Hace tres días falleció Maricarmen Abascal, la anciana de 87 años con una discapacidad del cincuenta por ciento que fue desalojada por orden judicial de su vivienda el 23 de septiembre, y cuyo caso ha desatado una intensa movilización social, y, como carambola, ha provocado la convocatoria de elecciones generales en noviembre. Maricarmen pasó sus dos últimas semanas hospitalizada en el Gregorio Marañón de Madrid. No se ha detallado la causa de su muerte, pero se apunta el estado de agotamiento y estrés tras el proceso de desahucio. Sin duda no le habrá venido nada bien para su salud delicada el haber sido el foco de atención continuo en medios, en la calle, en el Congreso, en las redes… que su persona haya sido idealizada hasta el extremo o incluso haya sufrido difamaciones por supuestas irregularidades en su pasado. Justo la semana pasada escribí sobre el uso buitrero de las víctimas , y ahora tengo la amarga confirmación del “Ya se lo dije”. El triste caso de Maricarmen Abascal es ...
Desde la antigüedad, pasando por los clásicos bestiarios medievales, se ha tendido a atribuir rasgos de personalidad a diversas especies animales, algunas más afortunadas que otras. Así, no es lo mismo ser un lince, un tigre o un león, que ser un burro, una hiena o un cernícalo. Estas atribuciones no están exentas de cierto sexismo (es mejor ser un zorro que una zorra, etc.) pero ese sería tema para otra ocasión. Ahora me quiero fijar en las connotaciones negativas de esa ave rapaz que, sin tener la culpa de que la Naturaleza la haya hecho carroñera, se sitúa en el grupo de referentes tóxicos: el buitre. Cuando tildamos de “buitre” a una persona solemos implicar que se aprovecha de la vulnerabilidad ajena buscando sin escrúpulos su beneficio, por lo general económico, por encima de toda consideración humanitaria o ética. Le cuadra muy bien al capitalista despiadado, lo que proporciona una imagen adecuada para denominar a los “fondos buitre”, como el que casi desahucia a Maricarmen Ab...