SALUDOS, LECTORES...

SALUDOS, AMIGOS, LECTORES Y VOYEURS, Y BIENVENIDOS A ESTE BLOG.


SI QUIERES ECHAR UN VISTAZO A MIS LIBROS, HAZ CLIC AQUÍ,

O VISITA MI PÁGINA WEB: www.carlosvillarflor.com


domingo, 18 de agosto de 2019

No tenemos tiempo para los demás


Es difícil seleccionar mis pasajes preferidos de mis propios escritos. Quizá sea una tarea que en ningún momento haya que hacer, como mostrar preferencias entre los propios hijos. Sin embargo, no es tan grave si lo hacen otros. No hace mucho una atenta lectora seleccionó su pasaje favorito de Descubre por qué te mato. Yo no digo que sea el mío, ni que no lo sea:


Aunque, bien pensado, quizá Arcadio tuviera su punto de razón. Quizá pasamos por esta vida demasiado absortos en nuestras cosas, en nuestro porvenir, en nuestro éxito o supervivencia, nuestro amor o nuestro placer… Incluso nuestros problemillas. Lo importante es que sean nuestros, para que podamos ocupar la mente en ellos impune y justificadamente. Y cada día, cada minuto tal vez, nos cruzamos con personas desesperadas que han perdido el norte de su vida, o que no han podido resistir el peso del sufrimiento y han quedado vulneradas para siempre, acaso incluso desquiciadas. Personas que podrían sanar, o al menos consolarse, con una pizca de atención, una sonrisa, algo de interés por nuestra parte. Pero no se lo damos. No, porque tenemos prisa, porque no tenemos tiempo que perder, porque nos acucian otras prioridades, nuestras prioridades. ¿Y si Arcadio fuera uno de esos? ¿Alguien a quien yo, sin quererlo, había pisoteado en mi estampida hacia delante?

(Descubre por qué te mato,  viernes de la 3.ª semana)


Foto: Antonio Puerta 


domingo, 11 de agosto de 2019

Tertulias literarias y antologías

Ya que me adentro en el tema de las antologias literarias (ver entrada de la semana pasada), me apetece desenterrar un fragmento de mi primera novela, Calle Menor, en la que un grupo de personajes asisten a una tertulia literaria relativamente bohemia.

[COLO, UN ESTUDIANTE DE PRIMER CURSO DE HUMANIDADES CON MUCHAS GANAS DE MEDRAR, ACUDE POR VEZ PRIMERA CON DOS COMPAÑEROS A UNA TERTULIA LITERARIA LIDERADA POR ONOFRE ZAMANILLO, POETA Y EDITOR LOCAL]

–Pues sí, queridos, os repito que tenéis la fortuna de palpar esta primicia que acaba de salir de imprenta, y que, como os digo, pretende ser un espacio horizontal donde se rescate la palabra, donde se trace una ecuación diferencial entre expresión comunicativa e inmanencia, de tal modo que, como afirma Bruenesk, se reconstruya esa pirámide multifuncional que estructura diversos niveles de interpretación y entre ellos se establezca una interdependencia no exenta de función performativa, según el concepto de Pierce. O por decirlo de otra manera, las palabras del poeta son ya actos, como declaró Alexander Pushkin.
Era impresionante estar ahí, pensaba Colo, y preveía que pronto se empezaría a familiarizar con algunos de los nombres intercalados aquí y allá por la vasta erudición de Onofre, llenándose de satisfacción en los pocos casos que detectaba terreno familiar, como la reciente referencia al último Bond. Aunque eventualmente su imaginación corriera el riesgo de volar por otros cielos, su vista permanecía fiel al transcurso de los razonamientos del maestro. Así, salvo alguna excusable excepción centrada en los aros voluptuosos del cigarro de Elsa, los ojos de Colo seguían los ejercicios rotatorios de muñeca de Onofre, los quebrados que dibujaba con el índice, su frotamiento de lámparas de Aladino, su donación de monedas a la plebe desde la carroza imperial, y los diversos juegos ternarios de pulgar, índice y corazón mientras sujetaban mandíbulas, simulaban disparos al aire o achinaban ojos izquierdos. Todo aquello aportaba un aura fantástica que a Colo le ayudaba a entender y degustar los placeres superiores que proporciona la cultura. Algún día, si todo marchaba como debía, también Colo hablaría así, y poseería su propio auditorio de embobados discípulos.
–En el río del acendrado panorama poético nacional desembocan los torrentes de estos jóvenes poetas que ya tienen mucho que decir de su particular visión de plenitud. Cada uno, pues, se afana por encontrar su propia voz y ofrecer al público esa personal invitación al silencio lector. El silencio es la voz del infinito, que diría Alomar. En definitiva, se trata de nuevas voces que siempre desde cada peculiar multidimensión susurran al receptor, como apunta García Montero, “aquí se habla de ti”, en ese acto fático de captatio benevolentiae. Surgir utopía y llegar a realidad, he aquí el meollo de la comunicación poética, algo que mis antologados ya han descubierto en alguna etapa de su personal itinerario creador.
Colo paseó la vista por las caras de los contertulios y comprobó una vez más el seguimiento magnético que provocaba Onofre. Advirtió que las respectivas expresiones faciales del delgaducho y del alopécico delataban además cierta expectación acompañada de un deje de impaciencia en aumento. Aunque nunca había pecado de muy curioso, le entraron ganas de adivinar el porqué. Onofre había llevado a la tertulia un volumen recién salido al mercado, una antología de poetas jóvenes que él mismo había elaborado por encargo de una editorial de prestigio. Y, de momento, se había limitado a presentar la obra con esa elocuencia tan embelesadora, pero no había leído sus contenidos ni había pasado de mano en mano el volumen.
–Y no os quepa duda de que éste es un proyecto signado por la apertura franca al autodescubrimiento de mundos interiores verbalizados, y nace con vocación de ser una brisa fresca en medio de un ambiente viciado por el comercialismo y el marketing, es una luz en la oscuridad, una ventana abierta a la belleza indeclinable. Pero, claro, no pueden estar todos los que son –añadió, con tono entre pícaro y misterioso, deteniendo su alocución para posar la vista sobre alguno de los presentes. El larguirucho se puso serio y tragó saliva. 
De nuevo se detuvo en este punto, como saboreando un estado de expectación latente. Los contertulios le miraban muy fijamente y se intercambiaban gestos entre sí. Tras unos segundos, Elsa lanzó una bocanada a lo Lauren Bacall y preguntó de modo distante y con voz grave: 
           –¿Algún conocido, Onofre?
El interpelado se sonrió alargando mucho la boca y arrugando la frente. 
         –Sí –contestó enigmático, –ya os diré–. Y siguió perorando durante unos minutos mientras Colo volvía a dejarse llevar por la imaginación hacia cumbres de un parnaso no lejano donde él aparecería como referencia obligada en futuras antologías de jóvenes promesas ya realidades. […] Al cabo de un tiempo oportuno, en control de la situación, Onofre se dispuso a revelar información privilegiada.
–¿Nombres? Bueno, bueno. Se repiten algunos de mi anterior antología, claro, pero en ésta se introducen otros novedosos e interesantes. Por ejemplo, se incluye un poema muy prometedor titulado “Raíz con brida”, de una tal Elsa Llorente. ¿La conocéis?
–Enhorabuena, Elsa –gritó el hombre de las patillas, a quien hicieron débil eco los demás–. Qué de puta madre... ¿Veis?, nuestra Elsa ya antologada...
Ella recibió la noticia con una media sonrisa y ojos cerrados, y para celebrarlo encendió otro pitillo con labios sensuales. –Gracias, Asier –contestó.
–¿Qué más tenemos por ahí? –prosiguió Onofre, como un Santa Claus de hipermercado sacando del saco chucherías para niños con verdugo–. Sí, queridos, seguro que os suena un poema de tres páginas titulado “Maletas sin fondo”, de Jacinto Coronado. Ese chico no me gusta como persona, es un auténtico vendedor de sí mismo, pero hay que reconocer que tiene talento. ¿No creéis? [… TODOS ASIENTEN, AUNQUE ANTES DE QUE LLEGARA ONOFRE HABÍAN PUESTO A CALDO AL TAL CORONADO…]. Bueno, ¿qué más nombres? Veamos. He incluido un poema titulado... –su tono recordaba al presentador de la noche de los óscars a punto de revelar la mejor película–: “Juegos de ingenio”, de Lauro Garbías!
–¡Chaaaachi! –ululó sin poderse refrenar el antologado, tensando los antebrazos en paralelo y pataleando levemente. Todas las miradas se posaron sobre él por unos instantes. Colo observó de reojo a sus dos compañeros de iniciación, que permanecían en el más sagrado mutismo, contemplándolo todo. Al cabo de un rato, por orden de colocación, parecía que le tocaría el turno al llamado Asier, pero éste pronto despejó la duda: 
–A ver si yo pa la próxima te mando algo, Onofre. Es que ya sabes que to lo que tengo lo he mandado a concursos, y estoy esperando que contesten...

[…EN ESTE PUNTO SE PRODUCE UNA DIGRESIÓN…]
–Y ahora... –intervino Pichi nerviosamente –¿seguimos hablando de la antología...?
–Me temo que no hay ninguna novedad interesante más –zanjó Onofre no sin cierta crueldad–. Luego están los de siempre, claro, […]. Pero esos ya estaban en la anterior antología, y son firmas imprescindibles para quien quiera entender la poesía joven contemporánea...
–Pero... –Pichi parecía abatido, y miraba a su maestro con la desolación del fiel Viernes a quien Crusoe, después de tantos años, vende como esclavo por cuatro duros. Pero no protestó, y su presunto reproche infinitamente matizado murió allí mismo.
–De todos modos, ya me han encargado elaborar la antología del año que viene. Estas cosas se prevén con mucho tiempo, y ya dijo Casona que vale más sembrar una cosecha nueva que llorar la que se perdió. Todo aquel que se lo merezca puede aparecer ahí. Pero no conviene dormirse en los laureles, hay que currárselo, ¿entendido, queridos? Cu-rrár-se-lo.

Calle Menor, capítulo 14

domingo, 4 de agosto de 2019

Antología de narrativa en La Rioja (cosecha 2005)

Con ocasión de un amistoso debate en el chat de la reciente Asociación Riojana de Escritores, he tenido oportunidad de volver a reflexionar sobre el fenómeno de las antologías literarias, un tema controvertido para todos los amantes de la cáscara de lo literario. Seguro que me inspirará para alguna entrada más de este blog, pero en la de hoy quisiera recordar, a propósito de un comentario sobre la ausencia de antologías de narradores riojanos, que al menos existe una de tales que data de 2005, un número especial (¡triple!) de Fábula subtitulado así: “Antología de narrativa en La Rioja”.

Los antólogos fuimos Eugenio Sáenz de Santa María y el que esto escribe. Por supuesto, toda antología es incompleta y parcial, pero al menos puedo asegurar que no nos centramos ni en nuestros amiguetes ni en posibles prestadores de favores. Al contrario, incluso invité a algunos que, si no llamaría enemigos (solo considero como tales al mundo, al demonio y a la agencia tributaria), no eran demasiado afines a mi persona. Establecimos el criterio de solicitar un texto narrativo a autores riojanos (de nacimiento o adopción) que ya tuvieran cierta trayectoria en publicaciones de este género, y extendimos bastantes redes (antes de la era de las RRSS) para localizar algunos que solo conocíamos de nombre.

En definitiva, si bien es imposible que fuéramos objetivos, sí que procuramos ser ecuánimes  y honestos con nuestro plantel de seleccionados. Así, en esta antología compartimos páginas con Begoña Abad, Javier Alonso , Rafael Azcona, Javier Bañares, Antonio de Benito , Fernando Benito , Javier Casis, Juan Carlos Chandro, Alonso Chávarri, Antonio Cillero, Tina Díaz Azcona, Marcelino Izquierdo, Javier Jiménez López , Jose María Lánder, Luis Martínez de Mingo, Francisco Páez de la Cadena, Luis Sáez Gamarra, Fernando Sáez Aldana, Bernardo Sánchez , Carmen Tejada, y Jesús Ángel Teso, todos ellos autores de valía.

Obviamente, si tuviéramos que elaborar otra antología similar 14 años después, se deberían añadir varios nombres más (Andrés Pascual aún no había irrumpido en el mercado), y quizá excluir a otros que no siguen demasiado activos. En estos tres lustros ha habido una auténtica explosión de narradores en La Rioja, quizá amparados  en la mayor accesibilidad de la autoedición, aunque a veces sea difícil separar el trigo de la paja.

Nuestra antología, ciertamente, tuvo una repercusión limitada en su momento; tampoco ahora dominamos las claves de la comunicación mediática que nos permitan reforzar la promoción de nuestras publicaciones. Pero si algún día un estudioso serio pretendiera elaborar una historia literaria honesta y documentada de la narrativa en La Rioja a principios del siglo XXI, sin duda debería tenerla en cuenta.

domingo, 28 de julio de 2019

La prima de mi Clara

"No hay nada nuevo bajo el sol", recuerda el Eclesiastés, y, en efecto, en el mercado literario también se cumple esta sentencia. No hace tanto vio la luz un libro de la célebre escritora estadounidense Mary Karr, Iluminada, editado en Errata Naturae en 2019, que utiliza una portada que al puñado de lectores que tienen la paciencia de seguirme les recordará a la de Mientras ella sea clara (2011).




Está claro que la inspiración de ambos portadistas proviene de las variaciones de un cuadro de Alex Katz. Es muy posible que los editores de Errata Naturae nunca hayan conocido el mío, pero no deja de ser curioso que utilicen una portada tan parecida para un libro de autobiografía descarnada, al igual que mi Clara adoptaba para sus confesiones a los lectores un tono de inusual sinceridad.

Otras divertidas coincidencias me han ocurrido al nivel de títulos. Así, poco después de que sacara (o me sacaran) Solo yo me salvo (2011), apareció la réplica Nadie se salva solo (2011), de la escritora y actriz Margaret Mazzantini, un buen antídoto al mensaje solipsista que proponía mi título. Cosas de la vida... literaria.


domingo, 21 de julio de 2019

Sherlock en Barcelona (II)


Los secretos de San Gervasio
AUTOR: Carlos Pujol
EDITORIAL: Menoscuarto
LUGAR Y AÑO: Palencia, 2019


UN SHERLOCK QUE ECHA SIESTA

Los secretos de San Gervasio, publicada por primera vez hace un cuarto de siglo, pertenece a esa corriente tan fecunda de pastiches o apócrifos que ha multiplicado por centenares los relatos originales de Conan Doyle, el llamado “canon holmesiano” formado por cuatro novelas y cincuenta y seis relatos protagonizados por el agudo investigador inglés.

De entre las diversas opciones que adoptan los escritores de apócrifos –algunos de los cuales se adentran en terrenos como lo gótico o la ciencia ficción– Pujol ha optado por mantener cierta apariencia inicial de continuidad con la tradición. Así, encontramos a un Watson narrador homodiegético que saca a colación personajes o episodios de pasadas (o futuras) aventuras canónicas; la célebre pareja recibe a unas clientes en el 122b de Baker Street, donde la señora Hudson les sirve el té; este primer encuentro permite un alarde de pericia deductiva y plantea un enigma que solo Holmes podrá solucionar si acepta el caso, que esta vez requiere su traslado a Barcelona.

Pero, a pesar de este inicio reconocible, en cuanto el cerebral Sherlock pone el pie en suelo hispano, un cambio empieza a obrarse en su interior. El primer revulsivo es su visita a una iglesia junto a Las Ramblas, que le retrotrae a su infancia en un colegio de Jesuitas y a lo que allí aprendió y/o luego desaprendió. Pronto se dará cuenta de que el caso que le arrastró a San Gervasio no es lo que parece, y, aunque se entretiene investigando un absurdo asesinato, acaso perciba que las gentes que se cruzan en su camino y que le acogen llevan vidas más humanas que la suya. Pero aún hay un factor más determinante de esta evolución: una vez que prueba el hábito de echar siesta, no es capaz de dejarlo.

La caracterización de Holmes parece también bastante canónica, pues, además de sus dotes de observación y análisis, despliega su talante racionalista y distante, pagado de sí mismo, vulnerable cuando la investigación no prospera, y sin escrúpulos para tomar atajos. Pero el desarrollo de la historia revela que Pujol no rinde pleitesía a Doyle y acaso se acerque más a otro autor de ficción detectivesca como Chesterton, quien ya en los inicios de su saga del padre Brown contrapuso al curita con aspecto de panoli con Aristide Valentine, el racionalista por antonomasia, clara parodia de Sherlock. En esta comparación, el método basado en el conocimiento cercano del alma humana parece llevar ventaja sobre el inductivo y experimental.

Volviendo a nuestra novela, conforme asistimos al progresivo fracaso de Holmes en su faceta habitual de racionalista, Pujol intercala diversos recordatorios que cuestionan su alto concepto de sí mismo. Uno de ellos es el estribillo “Si ganas, pierdes”, coherente con la clásica paradoja chestertoniana. Por otro lado está el poeta don Celestino, que intenta abrir un frente en el que la fantasía ayude a interpretar el “orden misterioso del mundo”, y no solo la fría lógica. En este programa, por supuesto, entra la poesía, que es “iluminación”, pues “la verdad sólo se ve de lejos y con los ojos cerrados”, y “la poesía no es una llave para abrir puerta, sino una luz que las hace transparentes”. Más tarde es el cura local, muy en la línea de Father Brown, el que intenta abrir los ojos de Holmes al misterio: “Los misterios tiene que ser inexplicables, si se explican ya no son nada”.

Si el pastiche es un artefacto postmoderno que implica reconocer la herencia literaria anterior, pero también reaccionar frente a ella como un heredero rebelde o contestatario, Pujol hace que Holmes aprenda de su paso por Barcelona que existe el Misterio, y que por muy inteligente que uno sea nunca podrá explicar lo inexplicable. Acaso se le podía aplicar una de las declaraciones de Pujol sobre las lecciones de la ficción narrativa: “Toda novela es la averiguación de una verdad que nunca se llega a descubrir del todo. Los autores que son tan listos que solo aspiran a demostrar lo que creen verdadero deberían abstenerse” (Cuadernos de escritura).

Elemental, queridos lectores. ¿O no?



domingo, 14 de julio de 2019

Si te ha pillado el toro...

En alguna entrada del pasado he abogado por la implantación, a nivel universal si se puede, de un día al año de apagón informativo sobre asuntos de política. Un día en el que ningún medio reproduzca las recurrentes declaraciones de nuestros líderes de uno u otro pelo, que, a pesar de ser repeticiones con escasas o nulas variaciones, acaparan portadas y titulares.

Mi propuesta se contentaría, de momento, con un día al año, aunque no desdeñarīa que fuera aumentando con el tiempo. Tampoco pasaría nada si el Día sin Política (DSP) se extendiera también al Día sin Fútbol (DSF), deporte no solo 'rey' sino más bien tirano en su inmoderada acaparación de atención. Imagínense la cantidad de noticias sobre ciencia, cultura, literatura, arte, etcétera que cabrían en los medios durante ese bendito DSP (y DSF).

En fin, de momento, esto es tan solo wishful thinking, acaso una impotente protesta ante la capacidad que tienen los medios de imponer una selección interesada de los asuntos que nos tienen que preocupar, añadiendo, si cabe, el enfoque correcto y el sano posicionamiento.

Pero, en esta línea, lo que me parece el colmo de la imposición temática inane en España ocurre de modo eminente en estos días de principios de julio. En concreto, me refiero a los titulares sobre los encierros de los sanfermines. Que en la jerarquía de noticias de prensa, radio y televisión ocupen esta semana un primer lugar las carreras ante los toros bravos, y las inevitables cornadas que esto conlleva, hace que se tambalee mi ya débil fe en la relevancia del modelo informativo que se nos propone o impone.

Cuántas violaciones de derechos humanos en el tercer (o primer) mundo, cuántas amenazas a la paz y a la libertad a nivel internacional, cuántos logros de personas individuales qué dan un paso anónimo hacia el progreso, etcétera, quedan eclipsados ante el parte diario de accidentes previsibles y provocados acaecidos en cada encierro matutino.

No digo yo que no se hable de esta fiesta, por lo que pueda tener de tradición y de fomento del turismo. Pero de eso a despertarnos o desayunarnos cada día de la semana con el bendito parte, hay un abismo. Es cuestión de prioridades.