Una de las películas con más despliegue de publicidad este verano ha sido Spiderman: Brand New Day . Por supuesto, el hecho de que aparezca en casi todos los carteles urbanos y portadas de revistas de cine no garantiza la calidad; al igual que pasa con lo literario, la excesiva publicidad puede ser un intento de disimular las carencias. En todo caso, la película se deja ver. Spiderman fue mi héroe gráfico predilecto durante mi preadolescencia, y acaso la nostalgia de esa etapa dorada me impulsa a hacer un (discreto) seguimiento de sus reencarnaciones cinematográficas. De las tres sagas de los últimos años, la de Tobey McGuire como Peter Parker me parece la más cercana a los cómics originales, y con unos personajes mejor trabajados. La segunda, con Andrew Garfield, empezó y acabó mal, tanto que no siguió adelante. La presente, protagonizada por Tom Holland, quiso adaptarse a una nueva generación cautivada (en ambos sentidos) por lo tecnológico, así que en su origen presentaba un ...
(No sé si alguno de vosotros se habrá propuesto en serio el ideal cristiano de “amar al prójimo como a uno mismo”, pero ya os adelanto que no resulta nada fácil. No solo porque nuestro ego no facilita la tarea, sino por la intrínseca dificultad conceptual; si se tratara de amar un poco más, o un poco menos, la noción sería más manejable. Esta es la historia de un amigo que se planteó este ideal hasta las últimas consecuencias). Bonifacio preparaba oposiciones. Tras la feliz conclusión de sus estudios de Derecho, sin más retraso que el inevitable año y medio, y tras tres meses de desconexión total para reponer baterías en la República Dominicana y Costa Rica, se había enfrascado en la meritoria y sufriente vida de opositor a técnico administrativo de comunidad autónoma. Cinco años transcurrieron de esta guisa, con un horario apretado de siete horas de sueño, nueve de estudio, dos de comidas, una de siesta, otra de paseo reparador, cuarenta y cinco minutos de moderados ejercicios y est...