SALUDOS, LECTORES...

Saludos, amigos, lectores y voyeurs, y bienvenidos a este blog.

Si quieres echar un vistazo a mis libros, haz clic aquí.

viernes, 28 de septiembre de 2012

HAY COSAS PEORES (V): "IL CONSIGLIERE"


No, no trata de ningún consejero autonómico, aunque bien podría... Ahora que me marcho unos días (de trabajo) a Oxford, se me ha ocurrido colgar un viejo cuento en honor a C.S. Lewis. No menciono el título del libro del que está tomado el guiño porque sería desvelar la clave, ya bastante obvia, supongo.


IL CONSIGLIERE


A la memoria de C.S.Lewis,
enemigo de mis amigos,
y sin embargo amigo.



            Hombre, yo en tu lugar me quedaría un poco más. No haces daño a nadie. Es más, puedes hacer un gran daño a tu salud si a tan temprana edad empiezas ya con excesos. Piensa en tus ojeras. No es normal que a tus años tengas ya esas ojeras. Has de cuidarte, porque eres lo mejor que tienes, lo mejor (¿por qué no?) que existe en este cochino mundo (¿tú crees que he forzado aquí? Ya, tienes razón. Eso siempre funciona, pero conviene ser más sutil.)
            Bueno, no había más remedio, porque hay que trabajar, pero llegará un día en que esa quiniela caerá de una vez, o la bonoloto, o, qué hum... qué dia... qué coño, quizá algún día se te hinchen las narices y pegues el gran golpe en la oficina. Ya sabes los puntos débiles (Sí, creo que aquí sí que he forzado). En cualquier caso, esto se acabará pronto, y ese día podrás mandar a la mierda muchas cosas ... y personas. No dependerás de nadie, no tendrás que obedecer a la cretina de la directora, todo cambiará...
            Al salir de la ducha contémplate un momento más. Qué armonía, que virilidad, qué potencia... Mejor calidad que cantidad, claro. Ese músculo está mejor formado que ayer, creo que funciona tu sesión de pesas. Efectivamente, te concedo que no se puede decir que seas guapo en el sentido clásico del término. Pero eres atractivo, eres sexy, estás bueno, en una palabra. ¿Quién quiere ser guapo en plan amariconado, en plan Leonardo Di Caprio? Ya sabes, el hombre y el oso... A ellas les gusta más tu tipo.
            Mira, una cosa está clara. Tu madre compra la comida con (e incluso vive de) lo que tú ganas en el banco –bueno, al menos en parte, eso no te lo niego–, por tanto, no pasa nada si le dejas la mesa del desayuno un poco despatarrada. Algo tiene que hacer, si no, se aburrirá como una ostra. Nunca te ha entendido, piensa que aún se os puede aplicar la mentalidad que tenían en su época, que gracias a ... por fin se ha superado. No entiende que te dé la real gana de venir a las tantas de la madrugada, que te diviertas como quieras con tus amigas, y que lo pases un poco bien con ellas, que bastante tiene la vida de miserable como para negarse a los pocos momentos de deleite. Son restos de otra época oscura. Por el momento, deja el desayuno como está, y si no entiende tu manera de vivir pues es su problema. No puedes tú ir convenciendo a todo el mundo de que tú actúas a tu aire, de que eres tú mismo, de que no oyes consejos de nadie.
            Hace un frío considerable, o sea que creo que está justificado que blasfemes un poco, o al menos un juramento, hombre. Por ahí pasa Florencio, en su Ibiza. ¿Qué se pensará, el maricón de él? Quizá se mofa de ti porque estés esperando la cola del bus, mientras que él... Miserable. Podría haber parado, que seguro que te ha visto. Si es que hay cada hijoputa suelto por ahí. Tú sí que hubieras parado. Tú no eres de los que se las dan de que valen porque tengan un puto Ibiza que le ha comprado su papi. Tú te lo curras. Tú eres de la base, eres un self-made-man, no eres un parásito.
            Bueno, ya vale de empujar, so jilipollas. Ese tío es un auténtico jilipollas. Un vejestorio, que tiene prisa por subir, no sea que le dejen en tierra. Lo que te aconsejo es que te quedes un momento parado haciendo resistencia. Lo puedes hacer, pues estás fuerte como un toro. Menudo asfixiao, se va a enterar. Bueno, a ti que no te aprieten, que ya la vida es suficientemente perra como para que te angustien los vejestorios, que además están viviendo de lo que vosotros curráis. Hombre, ya sé que ellos curraron en otro tiempo, pero ¿quién te dice a ti que eso fue así de claro? No estaríamos con la crisis y el desempleo juvenil y demás gaitas si hubieran dado el callo en su momento, ¿no? Pues entonces.
            Estas dos chicas que están de pie vienen a por ti, ¿lo ves? No es casualidad que se hayan plantado justo en torno a tu asiento. Les gustas. Ya te dije que eres un tío sexy. Míralas cómo fingen, qué apariencia de eventualidad. Como si no las conocieras. Qué reojos. Sí, haced que habláis de cosas muy interesantes, que ya nos conocemos. Estas quinceañeras son todas iguales, se enamoran a primera vista del primer joven apuesto y atractivo y resultón que se les pone en su camino.
            Mira, eso de las viejecitas tiene mucho de mito. Algunas están fuertes como robles y se aprovechan de esos supuestos derechos adquiridos de la ancianidad, y de la mentalidad de épocas obsoletas. Además, tú estás muy bien ahí, hoy no has dormido del todo bien. Además, aún te queda un trecho andando hasta el banco, y hay que ir descansado.
            El reflejo del escaparate servirá. Hombre, el problema de tus vaqueros es que no son de marca. Si no, quizá las niñas se fijarían más. Ojo, no quiero decir con esto que no se fijen, pero invirtiendo un poco más en moda, serías atómico. Y tu corte de pelo es un poco carca, si entiendes lo que quiero decir. Una buena peluquería de estas tipo Llongueras te daría el look óptimo. Hazme caso, aunque haya que gastar un poco más.
            Lo que no me parece bien es que te gastes los duros, con lo que te cuesta ganarlo, en responder a las mendicidades de viejas como ésta de la plaza. La mayoría son estafadoras, recuerda la historia de aquella que tenía escondido en la cocina de su chabola un millón de pesetas. Mucho aprovechado, eso es lo que hay. Seguro que estudian y ensayan toda la parafernalia de que si “por amor de... del cielo, una limosnita a una pobre inválida”. Que trabaje en algo, qué coño. Hay que tener mil ojos, amigo, que si no te embauca cualquiera.
            No te comas más el coco. Ese pobre chico necesitaba el dinero. No, no es cuestión de que tuviera medio metro más que tú, es que realmente tenía que coger el autobús a su ciudad natal, tú ya sabes distinguir cuando alguien te miente o no. ¿Que vaya espaldas? Tampoco te agobies, seguro que ese tío le ha echado horas al gimnasio, y tu no tienes tiempo para estar tan pendiente de tu cuerpo. Ya sabes, sangre que riega músculo, no riega cabeza. Lo tuyo es cultivar el intelecto. No me digas que abandonaste la carrera a la mitad, hoy en día lo importante es conseguir trabajo cuanto antes, y tú ya lo tienes, aunque sea por seis meses. Ahí has demostrado que tienes cabeza, y no como esos niños de papá, esos pijos de mierda, que se matriculan en derecho o en empresariales para seguir dependiendo del sustento paterno y no plantearse responsabilidades laborales. Tú demostraste cabeza. Ya tendrás tiempo de estudiar, si quieres. En el futuro.
            Por fin, ya llegas al banco. Este viajecito es pesado para hacerlo todos los días, yo no aguantaría tanto como tú. Y además, no te reconocen lo que vales ¿verdad? Como ayer, cuando vino ese cliente a la ventanilla de Noelia, y ella se armó un taco alucinante con lo de la domiciliación de la cuenta y que si el ordenador no respondía. Y claro, es que no tiene ni puta idea de manejarlo. Pero tú estuviste bien, “¿puedo ayudarte en algo?”, educado y a la vez un pelín irónico, insinuando lo inútil que es, y en dos patadas se lo resolviste. Si supiera manejar el ordenador como tú. Y luego se da esas ínfulas. Lo dicho, que yo creo que no te valoran lo suficiente, total, porque estamos en el país de los envidiosos, y en cuanto uno destaca porque sabe hacer bien su trabajo, y porque es simpático con los clientes, y porque la gente prefiere hacer cola en la ventanilla de uno, pues eso, que los demás no lo aprecian y empiezan a murmurar, y a encontrar fallos en las cosas más menudas e intrascendentes.
            Pues nada, a trabajar, pero tampoco te mates, que para lo que te pagan no es justo. Lo suficiente para que te vean y te puedan renovar el contrato en prácticas. Piensa que esto durará poco, porque la quiniela cae, te lo aseguro. ¿Cuando te he engañado yo a ti?
            Y, ya sabes. Si te hago falta, aquí estoy, a tu lado, para lo que necesites.


Final feliz (opcional) 

            –Tío, la cosa se ha puesto fea. De repente se ha cortado la comunicación. No sé qué humanos ha podido pasar.
            –Veamos. Descríbeme un poco la situación, sobrino.
            –Verás, la mañana ha sido de lo más fructífera. Mi cliente ha respondido con diligencia a casi todos mis consejos, y ha mostrado una pericia ejemplar en el ejercicio de las virtudes que yo le he de inculcar. No ha habido una sola de las siete virtudes capitales que no haya ejercitado desde que se levantó hasta media tarde. Y sin embargo...
            –¿Sí?
            –Sin embargo, a eso de la media tarde, después de animarle a descansar del estrés al tiempo que a ampliar su conocimiento de la actualidad cultural con la lectura meditada del último número de Man,  y tras su virtuosa respuesta, he empezado a notar unas interferencias progresivas. No oía nada, pero le vi rascarse la frente inquieto. Al final, tiró la revista y salió a la calle. De pronto se metió en un edificio, y ahí las interferencias se convirtieron en desconexión total. Desde entonces, no puedo transmitir ni recibir. Es terrible, con lo bien que lo estaba haciendo, ¿no, tío Escrutapio?
            –¿Qué clase de edificio era ése, sobrino?
            –Pues, ahora que lo pienso, tenía todo el aspecto de ser una O.P.E. Ya sabes que aún no estoy muy familiarizado...
            –¿Una O.P.E.? Ya, entiendo. Imposible de traspasar. Yo nunca he sido capaz de interferir cuando el Enemigo quiere desorientar a nuestros clientes. Tu fallo ha sido no impedir que llegara hasta allí.
            Pero todo se puede arreglar. Veamos...  Por lo que me has contado, parece que no le cae muy bien la tercera edad, y es verdad que es el sector social donde tenemos menos clientes, pero los que son resultan fidelísimos. La próxima vez prueba a sugerirle que se compare con las viejas meapilas que verá en la Oficina Propagandística del Enemigo, e insinúale que no se mezcle en el tipo de actividades que ellas practican. Pruébalo, puede dar resultado. De todos modos, te pasaré el CD-ROM con la base de datos de los cuatro millones, quinientos trece mil y pico clientes que, según me cuentas, tenían un perfil parecido. Consúltala.
            –¿Tú conociste a su padre, que en paz se pudra?
            –Sí, parecía un cliente fiel, pero al final nos traicionó, bendito sea. Los humanos no son nada serios, y muy poco coherentes con sus convicciones más profundas. Son capaces de cambiar, lo cual los hace más despreciables aún. Pero también más apetecibles, ahora que lo pienso.
            –¿Algún consejo más, tío?
            –Prueba lo que te he dicho. Si falla, estáte atento al siguiente acto de virtud que cometa. Seguro que ahora se piensa que, por enviciarse una vez, ya puede seguir así de descaminado toda su vida. Quizá se piensa que es como los esbirros del Enemigo, descaminados para siempre. Atento a ese momento,  puede ser tu oportunidad. Y, sobre todo, nunca cejes, nunca descanses.
            Ay, estos humanos, qué incoherentes, qué deleznables, qué apetecibles.

domingo, 16 de septiembre de 2012

ESTIRAMIENTOS




 
ESTIRAMIENTOS

         ––¡A la barra! Estiramientos por parejas.
         Esta tarde el mismo sifu dirigía la sesión previa al entrenamiento. Venía observando que el nuevo procuraba que le tocara siempre con Claudia. Solo tenía que ponerse cerca de ella al comienzo de los ejercicios individuales, y estar espabilado en el momento de los emparejamientos.
         Ahora él le sujetaba la pierna, esa pierna perfecta, torneada y espectacular, incluso bajo el amplio pantalón negro. Claudia era increíblemente flexible. Él la sostenía con ambas manos y con una sonrisa le decía algo que el sifu Antonio no consiguió distinguir. Pero lo que sí percibió es que el nuevo estaba estirando más de la cuenta.
         ––Dejadlo ya ––exclamó de pronto––. Hoy haremos combate libre toda la hora. José María, te toca conmigo.