Este texto se publicó en el diario La Rioja hace una semana. No tuve tiempo de subirlo el domingo pasado, y ahora he dudado si hacerlo ya, pues en la crisis de Ceuta ha habido nuevos desarrollos. Al final me he decidido porque supongo que la idea esencial puede sobrevivir otra semana, por lo menos.
Hace más de un mes, nuestro presidente Sánchez declaró que habíamos sido objeto de una “violación y ataque a la integridad territorial” de España, y, dicho esto, se blindó en su resort presidencial de Lanzarote a vacacionar. Regresó el pasado lunes y compareció ante los medios para declarar, entre otras cosas, que el gobierno de Marruecos no tuvo ninguna responsabilidad en la avalancha de 80.000 personas el 30 y 31 de julio, que había sido una conspiración de la “internacional ultraderechista”, y que, en todo caso, qué diantres, tenía derecho a tomarse sus merecidas vacaciones. Para cubrir su hueco, a lo largo del mes de agosto varios de sus ministros nos han iluminado sobre este alarmante asunto. Así, Marlaska afirmó que no había habido ningún informe de inteligencia que pudiera haber alertado de la invasión; la ministra de Inmigración, Elma Saiz, aseguró que no hay relación estadística alguna entre inmigración irregular y violencia machista (un tema delicado, pero es probable que las ceutís que no pueden salir a la calle o las 23 víctimas recientes de agresiones sexuales, 9 de ellas menores, discrepen); y la ministra de Infancia y Juventud, Sira Rego, declaró que entre las 5.000 (o 12.000) personas que permanecen irregularmente en Ceuta, hay más de 2.000 menores, entre ellos 760 niñas identificadas, muchas de las cuales en su país se hallaban en situaciones “extremadamente duras”, por lo que sería una barbaridad (propia de la ultraderecha, claro) que el estado español se desentendiera de su destino.
A lo largo de esta última semana, sin embargo, algunas de
estas posturas se están cuestionando. Un informe del CENIF (Centro Nacional de
Inmigración y Fronteras de la Policía Nacional) emitido el miércoles [2 de agosto] apunta a
que gendarmes marroquíes guiaron de manera activa a las personas que invadieron
la frontera. Conforme más se investiga, parece más clara la participación de los
dirigentes del país vecino en el asalto, no sabemos si por las sempiternas
reivindicaciones territoriales, por la conciencia de las muchas debilidades
institucionales de España, por castigar a nuestro gobierno (¿Sáhara?, ¿Trump?, ¿móviles
intervenidos?), o por sabe Alá qué otras oscuras razones. Y esta cuestión, que
cada día nos espanta más, no va solo sobre Ceuta, ni siquiera solo sobre España;
concierne a toda la Unión Europea, que tan a menudo tiene atadas las perfumadas
manos, incapaz de tomar las medidas necesarias.
Si algo guardan en común las últimas desgracias nacionales
que hemos presenciado (Dana, Adamuz, incendios, etc.) es que los afectados directos
se quejan amargamente de desamparo por parte de las autoridades. Y de nuevo se
constata que el sistema de gobernar repartiendo cargos de responsabilidad a
amigos y súbditos es viable solo cuando las cosas marchan bien, pero, en cuanto
surgen problemas, los paniaguados se revelan dramáticamente incompetentes para
resolver las crisis. Y en este complejo asunto quizá haya una sola cosa en la
que casi todos estamos de acuerdo: que Sánchez se merece unas vacaciones.
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| La Mareta, Lanzarote |

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