No, no tengo intención de cantarle la conocida e insolidaria charanga a ningún presidente o expresidente de los que corren delante de los pitones como alma que lleva el juez. En su lugar pretendo escribir sobre algo mucho más adusto, aunque también inspirado en los encierros sanfermineros que ahora ocupan nuestra atención. Acostumbro a escuchar los noticieros radiofónicos que a las horas en punto emiten una selección de las noticias que juzgan más relevantes, y siempre me ha intrigado considerar qué criterios orientan a los profesionales que elaboran estos resúmenes a priorizar cuatro o cinco titulares sobre todo lo acaecido en el ancho mundo. No falta el tradicional cruce de metralla entre partidos políticos, con matices diversos, incluso opuestos, según la orientación de la cadena en cuestión; tampoco la referencia a la última catástrofe humanitaria, ahora por desgracia en Venezuela, o a la guerra que ocupa el foco informativo. Lo curioso es que, en estos días tras el Chupinazo, la m...
En mis tiempos (ya un tanto antediluvianos) de estudiante no se estilaban las graduaciones, ni siquiera al terminar la universidad. Entonces uno iba a la secretaría de la facultad, comprobaba si había aprobado la última asignatura de la titulación, y, en caso afirmativo, se tomaba una birra con los amigos, se daba un chapuzón en la piscina, o sencillamente se marchaba a casa y de camino se apuntaba en la oficina del Inem. Ahora, sin embargo, siguiendo la estela de los McDonald’s y los halloweens, hemos importado la tradición de celebrar por todo lo alto estos ritos de paso. Me atrevería a decir que primero vinieron las graduaciones universitarias, lo que tiene su sentido, pues por lo general los recién graduados llevan casi dos décadas dedicándose al estudio en exclusiva, algo sin duda muy edificante pero que también ha conllevado tensiones, horarios y exámenes. La graduación universitaria, pues, significa el final de la etapa de estudiante a tiempo completo, con cargo a los fondos púb...