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La vida en obras
Alberto Marcos
Páginas de Espuma |
CUENTOS PARA LEER SIN PRISA
Hay algo conmovedor en el alumbramiento de un primer
libro de relatos. Detrás de años, décadas de lectura, de vivir otras vidas tras
centenares de narrativas, viene el contagio. Todos tenemos historias que
contar... ¿me atreveré? ¿Le interesará a alguien? ¿Sabré hacerlo tan bien como
aquel, y aquel otro...? Y tras las dudas, la decisión: adelante, intentémoslo.
La fase creativa es sin duda la principal, la que da razón de ser a esa
naciente vocación. Pero, una vez concluida, llega otra, la de divulgación,
donde miles de cuentistas en ciernes pueden encallar. Algunos recurren a
revistas como Fábula (léase de nuevo el editorial, por favor) para airear sus
escritos. Otros los relegan a su cajón o disco duro. Solo una minoría
privilegiada consigue que el primer libro vea la luz en una editorial seria.
Pero Alberto Marcos ha ido más allá, ha conseguido que apueste por él la que
probablemente sea la editorial señera del cuento en castellano, Páginas de
Espuma. Y con sobrados merecimientos.
Estos relatos revelan una voz que se adivina de lector empedernido,
a la vez que conocedor de las tendencias contemporáneas del género, desde
Chejov a la actualidad pasando por los cuentistas norteamericanos de mediados
de siglo XX. Alberto Marcos demuestra que sabe aplicar a fondo la teoría de lo
que debe ser un buen cuento: equilibrio entre diálogo, sumario, pausa y
elipsis; concreción figurativa; creación de atmósfera; dejación del derecho de
exhaustividad omnisciente; revelación de indicios sin dar todas las respuestas.
Pero volviendo al hilo inicial, un primer libro de
relatos también suele dar cabida a creaciones heterogéneas que se han ido
gestando a lo largo de varios años, y que, más que guardar una estricta
uniformidad temática o estilística, comparten su carácter de etapas en la
trayectoria formativa del autor. Las historias que aquí nos ocupan son
independientes y en cierta medida heterogéneas, pero no tanto. Al igual que el
Dublineses de Joyce, las tres partes del libro representan etapas sucesivas en
la vida del ser humano: la adolescencia (y sus traumas, valga la redundancia),
la búsqueda del asentamiento, y la madurez. La vida está en obras para muchos
de sus protagonistas, a menudo con cierta conciencia de ser diferentes de sus
congéneres, y las acciones que se pueden acometer en un instante pueden repercutir
sensiblemente en esa construcción de identidad. A esto contribuye un recurso
frecuente en el libro, la alternancia de tiempo pasado y presente, que explica
por qué un efecto ha derivado de su causa. Este es el caso de relatos de
adolescencia como “Sylvia y yo”, donde un niño crea una hermana ficticia para
coleccionar cromos de la Barbie, o “Taxidermia”, en la que una joven sufre
complejo por el reducido tamaño de sus pechos.
De la segunda parte, la de los veintitantos, destacaría “Verano
en Maryland”, donde, tras un reciente suicidio, un joven rememora su relación
con un amigo norteamericano cuya familia le acogió un verano; y también “La
lata de conserva”, un día aparentemente anodino en la vida de un becario a
punto de despedirse. Respecto a la tercera parte, la de la madurez (de menor
apariencia autobiográfica, entre otros motivos porque Marcos no ha llegado aún
a la edad de sus personajes), destaco “¿De qué hablan los hombre en el
gimnasio?”, una entretenida trama de amistad artificial entre dos compañeros
discordantes, y “El imprevisible vuelo de los vencejos”, que analiza el giro
que una vida puede dar o no en un instante.
El autor de estas historias está dotado de una elevada sensibilidad
y un agudo poder de observación. Conviene leer sus relatos sin prisa,
recreándose en los detalles que subyacen en cada historia, saboreando lo que
nuestro pasado puede tener en común con el que revelan sus protagonistas.
Marcos parece observar la máxima de Virginia Woolf, “imagina una mente
ordinaria en un día ordinario”, aunque algunos se salgan de lo estrictamente
habitual por su posición social acomodada o sus obsesiones sexuales. La lectura
de este libro gratificará el gusto de lectores avezados en detectar las cargas
de profundidad que pueden esconderse en tramas aparentemente cotidianas. En
definitiva, por todo lo anterior, podemos concluir que estamos ante un primer
libro de primera.
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