Hace unos días leía en La Rioja la sentencia a tres años de prisión para el hombre que mató a otro en Logroño en 2023 por una discusión de tráfico. Al parecer, ambos conductores se enfrentaron y el agresor propinó un puñetazo a la víctima, que cayó de espaldas al suelo, se golpeó en la cabeza, y falleció por el traumatismo. Si hubiera una clasificación de causas absurdas de muerte, esta se llevaría bastantes nominaciones. En esta línea, hace unos días presencié un incidente que, aunque no llegó a mayores, pudo rozar la tragedia. En una piscina abierta al público un usuario se incorporó a una calle hasta entonces ocupada por un solo hombre. Al poco tiempo, ambos se enzarzaron en una discusión destemplada: uno quería que se dividieran la calle en dos mitades, para que cada uno nadara por la suya, mientras que el otro prefería hacerlo por el margen derecho. Uno alegaba que había llegado antes, y el otro que su opción era la más lógica. Acudió el socorrista a mediar, pero ninguno daba su ...
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