Entrada no tan nueva, pues reciclo una anterior. En realidad no debería incluir esta especie entre la fauna urbana, pues sus síntomas constituyen ya una pandemia universal harto evidente, no solo entre jóvenes, ni mucho menos. Aunque siempre se pueden alcanzar nuevas cotas: este verano había muchas chicas que paseaban por la orilla de la playa con el móvil ajustado entre las cintas del escueto bañador.
¿Todo? Bueno, nuestro
espécimen de hoy se caracteriza porque, además de llevar el bendito aparato en
todos los ambientes arriba descritos, resulta incapaz de apagarlo cuando la
prudencia podría así aconsejarlo. Puede estar presenciando un espectáculo por
el que ha pagado una entrada no barata y, en el punto más álgido, dedicarse a
contestar al whatsapp entrante o testificar por Facebook que le “gusta” la
última monada de sus colegas. Igualmente puede hacer lo propio en medio de una
clase interesante, durante la homilía del funeral de su tío, o en la cena de los
treinta años de su promoción. Se da incluso la posibilidad de que dos amigos se
digan todo por Messenger y, cuando se ven en persona, se remitan a la información
allí contenida.
LA
JOVEN DEL SMART-PHONE
Desde que se inventó el smartphone se acabaron las esperas aburridas en
la parada del autobús o en la consulta del médico, o los viajes tediosos, y ya no se
sufre en las conferencias de obligada asistencia ni en las clases tostón. Los parlamentarios
sestean menos en sus escaños, y en las reuniones de trabajo los voceros vocean
menos. Podría decirse que todo son ventajas.

Con todo, esta especie
también puede inspirar poesía y arte. He aquí una muestra:
Sentada bajo urbana marquesina,
cruzadas esas piernas transitivas,
pulgares en furioso movimiento,
el autobús esperas sin urgencia.
Ignoras las miradas dedicadas
por tus hordas admiradas de devotos
–si fuera yo un ulises navegante
tendría que amarrarme bien al mástil
para no sucumbir–. Pero tú sigues
ajena a distracciones, perseveras,
no hay nada en esta hora que te aparte
de lo que reverbera en tu pantalla.
Y tras tu eternidad de vigilancia
sobre otros mundos que no son el tuyo,
y antes de que el ómnibus te lleve
y salgas para siempre de mi vista,
consumas tu labor,
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