Es difícil seleccionar mis pasajes preferidos de mis propios escritos. Quizá sea una tarea que en ningún momento haya que hacer, como mostrar preferencias entre los propios hijos. Sin embargo, no es tan grave si lo hacen otros. No hace mucho una atenta lectora seleccionó su pasaje favorito de Descubre por qué te mato. Yo no digo que sea el mío, ni que no lo sea:
Aunque, bien pensado, quizá Arcadio tuviera su punto de razón. Quizá pasamos por esta vida demasiado absortos en nuestras cosas, en nuestro porvenir, en nuestro éxito o supervivencia, nuestro amor o nuestro placer… Incluso nuestros problemillas. Lo importante es que sean nuestros, para que podamos ocupar la mente en ellos impune y justificadamente. Y cada día, cada minuto tal vez, nos cruzamos con personas desesperadas que han perdido el norte de su vida, o que no han podido resistir el peso del sufrimiento y han quedado vulneradas para siempre, acaso incluso desquiciadas. Personas que podrían sanar, o al menos consolarse, con una pizca de atención, una sonrisa, algo de interés por nuestra parte. Pero no se lo damos. No, porque tenemos prisa, porque no tenemos tiempo que perder, porque nos acucian otras prioridades, nuestras prioridades. ¿Y si Arcadio fuera uno de esos? ¿Alguien a quien yo, sin quererlo, había pisoteado en mi estampida hacia delante?
(Descubre por qué te mato, viernes de la 3.ª semana)
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Foto: Antonio Puerta |
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