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Demasiada cultura

Esta expresión utilizaba, medio en broma medio en serio, una amiga muy culta para referirse a la saturación de actividades de índole cultural que se solapan en una ciudad española como puede ser, por ejemplo… Logroño. Mi amiga, que ha vivido largas décadas, ha conocido la comparativa sequía de actividad a lo largo de buena parte del siglo XX, así que está un tanto estupefacta ante las reiteradas coincidencias de eventos que le interesan en mismo día/hora en la ciudad.

Esta especie de queja me vino a la cabeza esta semana en la que cada día ha traído su afán. El martes asistí a la presentación del poemario de María José Marrodán La pésima ortografía de los días, presentada por el consejero de Cultura José Luis Pérez Pastor, y por el editor, el ínclito Basilio Rodríguez Cañada, quien publicó mi primera novela (y estoy seguro de que algún día me liquidará derechos). El miércoles 20 asistí a la presentación de El paisaje es un grito, última novela del mejicano Eduardo Ruiz Sosa, en la Biblioteca de La Rioja, acompañado de Virginia Ruiz y Ángel Matute. El jueves 21 fui yo quien acompañó a Rubén Abella, uno de los autores más magistrales que he encontrado en el panorama actual, a presentar su última novela Un día de fiebre en Santos Ochoa. El viernes me tocó a mí hablar de Tras las huellas de Greene en una actividad de la ADEX-Rioja, y el sábado me acerqué al V Alfaro Literario, donde también diserté sobre mi criatura y conocí a autoras tan fascinantes como Rosa Sandín, Laura Azcona o Jessica Gómez.

¿Demasiada cultura? En fin, siempre es mejor solaparse y contraprogramarse que la sequía literaria. Y siempre tiene más mérito que una persona escriba un libro, aunque se lo autoedite, que meter un gol en un estadio semivacío en regional preferente. Solo falta que la prensa diaria se dé cuenta de esto.

Foto: Santos Ochoa


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