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Mostrando las entradas etiquetadas como anécdotas

¿Y TÚ, CARLOS, ERES HUMILDE?

Un tema que me parece fascinante es el de las deformaciones profesionales, esas cualidades no siempre positivas con las que la propia profesión esculpe la personalidad. Así, aunque por supuesto hay muchos individuos virtuosos que se libran de sus respectivas enfermedades, es más fácil que la soberbia de quien no admite más autoridad sobre su cabeza aceche a un juez antes que a un barrendero, igual que la desconfianza al abogado, el autoritarismo al oficial, la ambición al político, la desidia al funcionario, la mendacidad al vendedor, o la vanidad al artista. Comentando estos temas con una inteligente compañera, surgió natural la cuestión de por dónde nos aprieta el zapato a los docentes universitarios. ¿Acaso nos achecha la soberbia del juez cuando evaluamos a nuestros alumnos, o más bien la vanidad del autor cuando elaboramos nuestros interminables currículos de méritos? Es curioso que, aunque sean enfermedades del alma bien diferentes, la virtud que tradicionalmente se contrapone ...

EL DÍA EN QUE ME RETARON A UN DUELO

Como preparación para lo que (Dm) será mi sexta novela, en los últimos días me vengo zambullendo en episodios de mis años mozos, y mi memoria me ha retrotraído a uno de los más estrafalarios de mi vida escolar, que ahora comparto con mis amigos, lectores y voyeurs. Estábamos en 3ª de BUP (16 años) en clase de la profesora de Historia, la pequeña gran Milagros, quien nos había dividido en grupos de tres o cuatro compañeros para trabajar unas fichas grupales. Todo un avance pedagógico frente a la plúmbea clase magistral, pero lo normal era que acabáramos charlando de cualquier cosa menos de las guerras púnicas. Uno de los grupos vecinos coincidía con el de la cuadrilla de JB, un chico bien con vocación prematura de mosca testicular. Uno de sus amigos era AG, un tipo alto y desgarbado que vestía con corbata porque decía que de este modo se acostumbraría al uniforme cuando ingresara en la academia militar, y que públicamente se confesaba de sensibilidad decimonónica y a mucha honra. Pue...