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Venezuela desde lejos

Lorent Saleh es un joven venezolano que habló públicamente en Logroño en dos ocasiones, en 2020 y 2024. Desde su adolescencia Lorent luchó por las libertades en Venezuela, y encabezó numerosas protestas estudiantiles exigiendo libertad para su país. Aunque tuvo que exiliarse, un triste día de 2014 le metieron en un furgón y, sin abogados ni juicios, le encerraron en una prisión venezolana de máxima seguridad. Permaneció primero tres años en la cárcel subterránea conocida como “La Tumba”, desnudo y aislado, sin noción del tiempo, pasando frío o calor según sus carceleros regularan la temperatura. A esta tortura psicológica se añadió otra brutal, pues, aún sin defensa ni juicio, le trasladaron a una cárcel común donde a menudo recibía palizas para que delatara a compañeros. Por fortuna, su madre jamás se rindió y llamó a infinidad de puertas hasta que la comunidad internacional hizo suya la causa y abogó por su liberación. En 2017, con Lorent aún en prisión, la Unión Europea le concedió el premio Sajarov de los Derechos Humanos. Finalmente, las presiones diplomáticas dieron fruto, y en 2018 pudieron traerle a España, bajo condición de no regresar a Venezuela.

Este ejemplo de represión es uno entre miles. Desde que Hugo Chávez subió al poder en 1999, Venezuela ha pasado de ser uno de los países más prósperos de Hispanoamérica a ser una dictadura en la que no existen contrapesos al poder presidencial, una nación depauperada de la que han tenido que huir casi ocho millones de personas, donde no existen garantías democráticas, hay graves violaciones de los derechos humanos, asesinatos, torturas, y miles de presos políticos. La constitución aprobada al poco de llegar Chávez a la presidencia, al grito de “Socialismo o muerte”, neutralizó los demás poderes del Estado, blindando su permanencia dictatorial y, tras su muerte, la de su sucesor. Es patente que las elecciones son un fraude sin garantía alguna de legitimidad, y que, al no poder ejercer la disidencia con libertad, cada vez era más improbable, por no decir imposible, que la regeneración democrática pudiera proceder por vías institucionales.

Por eso, ver a Maduro destronado no me parece tan mala noticia, como tampoco lo sería si cayeran otros líderes de “democracias populares”, con perdón del sarcasmo. La cuestión se complica por la violación del derecho internacional, además del hecho de que Trump afirme su hegemonía sobre Venezuela al tiempo que aúpa a los seguidores de Maduro a seguir manejando las instituciones, a cambio de pingues concesiones petrolíferas, ignorando a los candidatos opositores con legítimas pretensiones a la presidencia. Y, además, mientras negocia la paz en Ucrania con otro temible dictador, amenaza con la posibilidad de ocupar Groenlandia. ¿De qué va todo esto? ¿De libertad y democracia, o de testosterona? 2026 ha empezado bien fuerte. Esperemos que el futuro se reconduzca y que los venezolanos puedan aspirar a una vida mejor. Los que se fueron y los que se quedaron.


Aparecido en La Rioja, 9 de enero de 2025. Ver todas las columnas.

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