El sábado 1 de julio a mediodía, Espido Freire clausuró el ciclo de talleres de escritura creativa denominado “Lenguajes del alma”, la primera actividad organizada dentro del Campus Valle de la Lengua. Empezó a las 12:00 en el Salón de la Lengua del Monasterio de San Millán de la Cogolla, y fue seguida por un entusiasta grupo de oyentes, en su mayoría alumnos de los talleres, además de ser retransmitida en streaming (ya anunciaré dónde se puede bajar).
En mi caso es la tercera vez que presento y acompaño a Espido Freire en una de sus intervenciones, y de nuevo fui testigo de su asombrosa capacidad para disertar de un tema con fluidez, profundidad y lucidez –todo sin un papel de apoyo–, y de su agilidad mental para contestar a las preguntas del respetable con las mismas cualidades.
La charla impartida se titulaba shakespearianamente “El pasado es un prólogo: la literatura como elemento transformador”. Empezó manifestando su preocupación por la deriva social tomada en los últimos años que tiende a adulterar el sistema informativo con noticias falsas, ruido, manipulación, o el ahogo de la opinión autorizada bajo las múltiples opiniones improvisadas. El resultado es un clima intelectual infantilizado, en el que la distracción fácil prima sobre una percepción fiable de la realidad.
En el ámbito literario este clima se manifiesta en la creciente simplificación de los productos que se ofrecen; las editoriales (se entiende que las comerciales a gran escala) urgen a sus autores señeros a que sean rápidos e inteligentes, pero no lúcidos; y prevalece un mal entendido principio de que la literatura es para todos (lo que no es lo mismo que afirmar que todos tienen derecho a ella). Para Espido, sin embargo, la literatura no es algo fácil, requiere preparación, estudio, conocimientos… y su dificultad es lo que permite que perdure en el tiempo. “Lo que no damos, se pudre, se pierde”, afirmo clarividente, para enfatizar la voluntad firme de transmitir mensajes que valgan la pena, aplicable no solo a los autores de renombre.
Así pues, el escritor debe asumir esa misión de transformar la realidad y de ser un referente para la sociedad, aunque en ocasiones genere realidades incómodas con su literatura. Por otro lado, es preciso que esta sociedad esté bien educada para captar y apreciar mensajes complejos, expresados mediante recursos estilísticos y lógicos de cierta elaboración. Considera un fracaso en el planteamiento educativo cuando se orienta a los jóvenes prioritariamente hacia dimensiones productivas, recortando sus posibilidades de formarse como buenos lectores. Alcanzar una aceptable comprensión lectora, aclaró, no equivale a ser capaces de entender literatura. Para que esta labor formativa prospere, es necesario que los docentes transmitan con pasión su amor por las letras, que contagien su entusiasmo, pero a menudo el clima laboral no se lo facilita, pues se hallan abrumados por el papeleo y los trámites burocráticos.
La sesión se alargó con preguntas de los asistentes, y, sin darnos cuenta, el reloj había marcado hora y media desde el inicio. En este tiempo Gonzalo Capellán, flamante presidente de La Rioja, reveló a la prensa su nuevo equipo de gobierno, así que ni un solo periodista despistado apareció por San Millán. Pero, a los afortunados que allí estuvimos, Espido Freire nos volvió a tocar el alma.
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Con Espido y las responsables de Lenguajes del alma (foto C. Fidalgo) |
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