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Os espero en 2020

Parafraseando los versos acaso más cenizos de un género supuestamente alegre como el del villancico, “el 2019 se va, tururú, y no volverá más”. Esta noche muchos se emborracharån o se atragantarán por una “buena causa”, el deseo de que 2020 sea algo mejor que 2019, signifique eso lo que sea.

En realidad, la agrupación de secuencias de amaneceres y anocheceres en conjuntos de 365 (uno más este año) no tiene por qué presentar una necesaria unidad de funcionamiento. En este 2020 disfrutaremos, nos aburriremos, y también sufriremos, mucho o poco, y el numeral no tendrá demasiado que ver con la proporción de cada categoría. Más que la manida y problemática ‘prosperidad’ que se desea para cada nuevo año, habría que desear a nuestros allegados la virtud o capacidad de vivir el presente, de enraizarse en el hoy y ahora, y dar gracias por la vida y por el ser. Por el ser en este momento.

En cualquier caso, no quiero dejar pasar la oportunidad para agradecer a mis amigos, lectores y voyeurs que me hayan acompañado en este blog un año más. Como expresé a finales de 2018,  siento vuestra presencia al otro lado de la pantalla, y esta peculiar comunicación entre nosotros es lo que me anima  a seguir dedicando un rato todas las semanas a estos apuntes un tanto heterogéneos. Gracias por estar ahí, y os sigo esperando en este mismo sitio (hoy ligeramente renovado) a lo largo de 2020.


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Sesiones como aquella te amplían enormemente los horizontes, y aprendes que el microrrelato puede surgir de donde menos te lo esperas. Confieso que no he practicado demasiado tal tipo de narración aumentada, pero a veces recuerdo esta amplitud de posibilidades y me veo inclinado a proponer un minitexto asociado a una imagen. Valga este modesto ensayo en el subgénero como iniciación sin la menor pretensión,  salvo la de contar con la benevolencia de mis sufridos lectores.

El primero debe su inspiración a la campaña primavera-verano de Cortefiel.

¿Y DESPUÉS?



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