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domingo, 28 de julio de 2019

La prima de mi Clara

"No hay nada nuevo bajo el sol", recuerda el Eclesiastés, y, en efecto, en el mercado literario también se cumple esta sentencia. No hace tanto vio la luz un libro de la célebre escritora estadounidense Mary Karr, Iluminada, editado en Errata Naturae en 2019, que utiliza una portada que al puñado de lectores que tienen la paciencia de seguirme les recordará a la de Mientras ella sea clara (2011).




Está claro que la inspiración de ambos portadistas proviene de las variaciones de un cuadro de Alex Katz. Es muy posible que los editores de Errata Naturae nunca hayan conocido el mío, pero no deja de ser curioso que utilicen una portada tan parecida para un libro de autobiografía descarnada, al igual que mi Clara adoptaba para sus confesiones a los lectores un tono de inusual sinceridad.

Otras divertidas coincidencias me han ocurrido al nivel de títulos. Así, poco después de que sacara (o me sacaran) Solo yo me salvo (2011), apareció la réplica Nadie se salva solo (2011), de la escritora y actriz Margaret Mazzantini, un buen antídoto al mensaje solipsista que proponía mi título. Cosas de la vida... literaria.


domingo, 21 de julio de 2019

Sherlock en Barcelona (II)


Los secretos de San Gervasio
AUTOR: Carlos Pujol
EDITORIAL: Menoscuarto
LUGAR Y AÑO: Palencia, 2019


UN SHERLOCK QUE ECHA SIESTA

Los secretos de San Gervasio, publicada por primera vez hace un cuarto de siglo, pertenece a esa corriente tan fecunda de pastiches o apócrifos que ha multiplicado por centenares los relatos originales de Conan Doyle, el llamado “canon holmesiano” formado por cuatro novelas y cincuenta y seis relatos protagonizados por el agudo investigador inglés.

De entre las diversas opciones que adoptan los escritores de apócrifos –algunos de los cuales se adentran en terrenos como lo gótico o la ciencia ficción– Pujol ha optado por mantener cierta apariencia inicial de continuidad con la tradición. Así, encontramos a un Watson narrador homodiegético que saca a colación personajes o episodios de pasadas (o futuras) aventuras canónicas; la célebre pareja recibe a unas clientes en el 122b de Baker Street, donde la señora Hudson les sirve el té; este primer encuentro permite un alarde de pericia deductiva y plantea un enigma que solo Holmes podrá solucionar si acepta el caso, que esta vez requiere su traslado a Barcelona.

Pero, a pesar de este inicio reconocible, en cuanto el cerebral Sherlock pone el pie en suelo hispano, un cambio empieza a obrarse en su interior. El primer revulsivo es su visita a una iglesia junto a Las Ramblas, que le retrotrae a su infancia en un colegio de Jesuitas y a lo que allí aprendió y/o luego desaprendió. Pronto se dará cuenta de que el caso que le arrastró a San Gervasio no es lo que parece, y, aunque se entretiene investigando un absurdo asesinato, acaso perciba que las gentes que se cruzan en su camino y que le acogen llevan vidas más humanas que la suya. Pero aún hay un factor más determinante de esta evolución: una vez que prueba el hábito de echar siesta, no es capaz de dejarlo.

La caracterización de Holmes parece también bastante canónica, pues, además de sus dotes de observación y análisis, despliega su talante racionalista y distante, pagado de sí mismo, vulnerable cuando la investigación no prospera, y sin escrúpulos para tomar atajos. Pero el desarrollo de la historia revela que Pujol no rinde pleitesía a Doyle y acaso se acerque más a otro autor de ficción detectivesca como Chesterton, quien ya en los inicios de su saga del padre Brown contrapuso al curita con aspecto de panoli con Aristide Valentine, el racionalista por antonomasia, clara parodia de Sherlock. En esta comparación, el método basado en el conocimiento cercano del alma humana parece llevar ventaja sobre el inductivo y experimental.

Volviendo a nuestra novela, conforme asistimos al progresivo fracaso de Holmes en su faceta habitual de racionalista, Pujol intercala diversos recordatorios que cuestionan su alto concepto de sí mismo. Uno de ellos es el estribillo “Si ganas, pierdes”, coherente con la clásica paradoja chestertoniana. Por otro lado está el poeta don Celestino, que intenta abrir un frente en el que la fantasía ayude a interpretar el “orden misterioso del mundo”, y no solo la fría lógica. En este programa, por supuesto, entra la poesía, que es “iluminación”, pues “la verdad sólo se ve de lejos y con los ojos cerrados”, y “la poesía no es una llave para abrir puerta, sino una luz que las hace transparentes”. Más tarde es el cura local, muy en la línea de Father Brown, el que intenta abrir los ojos de Holmes al misterio: “Los misterios tiene que ser inexplicables, si se explican ya no son nada”.

Si el pastiche es un artefacto postmoderno que implica reconocer la herencia literaria anterior, pero también reaccionar frente a ella como un heredero rebelde o contestatario, Pujol hace que Holmes aprenda de su paso por Barcelona que existe el Misterio, y que por muy inteligente que uno sea nunca podrá explicar lo inexplicable. Acaso se le podía aplicar una de las declaraciones de Pujol sobre las lecciones de la ficción narrativa: “Toda novela es la averiguación de una verdad que nunca se llega a descubrir del todo. Los autores que son tan listos que solo aspiran a demostrar lo que creen verdadero deberían abstenerse” (Cuadernos de escritura).

Elemental, queridos lectores. ¿O no?



domingo, 14 de julio de 2019

Si te ha pillado el toro...

En alguna entrada del pasado he abogado por la implantación, a nivel universal si se puede, de un día al año de apagón informativo sobre asuntos de política. Un día en el que ningún medio reproduzca las recurrentes declaraciones de nuestros líderes de uno u otro pelo, que, a pesar de ser repeticiones con escasas o nulas variaciones, acaparan portadas y titulares.

Mi propuesta se contentaría, de momento, con un día al año, aunque no desdeñarīa que fuera aumentando con el tiempo. Tampoco pasaría nada si el Día sin Política (DSP) se extendiera también al Día sin Fútbol (DSF), deporte no solo 'rey' sino más bien tirano en su inmoderada acaparación de atención. Imagínense la cantidad de noticias sobre ciencia, cultura, literatura, arte, etcétera que cabrían en los medios durante ese bendito DSP (y DSF).

En fin, de momento, esto es tan solo wishful thinking, acaso una impotente protesta ante la capacidad que tienen los medios de imponer una selección interesada de los asuntos que nos tienen que preocupar, añadiendo, si cabe, el enfoque correcto y el sano posicionamiento.

Pero, en esta línea, lo que me parece el colmo de la imposición temática inane en España ocurre de modo eminente en estos días de principios de julio. En concreto, me refiero a los titulares sobre los encierros de los sanfermines. Que en la jerarquía de noticias de prensa, radio y televisión ocupen esta semana un primer lugar las carreras ante los toros bravos, y las inevitables cornadas que esto conlleva, hace que se tambalee mi ya débil fe en la relevancia del modelo informativo que se nos propone o impone.

Cuántas violaciones de derechos humanos en el tercer (o primer) mundo, cuántas amenazas a la paz y a la libertad a nivel internacional, cuántos logros de personas individuales qué dan un paso anónimo hacia el progreso, etcétera, quedan eclipsados ante el parte diario de accidentes previsibles y provocados acaecidos en cada encierro matutino.

No digo yo que no se hable de esta fiesta, por lo que pueda tener de tradición y de fomento del turismo. Pero de eso a despertarnos o desayunarnos cada día de la semana con el bendito parte, hay un abismo. Es cuestión de prioridades.


domingo, 7 de julio de 2019

FAUNA URBANA (VIII): MALAPARCANTIS CONTUMAX

Esta especie no es exclusivamente de ciclos veraniegos, pero desarrolla sus plenas potencialidades en tal estación de aglomeraciones y escasez de espacio público. Como la mayoría de las especies que estudiamos en nuestra Fauna Urbana, esta tampoco considera relevante que existan otros seres en el mundo distintos de sí, pero en su caso tal conciencia se desenvuelve al volante de un vehículo automotor, o, más en concreto, en el momento de aparcarlo en un espacio colectivo.

Así, cuando precisa trasladar su corporeidad a hábitats compartidos con multitud de otros individuos, tales como una playa abarrotada o la piscina pública, nuestro espécimen manifiesta una sabiduría práctica que supera con creces la de sus congéneres. Es, pues, el primero en detectar que está libre el espacio indicado con un muñeco en silla de ruedas sobre fondo azul, y, en tal caso, estacionará allí sin reparo alguno.

Sin embargo, si las plazas con esta señalización azul no están disponibles y el Malaparcantis no encuentra otros espacios (sépase que no se caracteriza por dedicar su valioso tiempo a dar vueltas en su búsqueda), nuestro espécimen se apalanca en doble fila o en algún punto estratégico donde pueda bloquear el tráfico o impedir que otro vehículo estacionado correctamente consiga salir.

La variante más selectiva de esta especie manifiesta especial afición por inhabilitar otras unidades de estacionamiento diferentes de la suya. Así, si aparca en batería, es frecuente que ocupe dos o más plazas para poder salir y entrar de su coche con mayor holgura. Otras veces, también en un zona para vehículos en batería, él estacionará en paralelo si así puede aprovechar una preciada sombra (véase la imagen).

By CVF


Si usted está de vacaciones o lo estará en breve, sin duda se topará pronto con más de uno de  tales individuos. Desde esta sección le recomendamos que tenga paciencia y que no haga lo que le pide el cuerpo en ese momento.