Hoy los y las feministas celebramos el 8M con toda la solemnidad y energía que se merece. Tanto participando en actos y movilizaciones como desde casa, la celebración nos ayudará a renovar el convencimiento de que mujeres y hombres hemos de tener igualdad de derechos, obligaciones y oportunidades, a todos los efectos. Esa es, creo yo, la esencia de lo que sostenemos las personas de buena voluntad, independientemente del tipo de feminismo por el que aboguemos. Porque, como fenómeno sociopolítico y filosófico, no es un movimiento homogéneo; además de las cuatro olas (al menos) que caracterizan su evolución histórica, hoy encontramos variantes tan diversas como los feminismos de la diferencia, de la igualdad, científico, filosófico, teológico, liberal, lésbico, poscolonial, radical, abolicionista, provida, ecofeminismo, ciberfeminismo, etcétera. Y quizá haya otro que no está tan definido, pero abunda mucho en el ámbito político: el de opereta. Pongamos un ejemplo. Parece sensato conside...
En diversos escritos anteriores he desarrollado la idea de la “enfermedad del escritor”, también denominada “ síndrome posparto ”. Ahora que acabamos de celebrar el día internacional de las enfermedades raras, no sé si convendría que se incluyera entre estas, aunque quizá no sea tan infrecuente, pues, al menos en mi ciudad, por cada patada que das surge un par de escritores. Por otro lado, también es verdad que no siempre tienen todos y cada uno que sufrir esta dolencia, claro. Yo os confieso que sí, que soy grupo de riesgo, sobre todo cuando se trata del posparto de una novela como Tras las huellas de Greene , que ha vivido en mis entrañas, entre unas cosas y otras, doce años. Aun a riesgo de pecar de canso (que se dice por aquí), apelo a vuestra benevolencia cuando vuelvo a compartir con vosotros las extrañas reacciones anímicas que provoca el posparto libresco en quien lo padece. Yo he promovido hasta la fecha seis presentaciones en “mis casas”, es decir, en las tres ciudades dond...