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BRONCANO Y BARBACID

Hace unos días leía la noticia de que RTVE ha renovado el contrato para el programa “La revuelta” de David Broncano por dos temporadas más, con una inversión de 31,5 millones de euros. Confieso que nunca he visto el programa. No por nada; le dedico algo menos de una hora al día a relajarme ante la pantalla, y entre las múltiples opciones que ofrecen las decenas de cadenas y las plataformas, no ha coincidido que mi mando a distancia haya apuntado a Broncano. Por tanto, no puedo juzgar si es bueno, malo o mediocre, divertido o chabacano. Otros lo harán con más elementos de juicio. Pero lo saco a colación porque, justo unos días antes de esta noticia, leía las declaraciones de Mariano Barbacid, uno de los mayores expertos mundiales en oncología molecular, en las que exponía que, a pesar de liderar una investigación puntera a nivel internacional para encontrar un tratamiento frente al cáncer de páncreas, necesitaba recabar financiación para seguir adelante, en torno a unos 30 millones de euros. Uno y medio menos que el contrato de Broncano.

A diferencia de los tiempos en que solo había UHF y VHF, luego La 1 y La 2, la proliferación actual de cadenas y plataformas haría necesario replantear el tipo de servicio público que debe prestar una televisión estatal, costeada por los contribuyentes. Sigo creyendo que una televisión pública es necesaria, siempre y cuando su objetivo sea dar la información más objetiva posible, apolítica, y en todo caso, plural (casi casi como en la actualidad); y también para potenciar la divulgación del conocimiento, la ciencia, la cultura, las artes, la historia, la naturaleza… en definitiva, todo aquello que, por suerte o por desgracia, no lidera los índices de audiencia. Pero hoy en día no alcanzo a entender por qué el ente público se debe gastar 31,5 millones en un programa de entretenimiento, sea elegante, ingenioso o chabacano (mucho menos en el último supuesto, claro). Estoy seguro de que esas ingentes cantidades se pueden gastar en causas mucho más relevantes, como ganar la guerra al pernicioso cáncer.

Por cierto, mi padre murió de cáncer de páncreas. Se dice que es el más letal, su avance es rápido y devastador, transforma el cuerpo más robusto en una piltrafa en cuestión de semanas, y su índice de supervivencia es de tan solo el 5%. No sé si mi herencia genética me reservará un destino similar, o si moriré de infarto o, mejor acaso, de aburrimiento. Ninguno sabemos con certeza qué boleto nos va a tocar. Pero me atrevería a aventurar que, tanto en mi caso como en el suyo, paciente lector, y de sus allegados, seguro que el hallazgo de un tratamiento contra el cáncer más letal nos haría mucha más gracia que el mejor chiste de Broncano. Si es que la tiene, pues, insisto, no puedo juzgarlo. Y, la verdad, no sé si me quedan muchas ganas de asomarme a “La revuelta”. Saber que cada episodio nos cuesta a los españoles 98.600 euros, mientras que Barbacid se pelea para conseguir financiar su investigación, me predispone un poco en contra.


Aparecido en La Rioja, 20 de febrero de 2026. Ver todas las columnas.


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