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domingo, 14 de enero de 2018

El mejor superlativo de su generación

Esta semana vi un gran cartel en la entrada de una librería anunciando "La novela más hermosa que se ha escrito en La Rioja". Me recordó un editorial que escribí hace varios años para Fábula, que ahora rescato aquí.


EL MEJOR SUPERLATIVO DE SU GENERACIÓN

En ocasiones leemos en cierta crítica literaria frases en las que el crítico en cuestión, haciendo gala de vasta sabiduría y destreza con el Google, sentencia sobre un determinado escritor en los siguiente términos: “Fulano es sin duda el mejor novelista (/poeta/ dramaturgo/ cuentista/ estudioso de X/ etc.) de su generación (/del momento/ del país/ de su ciudad/ etc.)” Así, sin paliativos. Y se queda tan ancho.

            Pues bien, analicemos la frase.
            Que yo afirme, por ejemplo, que Fulano es, siquiera en el entorno de su pueblo, el mejor poeta de su generación con una mínima pretensión de rigor implicaría haber cumplido varios requisitos previos. Para empezar, que yo haya realizado una completa búsqueda de todos los poetas susceptibles de inclusión en el colectivo circunscrito. Después, que haya leído absolutamente todo lo que han escrito estos. Y, tras esta lectura exhaustiva, que yo haya analizado con detenimiento y sin parcialidad ese corpus. Por último, autorizado por mis amplios conocimientos de teoría, historia y crítica literarias, mi análisis comparativo me coloca en situación de poder afirmar, siempre según mi subjetivo y acaso falible criterio, que Fulano me parece el mejor de todos los poetas de su pueblo que he podido localizar.
            Algo similar sucede cuando en la vida cotidiana Mengano afirma que “Zutano habla doce idiomas a la perfección”. Para que tal juicio sea válido, sobre todo el matiz de grado, Mengano tendría que conocer esos doce idiomas hasta un nivel cercano al de la perfección que atribuye a su admirado Zutano. De lo contrario, la frase carecería del más mínimo valor testimonial.
            Pero, volviendo a lo literario, huelga decir que, en la mayoría de los casos, el crítico que enarbola el superlativo no suele cumplir todos los requisitos arriba expuestos. Si lo hiciera, no podría humanamente escribir una reseña superlativa cada semana. El rigor es algo pasado de moda, y, total, nadie se va a dar cuenta de la diferencia. Además, cuando se trata de elogiar, es mejor pasarse de largo que de corto. Se saca más.
            Una variante de este fenómeno se produce en las antologías, esas injusticias necesarias. Cuando el antólogo afirma que “estos quince autores son los más representativos de su generación” es posible que no siempre se haya molestado en realizar un exhaustivo trabajo de campo entre otros posibles candidatos a la selección. En ocasiones preferiríamos que el antólogo expiara la inevitable injusticia a golpe de sinceridad: “Estos quince autores son los más colegas míos/ los que luego me van a antologar a mí/ los que me van a invitar a sus montajillos/ los que mejor apadrinados están/ etc.”
Tamaña sinceridad –cuando fuera el caso– evitaría malentendidos y ciertamente haría de la república de las letras un lugar bastante más ameno, al tiempo que, probablemente, no restaría un ápice de mérito a los antologados.


 


 

domingo, 7 de enero de 2018

La república de los Reyes Magos


Ayer los enigmáticos microorganismos que operan dentro de Facebook me sugirieron re-publicar (en plena fiesta monárquica) una entrada colgada en otro 6 de enero, hace dos años. La entrada a su vez remite a este blog, a un microrrelato sobre la inexorable epifanía (o revelación) que sufre todo infante español al que se le revela que sus queridos Melchor y cía. no son los auténticos donantes de presentes. Quienes nos hemos criado dentro de esta tradición hemos sufrido en mayor o menor medida tal desilusión, que marca el principio del fin de la inocencia. Pues bien, a veces me pregunto si esta bienintencionada parafernalia que los padres construimos en torno a la fiesta cristiana de la Epifanía no andará un tanto descaminada.
Es cierto que en los años en que dura el dulce engaño los niños se emocionan con las cabalgatas, con el turrón de los camellos, con la magia de que unos barbudos extranjeros te inunden de regalos porque sí. También es verdad que la desilusión referida no suele resultar demasiado traumática, toda vez que las desconsoladas criaturas entienden que, a partir de ahora, seguirán recibiendo regalos cada 6 de enero, ya a las claras con cargo a la visa parental. Pero me pregunto si, tal como vivimos esta entrañable tradición, no estará sembrando semillas oscuras para el futuro de los hijos.
Para empezar, el mismo planteamiento de la fiesta. El broche final de las navidades no consiste en salir a compartir lo nuestro con quien no tiene, o en apoyar a quienes necesiten nuestra ayuda; no, el niño aprende desde que tiene recuerdos que el 6 de enero tiene derecho a recibir su acostumbrado cargamento de juguetes, tanto en la casa propia como en la de los yayos, los tíos y algún amigo cercano de la familia. El fundamento es el mismo que el del anuncio de Loreal: porque yo lo valgo. Así, construimos una estupenda escuela de consumismo y egoísmo envueltos en puro amor.
En segundo lugar, la semilla del desengaño con la autoridad paterna. Al llegar el momento de la referida revelación, el niño es consciente, aguda y amargamente, de que sus padres han venido alimentando una falsedad –por muy dulce que haya resultado– durante varios años. A partir de ahora, nada será igual. Lo de que si comes muchas golosinas te saldrán lombrices ya no empieza a colar como antes, y quizá pronto tampoco colará lo de si no estudias no serás nadie en la vida, o lo de si bebes no conduzcas, o lo de no te metas substancias desconocidas porque te autodestruirás. Ha empezado la sombra de la sospecha, que tanto fructificará en la adolescencia.

En tercer lugar incluiría la semilla de la incredulidad religiosa. Este primer gran chasco, en torno o poco después de la primera comunión (evento memorable que, para los padres modernos, implica que ya no tienen que volver a misa los domingos) puede llevar a que el niño empiece a pensar que quizá tampoco hubo mula ni buey, luego que tampoco nació el Niño en Belén, y así hasta pensar, como me dijo una inteligente alumna de veintiún años, que “el cristianismo es imposible porque una paloma no puede inseminar a una mujer”.
En definitiva, cuando algunos ayuntamientos bienpensantes hacen lo posible para cargarse la tradición de los Reyes Magos, igual los cristianos tampoco deberíamos alarmarnos tanto.

domingo, 24 de diciembre de 2017

FELIZ... LO QUE SEA

En estos días todos estaremos recibiendo inifinidad de felicitaciones, en persona, por email, por carta (a extinguir) o por whatssap. Algunos se limitan a mandar una imagen, sea piadosa o paisajística, a sus numerosos contactos del móvil. El problema es que no siempre es fácil saber qué nos están deseando los respectivos interlocutores colmados de buena intención. Mi empresa hace tiempo que no felicita la Navidad, sino el Año Nuevo. Otros se limitan a felicitar unas fiestas indefinidas, algunos acaso mencionan el solsticio de invierno (incongruentemente, pues nunca cae en 25 dic, sino entre el 20 y 22), y otros se limitan a desearnos que "lo pasemos bien" o "lo mejor posible". Hay colegios que, poco después de celebrar el halloween a todo trapo, mantienen una rigurosa asepsia de símbolos navideños ante las "vacaciones de invierno", esgrimiendo el principio de neutralidad religiosa y de solidaridad con otras sensibilidades.

Es cierto que la Navidad inculturizó una fiesta anterior pre-cristiana, pero también que en occidente llevamos muchos siglos celebrándola como la venida de alguien que cambió la Historia. La alegría que se nos desea proviene de creer en una providencia que nos acompaña en nuestro caminar por este valle de lágrimas. El sentimentalismo dickensiano y el consumismo (también inglés, pero del Corte), que acompañan a la fiesta son corruptelas mucho más recientes.

La Navidad es parte de nuestra herencia cultural, y avergonzarse de ella es avergonzarse de nuestra identidad. Y eso, creo yo, debe de conllevar algún descalabro personal y social.

En fin, dicho esto, me dispongo a compartir con mis amigos, lectores y voyeurs mi felicitación navideña de este año. Ya advertí de que estos días iba a ser un poco monotemático...



¡Feliz Navidad y un 2018 repleto de buenas noticias!


domingo, 17 de diciembre de 2017

Presentaciones "Descubre por qué te mato"



Semana de presentaciones en mis dos tierrucas, Logroño y Santander, jueves y viernes respectivamente, en sendas librerías de referencia —­Santos Ochoa y Estvdio­— con un amigo en cada estrado conduciendo sendas conversaciones, que acabaron puntuales a las 20:30, a tiempo para que los asistentes acudieran a sus cenas de empresa (o de solaz).
  
Es destacable el acierto del formato. Me he dado cuenta de que con dos en la mesa es suficiente. Aún recuerdo presentaciones pasadas con cuatro intervinientes en las que, cuando me llegaba el turno, hasta yo tenía ganas de terminar. En cambio, tengo la impresión de que estas dos sesiones funcionaron muy bien y resultaron amenas. A esto contribuyó, por supuesto, el buen hacer de mis dos presentadores. Carlos Santamaría es un profesional de la comunicación como la copa de un pino, y consiguió guiar con soltura la conversación por los derroteros oportunos, y tirarme de la lengua en más de una ocasión. Manolo Pérez, profesor y novelista, incidió en cuestiones textuales e intertextuales, y me empujó a hablar de la novela con un entusiasmo que hasta a mí me sorprendió. 
            En la presentación del jueves conseguí una meta sin precedentes: agoté las existencias. Ahora bien, si me prometéis que no sale de aquí, os confesaré que estas no eran muy abundantes. Quedémonos, pues, con el titular.
(La fase de firmas de ejemplares me inspira otra observación que añadir a los síntomas del novelista en post-parto, pero lo dejo para más adelante). 
            También debo destacar la estupenda cobertura informativa en periódicos y televisiones locales. Las respectivas entrevistas en sendas cabeceras de región, La Rioja y El Diario Montañés, son de lo mejorcito en su género que recuerdo haber experimentado en mis carnes. Vinculo a continuación  la primera y la entrevista en RTVE:


RTVE (Cantabria) 28/12/2017






domingo, 10 de diciembre de 2017

Confesiones de un autor en postparto



En Santander será el viernes 15, a las 19:30, en la Librería Estvdio

Me vais a perdonar que esta semana entrante sea un tanto monotemático. En efecto, el jueves 14 y viernes 15 presento mi última novela, Descubre por qué te mato, y, como buen parto, provoca todo tipo de complicaciones psicosomáticas al parturiento.

Algo similar me sobrevino en el pasado, en torno a las presentaciones de mis cuatro anteriores libros de narrativa, en 1999, 2004, 2011 y 2012, aunque reconozco que ahora la intensidad es menor, quizá como consecuencia de la edad, o de que las ínfulas estén más domesticadas.

Uno de los síntomas es la polarización de atención. Por suerte o por desgracia, la vida no me permite una exclusividad total ­–ni siquiera altamente parcial– en lo tocante a mis creaciones literarias, pero es cierto que el tiempo que me deja permanece bastante absorbido por ellas. 

Así, te entra un deseo algo obsesivo de que el libro se conozca, que se hable de él, que acuda gente a las presentaciones, que los medios no lo ignoren, que esté a la vista, etcétera. Si algún moralista (aunque sea de pacotilla) me está leyendo, declaro que no creo que se trate de un arranque de feo orgullo (y eso que ahora el orgullo es digno de fastos), y quizá tampoco de malsana vanidad, sino acaso de esa vanidad inofensiva de la radiante madre que enseña a su bebé neonato ante la mirada ambigua de vecinos y amistades.
Estas alteraciones a las que me refiero me afectan con los libros de narrativa, pero apenas con los académicos, las traducciones o la poesía. De hecho, mi último libro fue un poemario, Nada personal, ante el que me propuse, algo cansado, apenas mover un dedo para promocionarlo, con la excepción de un par de actos en la cuasi intimidad. Pero tal dejación de responsabilidad en el editor tampoco me contentó. Cada libro es, en cierto sentido, un hijo, y a mi conciencia paternal en el fondo le pesa haber dejado de ejercer la paternidad con uno de sus vástagos. Quizá sea por eso, para aliviar esa mala conciencia, que voy colgando poco a poco poemas “nada personales” en este blog.

En fin, aunque repito que esta afección postparto me aparece menos aguda que en el pasado, no conviene despreciarla. Y además del tratamiento farmacológico (sea cual sea el equivalente del símil), requiere para su curación del cariño y atención de los allegados. Cada vez veo más claro que, cuando un autor pide que le acompañen en el bautizo de su criatura, no lo hace tanto para vender (¿quién se lucra con el mísero 10% del PVP, si es que llega?); lo que necesita es el calor de su gente para superar el trance. Y, por supuesto, sospechará del amigo que se ausente sin al menos aportar una buena excusa.


domingo, 3 de diciembre de 2017

FÁBULA 41, CUENTA ATRÁS

Quedan dos días para la presentación de Fábula 41. Este es el cartel anunciador del feliz evento.




Aporto una semblanza de Teodoro Rubio, para que os vaya sonando:



Teodoro Rubio Martín (Peñaranda de Duero, 1958) es doctor en Filología Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis sobre Gerardo Diego. Ha publicado varios poemarios, entre los que destacan Arañando tu niebla, Fría desnudez del calendario, Tu mano todo el día, La memoria se cuelga en los balcones,  o Ascender muchas noches. Entre sus libros en prosa destacan Una aventura con vosotros, Gerardo Diego y el Pensamiento religioso, y La obra religiosa de Gerardo Diego: Verso y Prosa.

Profesor durante el curso escolar, realiza proyectos solidarios durante el verano, como Presidente de la ONG Comunidad de Ayuda a Niños De América del Sur. Es miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, y miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros (Ávila).

Ha escrito varias antologías, una de ellas como coordinador del Grupo de investigación PRECU de una Universidad de Guayaquil (Ecuador). Algunos de sus libros se han traducido al árabe, al italiano y al portugués. Bastantes de sus poemas se han traducido al sueco, al inglés y al warao.

El evento promete ser memorable. No te lo pierdas (sin una razón de peso...)