MIENTRAS EL
PERSONAJE SE ACLARA
El título de mi
intervención en el taller el 14 de mayo era otro juego verbal con el calambur
que utilicé en mi segunda novela (qué os voy a contar que no sepáis de ella).
Pero tampoco es que hablara mucho de “mi libro”, que se dice. En la charla
abordé diferentes cuestiones del análisis del personaje literario: las tres
definiciones más aceptadas; las tres fuentes textuales de información sobre el
personaje; los métodos textuales de definición directa, presentación indirecta
(acciones, palabras, apariencia, etc.) y refuerzo por analogía (nombres,
colores, ambientes, etc.); los diferentes tipos de rasgos que se pueden inferir
de los métodos anteriores (de ser, de actuar, de relación, de ideología, etc.);
y, finalmente, una tipología del personaje con relieve, del personaje que nos
parece cercano, que se desdobla en ocho categorías (complejo, contradictorio,
dinámico, etc.).
Para concretar lo
anterior, analizamos algún ejemplo literario, e incluso jugamos a un par de
juegos con la ayuda de algunos voluntarios de entre los participantes. Estos
juegos (adivinar a qué se dedicaban los misteriosos voluntarios y alguna faceta
ignota de su vida) tenían como objetivo ilustrar que el escritor que se plantea
crear personajes literarios memorables tiene que ser, entre otras cosas,
observador, incluso curioso, en la vida cotidiana.
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by CVF |
Glosé un poco el
siguiente diagrama, que ilustra simplificadamente el mágico proceso literario
por el cual un autor del siglo XVII puede escribir una ficción sobre un
personaje femenino (Rosalinda) inspirado en una mujer conocida (Eudivigis), y los
rasgos textuales que le atribuye en la obra pueden inspirar, en el curso de las
diferentes generaciones de lectores, infinitas re-creaciones por parte de cada
lector, que en este proceso pone en juego su memoria, su experiencia, sus
lecturas… y también las personas de su entorno que conoce. Así, la Eudivigis
del siglo XVII que inspiró el relato, y la mujer del siglo XXI (Vanessa) que
nuestro lector contemporáneo asemeja a Rosalinda, aunque jamás han tenido
relación alguna, son términos de esta especial vinculación literaria.
Como comentario
marginal apunté que este fenómeno, cuando el autor vive y escribe en pequeñas
ciudades, puede resultar peligroso: como cada lector es libre de hacer sus
asociaciones, muchos pueden imaginarse que ciertas personas, o incluso ellos
mismos, han sido objeto de retrato en la ficción. Con mi Calle Menor (Sial, 2004) experimenté tales riesgos.
Ambientada en un contexto universitario y cultural de pequeña capital, en
seguida me surgieron candidatos para modelos de los personajes, algunos con
pretensiones anacrónicas o incoherentes. Personas del ámbito literario local me
retiraron el saludo, en el seno de mi universidad hubo quienes la leyeron con la
idea de encontrar compañeros representados, y pronto me vinieron a ver
diferentes candidatas que creían haberse visto retratadas en mi protagonista,
la inocente Oria. Yo fui el principal sorprendido por esta autonomía de la
imaginación lectora. Por el contrario, reivindico que el autor tiene que
disponer de una libertad absoluta para crear personajes como desee, a menudo
sin saber siquiera de dónde ha obtenido su material.
AHORA TE TOCA A TI
La sesión de Rocío
Arana, celebrada el 21 de mayo, consistió en comentar los relatos de los
alumnos del taller que voluntariamente había enviado previamente sus trabajos.
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Foto: Ascen Jiménez |
Arana destacó el alto número de temas truculentos tratados en los
relatos –prostitución, suicidios, canibalismo…–, y advirtió de la
necesidad de construir relatos equilibrados en su tono, en los que haya “sol y sombra”. También
evidenció la necesidad de cuidar la lengua, tanto en el nivel semántico –no
excederse en el uso de coloquialismos y cuidar la adjetivación–, como en el
ortográfico –acentuación y puntuación.
En los textos comentadoss encontramos autores capaces de crear inicios
sugerentes que despiertan el interés del lector, personajes bien definidos,
finales abiertos, golpes de humor, distintos registros de habla, imágenes
plásticas, atmósferas bien creadas, etc. En conclusión, todo un abanico del
buen hacer que habla de escritores con mucho que contar.
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