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martes, 27 de diciembre de 2011

CAPITÁN CÓLERA: LOS ORÍGENES

Recientemente me he topado con la página del Ministerio de Educación y Cultura que publicó hace años el relato "El capitán Cólera", germen de una importante subtrama de "Mientras ella sea clara". Ahora lo han actualizado e ilustrado con dibujos como el que copio. Lo enlazo desde aquí, para que los lectores de la novela puedan comparar los cambios textuales; y para que los que aún no la han leído sientan curiosidad por saber qué fue de ese adolescente fantasioso (que aquí se llama Toni en vez de Míchum).


¿No os ha pasado nunca eso de que os venga a la cabeza un recuerdo pasado, y, acto seguido, os topéis por la calle con alguien relacionado con ese tema? A mí me pasó justo esta mañana, cuando me encontré con Elicio, antiguo amigo de la infancia.

-Qué, Toni, ¿cómo te va?

-No me quejo. ¿Y tú?

-Pseé. Ahora acabo de empezar a currar en el restaurante de mi tío. Ya estaba bastante harto del supermercado, pero ando un poco agobiao. Lo de servir a la mesa es mucho peor que cobrar en la caja, aunque no lo parezca. Pero bueno..., tampoco me quejo. Y tú qué, ¿has cazado a algún supervillano recientemente?


Reseña de "Clara" en ACEPRENSA

Fuente: http://www.aceprensa.com/articles/mientras-ella-sea-clara,

firmada por Adolfo Torrecilla

 Mientras ella sea clara

Autor de varios poemarios, libros de relatos y también de la novela Calle Menor, Carlos Villar Flor (Santander, 1966) es, sobre todo, un gran conocedor y un apasionado de la literatura en sus diferentes variantes. También es doctor en Filología Inglesa, profesor de Literatura en la Universidad de La Rioja, investigador, traductor –entre otros, de Evelyn Waugh y George Orwell– y director de la revista literaria Fábula. Esta exhaustiva formación literaria explica en buena parte la calidad de su nueva novela, Mientras ella sea clara.
El argumento, deliberadamente superficial y artificial, explica de una manera muy epidérmica los sugestivos valores que tiene esta novela. Clara, una joven santanderina de 26 años, se encuentra en un momento crítico en su vida, pues su débil carácter y su sobredimensionada levedad la han llevado a un callejón sin salida: “Estoy comprometida en matrimonio con tres hombres distintos”. La novela, escrita en forma de desahogo, es la historia de cómo Clara ha llegado a esta esperpéntica situación y cómo, en el último momento, la resuelve. Sus tres “novios” son Míchum, vigilante jurado y su amor de toda la vida, magnífico personaje; Mario Martello, hombre maduro enfrascado en negocios algo turbios, quien proporciona a Clara los lujos con los que sueña; Pelayo, un arqueólogo madrileño a quien conoce por casualidad y que le alimenta la dosis de espontaneidad y de locura que Clara desea en cualquier relación.
Las cosas se complican al máximo con la irrupción de una leve trama policiaca –protagonizada por un detective muy original– y con el equilibrismo que Clara debe practicar para no coincidir en los ambientes que frecuentan cada uno de sus novios. Aunque la novela está muy bien construida y el argumento mantiene su interés y su intriga en todo momento, sin decaer, no es esto lo más importante, pues el autor, a propósito, juega con la evolución de la trama, el enrevesamiento narrativo y la caída en ciertos tópicos literarios que se apoderan de algunos personajes.
Lo mejor de la novela es el trabajo estilístico del autor y las constantes rupturas con lo que se espera, en principio, en una novela de estas características. “A la vista del chapapote en que se ha convertido mi vida en los últimos días, os juro que tengo que desahogarme con alguien o reventaré”. Con estas palabras de Clara, la principal narradora, comienza la novela, con un estilo natural, chisposo, entretenido, espontáneo, que refleja muy acertadamente las complicaciones psicológicas de Clara, una joven difícil de encasillar, con buenos sentimientos y, a la vez, con una falta absoluta de moral, compromiso y de realismo, todo junto y sin caer en un psicologismo de “manual de autoayuda” ni existencial.
Clara es un excelente personaje, muy de ahora. Esta es otra característica de la novela, que está totalmente adaptada a la realidad actual en el lenguaje, los personajes, las ideas, los sentimientos... Carlos Villar no sólo es capaz de recrear el lenguaje de estos personajes, especialmente el de Clara, sino su mundo interior y su escala de valores, con grandes aciertos sociológicos y con una mirada irónica sobre lo políticamente correcto poco habitual en la narrativa contemporánea.

lunes, 19 de diciembre de 2011

DOS NUEVAS RESEÑAS DE "CLARA"

Una aparece en el blog literario "Propera Parada", firmada por Rosa Mingorance

Clara tiene un serio problema: se ha comprometido en matrimonio con tres novios muy diferentes entre sí. No sabe cómo ha podido llegar a ese extremo, pero quedan pocos días para las celebraciones de las supuestas bodas y todavía no tiene decidido con cual de los tres debe o quiere desposarse. Los tres aspirantes a marido son bien diferentes entre sí y cada uno aporta valores diferentes a la relación. Está hecha un lío y no sabe cómo salir del paso.

La base de la novela son los detalles de cada una de las acciones que en ella acontecen. Cada movimiento, cada historia y cada anécdota son los que van configurando la trama del libro y son lo que darán pie al desenlace final.

Esta obra no es una simple novela romántica, basada en amores prohibidos y relaciones tormentosas. Lleva añadida una trama rocambolesca que, poco a poco y relatada por la protagonista, Clara, y su novio formal de toda la vida Mitchum, dará paso a situaciones sorprendentes. Tras las tres historias de amor se esconden no solamente pasiones e infidelidades, sino que también se narran historias de héroes y tramas policíacas que van enredando la historia hasta llegar al desenlace.

Divertida, amena y jovial, ambientada en el Santander actual, con toda su burguesía y su clase media, con todas sus costumbres y tradiciones. Es la historia estrafalaria que puede acontecer a cualquiera de nosotros y que no deja nunca de sorprendernos.

Es curioso el modo con el que el autor consigue atrapar a los lectores: escrita en primera persona, Clara y Mitchum narran la versión de su historia es una conversación con el lector al que, no solamente se le explica la historia, sino que se le pide consejo, como si estuviera hablándote tu mejor amigo y te rogara que, no solamente le escuches, sino que le eches una mano en una decisión tan importante.

Otra en la revista Historia de Iberia Vieja, nº 79, pág. 88

jueves, 15 de diciembre de 2011

PRESENTACIÓN EN VALLADOLID: CASA DE ZORRILLA

El miércoles, 14 de diciembre, presentamos a "Clara" en Valladolid, en el marco incomparable de la casa que fue de don José Zorrilla. Acudimos mi sufrido editor, Jesús Herrán, el estudioso de la literatura contemporánea Gonzalo A. Perelétegui, y el menda.

Alguien (que permanecerá ignot@) hizo previamente la broma de que no podíamos haber elegido un entorno más idoneo para presentar a nuestra querida "zorrilla". Que don José nos perdone. Y, ya de paso, don Juan.


 LA RAZÓN de Castilla y León, 15 de diciembre de 2011

sábado, 10 de diciembre de 2011

TIEMPO DE DUDAS

Adjunto versión abreviada de la reseña aparecida en Fábula 31 de Mientras ella sea clara, firmada por Gonzalo Martínez Camino, profesor del departamento de Filología de la Universidad de Cantabria.

Obviamente, el hecho de que reproduzca reseñas en este blog no implica que esté en total acuerdo con todo lo que se dice. Tampoco estoy en desacuerdo con lo que dice el profesor M. Camino, que conste. Hasta la fecha no me he enfrentado aún a la reseña denigrante o humillante. No sé si la reproduciré aquí cuando llegue el momento, ya os contaré.  En este caso, el haber abreviado la reseña se debe al sencillo motivo de que es muy extensa, y a veces el lector de reseñas no tiene tanta paciencia.

TIEMPO DE DUDAS


            (…) Esta no es una novela sobre los entresijos psicológicos de Clara y mucho menos una bildungsroman: su historia no es la de la construcción de un carácter, sino la de un lío en la que un personaje ya hecho se nos mete y del que, después, intenta salir. Tampoco el lector de esta reseña debe pensar que Clara es simplemente un nombre y nada más, ella y Míchum, las figuras principales, son caracterizadas con trazo firme y penetrante en la primera de las cuatro partes en las que está dividida esta obra. En este sentido, hay que decir que una de las características de la forma de contar de nuestro autor, y que ya se apreció en su anterior obra, Calle Menor, es la habilidad para articular la historia en torno a unos personajes bien perfilados; de hecho, éste es uno de los placeres con los que el lector puede disfrutar en estas dos novelas.
            ¿Cuál es este lío del que hablamos? En unos meses, entre 2002 y 2003, Clara adquiere, al mismo tiempo, tres compromisos de matrimonio con tres pretendientes muy distintos entre sí: Míchum, el novio de toda la vida, católico, pobre y formal; Mario Martello, el profesional cincuentón, “hombre-de-mundo” que se las sabe todas y que ofrece posición y seguridad; Pelayo, becario en una universidad madrileña, arqueólogo, ligón y aventurero. ¿Con cuál se casará Clara? Cada uno le promete cosas distintas al otro, emociones y futuros diferentes; cada uno, como ella misma nos dice, representa una parte distinta de lo que ella es y de lo que le gustaría ser, de lo que vive y de lo que le gustaría vivir. Al fin y al cabo, sólo nos seduce aquello que queremos que nos seduzca porque, de alguna manera, ya lo llevamos dentro. Éste es el enredo para el que debe encontrar una salida.
            Durante muchas páginas, la parte central de la novela, Clara nos cuenta cómo intenta compaginar a sus amantes, barajarlos por las distintas calles y ambientes de Santander (incluso de España) para que no le salgan todos los triunfos en la misma mano: en este caso, un trío no es aconsejable. Es el momento para que el lector disfrute con las idas y venidas de nuestra protagonista, los triples saltos mortales que deberá dar para no caer a un abismo sin red ante el que su propia imprevisión la ha situado. El autor escribe estos pasajes con una técnica narrativa fluida al tiempo que precisa, salteada con situaciones llenas de desternillante humor. Una de las virtudes de esta obra es que, en la fase del nudo, el novelista consigue que el desenfreno de Clara no nos genere rechazo; su insensatez nos resulta divertida más que inmadura; inocente, más que infantil; disculpable, más que reprochable; en definitiva, entendemos qué es lo que atrae a sus pretendientes porque nosotros también lo disfrutamos.
            Así las cosas, debemos considerar un acierto el hecho de que los narradores de la historia sean los dos personajes principales y, que al hacerlo, hagan saltos atrás en el tiempo yendo más allá del límite de la historia que nos narran para contarnos datos de sus vidas anteriores al embrollo en sí. ¿Por qué? Porque, como ya dijimos, el laberinto del que Clara debe salir es, principalmente, el de su maraña vital. La subjetivización de la historia, que implica que sea contada por sus protagonistas, ayuda a que el lector tenga la sensación de que se narra desde el interior del galimatías y vea las informaciones que se le dosifican tiznadas por la confusión en la que viven los personajes: la de Clara es la suya propia, la de Míchum es la que le genera Clara. En este sentido, es de destacar también que el autor haya sido capaz de plasmar un idiolecto para cada uno de los personajes-narradores. No serán demasiado alejados entre sí, no pueden serlo, ambos están en constante contacto y pertenecen al mismo sector social. En consecuencia, estas “formas de hablar” al tiempo que les caracterizan como individuos, les afilian socialmente. Por otro lado, lo que los narradores nos cuentan de sus pasados nos ayuda a entender su subjetivo punto de vista, su postura ante lo que ocurre dentro del laberinto.
(…)
            El telón de fondo característico de este género es la vida urbana y nuestra novela resulta paradigmática: se nos va describiendo la geografía santanderina como espacio físico donde discurre el tiempo que los personajes necesitan para tejer el laberinto de sus encuentros y desencuentros; Santander es el paisaje urbano en el que distintos personajes con distintos puntos de vista e intereses confluyen, chocan y entretejen sus vidas. Antes hablamos de las perspectivas que representan Clara y Míchum, otras aparecerán, varias; las más importantes son las que representan los otros dos prometidos: la del nuevo rico, que es la de Mario Martello; la del progre idealista, intolerante y superficial que es Pelayo. En definitiva, la ciudad, como en cualquier novela moderna digna de ese nombre, se representa como el paisaje de distintos paisanajes.
            Ahora bien, una novela de enredo debe tener un desenlace: se necesita una resolución y las incógnitas deben despejarse: de no saber, debemos pasar a saber. ¿Con quién se casará Clarita? ¿A quién elegirá? La trama llega a su punto álgido en los dramáticos días que van del 11 al 15 de marzo de 2004. Aquí hay que hacer un alto en el camino para destacar la habilidad del autor para plasmar la angustia de una víctima de terrorismo: la escena del reconocimiento de un cadáver en IFEMA es de lo mejor de esta novela. Cabe señalar que el mérito es mayor si tenemos en cuenta el cambio de registro que supone que, de repente, en medio de una novela divertida y básicamente optimista, nos encontramos este cuadro luctuoso que no desentona y que nos conmueve y después, casi sin territorios intermedios, volvemos al humor y al enredo sin que nada chirríe. También hay que señalar que, una vez dejados atrás estos días, uno de los personajes del trasfondo, tomará protagonismo, ocupará el primer plano de la novela, en la función de ayudante necesario para que los protagonistas puedan atar los múltiples cabos que el autor ha ido dejando aquí y allá y lleguemos al desenlace final. Si a nuestro juicio crítico hubiera que señalarle un pero a la novela, quizá sea el abuso de esta fórmula.
            Regresemos a la incardinación de la intrahistoria de nuestro relato en la historia de nuestro país. Nos recuerda a Fortunata y Jacinta. Mientras que Juanito Santa Cruz se debate entre dos amores, dos destinos, dos perspectivas, dos formas de ver la vida en los años de agitación revolucionaria que van de la salida de Isabel II hasta el reinado de Alfonso XII, Clara se debate entre tres en los años del Prestige, el chapapote, la guerra de Irak, la mayor masacre terrorista de Europa, el cerco a las sedes del PP durante la jornada de reflexión del 13 de marzo y el vuelco electoral. Si el crítico norteamericano Fredic Jameson encuentra una alegoría implícita en la narración galdosiana sobre la histórica de nuestra nación, ¿podemos ver nosotros alguna en Mientras ella sea clara? Como Clara, cada uno de los lectores deberá hacer su propia interpretación y, como Clara, resolver el enredo; necesitamos «aclararnos».

Gonzalo Martínez Camino
 

sábado, 3 de diciembre de 2011

SALE EL NÚMERO 31 de FÁBULA

Este jueves, 1 de diciembre de 2011, presentamos el número 31 de la revista literaria Fábula. Nos apadrinó Antonio Orejudo, quien, con una charla titulada "Sobre la risa y el desengaño",  encandiló a los presentes con su humor y clarividencia.
Como es habitual, el número cuenta con colaboraciones de varios autores, de todo el espectro que ve desde los noveles a los consagrados. Entre estos últimos destaca Antonio Gamoneda, que nos ha cedido unos poemas inéditos desinteresadamente.


Copio nota publicada en La Rioja, 29.11.2011, firmada por Benjamín Blanco:
http://www.larioja.com/v/20111129/cultura/revista-literaria-fabula-incluye-20111129.html
Foto: Alfredo Iglesias


Ver nacer una revista literaria suele ser un placer pasajero: nacen y mueren sin solución de continuidad. Por este motivo, llegar al número 31 hace de 'Fábula' una rara avis no sólo a nivel regional sino incluso nacional. Siempre con alguna sorpresa entre sus páginas, en esta ocasión son los poemas inéditos de Antonio Gamoneda, Premio Cervantes 2006.
Este número 31 de la revista literaria Fábula se presentará de la mano del escritor Antonio Orejudo con una charla que lleva por título 'Entre la risa y el desengaño', una reflexión-explicación de su obra narrativa, el jueves 1 de diciembre a las 20.00 horas en el salón de actos del centro cultural de Ibercaja.
Dirigida por Carlos Villar Flor, profesor de Filología Inglesa de la Universidad de La Rioja, y coeditada por la Asociación Riojana de Lectores, Escritores y Artistas (ARLEA) y la UR, la revista literaria Fábula apuesta de nuevo por la variedad de géneros, estilos, autores, tendencias, etc. ofreciendo un amplio abanico de las diversas facetas de la creación literaria contemporánea en lengua española.
En esta ocasión, Fábula incluye poemas inéditos de Antonio Gamoneda, cuya obra ha sido reconocida con el Premio Nacional de Poesía en 1988, el XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y el Premio Cervantes en el 2006. Además, cuenta con la colaboración de Elyzabeth Drayson, profesora de la Universidad de Cambridge y especialista en cultura y literatura española de la Edad Media y del Siglo de Oro,y que publica un artículo sobre la figura del Cid, uno de nuestros mitos más controvertidos, en el cine.
La sección 'Se busca poeta' rinde homenaje al ya desaparecido Roberto Veciana, conocido principalmente por su investigación en nuevos métodos para acercar el idioma español a los extranjeros; mientras que Eugenio Sáenz de Santa María recupera, dentro de 'Perros verdes', al autor francés Jean Genet (1919-1986), «un escritor comprometido, atormentado, rebelde, provocador, genial, trasgresor, fronterizo y, más que otra cosa, un huésped perpetuo de la soledad y el silencio».
Dentro de la misma sección, el argentino Juan Arabia rememora al escritor estadounidense John Fante (1909-1983), conocido como precursor del realismo sucio.
El nuevo número incluye una selección de escritos elaborados por los participantes en el II Taller de Creación y Crítica Literarias, todos ellos riojanos de nacimiento o adopción: Carmen Tejada, Berta Lázaro, María José Marrodán, Mercedes Fuentes y Gregorio Clavijo.



Otra noticia del evento en:
http://www.europapress.es/la-rioja/noticia-novelista-antonio-orejudo-apadrina-31-fabula-pronuncia-charla-risa-desengano-20111130172405.html

miércoles, 30 de noviembre de 2011

SOLO YO ME SALVO

 


En fin, he intentado retrasar un poco su publicación, para que no se juntara con la promoción de Mientras ella sea clara, pero aquí está, mi nueva criatura. Nueva relativamente, porque la "novelita" que constituye el grueso del libro fue escrita en 2006, pero ha tenido que esperar un poco para ver la luz. Ha recibido una ayuda de CajaBurgos para la Creación Literaria 2011, por lo que tenía que salir ya. 
No me esperaba este artículo tan extenso de El Diario Montañés, que reproduzco porque da una idea bastante completa de los temas. La referencia es http://www.eldiariomontanes.es/v/20111129/cultura/literatura/carlos-villar-cierra-narrativo-20111129.html





Carlos Villar cierra su año narrativo con la edición de 'Solo yo me salvo'
El escritor santanderino publica su nueva novela breve 'y otros relatos del tiempo sobrante', que configuran el sexto volumen de la colección Valnera Literaria
29.11.11 GUILLERMO BALBONA | SANTANDER
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Es sin duda uno de los escritores cántabros protagonistas del año que ahora termina. Su escritura se ha plasmado en diversos géneros y se ha presentado al lector con profusión. El santanderino Carlos Villar tras publicar este mismo año su segunda novela, 'Mientras ella sea clara', se sube de nuevo a la tribuna editorial y comparte con el lector 'Solo yo me salvo (y otros relatos del tiempo sobrante)', su nuevo conjunto de cuentos que ve hoy la luz en el mercado editorial.

El volumen del filólogo, profesor y narrador es el sexto número de la colección Valnera literaria. La editorial cántabra, que recientemente presentaba la 'Poesía completa' de Manuel Arce, es una de las más activas del panorama editorial de la comunidad y en este 2011 ha editado diversos géneros y autores al cumplir, además, una década de intensa trayectoria.

Concebida como una sátira futurista en clave de humor reducido al absurdo, 'Solo yo me salvo' imagina «una España no muy lejana en la que tod@s l@s ciudadan@s han recibido una esmerada educación en valores». La ficción que encauza la nueva aventura literaria de Carlos Villar se sitúa a mediados del siglo XXI, en la República Tolerante de España. El nonagenario fraile Malaquías Winkle, que ha vivido recluido en los últimos años, despierta acusado de no haber comparecido a la eutanasia reglamentaria que todo ciudadano debe practicar a la edad de 71 años.

En las horas que transcurren durante los inevitables trámites burocráticos encaminados a aplicar esta elemental medida de igualdad, «su anfitrión/a Cruz le guía en su descenso a un dantesco purgatorio postmoderno, donde comprueba cómo han evolucionado la infancia y juventud, la educación, la política, la ética, la religión, el lenguaje o la opinión pública en las últimas décadas». La excepcionalidad de su caso se convierte en motivo de escándalo entre los sectores más concienciados de la sociedad, y la tercera fuerza política del país, IU (Islam Unido), «se plantea utilizarlo como moneda de cambio para presionar al Gobierno».

Esta «novelita» inicial, como la define su autor, se acompaña de siete relatos en orden inverso de extensión, en los que se revelan los dilemas de un eterno opositor, el lector asiste a una película de la Disney, comprueba la resistencia de un universitario a donar sangre, se enzarza en debates metafísicos de tasca, se solidariza con los esfuerzos del profeta Jonás por encontrar editor, o presencia la angustia del pequeño empresario que quizá deba cerrar su negocio.

Profusa trayectoria
Carlos Villar, licenciado en filología en la Universidad de Oviedo, imparte literatura inglesa en la Universidad de La Rioja desde hace más de quince años. Como investigador ha escrito numerosos artículos y monografías sobre novelistas británicos e irlandeses de mediados del siglo XX. En este sentido, son conocidas sus ediciones y traducciones de obras como la trilogía 'Espada de Honor', de Evelyn Waugh, y 'Vagabundo en París y Londres', de George Orwell. Su nueva publicación en Valnera se suma a una extensa creación literaria que ha dado frutos como los relatos 'Hay cosas peores que la lluvia', la novela 'Calle Menor' (2004) o los poemarios 'Más relinchos de luciérnagas' y 'Poeta en su tierra', ambos de 2006. Ganador del premio de poesía Ángel González, dirige la revista literaria 'Fábula'.

Su novela, 'Mientras ella sea clara', libro editado como el resto de la colección con diseño de Jesús Allende Valcuende, se presentó el pasado mes de junio en Valnera. El editor Jesús Herrán ha publicado en apenas un año obras tan diversas como 'El número de la Bella', de Emilio Pascual; 'La propia habitación', de Ana Rodríguez de la Robla; y los '29 relatos', de Mario Camus, las cuales han estado acompañadas de presentaciones locales y nacionales.

Epílogo
Villar, que se define como un «escritor a fuego lento», incluye en este 'Solo yo me salvo' un epílogo en el que detalla la cocina de su nueva aportación narrativa y sitúa al lector en los entresijos de sus ingredientes temporales y creativos. El relato que centra este volumen quedó terminado a mediados de 2006 y pasaría por varios títulos como 'Mañana, la buena muerte', finalista del IV Premio Tristana en 2008, y vivió una corta vida seudónima en Internet como 'Ciudadanía educada'. «Al revisarlo ahora -confiesa el autor- se me antoja un tanto más explícito de lo que hubiera deseado. Aunque nunca en mi carrera narrativa he desdeñado la sátira, su poderoso influjo caricaturesco te puede embriagar».

Los otros relatos que acompañan a 'Solo yo me salvo', abarcan épocas e inquietudes muy diversas. Son fruto de revisiones, encargos, conceptos de narración construida en torno a una sorpresa final, e incluye un micro-remake aparecido en su revista 'Fábula'. El propio Villar anuncia una práctica que pretende desarrollar en futuros proyectos narrativos, «centrados en pequeños textos, 'relatos de la falta de tiempo', en la que ahora me consumo, que en un futuro más lejano pueda 'reversionar' más extensamente».

Pese a lo heterogéneo de las historias que se cruzan en los relatos de su nuevo libro el propio Carlos Villar destaca rasgos comunes que vertebran su última escritura publicada: desde la preocupación laboral, el desamparo del individuo que quiere ayudar al prójimo, o al comentario social de un momento muy concreto de nuestra historia. «En la mayoría existe cierta percepción de que quizá solo un personaje se salve, no siempre en el mismo sentido, y no siempre el yo narrativo, ni mi propio yo».
'Solo yo me salvo' será presentado en las próximas semanas en el Ateneo de Santander -aún no está concretada la fecha- y en La Rioja.

martes, 29 de noviembre de 2011

OTRAS ENTREVISTAS RADIOFÓNICAS SOBRE "CLARA"

Seguro que me repito mucho, pero no es fácil condensar en unos minutos la esencia de la novela que estás promocionando sin repetirse. En fin, para los que les pueda interesar (y también como una especie de archivo), aquí están las últimas entrevistas:

Sexto Continente (Radio Exterior de España), una conversación muy distendida con Miguel Ángel de Rus grabada el 16 de noviembre de 2011 en la estación de Sans de Barcelona (a partir del minuto 29)


y para Callais de Llibres (a partir del minuto 7), que me cogió un poco nervioso mientras volvía en coche (lo tuve que dejar mal aparcado con las luces puestas).
http://www.radiosilenci.com/rebost/podcast/CALAIX.mp3

sábado, 26 de noviembre de 2011

CUALQUIER PARECIDO... ES PURA COINCIDENCIA

En el comienzo de "Mientras ella sea clara" se inserta la clásica nota de descargo. Algunos lectores me han preguntado por qué. La respuesta se halla en el siguiente texto, que he usado como editorial del número 31 de la revista Fábula, de inminente aparición.


ELOGIO DEL ANONIMATO

Hasta hace un tiempo, cuando conocía un nuevo caso de joven escritor de provincias que abandonaba el terruño para buscar fortuna en las grandes capitales, pensaba que su objetivo fundamental giraba en torno a entablar contactos, frecuentar saraos, trabajarse in situ al gremio editorial, a los medios nacionales…, en definitiva, dejarse ver. Pero ahora me planteo si una de las principales ventajas de semejante cambio de escenario vital, tan frecuente en biografías pasadas y presentes, no será, paradójicamente, la contraria: la búsqueda de un cierto ocultamiento y del anonimato que solo la gran urbe proporciona.
            De vez en cuando se oyen casos como el de cierto escritor de proyección nacional pero residente en una pequeña localidad, que fue objeto de amenazas e incluso agresiones por parte de personas agraviadas por su presunta aparición como personajes en la obra del suso(no)dicho. Desde mi modesta experiencia, he comprobado que, en el entorno social-vecinal de un novelista de ciudad pequeña, pronto surgen candidatos a fuente de inspiración caracterológica, dispuestos a auto-atribuirse semejanzas con tus personajes y –en caso de que estos no sean intachables, beatíficos, virtuosos o, al menos, guapos– a resentirse en mayor o menor grado por el presunto agravio que les has infligido. En mi caso, gracias a Dios, la cosa no ha llegado a las manos, pero sí puedo mencionar algún saludo que se me ha retirado, acaso para siempre.
            Sin embargo, parte de la magia de la comunicación literaria consiste en que un lector, a partir de meros signos textuales, reconstruye un mundo poblado por seres y objetos que también aquel ha contribuido a crear, aportando con su imaginación, memoria, recuerdos, etc. lo mucho que falta a la narración. El receptor decodifica el texto conforme a sus propias experiencias y conocimientos, y esto es lo que permite que, a partir de unas mismas palabras, diversos lectores conciban el mismo personaje de modos incluso contradictorios. Y dentro de tales experiencias se incluyen las personas que cada uno haya conocido, y que, obviamente, no coinciden con las que se han cruzado por la vida del escritor.
Estas se ubican, desde el punto de vista de la génesis, al otro extremo de la cadena comunicativa; pero, salvo casos de roman à clef o de caricaturas explícitas, me atrevo a suponer que ni siquiera el autor sabe con certeza de dónde ha sacado su material. De igual modo que, en su arte literario, recurre instintivamente al bagaje informe proporcionado por sus lecturas, digeridas y asimiladas a lo largo de años, cuando se trata de crear personajes, lo normal es que en cada uno confluyan rasgos, anécdotas, tipos, dejes, acentos, etc. observados en multiplicidad de fuentes, reales o ficticias, históricas, periodísticas o literarias, sin desdeñar la propia interioridad del creador (el célebre ‘Madame Bovary, c’est moi’).
            Para dar sus mejores frutos artísticos, el autor debería gozar de esa plena libertad creativa, debería partir de que no tiene que complacer a nadie ni justificar sus opciones ni decisiones. Según esto, la situación ideal sería el anonimato. No me refiero, por supuesto, al anonimato mezquino en el que se amparan los millones de mediocres que se dedican a flagelar al prójimo desde foros de internet; me refiero a lo que el “no ser conocido”, ni pretender serlo, aporta de independencia al acto creador.
            De todos modos, esta situación es bastante utópica: el autor, sea aclamado o desconocido, no puede evitar sentirse afectado de alguna forma por las reacciones –supuestas o reales– de sus potenciales lectores (el llamado “lector implícito” de Chatman). Así, cuando se sienta ante el folio en blanco, el best seller piensa en sus millones de lectores, en cómo dar con las claves que le permitan no solo no perderlos, sino incrementarlos; y el autor local, por su parte, acaso piense en lo que le comentarán sus conocidos (los pocos que leen sus novelas) cuando se cruce con ellos por la acera.
            Cada autor deberá resolver estas paradojas de la creación literaria como mejor sepa. Por mi parte (si me acaban de disculpar la nueva auto-referencia), en mi última novela me he curado en salud y he optado por incluir el clásico descargo inicial: “Todos los personajes y situaciones que se narran en esta novela son ficticios y pertenecen al territorio de la imaginación. Cualquier parecido con personas o situaciones reales es pura coincidencia.” Con todo, no he podido resistirme a añadir un díscolo colofón: “También se advierte de que ningún animal ha sufrido daños durante la composición de esta novela”. 

jueves, 24 de noviembre de 2011

LIBRERÍA ALIBRI, BARCELONA, 16 NOVIEMBRE 2011

En un grato ambiente y bien acompañado, el miércoles 16 de noviembre presentamos "Mientras ella sea clara" en Barcelona. José Manuel Estévez Saá habló de mi trayectoria, realizó un minucioso análisis de diversos elementos de la novela y leyó un par de fragmentos. Carlos Pujol, por su parte, comentó algunas de las claves de este "pedazo de vida imaginada con arte y cariño".
Foto Antonio Invernón
Después se entabló un coloquio, en el que los presentes se interesaron por la siempre enigmática cuestión de qué se siente al cambiar de sexo (narrativamente hablando) y meterme en la piel de una joven, por la continuidad con la novela anterior, por futuros proyectos, etc. Me sentí muy a gusto, y con ganas de volver algún día no lejano.

sábado, 5 de noviembre de 2011

ENTREVISTA EN RADIO EXTERIOR DE ESPAÑA "UN IDIOMA SIN FRONTERAS"

El jueves 3 de noviembre, coincidiendo con mi presentación en Madrid, Susana Santaolaya me entrevistó para Radio Exterior de España, programa "Un idioma sin fronteras". Hasta que aprenda a bajar el podcast, este es el enlace:
http://www.rtve.es/alacarta/audios/un-idioma-sin-fronteras/idioma-sin-fronteras-03-11-11/1240167/

Otra entrevista, el mismo día, en el programa "De ida y vuelta" de Radio 5, con Inmaculada Palomares:

http://www.rtve.es/alacarta/audios/de-ida-y-vuelta/ida-vuelta-06-11-11/1242456/

martes, 25 de octubre de 2011

INVITACIÓN A LA PRESENTACIÓN DE "CLARA" EN MADRID

Si estás en Madrid el jueves 3 de noviembre, date por invitad@:
Librería Tres Rosas Amarillas, c/ San Vicente Ferrer, 34 (metro estación Tribunal), 8 de la tarde. Me acompañan Fernando Marías y Rubén Abella, además de mi editor Jesús Herrán. Y un último motivo de peso... habrá picoteo.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Reseña de "Mientras ella sea clara" en Diario La Rioja

Aparecida el viernes 2 de septiembre de 2011, en el suplemento "GPS" del Diario La Rioja. La firma Alonso Chavarri, profesor y escritor riojano.



           Mientras ella sea clara
Este es el título de la última novela del profesor de la Universidad de La Rioja Carlos Villar, ya conocido por sus traducciones de Evelyn Vaugh, su libro de relatos 'Hay cosas peores que la lluvia' y por su novela riojana 'Calle Menor' entre otros libros. El título, 'Mientras ella sea clara', participa de la ambigüedad y las dudas del personaje principal, porque “clara” es un adjetivo, pero también podría ser el nombre propio Clara o, incluso, podría haberse titulado el libro “Mientras ella se aclara”;  y es que Clara, personaje principal de esta historia, es una joven mujer que ha llegado a la extraña y sorprendente situación de haberse prometido en matrimonio con tres hombres distintos, a la vez: Michum, portero de discoteca y “segurata” ocasional, treintañero inocente y confiado y hombre sin dobleces, con el que lleva trece años de relación y que representa el “ni contigo ni sin ti tienen mis males remedio”; el cincuentón Mario, hombre adinerado y hecho a sí mismo, que aporta seguridad y confirma el dicho “el que bien se casa, bien se lo pasa”; y el arqueólogo Pelayo, joven idealista, carne de oenegé, como dice la contraportada del libro, y que significa, para Clara, ilusión, risa y otra forma de ver la vida menos convencional y más arriesgada.
 Con estos mimbres, Carlos Villar compone una historia, bien trenzada, que hace reflexionar sobre las distintas miradas del amor, las varias direcciones de los afectos y sobre la relatividad de la vida amorosa, con ese humor cáustico, tan característico del autor, y en el marco provinciano de la ciudad de Santander, que tan bien conoce el escritor.
La prosa es solvente, sin excesos retóricos ni digresiones barrocas, y sirve muy bien a la intención del autor de dotar de “naturalidad” al relato. Quizá sea este el mayor logro de la novela: un lenguaje práctico y efectivo, que consigue dar a la historia una amenidad poco frecuente, sin pérdida de calidad en la escritura –cosa que suele ocurrir en la mayoría de best-seller-, calidad que era de esperar, viendo la trayectoria del autor.
En resumen, se trata de la mejor novela de Carlos Villar, un libro muy recomendable, tanto para quien quiera paladear buena literatura, como para quien quiera pasar un divertido rato de lectura; lástima que, en los tiempos que corren, con las grandes editoriales copándolo todo, incluso los escaparates de las grandes librerías, resulte tan difícil que una buena novela independiente llegue al gran público. Confiemos en el boca a boca, porque 'Mientras ella sea clara' se lo merece.
                                                                       

miércoles, 31 de agosto de 2011

Entrevista en EL MUNDO

Gema Ponce me hizo esta entrevista en El Mundo de Cantabria, publicada el 13 de agosto de 2011. Entre otras cosas, se anuncia por primera vez mi próxima obra narrativa, Solo yo me salvo, que aparecerá, D.m., antes de que acabe el año.

lunes, 29 de agosto de 2011

RESEÑA DE "MIENTRAS ELLA SEA CLARA"

Javier Menéndez Llamazares, escritor y crítico, me dedicó esta reseña en El Diario Montañés, publicada el 26 de agosto de 2011. Casi más que una reseña es una tesina. Me alegra contar con lectores tan atentos y perceptivos.

"Trigonometría sentimental santanderina"


Ya el título de esta segunda novela de Carlos Villar Flor (Santander, 1966) encierra un ingenioso calambur: 'Mientras ella sea clara' bien podría ser 'mientras ella se aclara'. Pero es que ella, más que clara (con minúscula en el título), es Clara, con mayúscula de nombre propio; porque precisamente clara, lo que se dice clara, no resulta la protagonista de esta novela, sino más bien contradictoria: es maestra de formación, pero detesta a los niños; cambia de opinión varias veces al día y, por si fuera poco, se expresa con un lenguaje, por usar su propio término, 'fritangoso'; algo que se acaba contagiando incluso al propio desarrollo del relato, como confiesa la narradora en el arranque de la novela: «A la vista del chapapote en el que se ha convertido mi vida en los últimos días, tengo que contárselo a alguien o reventaré. Y ahora vosotros sois los únicos en quien puedo descargar».
Sin demasiados alardes, a partir de aquí Carlos Villar despliega su arsenal de recursos literarios, jugando con una estructura temporal circular, un estilo directo que recoge el lenguaje coloquial y por momento bordea el monólogo interior y una trama que coquetea con argumentos de la literatura universal; el más evidente es el guiño a 'Grandes esperanzas' a través de Cipri, un trasunto del dickensiano Abel Magwitch. 
 
Desde el primer párrafo, el autor pone las cartas boca arriba: tras desvelar el punto de vista, la focalización y el destinatario, en apenas diez líneas bosqueja una exposición de motivos -que no es otro que pedir consejo al lector- y hasta una clásica 'captatio benevolentiae' que acaba convertida en súplica: «Si no me abandonáis (os pido con todo mi corazón que no lo hagáis, por favor) y tenéis un poco de paciencia conmigo, os contaré todo paso por paso». 
 
Atípicos santanderinos
Quien nos habla con tanto desparpajo es la protagonista, una santanderina de veintipico años, de buena familia venida a menos y tan enemiga de las convenciones como veleidosa. Poco a poco iremos descubriendo que se llama Clara Gwendolin Martínez Munton y que su situación familiar no es ni mucho menos idílica: no llegó a conocer a su madre inglesa, y su padre se encierra en un hermetismo desde que enviudara. Sin embargo, la joven destila optimismo y vitalidad. E inconsciencia: la anécdota que da pie al libro es el nada insignificante hecho de que la protagonista se ha prometido en matrimonio con tres hombres distintos, simultáneamente. 
 
Pronto, y por sorpresa, tomará la palabra otro de los personajes de la novela, quien sabe si acaso el verdadero protagonista, 'Míchum', apodo que le adjudica Clara, su novia desde los años escolares, por su parecido con el actor Robert Mitchum. Si el personaje femenino resulta contradictorio, éste no resulta menos sorprendente: portero de discoteca, guarda de seguridad y temible experto en artes marciales, bajo la hipertrofiada capa de músculos se esconde un inocente santurrón, fascinado por los cómics y capaz de los mayores sacrificios e ingenuidades. 
 
Sin descanso
Esta tónica de narradores alternos se mantendrá a lo largo de toda la novela, estructurada en cuatro capítulos que, tras el flash-back inicial, se desarrollan de modo lineal y cronológico, con excepción del último, que es más bien una coda en la que, a modo de epílogo, sirve para rematar la historia, además de proporcionar un 'punch' final realmente inesperado. Porque, si algo caracteriza a la trama es la constante sucesión de giros argumentales, como si el autor pretendiera no dar tregua al lector, con sucesivas vueltas de tuerca, en lo que a primera vista podría parecer una previsible novela costumbrista. 
 
Reacia al compromiso en casi todas sus formas, Clara mantiene con cierta desgana una relación con 'Míchum' su novio de siempre, quien por su parte está perdidamente enamorado de ella. Sin embargo, las profundas convicciones religiosas del joven le llevan a tomar la decisión de no mantener relaciones íntimas con su novia hasta después del matrimonio. Tras unos meses de monacal recato, Clara cae en los brazos de Mario Martello, un promotor cincuentón de oscuros orígenes que la deslumbra . El tercero en discordia será Pelayo, un activista de causas perdidas, cuya visión romántica la conquista casi instantáneamente. A partir, cada uno juega sus bazas para intentar casarse con Clara, que termina prometida con todos a la vez, incapaz de elegir. Cuando finalmente se decide, sobreviene la desgracia, aunque no vamos a desvelar más. 
 
Los alrededores
Más allá de cuestiones argumentales, Carlos Villar aprovecha esta novela para dibujar un retrato de la sociedad santanderina que resulta, por momentos, hilarante. Clara es un evidente ejemplo de 'niña bien', del 'mi padre era, mi abuelo tuvo', con la salvedad de un marcado carácter hedonista y aconfesional que no encaja exactamente con el cliché del Paseo de Pereda -donde tiene su residencia la joven-. Como tampoco encaja la beatería en 'Míchum', de orígenes más humildes y supuestamente curtido en la vida callejera. El 'arriba y abajo' entre pijos con el jersey sobre los hombros y raqueros venidos a más se trastoca en la novela, quizá para resaltar el tópico. Así, vemos en la protagonista una apetencia sexual inesperada para una chica de su posición -no en vano aseguran las malas lenguas que, en Santander, follar no es pecado, sino milagro-. Por su parte, el novio resulta chocantemente conservador, si tenemos en cuenta sus orígenes humildes. 
 
El autor explota esta situación, con resultados muy humorísticos, ensayando incluso una taxonomía de los personajes locales típicos, a los que adjudica acrónimos muy locales: GS, BS, CS -Graciosillo, Borde y Chulín Santanderino, respectivamente-, suponemos que todos derivados del STV, ese aire 'de Santander de Toda la Vida' que sobrevuela constantemente la novela. Y es que, a pesar de en la nota aclaratoria Villar se desmarque de toda crítica social, es indudable su conocimiento de la sociedad local, que disecciona con más ironía que piedad. 
 
Aprovechando el símil futbolístico que él mismo utiliza, podemos decir que Villar Flor 'juega en casa', lo que además le permite aderezar el relato con notas realistas o no tanto, que otorgan al texto un nuevo nivel de lectura, más lúdico, en el que rastrear la geografía, tanto urbana como humana de la ciudad. 
 
Retrato de su tiempo
Tampoco pierde ocasión Villar Flor para recrear aquella época: desde la guerra de Irak hasta la bomba de Atocha, sin olvidar el desastre del Prestige, los principales acontecimientos de la época sirven de telón de fondo a la narración, sin olvidar siquiera la canción del verano -la pegajosa 'Obsesión'-. No faltan ciertos ecos de la juventud del autor, con referencias a la cultura popular de los años ochenta, como cuando se proponen subastar vinilos, y aparecen los de Gabinete Caligari y Alaska. O términos del lenguaje juvenil de entonces -no sabemos si aún vigente-, como movida, tronca, manifa.
Por supuesto, el relato no está exento de cierta aportación crítica, más evidente en el personaje de Pelayo, oenegero profesional, o el trepa del colegio, reconvertido más tarde en reportero de la SER, o en político -el propio narrador lo desconoce, deslizando quizá cierta equiparación hipotética entre los dos oficios. Lo que no queda claro es si esta misma situación se podría hacer extensible a otros medios de comunicación-. 
 
En definitiva, se trata un texto ameno y ágil, de rápida lectura y capaz de arrancarnos unas cuantas sonrisas cómplices y no menos carcajadas. Pero es también un libro que permite varias lecturas simultáneas, desde la clave social, la política y la metaliteraria -pues no olvidemos que es la novela de un profesor-. Y no podemos dejar de mencionar la impecable edición, con una portada que sintetiza las claves del texto: la protagonista, el escenario y el contexto social, a través de un adamascado que bien podría ser el papel pintado de un interior de los descritos en el libro, esos del Santander de toda la vida.

sábado, 9 de julio de 2011

Noticias de periódicos sobre "Mientras ella sea clara"

Estas son algunos de los enlaces que han salido hasta la fecha sobre la novela Mientras ella sea clara. Están tomados  de El Diario Montañés  y de La Rioja.

El Diario Montañés, 29 mayo 2011

LITERATURA
El santanderino Carlos Villar publica su segunda novela, 'Mientras ella sea clara'
El escritor y poeta, profesor en la Universidad de La Rioja, narra una historia ambientada en Santander, editada por Valnera Literaria
GUILLERMO BALBONA
http://www.eldiariomontanes.es/v/20110529/cultura/literatura/santanderino-carlos-villar-publica-20110529.html


Suplemento SOTILEZA (El Diario Montañés) 1 julio 2011
Esperando a que sea Clara
El santanderino Carlos Villar, que publica su segunda novela, 'Mientras ella sea clara' de la mano de Valnera, explica las señas de identidad de su narración y proceso creativo
http://www.eldiariomontanes.es/v/20110701/cultura/sotileza/esperando-clara-20110701.html

 La Rioja, 30 junio 2011

«Es un reto ponerme en la piel de una mujer, como es la protagonista»
DIEGO MARÍN A.

Reproducida en El Diario Montañés, 30 de junio 2011

viernes, 1 de julio de 2011

Mientras ella sea clara (Valnera, 2011)

Mi segunda novela, recién salida del horno. La presenté en Logroño el 30 de junio de 2011, en el Centro Cultural Ibercaja, a las 20.00 horas. Me presentaron Andrés Pascual y Jesús Herrán, el editor. Todo un lujo, por la calidad humana y literaria de los presentadores,  por la afluencia masiva de amigos y lectores,  por la edición impecable... Me sentí muy a gusto, vamos.
  
"En fin, me llamo Clara, tengo veintiséis años, he terminado magisterio educación infantil, estoy en el paro, tengo un novio desde hace siglos al que llamamos Míchum, no soy muy guapa pero tampoco fea, digamos que tengo un algo. Me considero introvertida, sensible, y me gusta pasar la mano por los setos recién cortados, y coleccionar muñecas de porcelana, y a todo quisque le saco parecido con algún actor y..., en fin, y estoy comprometida en matrimonio con tres hombres distintos."
En efecto, por una serie de circunstancias que la chica nos contará con todo detalle (o casi), mi protagonista compagina tres relaciones sentimentales simultáneas: con Míchum, el novio de toda la vida, un buenazo que se gana la vida como portero de discoteca; con Martello, cincuentón de oscuros orígenes y acomodado presente; y, finalmente, con Pelayo, un activista apasionado y sensual. No acaba de decidirse a renunciar a ninguno de los tres, porque representan diferentes facetas de las que no quiere desprenderse: la ternura, la seguridad, y la pasión. La situación se complica cuando los tres le proponen matrimonio sucesivamente, y ella acepta. Tendrá que decidirse, pero no ahora...
El planteamiento de la novela se enmarca en un contexto de comedia, aunque la vida pueda, una vez más, superar a la ficción. Pero la magia de la ficción permite que, tras planteamientos poco probables, se pueden esconder temas universales: las dudas, inseguridades y miedos que nos asaltan cuando estamos a punto de dar un paso decisivo en nuestra vida. No podemos vivir sin amor, pero el amor es lo más complicado del mundo, pues va acompañado de otras realidades: ternura, fidelidad, sexo, compromiso, familia... Cómo equilibrar todo esto se puede volver, para muchos, misión imposible, y, por tanto, en alguna medida se puede afirmar que, como se dice ahora, Clara somos todos.
No creo traicionar mi elevado sentido santanderino del pudor si desvelo que la novela se empezó a gestar en los meses previos a mi propia boda. Pero hasta ahí las semejanzas, que conste. El otro desencadenante fue una anécdota personal: el encuentro con un transeúnte sin techo que una tarde conocimos F. M. y yo en condiciones lamentables, desesperado y empapado en los soportales de una iglesia. Le invitamos a cenar, le pagamos el billete a su destino, e incluso mi amigo le prestó ropa seca (a fondo perdido, claro). En mi novela, Míchum es el que hace los honores al patético Cipri, desempleado de Requena, y al cabo de unos años del suceso, el joven tiene una inexplicable corazonada: Cipri volverá, con dinero y posición tras haber recuperado el patrimonio familiar, y le proporcionará un empleo decente que le permitirá dar a Clara una boda digna. Esta corazonada redentora (concebida como un guiño al personaje dickensiano de Pip en Grandes esperanzas), sobrevolará gran parte de la trama, y sólo al final sabremos si se ha cumplido o no. (Por si alguien se lo pregunta, no volvimos a saber nada del "Cipri" real; ni siquiera un embutido de Requena. Pero tampoco lo hicimos por eso...)
He pretendido crear una historia ágil, entretenida, incluso divertida. Se puede leer en diversos niveles, pero algunos lectores captarán guiños a clásicos ingleses, a Dickens, a Shakespeare, a Hardy, a Wilde, a Waugh. Pero también encontrarán ingredientes de cultura popular: hay bastante cine en la mente de Clara-narradora, y bastante cómic en la de Míchum-narrador. También, para completar la ensalada, introduzco episodios ambientados en un período de la historia reciente de nuestro país: así, Clara acude como voluntaria a Muxía, a limpiar el chapapote, en el invierno 2002-03; y una secuencia pivotal de la historia transcurre en el marco de los luctuosos sucesos madrileños del 11-M: "Lo que pasó aquel 14 marzo de 2004 seguirá siendo un misterio insoluble", dice Clara. Tranquilos, no se refiere a la política, sino a una muerte misteriosa que dará un giro inesperado a la trama.
Cuando allá por 1998 salió a la luz mi libro de relatos Hay cosas peores que la lluvia, me permití bromear con la información biográfica de la solapa: "[Carlos Villar] escribe con gran parsimonia su primera novela, Calle menor". Recuerdo que Care Santos lo reseñó en El cultural y se mostró atraída por el método. Pues bien, lejos estaba yo de imaginarme entonces que, a la vuelta de los años, la parsimonia sería una de las constantes que presidiría mi (hasta la fecha, discreta) carrera literaria.
A diferencia de Calle Menor (2004), escribí Mientras ella sea clara con pasión y celeridad, sin los largos parones y costosos recomienzos a los que me obligó la vida en la anterior novela. Pero, una vez escrita, Clara se ha tomado su tiempo en ver la luz. En el primer concurso al que la presenté, recién salida del horno, el ovetense "Tigre Juan", quedó finalista. Esto me hizo albergar mis propias “grandes esperanzas”. Luego conseguí que una agencia literaria catalana se interesara por ella, y firmamos un contrato de dos años, con tan mala fortuna que, al poco tiempo, la titular de la agencia se ausentó precisamente ese periodo para dedicarse a otros menesteres culturales, por lo que la novela durmió una larga siesta. Luego vinieron concursos, y llamadas a diversas puertas editoriales, con la continua sospecha de que el manuscrito permanecía intacto en la mayoría de los casos. Finalmente, a comienzos de 2011, me cayó del cielo Jesús Herrán, editor de Valnera (¿o he dicho de bandera?), que se entusiasmó con la novela. Esta vez no hubo parsimonia. En unos pocos meses, Clara ha visto la luz, con una edición impecable y una portada exquisita.
Comienza ahora una nueva fase, no menos dura y no menos apasionante, la de oír a los lectores. Confieso ser presa de un cierto miedo escénico, pero también entiendo que sin lectores no existe literatura. Por muy romántico que uno se crea, en el fondo escribimos para que nos lean, y, a mi propia concepción de los personajes e interpretación de los hechos ficticios, se añadirán ahora las múltiples percepciones de cada uno de los lectores. Esto siempre me ha parecido una parte no pequeña del milagro comunicativo que es la literatura.

Por tanto, con satisfacción paterno-materna y temor reverencial presento ante el público mi nueva criatura, protagonizada por esta santanderina no demasiado ejemplar pero que acaso no nos importaría conocer. Ahora el lector tiene la palabra. Deseo que la espera haya merecido la pena.

martes, 21 de junio de 2011

TRADUCCIONES Y EDICIONES CRÍTICAS DE LA TRILOGÍA MILITAR DE EVELYN WAUGH

La trilogía militar de Evelyn Waugh conocida como "Sword of Honour" o "Espada de honor" era la última obra de ficción del autor que faltaba de traducir al castellano. Me fascinó cuando la leí por primera vez, y en el momento que juzgué propicio me propuse rescatarla para el público español. La riqueza y complejidad de la obra se merecían no solo una cuidada traducción, sino también una edición crítica esmerada y una introducción  concienzuda. Le ofrecí el proyecto a Ediciones Cátedra, que dio pronto su aprobación, inicialmente para la primera novela, años después para las dos restantes.


Comencé la empresa en torno al 2001, y el primer volumen, Oficiales y caballeros, apareció en 2003. La introducción acabó ocupando más de 100 páginas, y creo que incluye un aceptable resumen de la biografía del Evelyn Waugh (1903-1966). Ahora que ya están las tres en la calle, debo admitir que es la menos emocionante de la trilogía, y se resiente algo de su posición inicial. Cuando se leen las otras dos a continuación, gana mucho. En cualquier caso, supone un documento de primera mano de los primeros meses de la contienda mundial, y la instrucción militar que recibe el protagonista, Guy Crouchback, no deja de evocar ciertos episodios a los que hemos estado en el ejército.

La segunda parte, Oficiales y caballeros, salió en el 2009. Narra las vicisitudes de Guy durante su periodo en los comandos, su instrucción y participación en la desastrosa campaña de Creta (mayo de 1941). Supone un punto de inflexión en la trilogía, cuando el protagonista pierde su inicial idealismo.
La introducción también sobrepasa el centenar de páginas, y esta vez me centró más en los episodios reales de la vida de Waugh que le inspiraron la novela. Como oficial de inteligencia, Waugh llevó un diario de campaña en el que realizó muchas anotaciones que luego se adaptarían en su ficción.

La conclusión de la trilogía acaba de salir ahora, en julio de 2011. Rendición incondicional se ambienta principalmente en la Croacia en poder partisano de los últimos meses de 1944. Además de su intrínseco valor histórico, supone un broche final en el seguimiento de los avatares de Guy Crouchback y de los personajes que le han rodeado: su carismática exesposa, Julia, que de ser una belleza de sociedad ahora atraviesa una etapa de declive entre las penurias de la guerra; el misterioso Ludovic, que salvó a Guy la vida en Creta, pero ahora le rehúye con una carga pesada en la conciencia; el sinvergüenza de Lord Kilbannock; el tío Peregrine Crouchback, "un célebre pelmazo", Frank de Souza, antigüo compañero, luego subordinado de Guy, y ahora su superior, que bajo su superficie desenfadada y cínica esconde oscuras ambiciones.

Algunos enlaces interesantes:
"Una guerra con más de dos bandos y no sólo uno de ellos malo"
Pascual Tamburri Bariain

http://www.elsemanaldigital.com/articulo.asp?idarticulo=115916



Calle Menor


Publicada en 2004, por Sial Ediciones, Madrid, quedó finalista del certamen de novela "Tristana" 2002.
La novela narra unos meses decisivos en la vida de Oria, tímida profesora de latín recién llegada a la Universidad de Lontana. La joven se convertirá en el blanco de una cruel apuesta urdida por un puñado de alumnos desocupados.


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  Las percepciones de la protagonista a medida que parece ir cayendo en las redes del seductor, el narcisista Aurelio Ducrox,  se entrecruzan con las de personajes memorables, como el mismo Aurelio, acosado por su imaginación, Nicolás “Colo” Teredo, experto en supervivencia, o el patético Gibaja, perpetuo buscador de tesoros.

Muchos discursos pueblan la novela, barrocos o coloquiales, originales o plagiarios, mentirosos o disparatados, pretenciosos o ignorantes, calumniadores o solidarios, formando una polifonía cuyo principal orquestador se escabulle de nuestra vista  y reaparece cuando le viene en gana. Tal polifonía, no exenta de un peculiar humor y un punto de acidez, aporta reflexiones heterogéneas sobre el amor y el desamor, la soledad y el fracaso, el encumbramiento profesional y las ínfulas literarias, la fe y la desesperanza, los pinchazos de la conciencia y los modos de acallarla.

Ecos de clásicos y modernos acechan en casi todas sus páginas, si bien el guiño ineludible remite a cierta película española de los años cincuenta, cuya trama básica se adapta aquí al entorno académico y literario-provinciano y se ubica en la fantástica ciudad de Lontana, quizá no tan diferente de la que vio Bardem.

PARA MÁS INFORMACIÓN, PINCHA AQUÍ

miércoles, 15 de junio de 2011

HAY COSAS PEORES QUE LA LLUVIA

Empezaré por mi primer libro de narrativa, publicado por Ediciones Nobel (Oviedo) en 1998. trece relatos "para insomnes", como reza el subtítulo.Con una portada sugerente de Magritte y magistrales ilustraciones interiores de A.V. Grela.


Algunas reseñas que mereció en su día fueron las de Luis Ramoneda, en Aceprensa, o de Jesús Sanz Rioja, en su blog "Y yo que me la llevé al río". También lo reseñó Care Santos en El Cultural y Vicente Gallego en El Mundo.