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domingo, 23 de junio de 2019

Sergio del Molino apadrina Fábula 44


El martes 18 de junio nos visitó Sergio del Molino como padrino del número 44 de la revista literaria Fábula.
Tondeluna, 18:30. Fotos; Irene Castellanos

Llegó en su coche desde Zaragoza, primero para el encuentro con el equipo y suscriptores de Fábula en el restaurante Tondeluna, a las 18:00. Entre unas copitas de tinto Solar de Samaniego proporcionadas por César León y unas sabrosas croquetas de la casa, Sergio fue el centro de una animada tertulia. Moderada por Evelyn Pérez —una “molinista” inmoderada—se centró (¿cómo no?) en la realidad de la España vacía, un problema al que Sergio puso nombre hace unos años y, así, contribuyó a extender el debate. Sin demasiadas esperanzas de solución, pues el autor no cree que se pueda revertir el despoblamiento rural mientras la economía nos empuje a comprar lo más barato y no lo de nuestro entorno. El campo solo se repoblará si produce agricultura, y si esta producción es rentable. Con todo, algunos asistentes insistían en que no hay que perder del todo la esperanza en lo que nos depare el futuro.


El tiempo voló (al igual que las croquetas), y a continuación nos dimos un paseo hasta la librería Santos Ochoa, donde se celebró el acto abierto de presentación de Fábula 44, ante más de un centenar de asistentes (entre los que se contaban, por cierto, el nuevo alcalde de Logroño y algunos concejales; se convierte así en el primer alcalde que acepta la invitación a una presentación de Fábula tras 23 años!)
¿A que apetece?

Tras una descripción (breve) de la revista por el que esto relata, y una (aún más breve, y más poética) introducción al autor por parte de Evelyn, Sergio del Molino volvió a abordar un tema del que tanto sabe, esta vez aportando nuevos matices, como la definición de las “aldeas Potemkin” para denominar poblaciones que buscan apuntalar su supervivencia recurriendo a reclamos turísticos que acarrean un vacío identitario.

Fotos: UR

Sergio del Molino es un hombre cercano, lúcido, no titubea al hablar. Como él admite, sus escritos tratan en gran medida de la ausencia y el vacío, por lo que acaso su lucidez transmite un punto de desencanto. Pero lo cierto es que ha conseguido convertirse en un nombre imprescindible de la cultura española actual, e hizo un hueco para visitarnos entre las numerosas invitaciones que recibe de diversos foros. 

Desde aquí le queremos agradecer, en nombre de todas las personas que estamos detrás de la revista, su cercanía y disponibilidad para acompañarnos en el alumbramiento de esta preciosa criatura, Fábula 44 (ya hablaré de ella en otro momento). Como quien no quiere la cosa, entre un acto y el siguiente le tuvimos hablando más de tres horas seguidas. 



Muchas gracias, Sergio.

domingo, 16 de junio de 2019

TIENE UN TESORO


Todo empezó por un rayón.
            Era lo que siempre había temido. Cada vez que aparcaba en batería me asaltaban los más ominosos temores de que la típica acompañante desaprensiva saliera del asiento del copiloto del coche recién aparcado a mi lado, y arremetiera sin cuidado contra la carrocería de mi flamante Mercedes clase A, 200 CDI.
            Pero esta vez la temida escena se produjo ante mi vista, ante mis propias narices. Así que me abalancé contra la susodicha y dejé que me llevaran los demonios.
             –¿Es que quieres que demos parte por esa chuminada? –dijo el chulo del marido, o lo que fuera–. Vamos, hombre, no me jodas.
            Tal desfachatez fue la gota que colmó el vaso, y a partir de este punto mis demonios transportistas me inspiraron las mejores lindezas de mi repertorio barriobajero, predicadas, por turnos, de la copilota, de su marido (o lo que fuera) y de la descarriada madre de cada uno de ellos.
            Como era de esperar, los ánimos se encendieron, y la cosa devino bronca, la bronca devino manos, las manos devinieron puños, y al final se montó un festival de huesos rotos, dientes, sangre, cristales y abolladuras. Acabamos, claro, en comisaría, hechos unos zorros, afrontando diversas denuncias por faltas, por lesiones, por daños, por injurias, por alteración del orden público, además de la desalentadora perspectiva de cuantiosos gastos y molestias por inminentes sesiones de rehabilitación y varias de odontología avanzada.
            Entonces, cuando nos tomaron los datos, caí en la cuenta.
            Ya sabía yo que me sonaba la cara del chulo del marido (o lo que fuera). Y me sonaba porque, desde hacía más de una año, era amigo mío. Amigo en Facebook.

domingo, 9 de junio de 2019

¿Cuánto cuesta el procés del procés?

¿Cuánto nos cuesta el procés del procés?  Jueces de alto nivel y altos sueldos, fiscales, abogados del Estado, secretarios, ujieres, policías, funcionarios de prisiones, prisiones , transportes, y muchos otros gastos que no quiero ni imaginar. Que doce dirigentes catalanes hayan (presuntamente) incurrido en rebelión, o sedición, nos cuesta a los contribuyentes millones de euros, que, valga el tópico, darían más fruto en áreas como alimentación, vivienda, sanidad o educación.

Pero lo más caro de este juicio no es necesariamente lo económico. Su marcada teatralidad parece servir para difundir la causa independentista dentro y fuera de nuestras fronteras , para cuestionar la justicia española, y animar a que los tribunales europeos nos sigan humillando.

Imaginemos que, al concluir, los encausados recibieran las condenas que probablemente merezcan. ¿Las cumplirán, o acaso un magnánimo gobierno abierto al diálogo les acabará indultando? Incluso en este supuesto, la condena merecida no habrá hecho sino alimentar el aura de mártires de la República Catalana de los encausados, lo que lo que a su vez llevará a que aumente el 50% de pro independentistas , y que en un futuro no lejano su crecimiento no pueda ser contenido por un gobierno dialogante.

Difícil problema el catalán. Para unos, la solución pasa por más 155, para otros  por más diálogo, aunque algunos interlocutores sean sordos. A veces tengo la impresión de que, por muy mal que estuviera, aún se empeoró más tras junio de 2018 . ¿Me equivocaré? Por el momento, entretengámonos con el proceso del proceso, y con la constatación de que la justicia puede ser muy cara . Y muy inútil .
Una fachada de un edificio de Barcelona 


domingo, 2 de junio de 2019

Fábula 44 y Sergio del Molino

Hoy toca anunciar el próximo evento relacionado con la revista Fábula, que desde el pasado número ha renovado imagen y ganas. Presentaremos el 44, apadrinado por Sergio del Molino, quien dará la charla titulada “Las aldeas Potemkin: la España vacía como un decorado" (o sea, que sabe de qué habla). Será el martes 18 de junio en la librería Santos Ochoa (c/ Calvo Sotelo, 19, Logroño) a partir de las 19:30. Previamente tendremos un encuentro con los autores y suscriptores de Fábula en un estupendo restaurante logroñés.

Además de apadrinar este número,  Sergio se ha prestado a aportar el título autógrafo de la revista, siguiendo la costumbre que se inauguró con el 43.

Os recuerdo la biografía de Sergio del Molino (Madrid, 1979): escritor y periodista español, cuya obra se mueve entre la narrativa autobiográfica, el ensayismo y la crónica. La España vacía (premio al libro del año de los libreros de Madrid 2016, y Premio Cálamo) ha sido un fenómeno editorial literario, y provocó un gran debate nacional sobre las regiones olvidadas del interior desértico del país. Además es autor, entre otros, de Lugares fuera de sitio, premio Espasa de ensayo 2018, La hora violeta, premios Ojo crítico y Tigre Juan 2013, o La mirada de los peces, 2017. Es columnista en el diario El País y colaborador en la cadena de radio Onda Cero.


El acto de las 19:30 será de entrada libre. Conviene madrugar, aviso.

domingo, 26 de mayo de 2019

Sé dónde vives



Domingo electoral en España, por partida triple. A ver si a partir de ahora los políticos dejan de prometer y empiezan a cumplir (aunque en algunos casos igual es mejor que no cumplan lo que prometen). En fin, con ocasión de tantas citas con las urnas para ejercer nuestra ínfima parcela de libertad de elección, he comprobado la también ínfima privacidad de la que gozamos los españoles hoy en día.

Como mis compatriotas habrán comprobado en carne propia, estos días hemos recibido montones de cartas de los partidos políticos. Este año más, pues más organizaciones maman de la ubre y, por consiguiente, disponen de más dinero (público) para invertir en propaganda. Pero lo curioso del caso es que todas esas cartas de partidos llevan mi nombre completo, dos apellidos y dirección. Es decir, que yo, como usted, estoy fichado en las bases de datos de organizaciones que no me interesan lo más mínimo y que, al menos, saben dónde vivo.

En estos tiempos en que te marean con cláusulas para salvaguardar la privacidad y que a cualquier colectivo le obligan a contratar dudosos servicios de agencias de protección de datos, resulta que nuestros datos de residencia está en manos de personas a las que nunca se los darías. Sí, los copian del censo, claro, pero entonces, ¿por qué el censo está al alcance de cualquiera?

Esto me trae a la memoria una anécdota que me contó un escritor conocido, columnista en un diario de izquierdas. En una ocasión publicó un artículo muy crítico con una medida del gobierno, y al poco tiempo recibió una llamada directa del entonces ministro del Interior (a la sazón Rubalcaba, q.e.p.d) para pedirle cuentas por el tono y contenido, dejándole claro el estribillo de la canción de Police: "Every step you take..."

En el creciente clima político de agresividad y cainismo, cuando muchos se empeñan en desarrollar el peligroso juego de las dos españas, no me deja tranquilo que nuestros datos obren en poder de manos extrañas. ¿Hay algo que se pueda hacer?

domingo, 19 de mayo de 2019

FAUNA URBANA VII: VOCIFERUS RECLINANTIS

Esta especie tiene su hábitat natural en los autocares de media y larga distancia, en los que construye su nido al cabo de unos pocos instantes del ingreso.



Un primer rasgo que define al espécimen es que considera su derecho inalienable apurar el ángulo de reclinación de su respaldo abatible, independientemente de que detrás viaje una persona de gran volumen o un jugador de la NBA, a quien por supuesto no mirará ni avisará en el momento de descargar todo el peso de su derecho sobre las incautas rodillas de aquel.

Una vez instalado en el asiento a su entera satisfacción, el Vociferus saca su adminículo de telefonía móvil y comienza a organizar sus variados e interesantes asuntos de tal modo que hace copartícipes de estos tanto al conductor como el viajero del fondo que intentaba sestear.

Si acaso consigue culminar sus negocios, demorados hasta poder ser despachados en pleno transporte público, nuestro espécimen aprovechara la estupenda cobertura con que le obsequia su compañía para saludar a ese amigo al que nunca visita, para recordar a su madre que le tenga preparado un buen cocido de pochas con chorizo, o acaso para debatir con su expareja los motivos por los que lo suyo no podía funcionar, todo ello ante la admirada curiosidad de los más oliscones del autocar, o el prolongado fastidio de quienes quisieran dormir, leer, o simplemente no ser vulnerados en su delicada sensibilidad




domingo, 12 de mayo de 2019

Dos microrrelatos aumentados

En su extraordinaria intervención en el pasado taller de crítica y creación literarias, Leticia Bustamante nos dio una lección sobre los diferentes tipos de microrrelatos aumentados, entre los cuales se hallaban los inspirados por/ complementados por/ ininiteligibles sin/  una imagen.

Sesiones como aquella te amplían enormemente los horizontes, y aprendes que el microrrelato puede surgir de donde menos te lo esperas. Confieso que no he practicado demasiado tal tipo de narración aumentada, pero a veces recuerdo esta amplitud de posibilidades y me veo inclinado a proponer un minitexto asociado a una imagen. Valga este modesto ensayo en el subgénero como iniciación sin la menor pretensión,  salvo la de contar con la benevolencia de mis sufridos lectores.

El primero debe su inspiración a la campaña primavera-verano de Cortefiel.

¿Y DESPUÉS?
por Cortefiel 2019



–Bueno, preciosa, y después, ¿qué te apetece hacer? [Con la pasta que me llevo gastando, a ver si consigo llevármela al huerto].

–Ay, no sé, la noche es joven. ¿Qué propones? [Cómo me aburre el viejuno. A ver si se traga lo de la jaqueca y me vuelvo a casa a engancharme al Netflix].
















El segundo es aún más breve. Debe su inspiración a una tarde de piedad popular y de poner mis varices a prueba.



NANA

Algún día,  hijo mío...
por CVF 2019




domingo, 5 de mayo de 2019

No es fácil ser madre

Hoy domingo, Día de la Madre, recupero un micorrelato (navideño, sí) que demuestra que la labor materna nunca fue fácil.
Felicidades, mamás...

by CVF 2019
EPIFANĪA

La revelación fue demoledora. Y Toñín no se esperaba hoy semejante demolición de uno de los pilares en que reposaba su plácida infancia. Pero Mamá había decidido que, de no hacerlo ella, a la vuelta de las vacaciones navideñas lo haría algún compañero de cole maleado por sus hermanos mayores, o por sus amigotes. Y, en ese caso, sin duda el efecto sería aún más traumático.
            Si acaso Mamá había llegado a sospechar que su hijo ya lo sabía, ahora comprobó que se equivocaba de plano. Es más, sus entrañas maternales se desgarraban al contemplar el llanto desconsolado de Toñín. “A lágrima viva” o “a moco tendido” son expresiones gráficas insuficientes para describir lo que estaba presenciando, ese vaciarse del alma inocente a través de las lágrimas, esa indefensión hermanada con la amargura por la que se estaba escapando la primera infancia de su hijo, acaso la etapa más entrañable de su vida.
Cuando por fin el niño se repuso un tanto, lo primero que farfulló fue esta quejumbrosa súplica:
            –Pero júrame que el Ratoncito Pérez sí que existe. Júramelo, Mamá. Pérez es de verdad, ¿a que sí?

domingo, 28 de abril de 2019

Baby Boomers y otras cosas

En este mes de abril he protagonizado dos encuentros en sendos clubes de lectura que previamente habían leído Descubre por qué te mato. El primero fue el día 10 en el Instituto de Secundaria Santa Clara, de Santander, y el segundo en la Biblioteca Municipal Rafael Azcona de Logroño, este viernes 26 de abril. Este fue el cartel anunciador. Lo mejor es lo de mayores de 18 años.

Creo que ya he hablado de esto en alguna ocasión en este blog, pero he comprobado una vez más que, de las variadas fases de las que se compone la creación literaria (en sentido amplio), el contacto con los lectores es la más gozosa. Conocer las diversas reacciones de personas muy diferentes, y cómo cada cual ha hecho suyo el universo de mis criaturas de ficción, fruto de imaginación y trabajo, es sin duda la mejor recompensa que puede recibir el autor. Vale la pena emprender este largo camino que supone cada nueva obra.

Las luces de este cuadro son abundantes, aunque, de nuevo, alguna pequeña sombra podría ser la nula repercusión de estos actos en los medios tradicionales, ni siquiera en los locales. "Qué tengo yo, que mi anonimato procuras", podría glosar con el Fénix. En fin, quizá no quede espacio tras dedicar páginas dobles a las repetitivas declaraciones de los políticos o a las crónicas de partidos de regional preferente.

Volviendo a las sesiones del club, en este último me preguntaron si en mi novela pretendía hacer un retrato de toda una generación. Contesté que no necesariamente, pero que sí había dedicado algún párrafo a definir la de Óscar, el protagonista, nacido a finales de los 60. Reproduzco a continuación el que podría ser el texto más destacado a este respecto, una definición muy personal de los baby-boomers:

Mi generación, la de los cuarentañeros baby–boomers españoles, es marcadamente heterogénea en diversos aspectos. Algunos hemos recibido una educación bastante tradicional, mientras que otros han servido de cobayas para experimentos educativos en ocasiones anárquicos. Algunos hemos seguido todo el proceso de instrucción religiosa posconciliar que pasaba por la primera comunión, catequesis, confirmación y posterior relajamiento de creencias; otros ni siquiera fueron bautizados, con el pretexto de que ya elegirían ellos cuando crecieran. Algunos aún conservamos el pelo y cierto aire juvenil, otros ya han adoptado la calva y la tripa de la irreversible madurez. En lo tecnológico, mientras otros sí que se han subido al carro de los ultimísimos gadgets y apps, algunos nos hemos resistido con uñas y dientes a someternos a la esclavitud que conllevan. Al final han sido los regalos de Reyes y cumpleaños los que nos han hecho caer, con reticencias y varios años de retraso, en los teléfonos móviles primero, luego los portátiles, y finalmente (aún no es mi caso) a los iphones, ipads, ibooks, internet en móvil, whatssaps, y demás. Mi profesión me obliga a acelerar la modernización más de lo que me pediría el cuerpo, pero no tanto como lo que veo en las generaciones jóvenes ...
(Descubre por qué te mato, p. 52)

domingo, 21 de abril de 2019

Cuentos en la escuela del futuro

A propósito de mi entrada de la semana pasada, no puedo reprimir el impulso de reproducir el principio de la escena de Solo yo me salvo en la que el anciano Malaquías Winkle, quien ha vivido recluido en las últimas décadas de un futuro no muy lejano, visita una escuela.
NOTA: Puede haber alguna expresión lingüística que el hablante de castellano de 2019 aún no domina. Se ruega, pues, paciencia.





          —A
tent@s a lo que viene. Caperucita Progresista se acercaba a casa de su abuelita, una ciudadana cronoavanzada pero en pleno dominio de sus facultades y consciente de sus derechos y obligaciones como ciudadana de una república tolerante, cuando se le acercó el lobo interesándose por los contenidos de su multitáper. Su pregunta no podía en absoluto ser catalogada como indebida ingerencia en las opciones libres de adquisición, sino más bien justificada por la indigencia de un animal marginal infraalimentado, inserto en una sociedad primitiva —por culpa de la explotación de un gobierno ultraderechista— previa a la implantación de la exitosa campaña gubernamental “nutrientes para tod@s”. Caperucita contestó que llevaba un preparado de biofidactivos y barritas de Niacina y Tiamina totalmente bajo en calorías para su abuela, no porque ella no pudiera adquirirlo por sí misma en los establecimientos del Ministerio de Salud, sino como modo de fomentar la convivencia intergeneracional y...
          Fray Malaquías Winkle asistía como oyente a la clase. Las tres criaturitas, de unos ocho años y muy hermosas, miraban a Cruz de modo desafiante. No se podía negar que siguieran con atención el cuento, pero parecían filtrar las palabras críticamente, abriendo bien los ojos, tomando notas en sus cuadernos-pantalla mediante el deslizamiento de sus deditos finos e infantiles. Cruz le había explicado que el Departamento de Innovación Pedagógica estaba entusiasmado con esta nueva metodología de relato oral, y había promocionado su utilización por medio de incentivos. L@s infantes, sentados en el suelo, interrumpían de vez en cuando los tonos modulados de l’enseñante con preguntas o comentarios espontáneos.
          —Quiero hablar, quiero hablar —exclamó un querubín de grandes ojos verdes y pequitas.
          —Por supuesto, Bibiano, por supuesto. Te escuchamos.
          —A mí las barritas de Niacina y Tiamina totalmente bajas en calorías marca Danone me hacen vomitar. Le tengo prohibido a mi progenitor B que me las compre, pero cuando voy a casa de la novio de mi progenitor A me las pone, el muy cabrona. Pero las de Suchard son megacerolas. Me gustan mil veces más.
          —Sí... tienes razón —exclamó Cruz entusiasmado—. Tomo nota. Tienes mucha, pero que mucha razón. Así me gusta, que participéis en clase. ¿Hay alguien que quiera hacer más comentarios?
          Ningun@ de l@s tres infantes contestó, y al cabo de unos segundos Cruz prosiguió el relato.
          —Entonces Caperucita Progresista se acercó a la cama de quien creía su abuela, y le comentó: “Jénifer, ¿cuánto hace que no has ido al dermoesteta a que te miren el vello?” A lo que la falsa abuela contestó: “Niña, sin ánimo de corregirte en modo alguno, considera que tengo el derecho a no recibir injerencias externas en mi privacidad hormonal”. Pero Caperucita insistió: “Jénifer, te pueden hacer una rebaja del veinticinco por ciento si adjuntas cien envoltorios de las barritas que te traigo”.
          Una niña de pelo rubio y piel marrón, tan guapa como los otros dos y fina como una muñeca de porcelana, alzó la voz sin pedir permiso, como si hubiera estado esperando el momento de imponer su protagonismo:
          —¿Y es ahora cuando el lobo se la folla?
          —No, je. No te adelantes... Quiero decir, je... No, Aitzíber, no conviene adelantarse... Esto, perdón, quiero decir... todavía no... hacen el amor.
          —Hala... Me has prohibido. Eso es falta siete. ¡Tengo derecho a preguntar, jo...!
          —Sí, claro... je, nadie te lo discute. Por supuesto. Sólo te decía que es mejor esperar... un poquito, eso es todo.
          Pero Aitzíber se había enojado de veras. Sin más explicaciones, se levantó de su asiento y salió del aula dando una patada al panel de madera. Cruz puso cara de verdadero pánico mientras la veía cruzar el pasillo en dirección al Sindicato de Estudiantes.
          —Aitzíber, en serio... Era broma. No te enfades, no... Ay, lo siento.
          —Falta nueve, gritó la niña desde el otro extremo del pasillo.


Solo yo me salvo (2011) pp. 34-35.


domingo, 14 de abril de 2019

FAHRENHEIT 451 EN BARCELONA

Hace un par de días se publicó la noticia de que en un colegio público de Barcelona, el CEIP Taber, dependiente de la Generalitat, se retiraron de la biblioteca doscientos libros como La Bella Durmiente o Caperucita Roja por considerarlos “sexistas” o “tóxicos”. Estos libros constituían el 30% de la (modesta) biblioteca, de la que solo el 10%, al parecer, cumple los requisitos de ortodoxia no-sexista y no-tóxica.

¿Se quedará la biblioteca solo con los sesenta y seis libros (número cuasiapocalíptico) que transmiten la doctrina correcta? No sabemos, pero sí que hay otros colegios catalanes (Montseny, Fort Pienc) dispuestos a seguir estos pasos saludables. Este último, por ejemplo, ha prohibido que se juegue al balón en el patio dos días a la semana, una vez que su Comisión de Igualdad de Género concluyera que este juego atrae a demasiados niños masculinos, sin ningún aprecio por la paridad.

Volviendo al tema principal, independientemente de la dudosa efectividad de prohibir libros en una época en la que los pequeños apenas leen, mucho me temo que las maestras (/os) que han tomado esta decisión están dinamitando la esencia de la cultura lectora. Leemos para contrastar, para salir de nuestro limitado punto de vista, para plantearnos otras posibilidades, para ser más libres. Tal cerrazón en quienes deberían abrir horizontes plantea inquietantes dudas sobre a qué manos estamos confiando la educación de nuestros hijos.

 A veces los medios de comunicación que jalean estas medidas “pioneras” están olvidando que la censura y/o quema de libros siempre ha sido una primera medida de los totalitarismos de todo tipo. Y similares actuaciones confirman la sospecha de que el radicalismo de género es un totalitarismo de manual.

domingo, 7 de abril de 2019

REINA ROJA, de Gómez-Jurado



Acabo de terminar Reina roja, última novela de Juan Gómez-Jurado, uno de nuestros superventas más consolidados. Es lo primero suyo que he leído, y confieso que me ha atrapado de principio a final. Esto puede parecer un elogio un tanto tópico, pero declaro que para mí resulta cada vez más infrecuente.

La novela trata de la investigación parapolicial de una desigual pareja formada por Jon Gutiérrez, inspector caído en desgracia, y Antonia Scott, una superdotada y superatormentada. Ambos han sido reclutados para prestar servicio en un cuerpo secreto que investiga los crímenes más delicados o inquietantes.

La novela se compone de una serie de fórmulas narrativas que funcionan. Los protagonistas, a pesar de ser tan discordantes, tienen su química: ella es una friki hipervulnerable y él es un poli bueno corpulento, vasco practicante, y gay fuera del armario. La historia de secuestros y chantajes está bien hilada; las descripciones son detalladas y con una cinética precisa y gráfica; el tono es ágil y, cuando procede, salpicado de humor; cuando no, de tragedia. Se nota que hay detrás una labor de documentación que se inserta sin estridencias.

El problema del género negro es que está tan de moda y tiene tantos precedentes audiovisuales que la originalidad es difícil. Y hay que admitir que algunas series televisivas rozan la categoría de obras de arte, y en ocasiones el narrador que quiere abordar este campo las toma, conscientemente o no, como modelo. La estructura de Reina roja está muy cuidada, a base de vaivenes de los personajes que culminan en un antológico clímax, pero no puedo evitar que me recuerde al patrón establecido por Mentes criminales. Esto no es un reproche, que conste. No hay más que ver los créditos de cualquier serie de éxito para comprobar que es producto de un ingente equipo de personas con talento, mientras que una novela es (en principio) labor de una sola.

Igualmente, una fórmula que busca vender emplea elementos narrativos de probada eficacia. Por ejemplo, el malo (uno de ellos) es un psicópata maniaco religioso que en su infancia recibió… sí, abusos de su padre. Los protagonistas cumplen con la cuota recomendada de marginalidad. Hay un poco de sana crítica al capitalismo, y los ricachones se parecen mucho a personas conocidas de la empresa y la banca de nuestro país. No falta el poli chulo que obstaculiza la labor de los protagonistas. Un hombre conoce a la que será su mujer cuando ella le ve leer un libro de poemas y, guess what?, ella le recita uno de memoria. Tampoco falta el “to be continued” propio de los finales de temporada.

Supongo que este es el requisito de escribir historias que venden: narrativas reconocibles que vuelvan a emocionarnos con fórmulas ya probadas. No busquemos sabiduría más allá de lo aceptado, u originalidad más allá de lo recomendable. Pero Gómez-Jurado tiene el mérito insoslayable de contar una historia negra endiabladamente bien.

domingo, 31 de marzo de 2019

FAUNA URBANA VI: BICIPÉDALUS ARROLLANTIS

CVF 2019


Depredador omnívoro que sale de su hibernación en torno a principios de marzo, y que desarrolla sus instintos desde la pubertad, o incluso antes. Para la consecución de sus objetivos emplea un vehículo de automoción de dos ruedas que conduce con considerable destreza, aunque actualmente existe un debate entre la comunidad científica sobre si las numerosas víctimas de sus ruedas se deben a su insuficiente habilidad al manillar o, por el contrario, a su esmerada puntería.

Desprecia las calzadas como hábitat natural donde conducir su vehículo, si bien no porque le parezca un territorio hostil o peligroso, como demuestra su inveterada costumbre de circular contra corriente cuando ocupa esta vía pública. Tampoco demuestra aprecio alguno por los carriles bici, salvo que vislumbre a un peatón despistado en lontananza, en cuyo caso se apresurará a incorporarse al carril con objeto de embestirle o, en caso fallido, para insultarle por su falta de respeto de los espacios públicos.


El bicipédalus caza viandantes de todas las edades, aunque siente predilección por las hembras mayores de setenta años u otras más jóvenes que perambulan a sus crías. Una vez se cierne sobre su presa, acostumbra a abandonar el lugar a una velocidad aún mayor a la empleada para su ataque, lo que puede acarrear nuevos impactos en cadena.




Fauna urbana

domingo, 24 de marzo de 2019

Mi último hijo

Este pasado martes, 19 de marzo, Día del Padre, vio la luz mi nuevo hijo. Se trata del libro From Victorianism to the Second World War, una breve introducción a la narrativa y poesía inglesas escritas entre 1830 y 1950, editado por Siníndice.


Se trata de un manual de lectura asequible destinado a estudiantes con un nivel avanzado de inglés que quieren familiarizarse con los clásicos británicos e irlandeses de este periodo. He procurado ser selectivo en la elección de autores y evitar excesivas enumeraciones de nombres que poco o nada sugieren a los neófitos, además de ser conciso en la definición de las características principales que definen cada época, tendencia o movimiento.

En estos tiempos de cierto desprecio por el canon tradicional he optado por incluir en mi introducción los nombres que el tiempo ha sancionado a lo largo de varias décadas de lecturas receptivas. El tiempo y el consenso de generaciones de lectores me parecen criterios fiables para seleccionar el ramillete de clásicos que todo graduado en Estudios Ingleses debiera conocer. Adjunto una imagen de cada autor destacado, con el fin de humanizarlo e invitar a leer su rostro a la vez que sus obras.

La transformación del mundo en la centena larga de años que transcurren en mi libro es tan radical y profunda que resulta imposible entender la época presente sin un conocimiento básico de esta. La Era Victoriana conoció el clímax de Gran Bretaña como gran potencia mundial, con sus dimensiones económicas, industriales, tecnológicas, financieras, geográficas, ideológicas y culturales. Este poderoso imperio entró en el siglo XX enfrascado en la peor guerra que había conocido la Humanidad, aunque luego vendría una segunda aún más mortífera. A partir de esta, el mundo nunca sería igual.

Mi objetivo es interesar a los lectores en este periodo tan fascinante y desconcertante a través de lo que de él contaron algunas de sus mentes más brillantes. Conocer la literatura que se produjo entonces nos ayudará a comprender quienes somos, y en qué creemos o no creemos hoy.

domingo, 17 de marzo de 2019

SACERDOTES Y PEDERASTIA


En los dos o tres últimos años (y a pesar de los esfuerzos del Papa Francisco por ganarse a la prensa), casi siempre que la Iglesia Católica protagoniza titulares no es tanto por sus tareas humanitarias o educativas en el primer o tercer mundo, sino por los abusos a menores cometidos por sacerdotes y/o el encubrimiento de sus superiores.

A nadie se le oculta que la pederastia de sacerdotes es un colosal escándalo para una iglesia que, al menos en la cristiana Europa, experimenta un retroceso en su influencia.  Resulta abominable que quien debería edificar e iluminar se aproveche de la inocencia de menores confiados a su cuidado. Para mí resulta un misterio de las oscuras cavernas del alma humana cómo un hombre que, contra corriente hoy más que nunca, ha sacrificado amores humanos, familia, paternidad, tiempo, incluso riquezas, por seguir un ideal de servicio cristiano, haya podido caer en tan espantosa práctica. Y además del grave perjuicio sobre sus víctimas, el sacerdote pederasta dinamita los delicados cimientos de la confianza en la Iglesia. Hay vaticanólogos que identifican esta plaga con el apocalíptico tercer secreto de Fátima.


Pero, al igual que no es oro todo lo que reluce, tampoco es excremento todo lo que hiede. Y por muy abominable que nos resulte la pederastia, no hay que olvidar que el primer principio de la justicia es la presunción de inocencia. El acusador tiene que ser capaz de probar su acusación, y no al contrario. Sin embargo, en esta materia la opinión pública tiende a prejuzgar al acusado mucho antes de que se le declare culpable.

Así, es una ingenuidad pensar que nuestros niños, a menudo testigos involuntarios de situaciones que aún no pueden asimilar, nunca se equivocan, o nunca mienten. O que, si una persona de cuarenta años decide acusar a su antiguo profesor, siempre lo hace por amor a la verdad. Y hay otros factores que, siquiera en una minoría de casos, pueden empañar la acusación. Conviene recordar que la Iglesia desde sus inicios ha suscitado odio o rechazo, y no sería exagerado contar por millones a quienes, por un motivo u otro, quisieran verla difunta. Y ahora esta escandalosa brecha abierta por eclesiásticos indignos proporciona munición inestimable para quien quiera explotarla.

En resumen, tolerancia cero con la pederastia, pero presunción de inocencia y procesos no mediatizados o prejuzgados. Y, señores obispos, aunque haya pocos candidatos, cuiden mejor el proceso de selección de personal.


domingo, 10 de marzo de 2019

Mujer y filología


En estos días previos y posteriores al gran fenómeno de masas del 8-M hemos escuchado a políticos y otros oráculos incidir en la gran desigualdad de género que aún se da en nuestro país. Pero a mí en ocasiones me entra un poco la duda y pienso que nos están pintando la España de nuestras abuelas. Quizá se carguen las tintas porque estamos en campaña (aunque ¿cuándo hemos dejado de estar en campaña en nuestro país?), o quizá es que mi percepción anda muy equivocada. En este caso, parte de la culpa la tendría mi propia trayectoria profesional, que presuntamente condicionaría mi visión del problema.
          Me explicaré. Entré en la Universidad de Valladolid en 1984 (uf, ya lo sé, no lo digáis), y tras debatirme entre Arquitectura o Filología Inglesa (dilema lógico donde los haya) opté por lo segundo, y en mi primer día de clase comprobé que mis compañeras constituían un 90%. En tercero me trasladé a la Universidad de Oviedo, y la proporción se mantuvo aproximada. Allí el departamento de inglés estaba dirigido por una catedrática, que infundía un respeto tan incuestionable que ningún profesor, ni siquiera en la intimidad, se refería a ella sin añadir “doña” a su nombre. Por otro lado, el sector más influyente del departamento lo constituía un puñado de profesoras de manifiesto perfil feminista con un claro objetivo de crear escuela. Así, aunque yo obtuve el mejor expediente de mi promoción (con perdón), al cabo de diversos encontronazos contra el muro supe que, si quería hacer carrera docente universitaria, debía emigrar de Oviedo.
          Pero no hay mal que por bien no venga, pues así aterricé felizmente en la joven Universidad de La Rioja en 1994. Desde entonces he visto que por lo general las mejores notas se las han llevado las chicas (que siguen estando en torno al 90%), y eso se nota en la obtención de puestos docentes. Recuerdo que el último consejo de departamento empezó conmigo como único representante de mi (débil) sexo. Por cierto, desde hace años dirigen el departamento dos mujeres, así como la facultad tiene al frente a una decana con un equipo decanal formado por tres mujeres y un hombre, y los directores de estudios de los grados son cuatro mujeres y un hombre. Por otro lado, en mi disciplina los estudios de género son ahora una materia privilegiada de cara a la obtención de proyectos de i+d+i o a la publicación de artículos en revistas de impacto, ambos criterios clave para la promoción profesional.
          Este 8-M había programado en clase de teatro inglés un comentario-debate sobre uno de los primeros dramas renacentistas que presentan a una mujer que se impone intelectualmente a todos los demás personajes masculinos. Pero un par de días antes la delegada se me acercó y me comunicó que mis alumnas (son todo chicas) habían decidido ejercer su derecho a la huelga y no acudirían a clase, y que encontraría sus trabajos en mi buzón.
          –Lo que digáis –contesté.

Pues eso. Decir que el futuro es de las mujeres es quedarse corto: ya el presente es suyo. Al menos, en el ámbito de la filología.

          

domingo, 3 de marzo de 2019

NOVELISTA EMBARAZADO


Tal como anuncié en mi entrada pasada, por fin esta semana me he animado a emprender la que, si consigo terminarla, será mi quinta novela. Es un anuncio excesivamente anticipado pues, a juzgar por mis antecedentes, no creo que vea la luz hasta dentro de cuatro o cinco años. Pero me conviene anunciar mis proyectos novelísticos para obligarme a terminarlos, como hice desde la solapa de mi primer libro de relatos (1998) donde anuncié la preparación de Calle Menor (2004).

Si entonces y en otras ocasiones este sencillo truco me resultó provechoso, ahora quizá sea aún más necesario, pues escribir una novela requiere un esfuerzo ingente de concentración, algo que cada vez me resulta más arduo. No es infrecuente que los escritores profesionalizados se retiren unos meses a sus pisos francos para desconectar del mundo, pero los de mi segmento tenemos que conciliar este esfuerzo imaginativo con la vida familiar (la mía es exigente) y profesional (que en mi caso implica actividades también creativas como la docencia y la investigación)­­, además de otro sinfín de “extraescolares” que sería superfluo enumerar aquí (valgan como ejemplo para los muy curiosos mi dedicación a la revista Fábula o a la asociación de voluntariado universitario ASUR). O sea, que la distracción se cierne por doquier.

Han pasado unos cinco años desde que concluí la elaboración de mi última novela. En este tiempo me he centrado en otros proyectos académicos, aunque he seguido canalizando el pequeño arroyo de inspiración creativa dentro del género del microrrelato, bastante compatible con los otros menesteres. Pero la novela exige continuidad y exclusividad, aunque sea de una índole tan relativa como me permitan mis circunstancias personales.

A cambio, escribir una novela es una aventura gozosa, en la que el creador se sumerge en un universo de su invención que le lleva por derroteros imaginativos imprevistos. Ese es un ingrediente fundamental que, a los que no vivimos de esto, nos mueve a perseverar en una tarea tan poco rentable.

No es conveniente adelantar tramas, así que no me tiréis de la lengua. Solo diré que reaparece el estrafalario subinspector Mariana (Descubre por qué te mato) mano a mano con el pomposo profesor Millán Ayuso (Calle Menor), o sea, que va a haber algo de ficción detectivesca y un poco de ficción académica. Y también diré que, si mi corazón partío me ha movido a ubicar dos de mis cuatro novelas publicadas en Santander y dos en Logroño, esta quinta lo hará en ambas localidades. No diré más. De momento.



domingo, 24 de febrero de 2019

15 AÑOS DE CALLE MENOR

Un 27 de febrero de hace quince años presenté Calle Menor en el Ateneo Riojano de Logroño, acompañado por el periodista Marcelino Izquierdo y el médico-escritor Fernando Sáez Aldana. Fue mi primera novela y también la más ambiciosa, con una trama guiñando el ojo a Bardem/Arniches sobre una joven poco agraciada –en mi versión profesora de latín en la Universidad de Lontana– que resulta víctima de una cruel apuesta entre un grupo de alumnos desalmados.

Etiquetable como “novela de campus”, pero también como “tragicomedia provinciana”, trata de la mezquindad como uno de sus temas principales, esa crueldad civilizada y cotidiana de quien se cree muy normal e incluso “majete” pero es capaz de hacer daño a un inocente sin apenas inmutarse. Al igual que su modelo bardemiano, para su ambientación consideré clave exagerar un entorno de lugar pequeño rodeado de cierta difamación o maledicencia, que igualmente resulta cotidiana y civilizada.

Por supuesto, la criatura me trajo varias alegrías. Por ejemplo, además de merecer buenas reseñas (una en el ABC Cultural) y de quedar finalista en el I Certamen de novela Tristana, fue preseleccionada por RTVE para un proyecto de tv-movies basados en obras literarias, que finalmente no salió adelante. En 2005 me invitaron a clausurar un congreso sobre Calle mayor en Valencia, donde hablé de la inspiración bardemiana y compartí mesa con unos amabilísimos Betsy Blair y José Luis Borau (que en paz descansen). Más tarde Borau citó la novela en su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, que versó sobre la inspiración fílmica en la literatura.

Como todo en la vida, las luces vinieron acompañadas de algunas sombras. En algunos circuitos muy locales ciertos lectores (más de segunda que de primera mano) jugaron a identificar personajes con personas cercanas, lo que me ganó algunos enemigos. Por otro lado, aunque la edición es bonita y se distribuyó relativamente bien, Ediciones Sial ni la promocionó ni me liquidó los modestos royalties, ni creo que lo haga a estas alturas.

Ahora he recuperado los derechos sobre ella y me encantaría que se reeditara algún día (¿hay algún editor serio leyendo esto?), quizá con algunos cambios, empezando por el título. No sé si Calle Menor es mi mejor novela hasta la fecha, antes lo tenía demasiado claro, pero ahora quiero convencerme de que en las posteriores he aprendido nuevos trucos. Además, ¿qué buen padre elige entre sus hijos? De vez en cuando algunos de sus personajes me reclamaban que les sacara de la caja y les volviera a dar vida. Yo alegaba ser quince años más viejo, y, por ende, más prudente; pero al final he cedido, en parte. Así, Millán Capuz Ayuso, un pedante profesor de estudios ingleses, está a punto de reaparecer en lo que, si Dios no lo remedia, será mi quinta novela, de la que hablaré en un futuro cercano.

Además, ninguno de los que me conoce (personajes incluidos) se cree que yo sea hoy más prudente.

domingo, 17 de febrero de 2019

MANUAL DE RESISTENCIA


Esta semana nuestro presidente Sánchez ha anunciado su decisión de convocar elecciones generales en abril, que podrían haber confluido con las de mayo y habernos ahorrado 200 millones de euros, aunque ya se sabe que el dinero público no es de nadie. Pero no es de esto de lo que quería tratar hoy, y tampoco me dispongo a hacer una valoración de su breve mandato, que ha batido tantos récords en poco tiempo. Ahora quiero comentar la inminente aparición de la autobiografía de Sánchez, titulada Manual de resistencia, también la única en su género aparecida durante el gobierno del protagonista y “autor”.

Alguna vez he declarado ante alumnos tentados de plagiar sus trabajos académicos que han de esperar a ser titulados en Filología (ahora Estudios de Lengua y Literatura) para poder escribir de un libro sin haberlo leído. Y, aunque ahora soy víctima de mi propia ironía, me disculpa el hecho de que aquel aún no ha salido a la luz, y que tampoco pretendo analizar su contenido textual sino tan solo opinar sobre las circunstancias y oportunidad de su publicación.

El primer aspecto que me maravilla es la disponibilidad de tiempo de que goza quien debería ser la persona más ocupada de España. Sé por experiencia lo que cuesta escribir un libro (a mí unos cinco años de media), pero quien apenas debería dormir ante el secesionismo catalán, el aumento del paro, la desaceleración de la economía, la radicalización de la política, la nueva crisis que se anuncia, etc., por añadidura dispone de tiempo para escribir la historia de toda una vida en unos pocos meses.

Pero luego nos enteramos de que tampoco lo ha escrito él del todo (aunque figura como autor), sino que le "ha dado forma" una estrecha colaboradora llamada Irene Lozano, quien, acaso como anticipo de las royalties, disfruta de un cargo de libre designación como Secretaria de Estado al frente de una de esas sorprendentes entidades estatales llamada “España Global”. ¿Será Irene Lozano la futura Premio Nacional de Narrativa, como le sucedió a Suso de Toro, biógrafo del presidente Zapatero? El tiempo lo dirá.


Obviamente, no puedo aún analizar el contenido o el tono, pero el primer paratexto, la portada, ya dice bastante. El close-up de Sánchez mirando a cámara con ademán de tahúr y gesto desafiante, en coherencia con el jactancioso título, como un corte de manga a sus adversarios de dentro y fuera del partido, apunta al egocentrismo imputado a nuestro líder, sin el cual no es posible concebir una legislatura tan disparatada como la que concluye.

Por último, el hecho de que el libro se publique en una editorial del Grupo Planeta muestra una opción por el capitalismo editorial más acendrado. Un socialista menos de salón acaso habría optado por una editorial alternativa, a la que podría haber apoyado desde su posición influyente. Pero supongo que con las cosas de comer no se juega.

En fin, quizá debería esperar a leerlo para sacar otras conclusiones, y no digo que me niegue a hacerlo. Pero sospecho que antepondré otros miles de títulos que me aportarán más. 



domingo, 10 de febrero de 2019

FAUNA URBANA V: FUMATOR PESTILENTIS

La peligrosidad de este especímen humano no radica en que acostumbre a autoenvenenarse. Puede ser algo incrédulo o contestatario, como evidencia su desprecio olímpico a las amenazas que le imprimen en el envoltorio de su veneno habitual. Tampoco le disuade que este suba de precio por aumento de imposición fiscal; de hecho, no le importa tributar algo más, acaso considerando que en el futuro rentabilizará su aportación extra, e incluso mucho más, en prestaciones de la sanidad pública. Pero, insistimos, su peligrosidad no está en tal hábito, que no deja de ser una decisión personal.Lo que hace del fumator pestilentis una amenaza a su entorno es su afán por intoxicar los pulmones del prójimo sin permitirle que la equivocación sea también personal e intransferible.

En los últimos años ha sufrido un duro revés a manos de las legislaciones de países occidentales que restringen el tabaco en lugares públicos o laborales, pero el fumator pestilentis parece desquitarse en otros ámbitos que, aunque también públicos, no están cerrados, como pueden ser las paradas de autobús, las terrazas de bares, los parques y playas, las colas de espera en taquillas, o los eventos deportivos, musicales o culturales que convocan multitudes.

En todos estos ámbitos nuestro fumator ve el cielo abierto (nunca mejor dicho) y con dedos trémulos y justicieros se recrea en la ceremonia de extraer el cigarrillo de la ominosa cajetilla, pegarlo a unos labios voluptuosos, prenderlo con morosidad, y transferir la bocanada de partículas de PM2.5 y nicotina hacia sus congéneres más próximos. Si alguno osa quejarse, tiene preparada la interjección victimista:
                  –¿Es que acaso tampoco se puede al aire libre?

La variante más agresiva del fumator se manifiesta precisamente en los hábitats de mayor aglomeración humana. Le encantan las manifestaciones, concentraciones y conciertos, pero manifiesta su predilección por todo tipo de procesiones (religiosas o laicas) donde la dinámica itinerante haga más marcado su territorio. Ahí a la transmisión de humo tóxico añade una nueva sorpresa, la de la quemadura en segundo o tercer grado a quien ose cruzarse en su camino o no consiga apartarse de este.


domingo, 3 de febrero de 2019

Víctimas lejanas: Asia Bibi


Hay víctimas de la tragedia, de la opresión o de la crueldad que nos quedan más lejos que otras. Es probable que este sea el caso de Asia Bibi, una campesina pakistaní madre de cinco hijos que cometió un delito imperdonable en su sociedad, ser cristiana.
Asia Bibi antes de que comenzara su calvario
          Todo empezó, al parecer, cuando quiso beber agua de un pozo común, y dos vecinas le negaron el acceso por no ser musulmana. Posteriormente estas mismas aportaron el testimonio que llevó a acusarla de blasfemia, y la relegó a una prisión (no quiero ni pensar en qué condiciones inhumanas) durante nueve años, a la espera de juicio, nueve años de desprecio, odio y amenazas de muerte bien a manos de la autoridad competente o de la masa extremista. Su marido y sus hijos declaraban que no podían salir de casa a comprar comida, mucho menos salir de Pakistán, por el clima de hostilidad que les rodeaba.
En octubre de 2018 el Tribunal Superior de Pakistán revocó la condena a pena de muerte, pero comenzó para ella otro nuevo calvario, pues los seguidores del partido Islamista Radical Tehreek-e-Labaik se lanzaron a la calle a reclamar la muerte de la “maldita” de un modo u otro. Se solicitó una revisión de la sentencia absolutoria, durante este proceso el abogado tuvo que huir a Holanda, y Asia Bibi no pudo salir del país. Por fin, hace unos días se ha declarado la absolución definitiva, y parece ser que la pobre granjera ha conseguido despistar a sus linchadores para emigrar a Canadá y reunirse con su familia, que se había podido adelantar. Tras un infierno de nueve años ha conseguido el derecho a escapar.
          Malos tiempos para la libertad religiosa en Pakistán. Lo que más me inquieta es pensar cuánto iceberg subyace bajo esta puntita, y cuánto silencio ha rodeado este caso flagrante de represión. En todo este proceso de película de terror el principal apoyo de la causa de Asia Bibi ha provenido de grupos cristianos, contrastado por una espantosa indiferencia de gobiernos “civilizados” como son los del Reino Unido, Canadá, EE.UU e Italia. Los principales receptores en occidente de inmigrantes pakistaníes desoyeron las peticiones de asilo de la familia, según informó El País. Por cierto, aunque no lo diga este diario, España es el siguiente en la lista de receptores. ¿Alguien ha oído hablar de alguna iniciativa diplomática al respecto?

domingo, 27 de enero de 2019

Sherlock Holmes en Barcelona


 
Composición: David Villar

Hay personajes que apuran su dimensión freudiana y acaban matando al padre. Sucede con frecuencia, curiosamente, entre los investigadores criminales. Pensemos en los personajes de Millenium, que no han necesitado de su creador, Stieg Larsson, para seguir vivitos y coleando. Igualmente acaba de salir una reciente novela con Pepe Carvalho como protagonista, quince años después de la muerte de Vázquez Montalbán.

El investigador criminal por excelencia, Sherlock Holmes, ha sentado muchos precedentes al respecto. Se cuentan por centenares los novelistas que han resucitado al inglés de la pipa y a su asistente Watson en los llamados apócrifos o pastiches holmesianos. Entre estos hay varios españoles, uno de los primeros Jardiel Poncela en 1939 con sus Novísimas aventuras de Sherlock Holmes. Entre ellos destaca un escritor muy querido para mí, Javier Casis, cuya obra holmesiana ha sido recientemente recomendada por el mismo Pérez Reverte.

Pues bien, este miércoles 30 de enero hablaré de uno de los más destacados apócrifos holmesianos escritos en castellano, Los misterios de San Gervasio, escrito por Carlos Pujol hace un cuarto de siglo. Es una novela fascinante, que comienza imitando al modelo y se va por unos derroteros que Doyle jamás se atrevió a plantear. Mi intervención será en Barcelona, donde también transcurre esta aventura apócrifa, en el seno de unas jornadas organizadas por la Universidad Internacional de Cataluña. La entrada es libre, pero hay que inscribirse previamente en el siguiente enlace

Os espero (si eso).