Hace pocas semanas [Logroño] recibió la visita de una compañía de baile china, Shen Yun, que anuncia su espectáculo como evocación de “la China antes del comunismo”. Según mis datos, esta compañía está vinculada con Falun Gong, un movimiento budista de práctica espiritual y meditación. Aunque en sus orígenes gozó del beneplácito del Partido Comunista, con el tiempo Falun se extendió enormemente (sus seguidores se estiman entre 70 y 100 millones), y su apología de la compasión, tolerancia, verdad y no-violencia no es del agrado del Gran Hermano chino, que desde 1999 ha puesto en marcha su engrasada maquinaria de terror y violencia para represaliar a los potenciales disidentes. Además de detenciones, encarcelamiento, reeducación (sic), trabajos forzados y tortura física y psicológica, quizá la represión más devastadora llevada a cabo por el gobierno chino sea la extracción de órganos a prisioneros de Falun para su venta a camaradas que puedan pagar unos 150.000 euros por pieza. Al parecer, los hábitos de meditación y ejercicios de energía que practican los seguidores contribuyen a que sus riñones, hígados, pulmones o corazón sean especialmente cotizados en el macabro mercado, cuyos verdugos los extraen a los prisioneros mientras aún están vivos.
Así se las gasta el gigante asiático que nuestro
presidente acaba de visitar por cuarta vez consecutiva, aprovechando para
estrechar lazos fraternos y declarar amor eterno a Xi Jinping, quien declaró
ufano que ambos países hermanados “están en el lado correcto de la historia.”
Pero las historias de represión de Falun Gong son gotas en el océano. En China
no existe sociedad civil independiente, ni libertad de expresión, de
asociación, de reunión, de culto... El gobierno controla la ideología de los
sistemas educativos, así como de todos los medios informativos, y la llamada
“Gran Muralla Electrónica” impide a la población un acceso libre a internet. El
último informe de Human Rights Watch denuncia, entre otros muchos ejemplos de
represión política e ideológica además de la sexual, las desapariciones y
encarcelamientos en condiciones infrahumanas de cientos de miles de uigures,
grupo étnico muy perseguido.
Aquí es imposible siquiera esbozar el panorama
espeluznante de falta de libertad bajo riesgo de muerte y tortura que se vive todavía
hoy en China. Espero que nuestro presidente, que ahora es conocido en todo el
mundo por plantar cara al prepotente belicista, haya aprovechado su visita para
afear a Xi Jinping su deriva de represión, que, si ya era pavorosa, se ha
agravado aún más en los últimos años. No a la guerra. No a la represión. No a extraer
órganos a disidentes. Seguro que lo ha hecho mientas picoteaban jiaozi y
rollitos de primavera. A menos que, como en Star Wars, haya sido el emperador quien
ha intentado atraer al joven Skywalker al lado oscuro (¿correcto?) de la Fuerza.
La tentación siempre acecha. Y sospecho que a Sánchez no le faltarían ganas de internar
en un campo de reeducación a cierto juez. O a varios.
Aparecido en La Rioja, 17 de abril de 2026. Ver todas las columnas.

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