ANALIZANDO EL PRESENTE, PREVIENDO EL FUTURO
Gonzalo Martínez Camino
(Universidad de Cantabria)

Todo
esto se encuentra subordinado a la enorme capacidad del autor para la
observación y disección, a veces amable, como en Mientras ella sea clara, a
veces despiadada como en Calle Menor, no de lo normal, sino de los monstruos
que engendra el sueño humano de normalidad, de lo que, con el sociólogo
norteamericano Harold Garfinkel, podríamos denominar los métodos o prácticas
para construir cauces colectivos que normalicen nuestras conductas. Villar Flor
es un agudo observador de las distintas formas de irracionalidad y mezquindad
que se esconden en los métodos a través de los cuales sus personajes se
esfuerzan en ser «tribu» y sus narraciones buscan darle la vuelta como si
fueran un calcetín.
La
novella que da título al libro comienza cuando el nonagenario monje Malaquías
Winkle se despierta en una casa que no conoce ante el espectáculo de la «bestia
con cuatro piernas enredadas». Las cuatro piernas son las de una pareja de
personajes que le acogen en su casa mientras el estado decide qué va a hacer
con esta persona a la que no se le ha aplicado la preceptiva eutanasia al
cumplir los setenta y un años, edad a la que un Comité Nacional de Bioética
“formado por científic@s, premios planeta y lo mejorcito del mundo del
espectáculo” ha decido que las personas dejan de aportar a la sociedad para
convertirse en cargas. La narración abarca el lapso que es necesario para que
el gobierno de la III República Española decida cómo afrontar esta situación.
Durante el mismo, el autor aprovecha la relación entre el protagonista y sus
«anfitriones» para pasar revista a distintos aspectos de esa futura sociedad
española y sus instituciones: su sistema educativo, su sistema de justicia, su
tecnología, sus religiones, sus cosmovisión, etc. El lector podrá, en
consecuencia, disfrutar de una distopía o utopía negativa. La base de la misma
es la proyección que Villar Flor hace de ciertos rasgos negativos de nuestro presente hacía un futuro
posible.
En
este sentido, Solo yo me salvo emparenta con algunas obras maestras del siglo
XX: 1984, Un mundo feliz, Fahrenheit 451, etc., pero haciendo una aportación
que no es pequeña, su humor satírico; este la diferencia de todas estas obras y
la enraíza en la visión desengañada del mundo tan propia, desde el Lazarillo,
de la tradición cultural española. Esta imagen inicial de “cuatro piernas
enredadas en una cama y nadie sabe de quién es cual”, que Villar Flor toma de
C.S. Lewis, puede ayudarnos a comprender en qué consiste la naturaleza de su
sátira: buscar el revés de lo cotidiano, buscar los monstruos que se esconden
tras los esfuerzos humanos por construir lo ordinario. El monje Malaquías es el
«instrumento» retórico que utiliza para poder observar, desde la distancia del
forastero, los modos de hacer de una cultura occidental y cristiana que antes
era la suya, pero que ha evolucionado hasta hacerse irreconocible. En este
sentido, la incomprensión y el anonadamiento que producen en él la visión de
esta escena inicial es sintomática de la perplejidad con la que se va a
enfrentar a este nuevo mundo.
Lo
que para los miembros de esa cultura es perfectamente lógico, no deja de estar
plagado de contradicciones y absurdos, las de una sociedad que es tan tolerante
que no puede tolerar nada que no responda a su propia ideología, pues
resultaría aceptar una rebaja en los estándares éticos, excepto, por mor del
multiculturalismo tolerante, la propia intolerancia de un islamismo radical y
militante. Ahí es donde el autor inca su «bisturí» satírico y nos permite a
nosotros, los lectores, reírnos con cosas que, en el fondo, serían capaces de
hacernos llorar. No obstante, no debemos engañarnos, esta obra no pretende ser
un efímero «escarnio» de un efímero obnubilamiento ideológico en el que la
sociedad española habría caído momentáneamente durante unos años. La conversión
del sistema judicial en un espectáculo mediático, la permisividad de comportamientos
tiránicos en niños y adolescentes por el miedo a que los adultos se comporten
de forma tiránica con ellos, el planteamiento de la eutanasia como solución a
los desafíos demográficos son problemas que van más allá del propio
zapaterismo, o dicho de otra manera, el zapaterismo no deja de ser una
plasmación epifenoménica de lo que Daniel Bell llamó las contradicciones
culturales del capitalismo, propias de una sociedad del espectáculo (Debord)
que se adentra en la era del vacío (Lypovetsky). En este sentido, creemos que
la sátira de Villar Flor cumple el papel de desvelarnos este inconsciente
político que anida tras el «marketing electoral» de las ocurrencias
zapateriles.
El etnolingüista británico Philip Riley
comenta que la globalización produce el curioso efecto de que en muchos lugares
la «extranjería» sea la forma de identidad predominante y que lo extraño sea lo
«local», lo arraigado. El inconsciente político que, a mi juicio, permite la
peripecia narrativa de “Menores acompañados”, “El convite de Brian”, y yo
añadiría el “No estamos en Irak (nadie se salva)”, es el de la anomia
(post)moderna: la ausencia de normas culturales que permita al sujeto la
percepción de una matriz social en la que reconocer una identidad colectiva y
construir una identidad individual. A mi juicio, es la incapacidad de una
cultura para ofrecer una explicación o sentido transcendentes de la existencia
la que conduce a esta situación de anomia. La trama de “Noche zamorana” se
estructura sobre la base de esta necesidad existencial que nuestra cultura es
incapaz de satisfacer. De la anomia y de la «intranscendencia» propias de
nuestra cultura, brota la incomunicación y la perplejidad que son el humus del
que brota la narración de “La ballena de Jonás”.
Creo
que estos rasgos de nuestra cultura son las claves que nos permiten comprender
el ejercicio satírico que Villar Flor lleva a cabo en la distopía Solo yo me
salvo: anomia, desestructuración cultural, desorientación moral y ética e
incomunicación. ¿Dónde está la salvación? En la colección hay lugar para el
optimismo. Nos la ofrecen los relatos sobre la sorprendente conducta de
Bonifacio. Cuanto más sorprendente nos resulte más cerca estaremos del mundo
que tan extraño le resulta a Malaquías Winkle.
En Fábula, 32, pp. 82-84.