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domingo, 24 de febrero de 2019

15 AÑOS DE CALLE MENOR

Un 27 de febrero de hace quince años presenté Calle Menor en el Ateneo Riojano de Logroño, acompañado por el periodista Marcelino Izquierdo y el médico-escritor Fernando Sáez Aldana. Fue mi primera novela y también la más ambiciosa, con una trama guiñando el ojo a Bardem/Arniches sobre una joven poco agraciada –en mi versión profesora de latín en la Universidad de Lontana– que resulta víctima de una cruel apuesta entre un grupo de alumnos desalmados.

Etiquetable como “novela de campus”, pero también como “tragicomedia provinciana”, trata de la mezquindad como uno de sus temas principales, esa crueldad civilizada y cotidiana de quien se cree muy normal e incluso “majete” pero es capaz de hacer daño a un inocente sin apenas inmutarse. Al igual que su modelo bardemiano, para su ambientación consideré clave exagerar un entorno de lugar pequeño rodeado de cierta difamación o maledicencia, que igualmente resulta cotidiana y civilizada.

Por supuesto, la criatura me trajo varias alegrías. Por ejemplo, además de merecer buenas reseñas (una en el ABC Cultural) y de quedar finalista en el I Certamen de novela Tristana, fue preseleccionada por RTVE para un proyecto de tv-movies basados en obras literarias, que finalmente no salió adelante. En 2005 me invitaron a clausurar un congreso sobre Calle mayor en Valencia, donde hablé de la inspiración bardemiana y compartí mesa con unos amabilísimos Betsy Blair y José Luis Borau (que en paz descansen). Más tarde Borau citó la novela en su discurso de ingreso a la Real Academia de la Lengua, que versó sobre la inspiración fílmica en la literatura.

Como todo en la vida, las luces vinieron acompañadas de algunas sombras. En algunos circuitos muy locales ciertos lectores (más de segunda que de primera mano) jugaron a identificar personajes con personas cercanas, lo que me ganó algunos enemigos. Por otro lado, aunque la edición es bonita y se distribuyó relativamente bien, Ediciones Sial ni la promocionó ni me liquidó los modestos royalties, ni creo que lo haga a estas alturas.

Ahora he recuperado los derechos sobre ella y me encantaría que se reeditara algún día (¿hay algún editor serio leyendo esto?), quizá con algunos cambios, empezando por el título. No sé si Calle Menor es mi mejor novela hasta la fecha, antes lo tenía demasiado claro, pero ahora quiero convencerme de que en las posteriores he aprendido nuevos trucos. Además, ¿qué buen padre elige entre sus hijos? De vez en cuando algunos de sus personajes me reclamaban que les sacara de la caja y les volviera a dar vida. Yo alegaba ser quince años más viejo, y, por ende, más prudente; pero al final he cedido, en parte. Así, Millán Capuz Ayuso, un pedante profesor de estudios ingleses, está a punto de reaparecer en lo que, si Dios no lo remedia, será mi quinta novela, de la que hablaré en un futuro cercano.

Además, ninguno de los que me conoce (personajes incluidos) se cree que yo sea hoy más prudente.

domingo, 17 de febrero de 2019

MANUAL DE RESISTENCIA


Esta semana nuestro presidente Sánchez ha anunciado su decisión de convocar elecciones generales en abril, que podrían haber confluido con las de mayo y habernos ahorrado 200 millones de euros, aunque ya se sabe que el dinero público no es de nadie. Pero no es de esto de lo que quería tratar hoy, y tampoco me dispongo a hacer una valoración de su breve mandato, que ha batido tantos récords en poco tiempo. Ahora quiero comentar la inminente aparición de la autobiografía de Sánchez, titulada Manual de resistencia, también la única en su género aparecida durante el gobierno del protagonista y “autor”.

Alguna vez he declarado ante alumnos tentados de plagiar sus trabajos académicos que han de esperar a ser titulados en Filología (ahora Estudios de Lengua y Literatura) para poder escribir de un libro sin haberlo leído. Y, aunque ahora soy víctima de mi propia ironía, me disculpa el hecho de que aquel aún no ha salido a la luz, y que tampoco pretendo analizar su contenido textual sino tan solo opinar sobre las circunstancias y oportunidad de su publicación.

El primer aspecto que me maravilla es la disponibilidad de tiempo de que goza quien debería ser la persona más ocupada de España. Sé por experiencia lo que cuesta escribir un libro (a mí unos cinco años de media), pero quien apenas debería dormir ante el secesionismo catalán, el aumento del paro, la desaceleración de la economía, la radicalización de la política, la nueva crisis que se anuncia, etc., por añadidura dispone de tiempo para escribir la historia de toda una vida en unos pocos meses.

Pero luego nos enteramos de que tampoco lo ha escrito él del todo (aunque figura como autor), sino que le "ha dado forma" una estrecha colaboradora llamada Irene Lozano, quien, acaso como anticipo de las royalties, disfruta de un cargo de libre designación como Secretaria de Estado al frente de una de esas sorprendentes entidades estatales llamada “España Global”. ¿Será Irene Lozano la futura Premio Nacional de Narrativa, como le sucedió a Suso de Toro, biógrafo del presidente Zapatero? El tiempo lo dirá.


Obviamente, no puedo aún analizar el contenido o el tono, pero el primer paratexto, la portada, ya dice bastante. El close-up de Sánchez mirando a cámara con ademán de tahúr y gesto desafiante, en coherencia con el jactancioso título, como un corte de manga a sus adversarios de dentro y fuera del partido, apunta al egocentrismo imputado a nuestro líder, sin el cual no es posible concebir una legislatura tan disparatada como la que concluye.

Por último, el hecho de que el libro se publique en una editorial del Grupo Planeta muestra una opción por el capitalismo editorial más acendrado. Un socialista menos de salón acaso habría optado por una editorial alternativa, a la que podría haber apoyado desde su posición influyente. Pero supongo que con las cosas de comer no se juega.

En fin, quizá debería esperar a leerlo para sacar otras conclusiones, y no digo que me niegue a hacerlo. Pero sospecho que antepondré otros miles de títulos que me aportarán más. 



domingo, 10 de febrero de 2019

FAUNA URBANA V: FUMATOR PESTILENTIS

La peligrosidad de este especímen humano no radica en que acostumbre a autoenvenenarse. Puede ser algo incrédulo o contestatario, como evidencia su desprecio olímpico a las amenazas que le imprimen en el envoltorio de su veneno habitual. Tampoco le disuade que este suba de precio por aumento de imposición fiscal; de hecho, no le importa tributar algo más, acaso considerando que en el futuro rentabilizará su aportación extra, e incluso mucho más, en prestaciones de la sanidad pública. Pero, insistimos, su peligrosidad no está en tal hábito, que no deja de ser una decisión personal.Lo que hace del fumator pestilentis una amenaza a su entorno es su afán por intoxicar los pulmones del prójimo sin permitirle que la equivocación sea también personal e intransferible.

En los últimos años ha sufrido un duro revés a manos de las legislaciones de países occidentales que restringen el tabaco en lugares públicos o laborales, pero el fumator pestilentis parece desquitarse en otros ámbitos que, aunque también públicos, no están cerrados, como pueden ser las paradas de autobús, las terrazas de bares, los parques y playas, las colas de espera en taquillas, o los eventos deportivos, musicales o culturales que convocan multitudes.

En todos estos ámbitos nuestro fumator ve el cielo abierto (nunca mejor dicho) y con dedos trémulos y justicieros se recrea en la ceremonia de extraer el cigarrillo de la ominosa cajetilla, pegarlo a unos labios voluptuosos, prenderlo con morosidad, y transferir la bocanada de partículas de PM2.5 y nicotina hacia sus congéneres más próximos. Si alguno osa quejarse, tiene preparada la interjección victimista:
                  –¿Es que acaso tampoco se puede al aire libre?

La variante más agresiva del fumator se manifiesta precisamente en los hábitats de mayor aglomeración humana. Le encantan las manifestaciones, concentraciones y conciertos, pero manifiesta su predilección por todo tipo de procesiones (religiosas o laicas) donde la dinámica itinerante haga más marcado su territorio. Ahí a la transmisión de humo tóxico añade una nueva sorpresa, la de la quemadura en segundo o tercer grado a quien ose cruzarse en su camino o no consiga apartarse de este.


domingo, 3 de febrero de 2019

Víctimas lejanas: Asia Bibi


Hay víctimas de la tragedia, de la opresión o de la crueldad que nos quedan más lejos que otras. Es probable que este sea el caso de Asia Bibi, una campesina pakistaní madre de cinco hijos que cometió un delito imperdonable en su sociedad, ser cristiana.
Asia Bibi antes de que comenzara su calvario
          Todo empezó, al parecer, cuando quiso beber agua de un pozo común, y dos vecinas le negaron el acceso por no ser musulmana. Posteriormente estas mismas aportaron el testimonio que llevó a acusarla de blasfemia, y la relegó a una prisión (no quiero ni pensar en qué condiciones inhumanas) durante nueve años, a la espera de juicio, nueve años de desprecio, odio y amenazas de muerte bien a manos de la autoridad competente o de la masa extremista. Su marido y sus hijos declaraban que no podían salir de casa a comprar comida, mucho menos salir de Pakistán, por el clima de hostilidad que les rodeaba.
En octubre de 2018 el Tribunal Superior de Pakistán revocó la condena a pena de muerte, pero comenzó para ella otro nuevo calvario, pues los seguidores del partido Islamista Radical Tehreek-e-Labaik se lanzaron a la calle a reclamar la muerte de la “maldita” de un modo u otro. Se solicitó una revisión de la sentencia absolutoria, durante este proceso el abogado tuvo que huir a Holanda, y Asia Bibi no pudo salir del país. Por fin, hace unos días se ha declarado la absolución definitiva, y parece ser que la pobre granjera ha conseguido despistar a sus linchadores para emigrar a Canadá y reunirse con su familia, que se había podido adelantar. Tras un infierno de nueve años ha conseguido el derecho a escapar.
          Malos tiempos para la libertad religiosa en Pakistán. Lo que más me inquieta es pensar cuánto iceberg subyace bajo esta puntita, y cuánto silencio ha rodeado este caso flagrante de represión. En todo este proceso de película de terror el principal apoyo de la causa de Asia Bibi ha provenido de grupos cristianos, contrastado por una espantosa indiferencia de gobiernos “civilizados” como son los del Reino Unido, Canadá, EE.UU e Italia. Los principales receptores en occidente de inmigrantes pakistaníes desoyeron las peticiones de asilo de la familia, según informó El País. Por cierto, aunque no lo diga este diario, España es el siguiente en la lista de receptores. ¿Alguien ha oído hablar de alguna iniciativa diplomática al respecto?