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Mostrando entradas de marzo, 2020

Confinamiento infantil

En estos días de confinamiento universal, casi el único contacto con la humanidad ocurre a las 8 de la tarde, cuando salimos a los balcones y ventanas a aplaudir al heroico personal sanitario. En muchos casos nos da la oportunidad de conocer un poco más a nuestros vecinos, en un sentido superficial y anónimo, pero al menos con algo más de atención que hasta la fecha.

Entre los que se asoman al edificio frente a mi balcón está una familia con cuatro menores; uno de ellos, que calculo en torno a los nueve o diez años, tiene una voz cristalina pero potente, y aprovecha esos minutos para desahogarse. Recuerdo que los primeros días celebraba la falta de colegio y las bondades del confinamiento. Ahora ya no. Entre los aplausos y pitidos no siempre distingo del todo sus palabras, pero suele dar ánimos calurosamente a todo el que le esté escuchando.

No me deja de cautivar y edificar esta inocencia infantil. Pero cuando pienso en esa familia, y en las millones como ella, se me ponen los pelos …

A los que se entregan

Rescato hoy un poema escrito hace tiempo, que dedico a todas las personas que entregan su vida por los demás, como los heroicos miembros del personal sanitario que se dan sin medida en estos días turbulentos. Es mi (pobre) homenaje de las 8 de la tarde.



AMBICIÓN               A Rafael Gómez

Plantaste tu mirada, aún imberbe ante el cristal estupefacto y lelo del escaparate de la edad primera y te pediste ser ave y te pediste ser nube y te pediste ser fuente. Y aún colgado de la mano protectora indefenso ante el más mínimo relincho de luciérnagas que ya entonces acechaban quisiste volverte luna quisiste volverte trueno quisiste convertirte en viento.
Mas entonces viste a aquel pobre jinete del amor y el vicio, doliente e infecto, abismales pozos sus ojeras negras, retorciendo sábanas en torno a su cuerpo y en la blanca sala de analgesia y asma le viste exhalar su postrer aliento. Y ya no quisiste ser ave, ni nube, ni fuente, quisiste tú también ser muerto.
Mas no moriste, y aún tus manos conservaron el jugo d…

Arresto domiciliario

Los viajes de Graham Greene por España y Portugal