En la entrada de la semana pasada escribía sobre el recuerdo de mis antiguos alumnos, y concluía que los logros de estos me hacen sentir orgulloso, que me solidarizo de todo corazón con sus triunfos. Y aunque con la edad uno aprende a relativizar el concepto de triunfo, y acaso a redirigirlo a cosas que de verdad importan, hay jalones en el camino de las personas que merecen celebración.
Todo esto viene a cuento de la reciente toma de posesión como director general de Cultura del Gobierno de La Rioja de un antiguo alumno, Diego Iturriaga Barco, un hombre de extraordinaria capacidad de trabajo. Me vino a la cabeza que ya es el segundo cargo semejante que ha pasado por mis aulas, siendo el primero José Luis Pérez Pastor. En un contexto semejante habría que mencionar también la sólida trayectoria de César Luena, ahora eurodiputado en Bruselas, quien ya en su primer año universitario apuntaba maneras de su vocación política.
Quizás las personas dedicadas a la política destaquen más ante la opinión pública por la inmoderada atención que les dedican los medios, pero también cuento entre mis antiguos alumnos a personas que van destacando en el campo literario (Elvira Valgañón o Sonia San Román), el actoral (Mabel del Pozo) o el musical (Paulino Lorenzo), de los que también me enorgullezco.
Pero, quizá más importante aún, me llena de orgullo contar con una nutrida representación de ex alumnos entre los profesores de los diversos niveles educativos, entre los que vuelcan cada día sus energías y entusiasmo en educar (es decir, guiar e inspirar) a las nuevas generaciones que nos siguen. Quizá resulten anónimos para la prensa, para el mundo de la fama, pero no --cómo recordaría el protagonista del clásico Un hombre para la eternidad -- para sus propios alumnos. Y eso es lo que importa.
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Enhorabuena, Diego... |
Quizás las personas dedicadas a la política destaquen más ante la opinión pública por la inmoderada atención que les dedican los medios, pero también cuento entre mis antiguos alumnos a personas que van destacando en el campo literario (Elvira Valgañón o Sonia San Román), el actoral (Mabel del Pozo) o el musical (Paulino Lorenzo), de los que también me enorgullezco.
Pero, quizá más importante aún, me llena de orgullo contar con una nutrida representación de ex alumnos entre los profesores de los diversos niveles educativos, entre los que vuelcan cada día sus energías y entusiasmo en educar (es decir, guiar e inspirar) a las nuevas generaciones que nos siguen. Quizá resulten anónimos para la prensa, para el mundo de la fama, pero no --cómo recordaría el protagonista del clásico Un hombre para la eternidad -- para sus propios alumnos. Y eso es lo que importa.
Nosotros nos enorgullecemos de profesores como tú Carlos. Larga vida a las letras.
ResponderEliminarMe sacas los colores, Isaac. O las lágrimas. Fue un gusto tenerte de alumno.
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