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lunes, 26 de mayo de 2014

Juan Casamayor: Publicar cuento en España


 Juan Casamayor, editor de Páginas de Espuma, la prestigiosa editorial española dedicada a la narrativa breve, aportó otra visión más práctica a nuestras miradas sobre el cuento. Habló de la edición en España, de las características de un manuscrito propuesto a las editoriales, de los más destacados cuentistas contemporáneos, y de otras muchas cuestiones suscitadas por los asistentes, en un coloquio que se alargó hasta casi dos horas y media.

El relato en España
Casamayor destacó el papel generacional jugado por los cuentistas nacidos en la década de los 60 (Eloy Tizón, Juan Bonilla, Ángel Zapata…), que suponen una especie de nexo generacional, pues tienen en cuenta a sus predecesores (Medardo Fraile, José María Merino, Cristina Fernández Cubas), a la vez que están atentos a los jóvenes valores que surgen.

En general piensa que en los últimos años ha subido la calidad del relato en España, y a eso ha contribuido en gran medida la incorporación de mujeres cuentistas. También ha aumentado la cantidad y calidad de los lectores de cuento, y las redes ayudan a estar más al día de lo que se produce y a crea una especie de comunidad lectora.

Algunos datos: en 2012 (último año del que hay informe fiable) se editaron en España unos 80.000 títulos, que en total dieron origen a unos 280 millones de volúmenes. De los 80.000, unos 14.000 se consideran libros de literatura, de los que 11.000 son novelas y 2.200 entran en la categoría de “otros”, en la que se incluye el cuento. La tirada media de los “otros” fue de 1.954 ejemplares, mientras que de novela fue de 4.134 (los best sellers suben esta media considerablemente, claro).

Hablo luego de las editoriales independientes, en las que entraría Páginas de Espuma (P.E.). Uno de sus distintivos es la “vocación de fondo de catálogo”, que hace que los libros funcionen (se hable de ellos, se compren…) durante años después de su publicación. El editor independiente ha de ser un entusiasta y un amante de las letras, aunque para sobrevivir también debe cuidar los aspectos “fenicios”. En concreto, P.E. ha colocado la temida etiqueta de “no se admiten originales no solicitados” porque les resultaba imposible atender los 700 manuscritos anuales que recibían. Juan Casamayor calcula que el coste de leer 900 manuscritos es de unos 16.000 euros. Además, para garantizar que la editorial se vuelca en la elaboración y promoción de cada título, no pueden ni deben asumir más que un puñado de publicaciones al año.

Cómo presentar un manuscrito a una editorial
A continuación dio unos consejos valiosos para todo autor de ficción que persigue el sueño de ser editado. Para empezar, hay que elegir muy bien la editorial, que debe estar en la línea del manuscrito enviado. Se quejó de que aún recibe propuestas de novelas, cuando P.E. nunca ha publicado este género. El autor no debe mandar propuestas indiscriminadamente, aunque lo haga por correo electrónico.

Una vez elegida la editorial idónea, el autor debe abrir un cauce con ella, pactar un encuentro (aunque sea telefónico) con un responsable. En otras palabras, asegurarse de que el texto va a ser leído. Si lo consigue, el libro pasará por un complicado proceso de selección a través de diferentes filtros, pero es importante asegurarse de que, al menos, consigue entrar en dicho proceso.

La propuesta debe estar acompañada de una carta de presentación, una sinopsis (incluso en un libro de cuentos), una breve biografía (ojo con extenderse indebidamente, o ponerse por las nubes), y (parece una tontería) unos datos de contacto. El manuscrito debe enviarse con limpieza, con márgenes generosos, sin encabezados y bien numerado. La letra, clara y con interlineado. Por supuesto que hay que cuidar la ortografía, y para ello el autocorrector del procesador de textos no suele ser buen consejero. Si el texto lleva ilustraciones, inclúyanse, y si son de otro, especificar el acuerdo. Mejor no adjuntar una propuesta de portada, esperar a que el libro entre en proceso de elaboración. Que las citas vayan ya en la primera versión, así como las dedicatorias. Por cierto, no conviene exagerar en el capítulo de agradecimientos.

Tras el complicado proceso de selección, la editorial se pondrá en contacto con el autor aceptado. A partir de ahí es el momento de charlar largamente con el editor y oír sus opiniones, prestando atención a los consejos que parezcan oportunos. En el caso concreto de un libro de microrrelatos, Juan Casamayor afirmó que lo normal es que el autor pacte con el editor el orden y la selección de estos, de tal modo que la media de microrrelatos desechados puede llegar a un 30% de los previstos inicialmente. Se trata, una vez más, de podar.

sábado, 17 de mayo de 2014

RUBÉN ABELLA (ET ALII): EL CONFLICTO NARRATIVO


EL CONFLICTO DE TODA HISTORIA
La sesión de Rubén Abella, veterano en nuestros talleres, era de las más esperadas. Una vez más, no defraudó las expectativas. Su intervención del 6 de mayo, “El conflicto en narrativa”, estuvo de nuevo muy bien ajustada y medida, expuesta con entusiasmo y con multitud de ejemplos y de material para el análisis.
Foto: Nacho Torres

Rubén recordó que la escritura se parece a un viaje: hay que saber a dónde se va, y pensar cómo llegar allí. Para eso es fundamental planificar la trama, no vale con dejarse llevar. Conviene apuntar las ideas que nos vengan, diseñar con cuidado la estructura, y distribuir bien los puntos de inflexión, aquellos momentos en que la trama de un giro considerable.

Dentro de este contexto, uno de los ingredientes necesarios de toda narrativa es el conflicto. La mayoría de las historias giran en torno a alguien que quiere algo, y a alguien que se opone a ello. La narrativa cinematográfica, de hecho, explota este esquema intensamente, porque sabe que funciona y seguirá funcionando.

El invitado recomendó al escritor que piense en sus propios conflictos personales como caldo de cultivo de ficción. No se trata necesariamente de resolverlos, pues el fin de la literatura no es dar soluciones, si no más bien plantear interrogantes.

Esbozó los diferentes tipos de conflicto más comunes en narrativa, planteados como el enfrentamiento de un ser humano contra otro ser humano, contra la naturaleza, contra sí mismo, contra la sociedad o contra la obra humana. Ilustró la presencia de cada caso en fragmentos de obras de Richard Yates, Raymond Carver, Jack London, Stephen Crane, Edgard A. Poe, E.L. Doctorow, William Faulkner y (para salir de lo norteamericano), Dostoievski.

SABER LEER, SABER COMENTAR
Una semana antes impartí mi sesión, orientada al comentario colectivo de los trabajos de los propios asistentes al taller. Comencé afirmando que, aunque entre las virtudes del escritor no suele destacar la humildad, hay que ser capaz de aceptar las lecturas críticas que nos hagan personas de buen criterio literario. Eso no implica hacer caso a todas sus sugerencias, por supuesto, pero al menos saber oírlas. Siempre se puede aprender algo.

Con el fin de esbozar unas pautas críticas para los comentarios, entre todos reconstruimos un decálogo de consejos sobre escritura de relatos a partir de lo que habíamos oído en las sesiones anteriores. Los aspectos que más habían llamado la atención de los asistentes eran:
            –El relato debe mostrar más que contar.
            –Debe ser económico, intenso.
            –Debe recurrir a imágenes sensoriales.
            –El texto muestra una décima parte de lo que ha pasado (la teoría del iceberg).
            –Ha de crear una atmósfera.
            –El paisaje recreado es a menudo subjetivo.
            –El escritor puede recurrir a su lado más oscuro para buscar inspiración.
            –Escribir es un acto de rebeldía. El relato desafía lo convencional.
            –Es importante que haya una chispa en el desenlace.
            –Hay que contar con el papel activo del lector.
Foto: Nacho Torres
A continuación, pasamos a comentar once relatos escritos para la ocasión, todos con un elemento de “malentendido”. Cada autor salió a leer su trabajo, y después escuchó los comentarios y sugerencias de sus compañeros y, en su caso, replicó. En cada tanda nombré a un “crítico malo” (con antifaz) y a un “crítico bueno” (con gorro festivo) para que se ejercitaran en el arte de encontrar reparos y virtudes respectivamente. Pero no hizo falta tirar de la lengua, los asistentes se lanzaron con entusiasmo a comentar los textos: “En el crisol de las pesadillas”, de Salvador Rodríguez Gallardo, “El asesino a sueldo”, de Rakel Ugarriza, “En mala hora”, de Antonio Murga, “La musa”, de Coke Martínez, “Universos paralelos”, de Antonio Millán, “Sí quiero… o no”, de Sergio Generello, “Sopla”, de Reve Llyn, “Dejà Vu”, de Pablo González, “Kiko y Sara”, de Jonatan González, y dos relatos sin título de las benjaminas, María Alonso y Cristina Juliana González. Esta última reconoció haberse inspirado en la sesión de Manuel Pérez Saiz y en su consejo de aprovechar cualquier motivo para hacer literatura, como por ejemplo la caída de una mota de polvo en cinco segundos. O la vida de un botellín de agua mineral...

sábado, 10 de mayo de 2014

LETICIA BUSTAMANTE: EL MICRORRELATO HISPÁNICO


No siempre tiene uno la oportunidad de escuchar una exposición tan documentada y a la vez tan amena. Quizá porque no es fácil aunar erudición y vitalidad como lo hace Leticia Bustamante, especialista de talla internacional en la teorización sobre el microrrelato hispánico.

Comenzó contrastando a los defensores y detractores del microrrelato (MR) como género. Mientras para Luis Mateo Díez es “un relato ascético, una expresión verbal con una fuerte sugerencia narrativa, como una carga de profundidad”, para Andrés Ibáñez “en el 99,99 por ciento de los casos no son más que chorradas”.

Para Leticia, el MR debe tener las siguientes características: brevedad textual (concisión, intensidad y tensión narrativas, lenguaje preciso y connotativo); virtualidad narrativa (adelgazamiento de la fábula, incertidumbre, transmutación de la narratividad), pero a la vez ser una ficción compleja (con densidad significativa, heterogeneidad de los mundos representados y una extrema filiación cultural). Esto implica que el autor de MR debe tener una amplia cultura literaria y conocer la tradición; y, a su vez, el lector también debe ser capaz de decodificar estos signos que pueden llegar a ser muy sutiles. El proceso de creación es exigente y laborioso, y establece una complicidad con el receptor, que a su vez debe someterse a un proceso laborioso y complejo de interpretación.

A continuación señaló los rasgos pragmáticos, de la historia y del discurso propios del MR, ilustrándolos con numerosos ejemplos tomados de la micronarrativa hispánica. Entre los pragmáticos destacaré que es frecuente encontrar cierto hibridismo de géneros y un característico distanciamiento, y que el MR es un recurso óptimo para la experimentación. En cuanto a los rasgos de la historia, existe una fuerte presencia de lo onírico, lo fantástico, lo metaficcional, lo filosófico…, a menudo sazonado con ironía o sátira. Entre los rasgos del discurso, los personajes están poco caracterizados y las descripciones de espacio son escasas, a la vez que cobra importancia el símbolo, la metáfora, la metonimia y la paradoja.

Fotos Nacho Torres
Para concluir este resumen imposible, destaco las cinco tendencias principales en que se divide el MR hispánico según la invitada: fantásticos, insólitos, alógicos, parasimbólicos y transculturales. Finalizó dando muchas recomendaciones, de relatos, de blogs, de editoriales, de antologías... Para los aficionados al MR, Leticia Bustamante nos dejó, además del recuerdo de una exposición magistral, innumerables hilos de los que tirar.