
En
esta distopía supuestamente humorística no falta el yihadismo con sede en
España. Los votantes de fe musulmana ya tienen la mayoría necesaria para
plantear sus legítimas reivindicaciones por vía política, pero aún así
sobreviven núcleos de lucha armada, siguiendo esa táctica de la pluralidad de
frentes ya ensayada previamente por los independentismos extremos. Así comienza
el capítulo VI:
En pleno centro de
Logroño, la capital del país, cerca del paseo del Ebro, se erige un edificio
colosal con más de cinco siglos de antigüedad. Fue posiblemente la mezquita
medieval más importante de la ciudad, lugar de paso de transeúntes, pero ahora
nada queda del edificio original tras su completa reforma en el siglo XVI.
Construido en piedra en estilo renacentista con bóvedas estrelladas y una
impresionante torre, su fachada, de estilo barroco, se remata en su parte
superior por una especie de tribuna en la que destaca un grupo escultórico que
representa al héroe Musa Ibn Nusair, vestido con túnica volandera y gorro de
ala ancha, blandiendo una afilada espada con la que ha cortado las cabezas de
los blasfemos cristianos aferrados a sus privilegios y las ha arrojado al
suelo. Su alazán árabe, obra maestra de la escultura islámica, simboliza por el
tamaño de sus genitales el vigor de una fe que llegará a extenderse
masculinamente por todo el orbe en el momento que Alá disponga.
El
edificio, donado por el Ayuntamiento hace unos años a sus actuales propietari@s
(lo cual, lejos de ser un acto de generosidad, supuso la lógica reparación
patrimonial efectuada con más de diez siglos de retraso) es la principal
mezquita islámica de la capital, sede también del partido Islam Unido (IU), la
tercera fuerza política del país. Si atravesamos la gran nave de ciento veinte
pasos de larga por sesenta de ancha, formada por arcos rebajados de
indisputable mérito arquitectónico, y nos adentramos en la sala que hallamos a
mano derecha, protegida por puertas blindadas de veinte centímetros de grosor,
hallaremos a Abdelmajid Al Moolak, líder de IU, entrevistándose en secreto con
Yusuf Abdelkrim Azizi-Larramendi, un conocido luchador por la libertad, del que
se dice no haber aún asimilado la inactividad que conlleva la victoria.
—No
dar nada por supuesto, Abdelmajid, ése es uno de mis lemas favoritos. […] No
dar nada por supuesto ni dejarles descansar. Ellos no tienen resistencia,
nosotros somos lo permanente. […]
—Ya
sé, hombre, ya sé. Pero vayamos al grano. Las cosas se están poniendo algo
difíciles...
—No
te puedo creer —replicó Yusuf con una gota de nostalgia en la nariz que se le
resbaló por su rostro cubierto de cicatrices—. Ojalá las cosas volvieran a
ponerse difíciles de verdad. Ahora nada es como antes. Ya no hay oportunidades
de dar la sangre por Alá y ser recibido inmediatamente en los eternos jardines
en que corren los ríos, donde nos deleitaremos con nuestras mujeres apoyados en
divanes bajo la sombra...
(Solo yo me salvo, 46-7)

–No sabe lo que le
agradecemos su aportación a la Causa. Los cosas nos iban yendo muy bien en los
últimos años, no podemos quejarnos, pero a veces las autoridades hacen amagos
de no ser… ¿cómo diría? todo lo condescendientes que deberían, ¿entiende? A
veces traicionan el verdadero espíritu de una auténtica alianza de
civilizaciones, de nuestras dos civilizaciones. Es una cuestión de tiempo:
ellos son débiles y en declive, nosotros fuertes y en crecimiento. Es cuestión
de dejarles que sigan con sus familias rotas, sus abortos, contracepciones,
esterilizaciones, eutanasias… en fin, el culto a lo estéril, ya sabe. Ellos
seguirán desapareciendo, física o, al menos, mentalmente, y nosotros seguiremos
multiplicándonos, como nos mandó Alá. Es cuestión de tiempo. Pero a veces
algunos de los nuestros se inquietan y quieren acelerar las cosas. Yo, por mi
parte, soy de los que prefieren esperar. Los ataques suicidas no estuvieron mal
en otros tiempos, quizá más heroicos, pero ahora ya son anacrónicos. Ahora es
cuestión de recoger tranquilamente lo sembrado. Con todo, pequeños incidentes
como el suyo contribuyen a una sana aceleración. Y, además de los frutos
inmediatos que se prevén, de paso apaciguamos a nuestros sectores más
impacientes. A algunos les sigue entusiasmando la acción… (p. 96).
No voy a contar más, por si alguno cae en la
tentación de leer la historia. Esto es muy humorístico, ¿a que sí?
¿Cómo? ¿Quién dice que no…?
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