Este jueves, 16 de abril, hablaré de la revista literaria Fábula en el I Congreso de Revistas Poéticas Españolas, celebrado en Pamplona para conmemorar los cincuenta años de Río Arga. Nuestros compañeros navarros, capitaneados por Juan Ramón Corpas, han organizado por todo lo alto un evento de tres días, en el que participarán figuras como Luis Alberto de Cuenca, Jordi Doce, Juan Antonio González Iglesias, Fanny Rubio o Javier Velaza, entre otros.
En Fábula este año también celebraremos aniversario redondo, el treinta, del que ya os iré informando. En efecto, la revista nació en 1996 en el entorno de la Universidad de La Rioja, con la vocación de crear una comunidad de lectores que escriben y escritores que leen –una comunidad abierta, que evite el error tan común de los clanes cerrados–; y proporcionar a centenares de escritores y artistas la oportunidad de compartir sus creaciones, esos pedacitos de alma que, si no existieran cauces como Fábula, quizá se pudrirían dentro. Buscamos crear un ámbito intermedio entre el silencio de la soledad lectora/creadora y el estruendo del mercadeo editorial; un ámbito fecundo en el que este objeto que pretendemos bello se convierta, no en una mercancía más, sino en un estímulo para entablar el gozoso diálogo entre creadores y lectores.
Es cierto que las revistas en papel son una especie en peligro de extinción, pero ante estas tres décadas podemos exclamar "que nos quiten lo bailao". Una de las claves de la longevidad de Fábula es que el consejo editorial está formado por voluntarios, sin más recompensa que la de una labor bien hecha. Ya les preguntaré a los compañeros de Río Arga cuál es su secreto. Seguro que guardan alguno.

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