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Dios con minúscula (II)

A modo de felicitación navideña, reproduzco una carta al director que apareció ayer en La Rioja y El Diario Montañés. Mis lectores más avezados se darán cuenta de que publiqué una idea parecida el año pasado en este blog, pero esta versión está reescrita. En cualquier caso, lo que se dice en estas fiestas no es nunca excesivamente original, ¿verdad? Bueno, las imágenes sí lo son.



DIOS CON MINÚSCULA

En los últimos años viene extendiéndose entre escritores, periodistas y personas que consideraríamos cultas, la práctica de escribir el nombre de Dios con minúscula. Aunque la RAE sigue manteniendo que “se escribirá con mayúscula inicial … cuando se emplea como nombre propio, de carácter  antonomástico, para designar al ser supremo de una religión monoteísta” (4.2.4.2.), los casos que comento no parecen de incultura ortográfica, sino más bien de una curiosa profesión pública de ateísmo, impiedad o acaso amonoteísmo. Así, quienes no le niegan a Thor o a Minerva su mayúscula, aunque no crean en ellos, se la niegan a la divinidad de la tradición judeocristiana en la que se han educado.
Pero hoy, en la cercanía de la Navidad, buscando nuevas palabras para expresar lo de siempre, he reparado en que la clave del misterio que celebramos es precisamente que Dios se ha querido escribir a sí mismo con minúscula. En esto, también, se ha adelantado a los que no le quieren, o no admiten que exista. Ese bebé minúsculo, que nace en una cuadra que estaría bastante más mugrienta de lo que nos muestran los pulcros belenes, viene a acoger a todos, incluso a ellos, entre sus brazos minúsculos.
            Feliz Navidad a todos los lectores.

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