En alguna de mis columnas anteriores me he lamentado de que hoy en día se habla demasiado de política y de fútbol, en detrimento de otras cuestiones acaso más trascendentales. Dado que, como era de esperar, las cosas no han cambiado mucho, por esta vez voy a seguir la sabiduría popular que recomienda que, si no puedes vencerlos, te unas a ellos. Soy consciente de que no voy a ser muy original, pues estos días nuestra triunfante selección es trending topic , pero también conviene dejarse llevar por el orgullo de ser español que ha contribuido a reavivar. Parece bastante unánime la percepción de que el elemento que más ha contribuido al éxito de nuestros jugadores ha sido el trabajo en equipo. No hemos tenido divos como Mbappé en Francia o Messi en Argentina; los nuestros han jugado para el conjunto. Cuando De la Fuente cambiaba el banquillo, el jugador saliente solía abrazar al entrante deseándole que lo hiciera mejor aún, sin creerse imprescindible ni verter lágrimas de cocodrilo. Em...
No, no tengo intención de cantarle la conocida e insolidaria charanga a ningún presidente o expresidente de los que corren delante de los pitones como alma que lleva el juez. En su lugar pretendo escribir sobre algo mucho más adusto, aunque también inspirado en los encierros sanfermineros que ahora ocupan nuestra atención. Acostumbro a escuchar los noticieros radiofónicos que a las horas en punto emiten una selección de las noticias que juzgan más relevantes, y siempre me ha intrigado considerar qué criterios orientan a los profesionales que elaboran estos resúmenes a priorizar cuatro o cinco titulares sobre todo lo acaecido en el ancho mundo. No falta el tradicional cruce de metralla entre partidos políticos, con matices diversos, incluso opuestos, según la orientación de la cadena en cuestión; tampoco la referencia a la última catástrofe humanitaria, ahora por desgracia en Venezuela, o a la guerra que ocupa el foco informativo. Lo curioso es que, en estos días tras el Chupinazo, la m...