcionarios de prisiones, prisiones , transportes, y muchos otros gastos que no quiero ni imaginar. Que doce dirigentes catalanes hayan (presuntamente) incurrido en rebelión, o sedición, nos cuesta a los contribuyentes millones de euros, que, valga el tópico, darían más fruto en áreas como alimentación, vivienda, sanidad o educación.

Pero lo más caro de este juicio no es necesariamente lo económico. Su marcada teatralidad parece servir para difundir la causa independentista dentro y fuera de nuestras fronteras , para cuestionar la justicia española, y animar a que los tribunales europeos nos sigan humillando.

Imaginemos que, al concluir, los encausados recibieran las condenas que probablemente merezcan. ¿Las cumplirán, o acaso un magnánimo gobierno abierto al diálogo les acabará indultando? Incluso en este supuesto, la condena merecida no habrá hecho sino alimentar el aura de mártires de la República Catalana de los encausados, lo que lo que a su vez llevará a que aumente el 50% de pro independentistas , y que en un futuro no lejano su crecimiento no pueda ser contenido por un gobierno dialogante.

Difícil problema el catalán. Para unos, la solución pasa por más 155, para otros  por más diálogo, aunque algunos interlocutores sean sordos. A veces tengo la impresión de que, por muy mal que estuviera, aún se empeoró más tras junio de 2018 . ¿Me equivocaré? Por el momento, entretengámonos con el proceso del proceso, y con la constatación de que la justicia puede ser muy cara . Y muy inútil .
Una fachada de un edificio de Barcelona 


domingo, 2 de junio de 2019

Fábula 44 y Sergio del Molino

Hoy toca anunciar el próximo evento relacionado con la revista Fábula, que desde el pasado número ha renovado imagen y ganas. Presentaremos el 44, apadrinado por Sergio del Molino, quien dará la charla titulada “Las aldeas Potemkin: la España vacía como un decorado" (o sea, que sabe de qué habla). Será el martes 18 de junio en la librería Santos Ochoa (c/ Calvo Sotelo, 19, Logroño) a partir de las 19:30. Previamente tendremos un encuentro con los autores y suscriptores de Fábula en un estupendo restaurante logroñés.

Además de apadrinar este número,  Sergio se ha prestado a aportar el título autógrafo de la revista, siguiendo la costumbre que se inauguró con el 43.

Os recuerdo la biografía de Sergio del Molino (Madrid, 1979): escritor y periodista español, cuya obra se mueve entre la narrativa autobiográfica, el ensayismo y la crónica. La España vacía (premio al libro del año de los libreros de Madrid 2016, y Premio Cálamo) ha sido un fenómeno editorial literario, y provocó un gran debate nacional sobre las regiones olvidadas del interior desértico del país. Además es autor, entre otros, de Lugares fuera de sitio, premio Espasa de ensayo 2018, La hora violeta, premios Ojo crítico y Tigre Juan 2013, o La mirada de los peces, 2017. Es columnista en el diario El País y colaborador en la cadena de radio Onda Cero.


El acto de las 19:30 será de entrada libre. Conviene madrugar, aviso.

domingo, 26 de mayo de 2019

Sé dónde vives



Domingo electoral en España, por partida triple. A ver si a partir de ahora los políticos dejan de prometer y empiezan a cumplir (aunque en algunos casos igual es mejor que no cumplan lo que prometen). En fin, con ocasión de tantas citas con las urnas para ejercer nuestra ínfima parcela de libertad de elección, he comprobado la también ínfima privacidad de la que gozamos los españoles hoy en día.

Como mis compatriotas habrán comprobado en carne propia, estos días hemos recibido montones de cartas de los partidos políticos. Este año más, pues más organizaciones maman de la ubre y, por consiguiente, disponen de más dinero (público) para invertir en propaganda. Pero lo curioso del caso es que todas esas cartas de partidos llevan mi nombre completo, dos apellidos y dirección. Es decir, que yo, como usted, estoy fichado en las bases de datos de organizaciones que no me interesan lo más mínimo y que, al menos, saben dónde vivo.

En estos tiempos en que te marean con cláusulas para salvaguardar la privacidad y que a cualquier colectivo le obligan a contratar dudosos servicios de agencias de protección de datos, resulta que nuestros datos de residencia está en manos de personas a las que nunca se los darías. Sí, los copian del censo, claro, pero entonces, ¿por qué el censo está al alcance de cualquiera?

Esto me trae a la memoria una anécdota que me contó un escritor conocido, columnista en un diario de izquierdas. En una ocasión publicó un artículo muy crítico con una medida del gobierno, y al poco tiempo recibió una llamada directa del entonces ministro del Interior (a la sazón Rubalcaba, q.e.p.d) para pedirle cuentas por el tono y contenido, dejándole claro el estribillo de la canción de Police: "Every step you take..."

En el creciente clima político de agresividad y cainismo, cuando muchos se empeñan en desarrollar el peligroso juego de las dos españas, no me deja tranquilo que nuestros datos obren en poder de manos extrañas. ¿Hay algo que se pueda hacer?

domingo, 19 de mayo de 2019

FAUNA URBANA VII: VOCIFERUS RECLINANTIS

Esta especie tiene su hábitat natural en los autocares de media y larga distancia, en los que construye su nido al cabo de unos pocos instantes del ingreso.



Un primer rasgo que define al espécimen es que considera su derecho inalienable apurar el ángulo de reclinación de su respaldo abatible, independientemente de que detrás viaje una persona de gran volumen o un jugador de la NBA, a quien por supuesto no mirará ni avisará en el momento de descargar todo el peso de su derecho sobre las incautas rodillas de aquel.

Una vez instalado en el asiento a su entera satisfacción, el Vociferus saca su adminículo de telefonía móvil y comienza a organizar sus variados e interesantes asuntos de tal modo que hace copartícipes de estos tanto al conductor como el viajero del fondo que intentaba sestear.

Si acaso consigue culminar sus negocios, demorados hasta poder ser despachados en pleno transporte público, nuestro espécimen aprovechara la estupenda cobertura con que le obsequia su compañía para saludar a ese amigo al que nunca visita, para recordar a su madre que le tenga preparado un buen cocido de pochas con chorizo, o acaso para debatir con su expareja los motivos por los que lo suyo no podía funcionar, todo ello ante la admirada curiosidad de los más oliscones del autocar, o el prolongado fastidio de quienes quisieran dormir, leer, o simplemente no ser vulnerados en su delicada sensibilidad




domingo, 12 de mayo de 2019

Dos microrrelatos aumentados

En su extraordinaria intervención en el pasado taller de crítica y creación literarias, Leticia Bustamante nos dio una lección sobre los diferentes tipos de microrrelatos aumentados, entre los cuales se hallaban los inspirados por/ complementados por/ ininiteligibles sin/  una imagen.

Sesiones como aquella te amplían enormemente los horizontes, y aprendes que el microrrelato puede surgir de donde menos te lo esperas. Confieso que no he practicado demasiado tal tipo de narración aumentada, pero a veces recuerdo esta amplitud de posibilidades y me veo inclinado a proponer un minitexto asociado a una imagen. Valga este modesto ensayo en el subgénero como iniciación sin la menor pretensión,  salvo la de contar con la benevolencia de mis sufridos lectores.

El primero debe su inspiración a la campaña primavera-verano de Cortefiel.

¿Y DESPUÉS?
por Cortefiel 2019



–Bueno, preciosa, y después, ¿qué te apetece hacer? [Con la pasta que me llevo gastando, a ver si consigo llevármela al huerto].

–Ay, no sé, la noche es joven. ¿Qué propones? [Cómo me aburre el viejuno. A ver si se traga lo de la jaqueca y me vuelvo a casa a engancharme al Netflix].
















El segundo es aún más breve. Debe su inspiración a una tarde de piedad popular y de poner mis varices a prueba.



NANA

Algún día,  hijo mío...
por CVF 2019




domingo, 5 de mayo de 2019

No es fácil ser madre

Hoy domingo, Día de la Madre, recupero un micorrelato (navideño, sí) que demuestra que la labor materna nunca fue fácil.
Felicidades, mamás...

by CVF 2019
EPIFANĪA

La revelación fue demoledora. Y Toñín no se esperaba hoy semejante demolición de uno de los pilares en que reposaba su plácida infancia. Pero Mamá había decidido que, de no hacerlo ella, a la vuelta de las vacaciones navideñas lo haría algún compañero de cole maleado por sus hermanos mayores, o por sus amigotes. Y, en ese caso, sin duda el efecto sería aún más traumático.
            Si acaso Mamá había llegado a sospechar que su hijo ya lo sabía, ahora comprobó que se equivocaba de plano. Es más, sus entrañas maternales se desgarraban al contemplar el llanto desconsolado de Toñín. “A lágrima viva” o “a moco tendido” son expresiones gráficas insuficientes para describir lo que estaba presenciando, ese vaciarse del alma inocente a través de las lágrimas, esa indefensión hermanada con la amargura por la que se estaba escapando la primera infancia de su hijo, acaso la etapa más entrañable de su vida.
Cuando por fin el niño se repuso un tanto, lo primero que farfulló fue esta quejumbrosa súplica:
            –Pero júrame que el Ratoncito Pérez sí que existe. Júramelo, Mamá. Pérez es de verdad, ¿a que sí?

domingo, 28 de abril de 2019

Baby Boomers y otras cosas

En este mes de abril he protagonizado dos encuentros en sendos clubes de lectura que previamente habían leído Descubre por qué te mato. El primero fue el día 10 en el Instituto de Secundaria Santa Clara, de Santander, y el segundo en la Biblioteca Municipal Rafael Azcona de Logroño, este viernes 26 de abril. Este fue el cartel anunciador. Lo mejor es lo de mayores de 18 años.

Creo que ya he hablado de esto en alguna ocasión en este blog, pero he comprobado una vez más que, de las variadas fases de las que se compone la creación literaria (en sentido amplio), el contacto con los lectores es la más gozosa. Conocer las diversas reacciones de personas muy diferentes, y cómo cada cual ha hecho suyo el universo de mis criaturas de ficción, fruto de imaginación y trabajo, es sin duda la mejor recompensa que puede recibir el autor. Vale la pena emprender este largo camino que supone cada nueva obra.

Las luces de este cuadro son abundantes, aunque, de nuevo, alguna pequeña sombra podría ser la nula repercusión de estos actos en los medios tradicionales, ni siquiera en los locales. "Qué tengo yo, que mi anonimato procuras", podría glosar con el Fénix. En fin, quizá no quede espacio tras dedicar páginas dobles a las repetitivas declaraciones de los políticos o a las crónicas de partidos de regional preferente.

Volviendo a las sesiones del club, en este último me preguntaron si en mi novela pretendía hacer un retrato de toda una generación. Contesté que no necesariamente, pero que sí había dedicado algún párrafo a definir la de Óscar, el protagonista, nacido a finales de los 60. Reproduzco a continuación el que podría ser el texto más destacado a este respecto, una definición muy personal de los baby-boomers:

Mi generación, la de los cuarentañeros baby–boomers españoles, es marcadamente heterogénea en diversos aspectos. Algunos hemos recibido una educación bastante tradicional, mientras que otros han servido de cobayas para experimentos educativos en ocasiones anárquicos. Algunos hemos seguido todo el proceso de instrucción religiosa posconciliar que pasaba por la primera comunión, catequesis, confirmación y posterior relajamiento de creencias; otros ni siquiera fueron bautizados, con el pretexto de que ya elegirían ellos cuando crecieran. Algunos aún conservamos el pelo y cierto aire juvenil, otros ya han adoptado la calva y la tripa de la irreversible madurez. En lo tecnológico, mientras otros sí que se han subido al carro de los ultimísimos gadgets y apps, algunos nos hemos resistido con uñas y dientes a someternos a la esclavitud que conllevan. Al final han sido los regalos de Reyes y cumpleaños los que nos han hecho caer, con reticencias y varios años de retraso, en los teléfonos móviles primero, luego los portátiles, y finalmente (aún no es mi caso) a los iphones, ipads, ibooks, internet en móvil, whatssaps, y demás. Mi profesión me obliga a acelerar la modernización más de lo que me pediría el cuerpo, pero no tanto como lo que veo en las generaciones jóvenes ...
(Descubre por qué te mato, p. 52)

domingo, 21 de abril de 2019

Cuentos en la escuela del futuro

A propósito de mi entrada de la semana pasada, no puedo reprimir el impulso de reproducir el principio de la escena de Solo yo me salvo en la que el anciano Malaquías Winkle, quien ha vivido recluido en las últimas décadas de un futuro no muy lejano, visita una escuela.
NOTA: Puede haber alguna expresión lingüística que el hablante de castellano de 2019 aún no domina. Se ruega, pues, paciencia.





          —A
tent@s a lo que viene. Caperucita Progresista se acercaba a casa de su abuelita, una ciudadana cronoavanzada pero en pleno dominio de sus facultades y consciente de sus derechos y obligaciones como ciudadana de una república tolerante, cuando se le acercó el lobo interesándose por los contenidos de su multitáper. Su pregunta no podía en absoluto ser catalogada como indebida ingerencia en las opciones libres de adquisición, sino más bien justificada por la indigencia de un animal marginal infraalimentado, inserto en una sociedad primitiva —por culpa de la explotación de un gobierno ultraderechista— previa a la implantación de la exitosa campaña gubernamental “nutrientes para tod@s”. Caperucita contestó que llevaba un preparado de biofidactivos y barritas de Niacina y Tiamina totalmente bajo en calorías para su abuela, no porque ella no pudiera adquirirlo por sí misma en los establecimientos del Ministerio de Salud, sino como modo de fomentar la convivencia intergeneracional y...
          Fray Malaquías Winkle asistía como oyente a la clase. Las tres criaturitas, de unos ocho años y muy hermosas, miraban a Cruz de modo desafiante. No se podía negar que siguieran con atención el cuento, pero parecían filtrar las palabras críticamente, abriendo bien los ojos, tomando notas en sus cuadernos-pantalla mediante el deslizamiento de sus deditos finos e infantiles. Cruz le había explicado que el Departamento de Innovación Pedagógica estaba entusiasmado con esta nueva metodología de relato oral, y había promocionado su utilización por medio de incentivos. L@s infantes, sentados en el suelo, interrumpían de vez en cuando los tonos modulados de l’enseñante con preguntas o comentarios espontáneos.
          —Quiero hablar, quiero hablar —exclamó un querubín de grandes ojos verdes y pequitas.
          —Por supuesto, Bibiano, por supuesto. Te escuchamos.
          —A mí las barritas de Niacina y Tiamina totalmente bajas en calorías marca Danone me hacen vomitar. Le tengo prohibido a mi progenitor B que me las compre, pero cuando voy a casa de la novio de mi progenitor A me las pone, el muy cabrona. Pero las de Suchard son megacerolas. Me gustan mil veces más.
          —Sí... tienes razón —exclamó Cruz entusiasmado—. Tomo nota. Tienes mucha, pero que mucha razón. Así me gusta, que participéis en clase. ¿Hay alguien que quiera hacer más comentarios?
          Ningun@ de l@s tres infantes contestó, y al cabo de unos segundos Cruz prosiguió el relato.
          —Entonces Caperucita Progresista se acercó a la cama de quien creía su abuela, y le comentó: “Jénifer, ¿cuánto hace que no has ido al dermoesteta a que te miren el vello?” A lo que la falsa abuela contestó: “Niña, sin ánimo de corregirte en modo alguno, considera que tengo el derecho a no recibir injerencias externas en mi privacidad hormonal”. Pero Caperucita insistió: “Jénifer, te pueden hacer una rebaja del veinticinco por ciento si adjuntas cien envoltorios de las barritas que te traigo”.
          Una niña de pelo rubio y piel marrón, tan guapa como los otros dos y fina como una muñeca de porcelana, alzó la voz sin pedir permiso, como si hubiera estado esperando el momento de imponer su protagonismo:
          —¿Y es ahora cuando el lobo se la folla?
          —No, je. No te adelantes... Quiero decir, je... No, Aitzíber, no conviene adelantarse... Esto, perdón, quiero decir... todavía no... hacen el amor.
          —Hala... Me has prohibido. Eso es falta siete. ¡Tengo derecho a preguntar, jo...!
          —Sí, claro... je, nadie te lo discute. Por supuesto. Sólo te decía que es mejor esperar... un poquito, eso es todo.
          Pero Aitzíber se había enojado de veras. Sin más explicaciones, se levantó de su asiento y salió del aula dando una patada al panel de madera. Cruz puso cara de verdadero pánico mientras la veía cruzar el pasillo en dirección al Sindicato de Estudiantes.
          —Aitzíber, en serio... Era broma. No te enfades, no... Ay, lo siento.
          —Falta nueve, gritó la niña desde el otro extremo del pasillo.


Solo yo me salvo (2011) pp. 34-35.


domingo, 14 de abril de 2019

FAHRENHEIT 451 EN BARCELONA

Hace un par de días se publicó la noticia de que en un colegio público de Barcelona, el CEIP Taber, dependiente de la Generalitat, se retiraron de la biblioteca doscientos libros como La Bella Durmiente o Caperucita Roja por considerarlos “sexistas” o “tóxicos”. Estos libros constituían el 30% de la (modesta) biblioteca, de la que solo el 10%, al parecer, cumple los requisitos de ortodoxia no-sexista y no-tóxica.

¿Se quedará la biblioteca solo con los sesenta y seis libros (número cuasiapocalíptico) que transmiten la doctrina correcta? No sabemos, pero sí que hay otros colegios catalanes (Montseny, Fort Pienc) dispuestos a seguir estos pasos saludables. Este último, por ejemplo, ha prohibido que se juegue al balón en el patio dos días a la semana, una vez que su Comisión de Igualdad de Género concluyera que este juego atrae a demasiados niños masculinos, sin ningún aprecio por la paridad.

Volviendo al tema principal, independientemente de la dudosa efectividad de prohibir libros en una época en la que los pequeños apenas leen, mucho me temo que las maestras (/os) que han tomado esta decisión están dinamitando la esencia de la cultura lectora. Leemos para contrastar, para salir de nuestro limitado punto de vista, para plantearnos otras posibilidades, para ser más libres. Tal cerrazón en quienes deberían abrir horizontes plantea inquietantes dudas sobre a qué manos estamos confiando la educación de nuestros hijos.

 A veces los medios de comunicación que jalean estas medidas “pioneras” están olvidando que la censura y/o quema de libros siempre ha sido una primera medida de los totalitarismos de todo tipo. Y similares actuaciones confirman la sospecha de que el radicalismo de género es un totalitarismo de manual.

domingo, 7 de abril de 2019

REINA ROJA, de Gómez-Jurado



Acabo de terminar Reina roja, última novela de Juan Gómez-Jurado, uno de nuestros superventas más consolidados. Es lo primero suyo que he leído, y confieso que me ha atrapado de principio a final. Esto puede parecer un elogio un tanto tópico, pero declaro que para mí resulta cada vez más infrecuente.

La novela trata de la investigación parapolicial de una desigual pareja formada por Jon Gutiérrez, inspector caído en desgracia, y Antonia Scott, una superdotada y superatormentada. Ambos han sido reclutados para prestar servicio en un cuerpo secreto que investiga los crímenes más delicados o inquietantes.

La novela se compone de una serie de fórmulas narrativas que funcionan. Los protagonistas, a pesar de ser tan discordantes, tienen su química: ella es una friki hipervulnerable y él es un poli bueno corpulento, vasco practicante, y gay fuera del armario. La historia de secuestros y chantajes está bien hilada; las descripciones son detalladas y con una cinética precisa y gráfica; el tono es ágil y, cuando procede, salpicado de humor; cuando no, de tragedia. Se nota que hay detrás una labor de documentación que se inserta sin estridencias.

El problema del género negro es que está tan de moda y tiene tantos precedentes audiovisuales que la originalidad es difícil. Y hay que admitir que algunas series televisivas rozan la categoría de obras de arte, y en ocasiones el narrador que quiere abordar este campo las toma, conscientemente o no, como modelo. La estructura de Reina roja está muy cuidada, a base de vaivenes de los personajes que culminan en un antológico clímax, pero no puedo evitar que me recuerde al patrón establecido por Mentes criminales. Esto no es un reproche, que conste. No hay más que ver los créditos de cualquier serie de éxito para comprobar que es producto de un ingente equipo de personas con talento, mientras que una novela es (en principio) labor de una sola.

Igualmente, una fórmula que busca vender emplea elementos narrativos de probada eficacia. Por ejemplo, el malo (uno de ellos) es un psicópata maniaco religioso que en su infancia recibió… sí, abusos de su padre. Los protagonistas cumplen con la cuota recomendada de marginalidad. Hay un poco de sana crítica al capitalismo, y los ricachones se parecen mucho a personas conocidas de la empresa y la banca de nuestro país. No falta el poli chulo que obstaculiza la labor de los protagonistas. Un hombre conoce a la que será su mujer cuando ella le ve leer un libro de poemas y, guess what?, ella le recita uno de memoria. Tampoco falta el “to be continued” propio de los finales de temporada.

Supongo que este es el requisito de escribir historias que venden: narrativas reconocibles que vuelvan a emocionarnos con fórmulas ya probadas. No busquemos sabiduría más allá de lo aceptado, u originalidad más allá de lo recomendable. Pero Gómez-Jurado tiene el mérito insoslayable de contar una historia negra endiabladamente bien.

domingo, 31 de marzo de 2019

FAUNA URBANA VI: BICIPÉDALUS ARROLLANTIS

CVF 2019


Depredador omnívoro que sale de su hibernación en torno a principios de marzo, y que desarrolla sus instintos desde la pubertad, o incluso antes. Para la consecución de sus objetivos emplea un vehículo de automoción de dos ruedas que conduce con considerable destreza, aunque actualmente existe un debate entre la comunidad científica sobre si las numerosas víctimas de sus ruedas se deben a su insuficiente habilidad al manillar o, por el contrario, a su esmerada puntería.

Desprecia las calzadas como hábitat natural donde conducir su vehículo, si bien no porque le parezca un territorio hostil o peligroso, como demuestra su inveterada costumbre de circular contra corriente cuando ocupa esta vía pública. Tampoco demuestra aprecio alguno por los carriles bici, salvo que vislumbre a un peatón despistado en lontananza, en cuyo caso se apresurará a incorporarse al carril con objeto de embestirle o, en caso fallido, para insultarle por su falta de respeto de los espacios públicos.


El bicipédalus caza viandantes de todas las edades, aunque siente predilección por las hembras mayores de setenta años u otras más jóvenes que perambulan a sus crías. Una vez se cierne sobre su presa, acostumbra a abandonar el lugar a una velocidad aún mayor a la empleada para su ataque, lo que puede acarrear nuevos impactos en cadena.




Fauna urbana

domingo, 24 de marzo de 2019

Mi último hijo

Este pasado martes, 19 de marzo, Día del Padre, vio la luz mi nuevo hijo. Se trata del libro From Victorianism to the Second World War, una breve introducción a la narrativa y poesía inglesas escritas entre 1830 y 1950, editado por Siníndice.


Se trata de un manual de lectura asequible destinado a estudiantes con un nivel avanzado de inglés que quieren familiarizarse con los clásicos británicos e irlandeses de este periodo. He procurado ser selectivo en la elección de autores y evitar excesivas enumeraciones de nombres que poco o nada sugieren a los neófitos, además de ser conciso en la definición de las características principales que definen cada época, tendencia o movimiento.

En estos tiempos de cierto desprecio por el canon tradicional he optado por incluir en mi introducción los nombres que el tiempo ha sancionado a lo largo de varias décadas de lecturas receptivas. El tiempo y el consenso de generaciones de lectores me parecen criterios fiables para seleccionar el ramillete de clásicos que todo graduado en Estudios Ingleses debiera conocer. Adjunto una imagen de cada autor destacado, con el fin de humanizarlo e invitar a leer su rostro a la vez que sus obras.

La transformación del mundo en la centena larga de años que transcurren en mi libro es tan radical y profunda que resulta imposible entender la época presente sin un conocimiento básico de esta. La Era Victoriana conoció el clímax de Gran Bretaña como gran potencia mundial, con sus dimensiones económicas, industriales, tecnológicas, financieras, geográficas, ideológicas y culturales. Este poderoso imperio entró en el siglo XX enfrascado en la peor guerra que había conocido la Humanidad, aunque luego vendría una segunda aún más mortífera. A partir de esta, el mundo nunca sería igual.

Mi objetivo es interesar a los lectores en este periodo tan fascinante y desconcertante a través de lo que de él contaron algunas de sus mentes más brillantes. Conocer la literatura que se produjo entonces nos ayudará a comprender quienes somos, y en qué creemos o no creemos hoy.

domingo, 17 de marzo de 2019

SACERDOTES Y PEDERASTIA


En los dos o tres últimos años (y a pesar de los esfuerzos del Papa Francisco por ganarse a la prensa), casi siempre que la Iglesia Católica protagoniza titulares no es tanto por sus tareas humanitarias o educativas en el primer o tercer mundo, sino por los abusos a menores cometidos por sacerdotes y/o el encubrimiento de sus superiores.

A nadie se le oculta que la pederastia de sacerdotes es un colosal escándalo para una iglesia que, al menos en la cristiana Europa, experimenta un retroceso en su influencia.  Resulta abominable que quien debería edificar e iluminar se aproveche de la inocencia de menores confiados a su cuidado. Para mí resulta un misterio de las oscuras cavernas del alma humana cómo un hombre que, contra corriente hoy más que nunca, ha sacrificado amores humanos, familia, paternidad, tiempo, incluso riquezas, por seguir un ideal de servicio cristiano, haya podido caer en tan espantosa práctica. Y además del grave perjuicio sobre sus víctimas, el sacerdote pederasta dinamita los delicados cimientos de la confianza en la Iglesia. Hay vaticanólogos que identifican esta plaga con el apocalíptico tercer secreto de Fátima.


Pero, al igual que no es oro todo lo que reluce, tampoco es excremento todo lo que hiede. Y por muy abominable que nos resulte la pederastia, no hay que olvidar que el primer principio de la justicia es la presunción de inocencia. El acusador tiene que ser capaz de probar su acusación, y no al contrario. Sin embargo, en esta materia la opinión pública tiende a prejuzgar al acusado mucho antes de que se le declare culpable.

Así, es una ingenuidad pensar que nuestros niños, a menudo testigos involuntarios de situaciones que aún no pueden asimilar, nunca se equivocan, o nunca mienten. O que, si una persona de cuarenta años decide acusar a su antiguo profesor, siempre lo hace por amor a la verdad. Y hay otros factores que, siquiera en una minoría de casos, pueden empañar la acusación. Conviene recordar que la Iglesia desde sus inicios ha suscitado odio o rechazo, y no sería exagerado contar por millones a quienes, por un motivo u otro, quisieran verla difunta. Y ahora esta escandalosa brecha abierta por eclesiásticos indignos proporciona munición inestimable para quien quiera explotarla.

En resumen, tolerancia cero con la pederastia, pero presunción de inocencia y procesos no mediatizados o prejuzgados. Y, señores obispos, aunque haya pocos candidatos, cuiden mejor el proceso de selección de personal.


domingo, 10 de marzo de 2019

Mujer y filología


En estos días previos y posteriores al gran fenómeno de masas del 8-M hemos escuchado a políticos y otros oráculos incidir en la gran desigualdad de género que aún se da en nuestro país. Pero a mí en ocasiones me entra un poco la duda y pienso que nos están pintando la España de nuestras abuelas. Quizá se carguen las tintas porque estamos en campaña (aunque ¿cuándo hemos dejado de estar en campaña en nuestro país?), o quizá es que mi percepción anda muy equivocada. En este caso, parte de la culpa la tendría mi propia trayectoria profesional, que presuntamente condicionaría mi visión del problema.
          Me explicaré. Entré en la Universidad de Valladolid en 1984 (uf, ya lo sé, no lo digáis), y tras debatirme entre Arquitectura o Filología Inglesa (dilema lógico donde los haya) opté por lo segundo, y en mi primer día de clase comprobé que mis compañeras constituían un 90%. En tercero me trasladé a la Universidad de Oviedo, y la proporción se mantuvo aproximada. Allí el departamento de inglés estaba dirigido por una catedrática, que infundía un respeto tan incuestionable que ningún profesor, ni siquiera en la intimidad, se refería a ella sin añadir “doña” a su nombre. Por otro lado, el sector más influyente del departamento lo constituía un puñado de profesoras de manifiesto perfil feminista con un claro objetivo de crear escuela. Así, aunque yo obtuve el mejor expediente de mi promoción (con perdón), al cabo de diversos encontronazos contra el muro supe que, si quería hacer carrera docente universitaria, debía emigrar de Oviedo.
          Pero no hay mal que por bien no venga, pues así aterricé felizmente en la joven Universidad de La Rioja en 1994. Desde entonces he visto que por lo general las mejores notas se las han llevado las chicas (que siguen estando en torno al 90%), y eso se nota en la obtención de puestos docentes. Recuerdo que el último consejo de departamento empezó conmigo como único representante de mi (débil) sexo. Por cierto, desde hace años dirigen el departamento dos mujeres, así como la facultad tiene al frente a una decana con un equipo decanal formado por tres mujeres y un hombre, y los directores de estudios de los grados son cuatro mujeres y un hombre. Por otro lado, en mi disciplina los estudios de género son ahora una materia privilegiada de cara a la obtención de proyectos de i+d+i o a la publicación de artículos en revistas de impacto, ambos criterios clave para la promoción profesional.
          Este 8-M había programado en clase de teatro inglés un comentario-debate sobre uno de los primeros dramas renacentistas que presentan a una mujer que se impone intelectualmente a todos los demás personajes masculinos. Pero un par de días antes la delegada se me acercó y me comunicó que mis alumnas (son todo chicas) habían decidido ejercer su derecho a la huelga y no acudirían a clase, y que encontraría sus trabajos en mi buzón.
          –Lo que digáis –contesté.

Pues eso. Decir que el futuro es de las mujeres es quedarse corto: ya el presente es suyo. Al menos, en el ámbito de la filología.