El día en que conocimos la imputación de Rodríguez Zapatero no fue infrecuente que varios comentaristas de opinión y correligionarios pusieran la mano en el fuego para “apoyarle sin fisuras”. Esta fue la expresión del presidente Sánchez desde la primera sesión parlamentaria en la que manifestó todo su apoyo a un expresidente que, según recordó, había impulsado medidas sociales sin precedentes, nos había sacado de una guerra ilegal, había acabado con ETA, etcétera. Durante unos años, en efecto, fuentes afines al gobierno de la nación han enfatizado la enorme trascendencia de las dos legislaturas de Zapatero, y lo han aclamado como un símbolo de ejemplar progresismo, la estrella imprescindible en toda campaña autonómica, una figura capaz de movilizar a los votantes a las urnas, quien dejó un legado memorable de buen gobierno. Vaya por delante que no deseo el hundimiento personal de Zapatero, y que considero que la presunción de inocencia es condición esencial de toda democracia; no exi...
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