Con ocasión de la
oscarizada película “Doce años de esclavitud”, reproduzco el fragmento de un documento histórico recientemente
descubierto. Es la transcripción de una intervención en el Congreso de los EEUU
pronunciada el 9 de marzo de 1807 por un representante del estado sudista de
Georgia, Alfred P. Rubslave, a propósito de un proyecto de reforma de la Ley de
Esclavitud (conocida oficialmente como Ley de Interrupción Involuntaria de la
Libertad de Individuos de Razas Inferiores, o LIILIRI).
A propósito de mi entrada de la semana pasada , no puedo reprimir el impulso de reproducir el principio de la escena de Solo yo me salvo en la que el anciano Malaquías Winkle, quien ha vivido recluido en las últimas décadas de un futuro no muy lejano, visita una escuela. NOTA: Puede haber alguna expresión lingüística que el hablante de castellano de 2019 aún no domina. Se ruega, pues, paciencia. —A tent@s a lo que viene. Caperucita Progresista se acercaba a casa de su abuelita, una ciudadana cronoavanzada pero en pleno dominio de sus facultades y consciente de sus derechos y obligaciones como ciudadana de una república tolerante, cuando se le acercó el lobo interesándose por los contenidos de su multitáper. Su pregunta no podía en absoluto ser catalogada como indebida ingerencia en las opciones libres de adquisición, sino más bien justificada por la indigencia de un animal marginal infraalimentado, inse...
Tal vez sería bueno citar la fuente original para tener más fuerza en la razón histórica.
ResponderEliminarLos derechos de los sucesores de Alfred P. Rubslave hacen de la cita de fuentes una cuestión delicada. Por cierto, ¿qué tal va el argumento ontológico?
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