Con el permiso de su autor, transcribo reseña de este libro de relatos aparecida en Fábula, 36.
Soñar en serio, de Enrique Álvarez
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Ed. Valnera, 2004 |
Lo
primero que se lee de un libro es su portada. En Soñar en serio vemos un primer plano del
Isaac de Caravaggio gritando a pleno pulmón —de impotencia, de incomprensión,
acaso de indignación— mientras su padre Abraham está a punto de degollarle
frente a una oveja que pasta en fondo gris con elegante indiferencia. La imagen
remite a uno de los dieciséis cuentos del libro, “La barbacoa”, actualización
de la historia bíblica, pero también nos aporta una certera aproximación al
tono que nos vamos a encontrar en estos relatos inquietantes, aparentemente
realistas, poblados de seres desquiciados que protagonizan tramas bien urdidas,
narradas con estilo transparente y lenguaje preciso. En la mayoría de los
relatos, un personaje que ha sucumbido mental o moralmente ante la presión
insoportable de su vida irrumpe en la placidez existencial de otro, el narrador
o el focalizador de la historia, amenazando así su existencia acomodada y
desatando consecuencias imprevisibles, no siempre explícitas.
Juan Manuel de Prada, que recientemente ha dedicado
toda una columna del semanal XL a este libro, adscribe a Álvarez en su misma
categoría, la de “escritor católico”. Además del estatus de rara avis en el panorama literario
español, me pregunto qué implica hoy ostentar este marbete. Ciertamente, la fe
cristiana y la gracia son elementos temáticos del entramado de muchos relatos,
pero no de un modo didáctico o edificante. Si bien los sacerdotes abundan más
de lo habitual entre sus personajes –como declaró en una entrevista, le “atrae
lo sagrado”— estos suelen mostrarse infelices, secularizados o abiertamente
indignos. Al igual que en su obra anterior, Garabandal, La risa de la Virgen, nos encontramos ante
cierto desarrollo del principio clásico de “corruptio optima, pesima”, la degradación de quien
debiera ser digno es catastrófica.
Quizá, pues, lo que diferencia al escritor católico
contemporáneo es su rechazo de la inanidad, de la insoportable levedad del ser,
y su conciencia de la trascendencia del drama humano que cada uno representamos
en esta vida. Así, las decisiones personales, los errores no detectados y no
expiados, la corrupción personal ante el atractivo del mal, repercuten en
nuestras vidas y en las de nuestros semejantes, y acaso en toda una eternidad.
Las delicadas cuestiones morales que un escritor católico analiza y desmenuza
encierran una insufrible radicalidad de fondo, aunque se planteen –como es el
caso— con serenidad, innuendo y elipsis.
Mi selección personal incluiría el primer cuento,
“Ángel en peligro”, en el que un psiquiatra se obsesiona con una paciente de aspecto
angelical y llega a traspasar los límites de la profesionalidad; “Tres palabras
de más”, sobre un periodista que afronta las consecuencias de no haber sido
totalmente prudente ante su jefe; y “Un día y veinte años”, un relato dialogado
que viene a arrojar luz, de un modo ingenioso, sobre otro aparecido
anteriormente en el libro. También destacaría “Los ojos”, que viene a retomar
una temática ya tratada en libros de relatos anteriores (El trino del diablo, por ejemplo), donde lo
que ha destrozado al personaje-perdedor es precisamente la intolerable
conciencia de ser un genio.
Luis Mateo Díez da una definición precisa en el
prólogo: “Lo que Enrique Álvarez cuenta es siempre arriesgado, y el riesgo
contiene la conmoción con que se puede leer, un riesgo que destila de la
contingencia y las contradicciones en que el corazón humano se debate”. Por
estos y otros motivos califica a Álvarez de “peligroso”. Sin duda, un narrador
capaz de atraparte desde las primeras frases de cada relato y de mantenerte sin
aliento hasta un desenlace a menudo inquietante es un peligro para nuestra
complacencia.
Miguel
Canterac
El tema del genio autodestructivo es uno de los que destacan también en "El rostro oculto", novela del mismo autor que, si es tan buena como la recuerdo, merecería una reedición...
ResponderEliminarPara quien le interese, estoy tratando arrancar un grupo en Goodreads sobre Literatura Cristiana. Tomo nota de este libro y este blog para leer y tomar ideas (por supuesto citando). A todo el que le interese el tema le animo a participar.
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