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domingo, 30 de junio de 2019

Escribir por amor

ESCRIBIR POR AMOR
(Editorial de Fábula 44)

Cuentan que el escritor victoriano Anthony Trollope tenía un hábito de escritura tan estricto que se imponía una rutina inamovible de dos mil a tres mil palabras diarias, cayera quien cayera, y que, una vez terminado un libro, empezaba inmediatamente el siguiente. Sólo así se explica su ingente producción de setenta títulos (descartando, claro, la ayuda de otras manos, blancas o negras).

Me rondan tales reflexiones porque en estos días, tras cinco años de recorrer otros caminos de escritura, he empezado la que, si ve la luz, será mi quinta novela. He vuelto a revivir la emoción de construir un universo paralelo poblado por criaturas cuyas vidas dependen en gran medida de mi voluntad, o de mi imaginación, o de la primera domeñando la segunda, o viceversa. Para un escritor liberado de la esclavitud de vender (por decirlo de modo positivo), sumergirse en una novela es una experiencia transformadora que te saca de ti, de tu contingencia, para proyectarte de lleno en un horizonte vital alternativo propio del juego irrepetible e irrenunciable de crear ficción.

Pero entre semejantes efluvios del gozo creador se interponen otras consideraciones más prácticas y terrenales, como la necesidad de una disciplina trollopiana o parecida que posibilite que las musas, si es que se asoman, te encuentren trabajando. Y viene la parte dolorosa del proceso, la que requiere quebrarse la cabeza contra el estilo, el léxico, el punto de vista narrativo, las tramas y subtramas, las descripciones, las narraciones, los diálogos, la documentación, las causas y efectos, la continuidad, los guiños intertextuales… Y revisar, revisar, revisar.

En estas disquisiciones me hallo cuando de pronto me topo con un texto de Pablo d’Ors en su célebre Biografía del silencio: “No es en absoluto cierto que haya que esforzarse o disciplinarse para escribir un libro. El libro se escribe solo, el cuadro se pinta solo, y el escritor o el pintor están ahí, ante su lienzo o cuaderno en blanco, mientras esto sucede”.

En principio no entiendo nada. ¿Estamos hablando de la trasnochada escritura automática de los surrealistas que dejó bodrietes tan prescindibles? ¿Cómo se armoniza esta teoría con el cansancio efectivo que siente el autor después de luchar a brazo partido contra las infinitas opciones que se presentan ante su mente? ¿O es que acaso el ordenador del señor d’Ors adquiere vida propia mientras su dueño duerme la siesta?

Pero luego retrocedo unas páginas de la misma fuente, y releo otro pasaje que me pasó desapercibido, y que acaso ofrece la clave: “desde muy joven he sabido qué páginas de mis libros estaban inspiradas y cuáles no […]: las inspiradas son aquellas que he escrito olvidado de mí, sumergido en la escritura, abandonado a su suerte; las menos inspiradas, en cambio, las que he planificado y redactado de forma más racional y menos intuitiva. […] Para escribir, como para vivir o para amar, no hay que apretar, sino soltar, no retener, sino desprenderse”.

Ah, era eso. Y recuerdo la frase de otro sabio, Gustavo Martín Garzo, a quien una voz oí afirmar que “uno escribe por amor”. Y, bueno, igual tenía razón John Lennon cuando repitió tan machaconamente que: “All you need is love”

Foto: Ángela Villar 

domingo, 23 de junio de 2019

Sergio del Molino apadrina Fábula 44


El martes 18 de junio nos visitó Sergio del Molino como padrino del número 44 de la revista literaria Fábula.
Tondeluna, 18:30. Fotos; Irene Castellanos

Llegó en su coche desde Zaragoza, primero para el encuentro con el equipo y suscriptores de Fábula en el restaurante Tondeluna, a las 18:00. Entre unas copitas de tinto Solar de Samaniego proporcionadas por César León y unas sabrosas croquetas de la casa, Sergio fue el centro de una animada tertulia. Moderada por Evelyn Pérez —una “molinista” inmoderada—se centró (¿cómo no?) en la realidad de la España vacía, un problema al que Sergio puso nombre hace unos años y, así, contribuyó a extender el debate. Sin demasiadas esperanzas de solución, pues el autor no cree que se pueda revertir el despoblamiento rural mientras la economía nos empuje a comprar lo más barato y no lo de nuestro entorno. El campo solo se repoblará si produce agricultura, y si esta producción es rentable. Con todo, algunos asistentes insistían en que no hay que perder del todo la esperanza en lo que nos depare el futuro.


El tiempo voló (al igual que las croquetas), y a continuación nos dimos un paseo hasta la librería Santos Ochoa, donde se celebró el acto abierto de presentación de Fábula 44, ante más de un centenar de asistentes (entre los que se contaban, por cierto, el nuevo alcalde de Logroño y algunos concejales; se convierte así en el primer alcalde que acepta la invitación a una presentación de Fábula tras 23 años!)
¿A que apetece?

Tras una descripción (breve) de la revista por el que esto relata, y una (aún más breve, y más poética) introducción al autor por parte de Evelyn, Sergio del Molino volvió a abordar un tema del que tanto sabe, esta vez aportando nuevos matices, como la definición de las “aldeas Potemkin” para denominar poblaciones que buscan apuntalar su supervivencia recurriendo a reclamos turísticos que acarrean un vacío identitario.

Fotos: UR

Sergio del Molino es un hombre cercano, lúcido, no titubea al hablar. Como él admite, sus escritos tratan en gran medida de la ausencia y el vacío, por lo que acaso su lucidez transmite un punto de desencanto. Pero lo cierto es que ha conseguido convertirse en un nombre imprescindible de la cultura española actual, e hizo un hueco para visitarnos entre las numerosas invitaciones que recibe de diversos foros. 

Desde aquí le queremos agradecer, en nombre de todas las personas que estamos detrás de la revista, su cercanía y disponibilidad para acompañarnos en el alumbramiento de esta preciosa criatura, Fábula 44 (ya hablaré de ella en otro momento). Como quien no quiere la cosa, entre un acto y el siguiente le tuvimos hablando más de tres horas seguidas. 



Muchas gracias, Sergio.

domingo, 16 de junio de 2019

TIENE UN TESORO


Todo empezó por un rayón.
            Era lo que siempre había temido. Cada vez que aparcaba en batería me asaltaban los más ominosos temores de que la típica acompañante desaprensiva saliera del asiento del copiloto del coche recién aparcado a mi lado, y arremetiera sin cuidado contra la carrocería de mi flamante Mercedes clase A, 200 CDI.
            Pero esta vez la temida escena se produjo ante mi vista, ante mis propias narices. Así que me abalancé contra la susodicha y dejé que me llevaran los demonios.
             –¿Es que quieres que demos parte por esa chuminada? –dijo el chulo del marido, o lo que fuera–. Vamos, hombre, no me jodas.
            Tal desfachatez fue la gota que colmó el vaso, y a partir de este punto mis demonios transportistas me inspiraron las mejores lindezas de mi repertorio barriobajero, predicadas, por turnos, de la copilota, de su marido (o lo que fuera) y de la descarriada madre de cada uno de ellos.
            Como era de esperar, los ánimos se encendieron, y la cosa devino bronca, la bronca devino manos, las manos devinieron puños, y al final se montó un festival de huesos rotos, dientes, sangre, cristales y abolladuras. Acabamos, claro, en comisaría, hechos unos zorros, afrontando diversas denuncias por faltas, por lesiones, por daños, por injurias, por alteración del orden público, además de la desalentadora perspectiva de cuantiosos gastos y molestias por inminentes sesiones de rehabilitación y varias de odontología avanzada.
            Entonces, cuando nos tomaron los datos, caí en la cuenta.
            Ya sabía yo que me sonaba la cara del chulo del marido (o lo que fuera). Y me sonaba porque, desde hacía más de una año, era amigo mío. Amigo en Facebook.

domingo, 9 de junio de 2019

¿Cuánto cuesta el procés del procés?

¿Cuánto nos cuesta el procés del procés?  Jueces de alto nivel y altos sueldos, fiscales, abogados del Estado, secretarios, ujieres, policías, funcionarios de prisiones, prisiones , transportes, y muchos otros gastos que no quiero ni imaginar. Que doce dirigentes catalanes hayan (presuntamente) incurrido en rebelión, o sedición, nos cuesta a los contribuyentes millones de euros, que, valga el tópico, darían más fruto en áreas como alimentación, vivienda, sanidad o educación.

Pero lo más caro de este juicio no es necesariamente lo económico. Su marcada teatralidad parece servir para difundir la causa independentista dentro y fuera de nuestras fronteras , para cuestionar la justicia española, y animar a que los tribunales europeos nos sigan humillando.

Imaginemos que, al concluir, los encausados recibieran las condenas que probablemente merezcan. ¿Las cumplirán, o acaso un magnánimo gobierno abierto al diálogo les acabará indultando? Incluso en este supuesto, la condena merecida no habrá hecho sino alimentar el aura de mártires de la República Catalana de los encausados, lo que lo que a su vez llevará a que aumente el 50% de pro independentistas , y que en un futuro no lejano su crecimiento no pueda ser contenido por un gobierno dialogante.

Difícil problema el catalán. Para unos, la solución pasa por más 155, para otros  por más diálogo, aunque algunos interlocutores sean sordos. A veces tengo la impresión de que, por muy mal que estuviera, aún se empeoró más tras junio de 2018 . ¿Me equivocaré? Por el momento, entretengámonos con el proceso del proceso, y con la constatación de que la justicia puede ser muy cara . Y muy inútil .
Una fachada de un edificio de Barcelona 


domingo, 2 de junio de 2019

Fábula 44 y Sergio del Molino

Hoy toca anunciar el próximo evento relacionado con la revista Fábula, que desde el pasado número ha renovado imagen y ganas. Presentaremos el 44, apadrinado por Sergio del Molino, quien dará la charla titulada “Las aldeas Potemkin: la España vacía como un decorado" (o sea, que sabe de qué habla). Será el martes 18 de junio en la librería Santos Ochoa (c/ Calvo Sotelo, 19, Logroño) a partir de las 19:30. Previamente tendremos un encuentro con los autores y suscriptores de Fábula en un estupendo restaurante logroñés.

Además de apadrinar este número,  Sergio se ha prestado a aportar el título autógrafo de la revista, siguiendo la costumbre que se inauguró con el 43.

Os recuerdo la biografía de Sergio del Molino (Madrid, 1979): escritor y periodista español, cuya obra se mueve entre la narrativa autobiográfica, el ensayismo y la crónica. La España vacía (premio al libro del año de los libreros de Madrid 2016, y Premio Cálamo) ha sido un fenómeno editorial literario, y provocó un gran debate nacional sobre las regiones olvidadas del interior desértico del país. Además es autor, entre otros, de Lugares fuera de sitio, premio Espasa de ensayo 2018, La hora violeta, premios Ojo crítico y Tigre Juan 2013, o La mirada de los peces, 2017. Es columnista en el diario El País y colaborador en la cadena de radio Onda Cero.


El acto de las 19:30 será de entrada libre. Conviene madrugar, aviso.