Cuando ya nos consolábamos pensando que la pandemia nos daba tregua, ahora la guerra en Ucrania ha pasado a ser una de nuestras más pavorosas pesadillas. A diferencia de otros conflictos recientes, este nos desazona por su cercanía, si no necesariamente física, sí conceptual. No la vemos como una civilización remota o ajena a la nuestra; los ucranianos vivían hasta hace unos días en ciudades como las nuestras, con unos hábitos semejantes y rutinas identificables. Y lo que acaso más nos angustia es que, si se produjeran fatídicas carambolas del destino, mañana nuestro país se podría ver envuelto en el conflicto. Una de las muchas consecuencias de la irrupción de la tragedia es el reclutamiento de civiles. Ucrania ya ha decretado la movilización de 200.000 reservistas de entre 18 y 60 años para defender a su patria con las armas. Por su parte, países comunitarios como Alemania ya han anunciado que aumentarán su presupuesto en armamento. Al leer estas noticias, mi imaginación me plant...
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