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EL ABORTO EN CLAVE DE TWITTER


Reproduzco Tribuna de opinión aparecida hoy en el diario La Rioja.

EL ABORTO EN CLAVE DE TWITTER

El aborto vuelve a estar en el punto de mira. No es, obviamente, el problema más grave de nuestra sociedad, pero sí uno de los que más enfrenta a personas cercanas sociológicamente en debates acalorados que solo en la superficie son de índole política o religiosa. Mi tesis es que el fondo del problema es ético, y como tal, se debe abordar con valentía y hondura, sin limitarse a esgrimir eslóganes que parecen concebidos para los 140 caracteres del Twitter. ¿Se imaginan a Kant condensando su ética en un tuit? Yo no, y aunque ni soy Kant ni voy a escribir un tratado, necesito un poco más de espacio para comentar tres de los argumentos tuiteros que más se oyen recientemente: “No se puede obligar a nadie a ser madre”, “Abortar es un derecho de la mujer”, “Oponerse al aborto es cosa de católicos”.

           Es verdad que no se debe obligar a nadie a ser madre, pero el drama de la mujer que aborta es precisamente que ya es madre. Ya tiene en su interior una criatura minúscula pero diferente a ella, con su propio código genético completo, con sus 46 cromosomas, con lo que será su personalidad, su aspecto, sus aptitudes, sus peculiaridades. El ser ya existe. Sea fruto del amor, del sexo casual o incluso indeseado, un nuevo ser humano ya está aquí. Y lo que hacemos al abortar es destruirlo. Decidir acerca de la destrucción de un ser humano es una decisión tremenda, tiene que estar muy bien justificada para ser aceptable. Y se me hace muy difícil pensar que los 120.000 abortos anuales practicados en España son todos justificables.
            Aunque las campañas pro-aborto siempre buscan el caso extremo que sirva de punta de lanza –una menor de edad violada que espera un hijo con malformaciones, o en peligro de muerte, etc.–, la gran mayoría de los casos (el 91 % según las estadísticas más recientes) no presentan ni graves riesgos para la madre ni anomalías fetales. En este enorme porcentaje el hijo se elimina porque, con diversos matices, supone un problema. Y las leyes de aborto libre vienen a frivolizar este drama, pues justifican que una chica decida abortar también porque no quiere perder este curso en la facultad, o no quiere dejar de jugar en su equipo de baloncesto. La clave es el “Tú decides”. Es cierto que hay casos muy conflictivos, que muchas mujeres no pueden permitirse criar a un nuevo hijo. Pero en muchos de estos se podrían plantear alternativas más humanas a la macabra facilidad de abortar, alternativas que pasen por buscar hogar a las criaturas no deseadas. Muchas parejas estarían felices de acoger a las criaturas que otras no quieren o no pueden aceptar. En la actualidad hay cientos de miles de parejas en España deseosas de adoptar un bebé, y prácticamente la única vía es la adopción internacional, con esperas de varios años.
            Por eso, la noción de “derecho a abortar” resulta muy problemática, pues entra en colisión con el derecho más fundamental, el de la vida. Cada aborto destruye una vida que ya no se repetirá, la de una criatura que no es propiedad de la madre ni un miembro de su cuerpo. La biología no cuestiona que el feto tiene una identidad propia, diferente de la materna, como se refuerza tras los casos de fetos que han sobrevivido a sus madres. Durante la gestación, claro, es un huésped que depende de ella, como también dependerá, de otra manera, durante sus próximos años de vida. Pero esta dependencia no le convierte en propiedad.
Las leyes tienen una dimensión didáctica, de enseñar al pueblo. Pero las leyes de aborto libre enseñan que es legítimo cosificar a otro ser como requisito previo a su ulterior eliminación. Las mayores masacres de la historia de la humanidad pasan por considerar al masacrado una “cosa”: un negro, un esclavo, un judío, etcétera. Como diría C.S. Lewis, las sociedades terribles tienen leyes terribles. Durante muchos siglos en una Europa ilustrada fue legal la esclavitud, una persona tenía derecho a poseer a otra, y a hacer con ella lo que quisiera. ¿Queremos realmente que la posteridad nos recuerde como la sociedad que consideraba un derecho, un adelanto, eliminar al no nacido?
Abortar no es una decisión fácil, y suele dejar secuelas psicológicas permanentes, y el concepto de aborto como derecho frivoliza este drama al darle una pátina de normalidad que dista mucho de tranquilizar la conciencia a largo plazo. Hay madres que se ven abocadas a abortar porque pasan enormes dificultades personales, económicas o de otra índole, porque no ven otra salida, pero quizá no lo habrían hecho si hubieran recibido ayuda. Es llamativa la escasa inversión de los poderes públicos en asesoramiento o atención. La solución institucional del problema de una maternidad conflictiva suele ser unívoca: aborta. Ojalá se invirtiera en asistencia integral a la madre en apuros una décima parte del erario público que se invierte en aborto.
            Respecto al tercer argumento tuitero, es cierto que en nuestro país la mayoría de los movimientos pro-vida están promovidos por cristianos, quizá porque la vida humana resulte muy valiosa para quien crea que Dios se ha hecho humano. Pero insisto en que esto no es un problema de opción religiosa. Al contrario, creo que ateos y agnósticos deberían ser los más fervientes opositores al aborto libre. Un cristiano se puede consolar pensando que la criatura abortada ya tiene alma y se reunirá con su Creador. Pero, para quien no crea en otra vida más allá, está es la única que vamos a tener. Y esos seres humanos minúsculos, que ya han empezado a existir, no van a tener otra posibilidad de vivirla. Son irrepetibles.


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Comentarios

  1. Buenas tardes, quería comentarle unos aspectos sobre lo que usted ha tratado en esta entrada:
    Respecto al primer argumento, se equivoca usted al afirmar que "un nuevo ser humano ya está aquí", pues ser humano no es una célula recién fecundada. Debería usted estudiar conceptos como el de “persona” y el de “ser humano” para poder hacer semejante afirmación a la ligera. Al fin y al cabo, es algo que no ha quedado claro durante la historia de la antropología y de la ética. Sin embargo, en lo que sí hay consenso para tocos aquellos filósofos que no operan bajo el dogmatismo cristiano, sino desde el raciocinio, es en que un ser humano no es un embrión.
    El derecho al aborto no atenta contra el principio de vida de ningún modo. Es similar a afirmar que alimentarse de animales o vegetales supone asesinato. No me malinterprete, no estoy equiparando la vida de un ser humano con la de un animal o un vegetal (esa es otra cuestión que no viene al caso), sino que estoy equiparando una célula viva con otros conjuntos de células. Esto es, como he dicho antes, porque un óvulo recientemente fecundado no es un ser vivo. Por supuesto que tiene vida, igual que tiene vida una bacteria, pues el óvulo y el espermatozoide tienen vida, pero esto no significa en absoluto que de aquí se derive que es un ser humano. Lo que trato de decir es que una célula fecundada pero sin desarrollar las cualidades exigidas para considerarlo "persona", no tiene el mismo valor que una persona y que, por lo tanto, no se atenta contra la vida humana.
    En cuanto a la cuestión de por qué una mujer decide abortar, debería ser indiferente ya que se trata de una decisión que debería ser libre y no juzgada por nadie ajeno a ella. Al fin y al cabo, el que una mujer aborte o no, no influye a ninguna persona (porque la célula fecundada no es una persona) excepto a la mujer embarazada: si no tiene economía suficiente, si sufre un embarazo de riesgo, si tiene que cuidar su salud el doble durante nueve meses (que se dice pronto) o, en fin, si no quiere tener que hacerse responsable de un hijo. Cualquier motivo es válido. Una cosa está clara, si una mujer quiere abortar, es porque el embarazo no ha sido deseado, sino un accidente, y los accidentes siempre son negativos. ¿Por qué no repararlo si la ciencia nos lo permite?
    En definitiva, creo que usted comete un error categorial al identificar una célula viva con un ser humano. En términos aristotélicos, la célula es la potencia de una vida humana, pero no se ha cristalizado en acto, y la única persona que puede tomar la decisión de si se llega a actualizar esa potencia es la mujer, pues una célula no tiene ni el raciocinio ni la autonomía para tomar esa decisión.
    Un saludo.

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  2. Hola, Jigeanime:
    La línea de su argumento es que "ser humano no es una célula recién fecundada" y que "el derecho al aborto no atenta contra el principio de vida de ningún modo". Como no tengo ahora mucho tiempo para contestar, me permito transcribir un texto de la web de Fundación Madre que rebate este argumento. Saludos,


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  3. Cuando se unen el espermatozoide y el óvulo, en la trompa de Falopio, la célula que se forma (cigoto), antes de dividirse, ya tiene los 46 cromosomas que nos definen como seres humanos, y su propio código genético (ADN) distinto del de la madre y del padre. Desde la genética y la embriología existen evidencias científicas suficientes para afirmar que el embrión es un ser humano único e irrepetible.
    Desde la primera célula está ya constituido el nuevo cuerpo humano, ya que se inicia un proceso continuo de formación y cambio, desde el primer instante, obedeciendo a distintos procesos químicos y físicos. Está bien descrito como esa primera célula se comporta como un organismo entero, está polarizada en forma de cabeza y cuerpo, para desarrollar lo que tú y yo somos ahora. Esa primera célula es muy distina a cualquier otra célula de tu cuerpo, ya que niguna otra puede crecer para formar un ser humano nuevo. Poco a poco se va diferenciando y da lugar al embrión. Si te fijas en tu ecografía podrás ver el corazón, los brazos y las piernas; es decir un ser humano en crecimiento. Cuando nos encontramos con una mujer embarazada, le preguntamos por su hijo, damos por supuesto que lo que espera es un hijo, no un amasijo de células. Cuando una mujer pierde un hijo en un aborto espontáneo, su entorno familiar y médico reconoce su pérdida, reconoce que ha perdido un hijo, y que lo normal es que pase un duelo más o menos largo por ello.

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