Espero equivocarme, pero intuyo que dentro de poco la República Islámica de Irán acaparará aún más titulares. No es en absoluto tranquilizante que el bully rubio platino agite el avispero de Oriente Próximo, pero también es espantoso que la Guardia Revolucionaria de los ayatolás haya acribillado a 20.000 personas en unos pocos días y arrestado a otras tantas, una atroz masacre que ni siquiera ha provocado una flotilla a nivel internacional, ni una mísera acampada (o, en su defecto, recital poético) a nivel local. Y, antes de que esto pasara, ya nos llegaban de allí noticias espeluznantes, como el caso de Jina Amini, arrestada y torturada en 2022 por no llevar bien el yihab. Su muerte provocó una reacción de protestas, como las de la activista Narges Mohammadi, que recibió el premio Nobel de la Paz 2023 desde la cárcel, pero también un recrudecimiento de las medidas de represión ejercidas por la Policía de la Moral para que las mujeres lleven correctamente su velo y su ropa holgada.
Aquí en
Logroño, sin embargo, la justicia ha declarado que llevar el velo islámico es
un derecho de la mujer, un avance de las libertades (ver noticia). He leído en el periódico argumentos a favor y en contra de esta sentencia, pero yo en esto creo
vislumbrar la mano del Misericordioso obrando un milagro de conversión en
corazones antaño cerrados a su providencia. Y por milagro no me refiero a que
el tribunal contencioso-administrativo haya resuelto el caso en tres meses en
vez de en un par de años; me refiero a un fenómeno de conversión que ya empecé
a percibir dos décadas atrás, cuando ciertos sindicatos, que nunca se habían
preocupado por el ayuno y abstinencia cuaresmales de los trabajadores y
trabajadoras católicos, empezaron a gestionar que sus afiliados y afiliadas
musulmanes pudieran vivir cabalmente las exigencias del Ramadán. Y este milagro
de tocar corazones antaño indiferentes prosigue.
A mí siempre me
ha parecido que hay aspectos del Islam que nos dan ejemplo, como su sentido de
la devoción. Ya les gustaría a los párrocos ver
en misa dominical a la mitad de hombres jóvenes que acude a orar a las
mezquitas, y no oír a tantos machotes cristianos defecarse en su Creador como
exclamación de jovial campechanía. Pero me maravilla que sectores de la
izquierda que antaño sostenían que la religión era el opio del pueblo, que
incluso censuraban a quienes alegan motivos de objeción de conciencia para negarse
a eliminar vidas embrionarias, ahora se sensibilizan con las exigencias de la
ley islámica. La defensa de la estudiante recordaba
que el hiyab es un elemento religioso con fundamento en el Corán, avalado por
el Comité de Derechos Humanos de la ONU. También se fundamenta en el Libro
la indicación de que, si una mujer es desobediente a su esposo, debe ser amonestada, incluso de forma
física, lo que en versiones más clásicas se traduce como “pegadles” (Sura 4: 34).
Pues sí, esta nueva mutación del progresismo es un verdadero milagro. La
igualdad de género, en este caso, parece prescindible.
Aparecido en La Rioja, 6 de febrero de 2026. Ver todas las columnas.

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