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martes, 17 de febrero de 2015

LA VIDA EN OBRAS, de Alberto Marcos



 

La vida en obras
Alberto Marcos 
Páginas de Espuma
CUENTOS PARA LEER SIN PRISA
Hay algo conmovedor en el alumbramiento de un primer libro de relatos. Detrás de años, décadas de lectura, de vivir otras vidas tras centenares de narrativas, viene el contagio. Todos tenemos historias que contar... ¿me atreveré? ¿Le interesará a alguien? ¿Sabré hacerlo tan bien como aquel, y aquel otro...? Y tras las dudas, la decisión: adelante, intentémoslo. La fase creativa es sin duda la principal, la que da razón de ser a esa naciente vocación. Pero, una vez concluida, llega otra, la de divulgación, donde miles de cuentistas en ciernes pueden encallar. Algunos recurren a revistas como Fábula (léase de nuevo el editorial, por favor) para airear sus escritos. Otros los relegan a su cajón o disco duro. Solo una minoría privilegiada consigue que el primer libro vea la luz en una editorial seria. Pero Alberto Marcos ha ido más allá, ha conseguido que apueste por él la que probablemente sea la editorial señera del cuento en castellano, Páginas de Espuma. Y con sobrados merecimientos.

Estos relatos revelan una voz que se adivina de lector empedernido, a la vez que conocedor de las tendencias contemporáneas del género, desde Chejov a la actualidad pasando por los cuentistas norteamericanos de mediados de siglo XX. Alberto Marcos demuestra que sabe aplicar a fondo la teoría de lo que debe ser un buen cuento: equilibrio entre diálogo, sumario, pausa y elipsis; concreción figurativa; creación de atmósfera; dejación del derecho de exhaustividad omnisciente; revelación de indicios sin dar todas las respuestas.

Pero volviendo al hilo inicial, un primer libro de relatos también suele dar cabida a creaciones heterogéneas que se han ido gestando a lo largo de varios años, y que, más que guardar una estricta uniformidad temática o estilística, comparten su carácter de etapas en la trayectoria formativa del autor. Las historias que aquí nos ocupan son independientes y en cierta medida heterogéneas, pero no tanto. Al igual que el Dublineses de Joyce, las tres partes del libro representan etapas sucesivas en la vida del ser humano: la adolescencia (y sus traumas, valga la redundancia), la búsqueda del asentamiento, y la madurez. La vida está en obras para muchos de sus protagonistas, a menudo con cierta conciencia de ser diferentes de sus congéneres, y las acciones que se pueden acometer en un instante pueden repercutir sensiblemente en esa construcción de identidad. A esto contribuye un recurso frecuente en el libro, la alternancia de tiempo pasado y presente, que explica por qué un efecto ha derivado de su causa. Este es el caso de relatos de adolescencia como “Sylvia y yo”, donde un niño crea una hermana ficticia para coleccionar cromos de la Barbie, o “Taxidermia”, en la que una joven sufre complejo por el reducido tamaño de sus pechos.

De la segunda parte, la de los veintitantos, destacaría “Verano en Maryland”, donde, tras un reciente suicidio, un joven rememora su relación con un amigo norteamericano cuya familia le acogió un verano; y también “La lata de conserva”, un día aparentemente anodino en la vida de un becario a punto de despedirse. Respecto a la tercera parte, la de la madurez (de menor apariencia autobiográfica, entre otros motivos porque Marcos no ha llegado aún a la edad de sus personajes), destaco “¿De qué hablan los hombre en el gimnasio?”, una entretenida trama de amistad artificial entre dos compañeros discordantes, y “El imprevisible vuelo de los vencejos”, que analiza el giro que una vida puede dar o no en un instante.

El autor de estas historias está dotado de una elevada sensibilidad y un agudo poder de observación. Conviene leer sus relatos sin prisa, recreándose en los detalles que subyacen en cada historia, saboreando lo que nuestro pasado puede tener en común con el que revelan sus protagonistas. Marcos parece observar la máxima de Virginia Woolf, “imagina una mente ordinaria en un día ordinario”, aunque algunos se salgan de lo estrictamente habitual por su posición social acomodada o sus obsesiones sexuales. La lectura de este libro gratificará el gusto de lectores avezados en detectar las cargas de profundidad que pueden esconderse en tramas aparentemente cotidianas. En definitiva, por todo lo anterior, podemos concluir que estamos ante un primer libro de primera.

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