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domingo, 10 de noviembre de 2019

Fabularemos sobre el desarraigo

El próximo domingo 17 de noviembre los amigos de la revista literaria Fábula, o el público en general que no quiera quedarse en casita una fría tarde de domingo, tiene una cita con un puñado de fabulistas en el Hotel Vallejo de Logroño. Se trata de una sesión de lectura de relatos breves enmarcada entre las actividades del Festival de narrativas Cuéntalo, que este año alcanza su tercera edición.

Estoy seguro de que será una velada muy animada y memorable, y que merecerá la pena vencer la natural pereza que da asistir a un acto literario un domingo de noviembre a las 7 de la tarde.

Copio los datos del anuncio del acto, redactado por los organizadores.

Domingo 17 de noviembre | 19.00 h. | Hotel Marqués de Vallejo
Inspirados por Bolaño («literatura y exilio son dos caras de la misma moneda»), en Fábula recuperan relatos sobre desarraigo publicados en la revista y propone textos inéditos sobre el tema leídos por sus autores.



El Festival de Narrativas CUÉNTALO son siete días de conversaciones, miradas, relatos, reflexiones y experiencias. El tema que vertebrará la programación de este año será el desarraigo: las visiones apátridas del mundo, personajes con vidas ambulantes, historias que se desprenden de la parte más terrosa de su identidad, bien por voluntad, bien por oportunidad o bien por necesidad.
El desarraigo se asocia automáticamente con la migración, con el exilio y los refugiados. El desarraigo por necesidad, casi por supervivencia, es claramente uno de los vértices del festival, pero queremos abrir ese concepto, desplegarlo e introducir otras perspectivas del desarraigo, aquellas que lo abordan desde la firme voluntad individual del que se desarraiga, historias de personajes que se arraigan donde y desde donde quieren, desafiando lo que el destino les tenía escrito. Historias y personajes que no se han arraigado nunca, que no conocen la pertenencia a una patria o a una cultura colectiva o que han vivido en permanente huida de su entorno más cercano. Territorios con identidades desdibujadas, personas que se mueven buscando, y no —o al menos no sólo— huyendo.
En definitiva, se trata de abrir el prisma e ir mostrando diferentes narrativas que completen un mosaico de visiones sobre el tema desde lo dramático, lo poético, lo sensorial, lo político y también —por qué no— desde el humor.

Para más información, véase el enlace de Cuéntalo 

domingo, 3 de noviembre de 2019

DEMOCRACIA EN PERÚ (Y FUERA)


Su acento y gracejo general lo delataba, aunque tampoco me quise hacer el sabiondo y le pregunté de dónde era. Peruano, contestó, y esto me dio pie a contarle mi verano en los alrededores de Chiclayo, donde fui de cooperante al acabar la carrera (si bien omití mencionar que me pasé la mitad de mis estancia en la cama, con gastroenteritis primero y luego infecciones de piel). En fin, sin duda Perú me dejó huella.
–Y dígame, ¿viaja a su país con frecuencia?
El taxista se puso serio. Me contó que tenía familia allí y que no tenía más remedio que visitarles de vez en cuando. Pero que se avergonzaba profundamente de su país.
–A ver, pues. Perú va aún más a peor. Fíjese. Los cinco últimos presidentes, todos buscados por la justicia o condenados a prisión. Y lo que es peor, alguno de ellos, como Alan García, volvió a ser reelegido en 2006 en cuanto prescribieron los delitos que se le habían imputado. ¿Qué futuro tiene un país donde la mayoría elige como presidente a un delicuente?
            Tenía su punto mi taxista, la verdad. No cabe duda de que la democracia es la mejor –o quizá la menos mala– de las formas de gobierno, pero no una democracia en la que manden los delincuentes por mayoría. Y no se trata de un problema de pueblos con menor formación política. Países que se precian de su cultura y/o de su dilatada tradición democrática como EE.UU o el Reino Unido pueden acabar encumbrando como máximos dirigentes a completos impresentables.
            Creo que la salvación de la democracia como voluntad de la soberanía popular y no como otra, acaso más compleja, forma de tiranía pasa por una seria reflexión crítica sobre sus debilidades y talones de aquiles, seguida de una profunda reforma. Para empezar, habría que incidir en aspectos tales como las listas abiertas, la separación real de poderes, la imparcialidad de los medios de comunicación y otras entidades públicas, la capacidad de diálogo o la cualificación de los candidatos. Esta me parece una cuestión fundamental. Si para ser médico o juez el interesado ha de estudiar largos años, aprobar exámenes u oposiciones muy selectivas y formarse después durante más tiempo, ¿cómo es que para el oficio supuestamente más difícil, el de dirigente de todo un país, no se pide más que no ser demasiado feo? ¿Cómo es que se puede presentar, y lo que es peor, que puede salir elegido, un candidato que no ha dado un palo al agua en su vida?

            (Pues eso, si es usted español, que lo vote bien. Hasta el domingo.)