Quienes cometen la imprudencia de visitar este blog con más frecuencia de la aconsejable, saben que uno de mis temas favoritos es la selección de información que nos llega a los honrados ciudadanos de modo habitual (podéis encontrar ejemplos en esta entrada). Si no fuera tan bien pensante, cambiaría la expresión “selección” por otras más contundentes, pero aun así, y hablando de esta, todavía me apabulla encender la radio o la televisión y comprobar que, casi un mes después del hecho, los titulares que más conciernen a la ciudadanía española giran en torno al beso que un individuo dio a una futbolista el día de la final.
La única explicación que mi pobre mente encuentra a tal
machaconería es la finalidad didáctica que, hoy como casi siempre, presenta
mucha de la información que recibimos convenientemente filtrada. Así, dado que
uno de los principales males que existen en la actualidad es la pervivencia del
machismo, sea en sus formas más estridentes o sutiles, compensa invertir el
esfuerzo que sea menester para que la ciudadanía aprenda de una vez que no se
puede transigir.
Al feminista convencido que hay en mí le persuade tal
motivación, pero habita en mí otro espíritu maligno al que le aburre que a mi
edad le instruyan continuamente desde la (también llamada) “caja boba” y demás.
Así que, como Alejandro, tengo el corazón partío. Algo similar me sucede con
otra noticia por la que mi universidad ha sido tristemente célebre durante
estos días, la publicación de un chat de Whatsapp de unos estudiantes de
magisterio con comentarios machistas subidos de tono. Algo vergonzoso,
denigrante, y por supuesto censurable. Pero me pregunto si, por coherencia,
deberían exponerse también en los titulares del telediario nacional otros
comportamientos juveniles censurables, como los desperfectos públicos propiciados
por las borracheras en fiestas locales o en barras universitarias, por ejemplo.
Pero añadamos un aspecto positivo: supongo que a partir de
ahora la gente, joven o no, se cuidará más de lo que escriba en los fatídicos
grupos de Whatsapp, pues siempre puede haber un topo entre tu lista de
contactos. A ver si al menos así se reduce la cantidad de literatura cutre que
nos hipnotiza a lo largo de nuestras jornadas de veinticuatro horas de
tres mil seiscientos segundos cada una.
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Otro beso fatal de cine |
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