No, no tengo intención de cantarle la conocida e insolidaria charanga a ningún presidente o expresidente de los que corren delante de los pitones como alma que lleva el juez. En su lugar pretendo escribir sobre algo mucho más adusto, aunque también inspirado en los encierros sanfermineros que ahora ocupan nuestra atención. Acostumbro a escuchar los noticieros radiofónicos que a las horas en punto emiten una selección de las noticias que juzgan más relevantes, y siempre me ha intrigado considerar qué criterios orientan a los profesionales que elaboran estos resúmenes a priorizar cuatro o cinco titulares sobre todo lo acaecido en el ancho mundo. No falta el tradicional cruce de metralla entre partidos políticos, con matices diversos, incluso opuestos, según la orientación de la cadena en cuestión; tampoco la referencia a la última catástrofe humanitaria, ahora por desgracia en Venezuela, o a la guerra que ocupa el foco informativo. Lo curioso es que, en estos días tras el Chupinazo, la mayoría de las cadenas que sintonizo suele concluir la selección informativa con el parte del encierro correspondiente: si ha durado dos minutos y qué pico, qué ganadería ha participado, con qué humor han pisoteado los miuras el asfalto de la calle Estafeta, si algún mozo o moza o guiri se ha llevado una cornada, etcétera.
Ya sabemos que desde hace más de un siglo es el cuarto poder
quien decide de qué asuntos se habla y de cuáles no. Y, como todo poder, este
también se impone entre inquietantes sombras e intereses inconfesables. Pero la
consideración de estas verdades me hace pensar en las noticias de las que nadie
habla. No me refiero solo a las positivas, como los avances en la ciencia,
tecnología o cultura que nos ayudarán a vivir mejores vidas, que reciben mucha
menos atención que las sinsorgadas políticas cotidianas o las gloriosas (y por
lo general intrascendentes) hazañas deportivas. Incluso en las noticias que nos
conmocionan por su carácter devastador, las guerras y catástrofes, es
significativo que haya unas pocas que interesan y otras muchas que no.
Así, poco sabemos de la mayoría de las cincuenta y tantas guerras de alta intensidad y más de un centenar de conflictos armados que hay en el mundo en la actualidad. Apenas se habla de la cruenta guerra civil en Sudán, o de la violencia persistente en la República Democrática del Congo y la región del Sahel, los sangrientos conflictos en Mozambique, en Burkina Faso, en Somalia, en la región de Amhara y Oromía de Etiopía, en Camerún, República Centroafricana, Chad, Níger o la desolación terrorista de Boko Haram y el Estado Islámico en Nigeria. Tampoco sabemos mucho de la guerra civil en Myamar (antigua Birmania), las violentas insurgencias en Beluchistán, en Cachemira o en Tailandia, o las guerras de las fuerzas estatales de Colombia, México o Haití contra cárteles, disidentes y organizaciones criminales militarizadas. Tampoco se habla de hechos como los expuestos en el último informe de AIN, que concluye que hay violaciones graves de la libertad religiosa en 62 países, de los que 24 llevan a cabo una verdadera persecución, mientras que en los otros 38 impera la discriminación por razón de las creencias, lo que en total afecta a un total de 5.400 millones de personas.
Pero bueno, mientras estas calamidades humanitarias no den una excusa para subir el precio de la gasolina, ni tan mal. La quinta noticia imprescindible puede pasar por Pamplona, que además está aqalado. Así que, ¡viva San Fermín! Y ya se sabe, si te ha pillado el toro…

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