
A pesar de ser la hora taurina o siestera, el hall del edificio de Filología se llenó de oyentes, y el acto quedó muy lucido. Los lectores lo hicieron de maravilla, cada uno en su estilo: Mario leyó un texto especular con fondo filosófico, Cristina un emotivo relato contra el acoso escolar, Coke nos emocionó con sus textos poéticos y su dicción profunda, Elizabeth sacó a la luz un sugerente texto inédito, y Jonatán reveló uno de los secretos mejor guardados de los últimos meses, la verdadera autoría de una miniobra teatral atribuida a Isaac Bickesrstaff (ver Fábula, 38).
La última lectura de la velada fue precisamente de esta obrita, y los cinco anteriores, Gabriela y yo acabamos dando voz a los siete personajes que se dan cita un una tasca donde para don César, un escritor veterano y afamado, que escribe una columna en XL y está algo subido a la parra.
Da gusto oír a estos jóvenes creadores. Qué sigan adelante, y que actos como este se multipliquen.
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