Tal
como os adelanté, el pasado fin de semana estuve firmando ejemplares de Descubre por qué te mato en la Feria del
Libro de Madrid. La franja horaria que escogí resultó ser de lo más concurrida.
El último sábado a mediodía nos dimos cita entre la larga fila de casetas de El
Retiro decenas de autores, algunos de nombre más discreto, otros tan populares
como María Dueñas, Almudena Grandes, Luis García Montero, Vanessa Monfort,
Elvira Lindo, Antonio Muñoz Molina, Rosa Montero, Lorenzo Silva, Manuel Rivas, Ignacio
Martínez de Pisón o Javier Moro.
Después de bastantes días de lluvia,
ese sábado amaneció nublado pero seco, y la Feria se benefició de una afluencia
de asistentes superior a las medias anteriores. Mis primeras impresiones fueron
de regocijo al comprobar que el libro, el viejo libro en papel, sigue
entusiasmando a decenas de miles de lectores. A la par experimenté esa especie
de vértigo que me sobreviene cuando entro en una gran librería y contemplo las
montañas ingentes de libros que se han escrito y se siguen escribiendo, y
considero que yo también contribuyo, con mayor o menor éxito, a aumentar esta
producción masiva. Tal vértigo suele dar paso a una reflexión existencial: ¿qué
ridículo porcentaje de estos libros llegaré a leer en el transcurso de mi
entera existencia? ¿Qué tesoros me estaré perdiendo mientras malgasto mi tiempo
en otras lecturas?
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Foto: María José Marrodán |
Volviendo a mi franja horaria del
sábado, los dos autores que al parecer concitaban las mayores aglomeraciones de
admiradores eran Megan Maxwell –autora que escribe romances eróticos como
churros– y el polemista Federico Jiménez Losantos. También andaban por ahí
Boris Izaguirre, el presidente cántabro y showman Miguel Ángel Revilla o el
poeta youtuber Defreds Defreds [sic], y, por cierto, también estaba en la lista
Maxim Huerta, a dos días del estallido de la bomba informativa que le haría
dimitir como ministro de Cultura.
Quedémonos un poco en el escritor
español más mencionado en esta última semana. No pretendo hacer leña del árbol
caído, sino más bien retroceder a su paso de presentador en el programa de
cotilleo de Ana Rosa (de 2005 a 2015) a novelista de éxito. La trayectoria de
Maxim Huerta, aún antes del descalabro político, me parece un buen ejemplo de
la tendencia comercial de la edición actual, que invierte en personas con
perfil televisivo que se convierten de pronto en artistas de la palabra.
Fernando Delgado, Jorge Javier Vázquez, Nuria Roca, Christian Gálvez, Máximo
Pradera, Luján Argüelles, Mónica Carrillo, David Cantero, Carlos de Amor,
Sandra Barneda, Jesús Cintora, o Mara Torres son algunos nombres que pertenecen
a esta categoría. No hay razón para dudar de la autoría de su propia obra, por
supuesto, pero la historia truculenta de plagio descubierto en 2000 a cargo de
la antigua jefa de Maxim Huerta, Ana Rosa, podría ser la punta del iceberg de
toda una red de corrupción literaria, que en este caso no provoca dimisiones.
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