EXALUMNOS INFLUYENTES
La pasada semana acudí el teatro Bretón a ver la representación de Camino al zoo. Además del aliciente de oír en español a Edward Albee y de ver a Fernando Tejero fuera de su comunidad de vecinos, mi principal interés era contemplar sobre el escenario a Mabel del Pozo, quien bordó su papel como esposa del susodicho. Me sentí especialmente orgulloso: Mabel fue alumna mía en mi primer año docente en la Universidad de La Rioja. Siempre he pensado que para ser actor teatral hay que tener un intelecto privilegiado, memoria prodigiosa y unos nervios de acero para darlo todo, tengas buen o mal día, frente a multitudes que te observan desde la penumbra (y que en ocasiones se olvidan de silenciar el móvil). El pasado sábado me emocionó ver a Mabel haciendo gala de tales destrezas, y me acordé de aquella muchacha aplicada y simpática que cursaba Historia de la Literatura Inglesa en Filología Hispánica y en alguna ocasión disertó ante sus compañeros sobre Hamlet o Cumbres borrascosas.
Es verdad que los signos de los tiempos nos abocan a una docencia online cada vez más frecuente, por no hablar del aprendizaje autodidacta a través de plataformas varias. Sin embargo, creo que esto nunca debería sustituir por completo la docencia presencial, ni el papel del profesor que mira a la cara a sus alumnos, les llama por sus nombres, y da lo mejor de sí para que cada uno crezca como estudiante y como persona. Y una gran ventaja de las dimensiones con las que trabajamos en la Universidad de La Rioja, sobre todo en titulaciones humanísticas, es la posibilidad de llegar a una personalización del alumnado. Pues bien, una de las convicciones que perduran en mi mente, tras casi treinta años de docencia, es que un antiguo alumno nunca pierde esa condición. Y que, de algún modo, sus logros siempre son para mí motivo de celebración.
En este tiempo ha visto a algunos desempeñar cargos importantes en la política (César Luena, José Luis Pérez Pastor, Diego Iturriaga, Penélope Ramírez…); otros han destacado en la literatura o en la música (Elvira Valgañón, Sonia San Román, Ángel María Fernández, Paulino Lorenzo…). También, por supuesto, encuentro rostros antaño estudiantiles en el mundo del periodismo, de la administración pública, de la empresa, etc. Sin embargo, cuando pienso en la proyección de mis antiguos alumnos siempre me ilusiona pensar en los centenares que se dedican discretamente a la docencia en centros educativos, quienes vuelcan cada día sus energías y entusiasmo en educar (es decir, guiar e inspirar) a las nuevas generaciones que nos siguen, tarea sin duda ardua. Esto me trae a la cabeza una escena de otra obra teatral en lengua inglesa, Un hombre para la eternidad (adaptada al cine por Fred Zinnermann), cuando el joven trepa Richard Rich aborda a sir Thomas More para pedirle un enchufe en la corte, y este le sugiere que se haga maestro, que se le daría muy bien. “Si lo fuera, ¿quién se enteraría?”, alega el joven buscavidas, a lo que sir Thomas replica: “Tú, tus alumnos, tus amigos, Dios. No es un mal público”.
Es difícil expresarlo mejor. Vaya este recuerdo para todos los chicos y chicas que han pasado por mis aulas. Los famosos y los menos.
Revisado y aparecido en diario La Rioja, 31/5/2024.
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