(No sé si alguno de vosotros se habrá propuesto en serio el ideal cristiano de “amar al prójimo como a uno mismo”, pero ya os adelanto que no resulta nada fácil. No solo porque nuestro ego no facilita la tarea, sino por la intrínseca dificultad conceptual; si se tratara de amar un poco más, o un poco menos, la noción sería más manejable. Esta es la historia de un amigo que se planteó este ideal hasta las últimas consecuencias). Bonifacio preparaba oposiciones. Tras la feliz conclusión de sus estudios de Derecho, sin más retraso que el inevitable año y medio, y tras tres meses de desconexión total para reponer baterías en la República Dominicana y Costa Rica, se había enfrascado en la meritoria y sufriente vida de opositor a técnico administrativo de comunidad autónoma. Cinco años transcurrieron de esta guisa, con un horario apretado de siete horas de sueño, nueve de estudio, dos de comidas, una de siesta, otra de paseo reparador, cuarenta y cinco minutos de moderados ejercicios y est...
En alguna de mis columnas anteriores me he lamentado de que hoy en día se habla demasiado de política y de fútbol, en detrimento de otras cuestiones acaso más trascendentales. Dado que, como era de esperar, las cosas no han cambiado mucho, por esta vez voy a seguir la sabiduría popular que recomienda que, si no puedes vencerlos, te unas a ellos. Soy consciente de que no voy a ser muy original, pues estos días nuestra triunfante selección es trending topic , pero también conviene dejarse llevar por el orgullo de ser español que ha contribuido a reavivar. Parece bastante unánime la percepción de que el elemento que más ha contribuido al éxito de nuestros jugadores ha sido el trabajo en equipo. No hemos tenido divos como Mbappé en Francia o Messi en Argentina; los nuestros han jugado para el conjunto. Cuando De la Fuente cambiaba el banquillo, el jugador saliente solía abrazar al entrante deseándole que lo hiciera mejor aún, sin creerse imprescindible ni verter lágrimas de cocodrilo. Em...