Ir al contenido principal

EL MICRORRELATO: ASOMARSE PERO NO ENTRAR

Foto Ascen Jiménez
Rubén Abella, tripitidor en nuestros talleres de crítica y creación literarias, volvió a cumplir las elevadas expectativas de los asistentes, sobre todo de los que ya le oyeron en ediciones pasadas. Con ese entusiasmo y amenidad que le caracterizan, condujo la sesión sobre teoría y práctica del microrrelato, volcándose en cada pregunta, en cada ejemplo, en cada ejercicio. Tuvo la deferencia de proporcionar a los asistentes dos cuadernillos, uno con los puntos de teoría que iba a tratar, otro con una selección de microrrelatos de autores hispánicos.
Primero definió el género, también por negación (el microrrelato no es un chiste, o sentencia, o estampa, o pseudo-haiku…) Explicó que la brevedad no es requisito suficiente, si no va acompañada de tensión narrativa, intensidad y precisión verbal. Aplicando la analogía con las pruebas de atletismo, cada distancia tiene sus trucos y técnicas. El microrrelato requiere concentración, tanto para leerlo como para escribirlo.
            Ilustró estas nociones con una imagen entrañable tomada de su infancia: la del padre que, ante sus pequeños hijos expectantes, entreabre la puerta que da al salón donde reposan los juguetes en la madrugada del Día de Reyes. La rendija es estrecha pero suficiente. Igualmente, el microrrelato te deja asomarte, pero nunca entrar.
            Conectado con lo anterior mencionó otros ingredientes necesarios: la reverberación (ecos instintivos que provoca el texto), la narratividad intensa, la verosimilitud (aunque sea en un marco ficticio), la economía verbal, la densidad, minuciosidad, huida del cliché. etc.
            En definitiva, toda una lección impartida por un maestro que sabe de lo que habla. El que quiera comprobarlo, que lea su recopilación de microrrelatos “Los ojos de los peces” (ver una muestra en Fábula 28)

Entradas populares de este blog

El silencio de Franz Jalics (1927-2021)

Hace unos días falleció un autor que me ha dejado huella; se trata de Franz Jalics (1927 -2021), jesuita y místico húngaro, impulsor de la meditación contemplativa como un camino de buscar a Dios no tanto a través del raciocinio o de la acción, o siquiera del sentimiento, sino a través de la percepción. Su obra más representativa, donde expone este sugerente camino con extraordinaria pedagogía, es Ejercicios de contemplación , un libro para leer en pequeñas dosis. De joven Jalics sirvió en el ejército húngaro durante la Segunda Guerra Mundial y allí, según expone en el citado libro, experimentó las primeras llamadas a poner su vida en manos de la Presencia que le susurraba que seguía estando allí a pesar del tremebundo y deprimente galimatías en que se había convertido la Historia contemporánea. Años después, ya jesuita, fue destinado a Buenos Aires, donde trabajó entre la población desfavorecida del Bajo Flores. Allí, en 1976, fue secuestrado por la dictadura argentina junto con otro ...

Tres años

Hoy se  cumplen tres años del día más horrible de mi vida (hasta la fecha). El tiempo sin duda cierra heridas, pero la cicatriz permanecerá siempre. Es un tópico porque es verdad. Si mantengo el inveterado principio de que escribo poesía inspirado por el dolor del alma, supongo que acabaré componiendo un poemario sobre ella. Pero si también mantengo el parsimonioso cuentagotas con que dosifico mi poesía, no puedo asegurar cuándo. Ahora voy terminando uno sobre una experiencia acaecida en 2017, para que os hagáis una idea... Este poema formará parte (D.m.) del eventual poemario, así que os lo adelanto. Aunque no es reciente, como algunos pocos sabéis. Cada noche cruje un poco nuestra cama. Tengo mucho más espacio, estirarme empieza a ser ya rutina. Soy el amo y el señor de mis dominios colchoneros (parvo imperio). A veces, solo a veces, duermo hondo y apenas me atormenta tu silencio.   Pero juro que hoy el alma empeñaría por volver a los dos quintos retroactivos de mi lado de t...

Manzanas robadas, de Miguel d'Ors

Cada vez me cuesta más recomendar libros. Y también poetas. Pero este libro y este poeta son sin duda recomendables.   Manzanas robadas , de Miguel d'Ors Renacimiento: 2017. BUSCANDO UN SABOR INTENSO Si no fuera porque Miguel d’Ors no se merece el tópico, empezaría este comentario diciendo que no necesita presentación. Que hay pocas voces poéticas en nuestro panorama contemporáneo en lengua española que puedan acreditar una trayectoria tan consolidada. Así que no lo haré (más).             Empezaré por el final. En el colofón (literal) del libro, d’Ors se sitúa frente al lector y le dice que “para/ que tú contemples tu cara/ te ofrezco un autorretrato”. En efecto, esta poesía aparenta un perfil alto que invita a reconstruir una semblanza del autor: amante del campo y la naturaleza, montañero empedernido, y capaz de elevarse desde “las flores amarillas de las xestas”, “el pajarerío que vivifica el mon...