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viernes, 20 de enero de 2012

HA MUERTO CARLOS PUJOL


El lunes 16 de enero de 2012, Carlos Pujol falleció de un derrame cerebral, y nos dejó a los 75 años de edad, con la discreción con la que vivió. Autor de unos sesenta libros, entre poemarios, ensayos, traducciones y narrativa, Carlos Pujol es un caso difícil de encontrar en la república de las letras. Un amante fiel de la literatura, quien, a pesar de hallarse en el corazón del Planeta (el grupo, la editorial, el premio…), no aprovechó su influencia para figurar o medrar; al contrario, permaneció en un discreto segundo plano, dedicado a la lectura y la escritura, la familia y los amigos. No le interesaba el mundanal ruido, pues acalla la verdadera música; no en vano, “se escribe para oír la música de dentro”, como afirma en sus valiosos Cuadernos de escritura (2009).
Foto del acto del 16/11/11, por A.Invernon

Como saben los lectores de este blog, Carlos Pujol presentó mi novela Mientras ella sea clara en Barcelona, el 16 de noviembre de 2011, junto a Manolo Estévez-Saá. Creo que ya entonces se encontraba bastante mal. Inicialmente había aceptado mi invitación a cenar juntos a la salida, pero el día antes me pidió que le excusara: no estaba en condiciones de trasnochar, siquiera moderadamente. Solo una vez al año, el día de la entrega del Planeta, me explicó, y por obligación. Durante el acto leyó con su voz grave el comentario que había preparado, profundo y esmerado (que algún día colgaré en estas paginas), y, solo cuando se le interpeló, respondió alguna pregunta de los que había acudido para oír al maestro.
            Hace unos diez años que empecé a mantener con Carlos una comunicación epistolar y telefónica (no tenía email ni nada parecido). Sobre todo nos unía, creo yo, nuestro amor por la literatura inglesa, y en concreto por la obra de Evelyn Waugh. Sin embargo, no nos habíamos visto en persona hasta ese 16 de noviembre, en la librería Alibri. Como tal encuentro resultó demasiado breve, me invitó a su casa dos días después. Durante un par de horas charlamos de literatura y vida, de mi paisano Pereda (que había devorado de adolescente), de su menosprecio por el Ulises joyceano y la corriente de “literatura del aburrimiento”, de la evasión de la época contemporánea en sus novelas, de la obra de amigos comunes, etc., y me regaló y dedicó Cuadernos de escritura y Los días frágiles. Al despedirme le animé a visitar Logroño, donde solo había estado una vez. Sonrió con levísima sorna, acaso premonitoria, y musitó: “Ya veremos”.
      Sirvan estas líneas para rendir homenaje a un hombre noble y maestro de escritores. Su último libro, publicado hace tan solo unos meses (del que cedió un anticipo para Fábula 28), se titula El corazón de Dios. Espero que también haya sido una premonición .


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