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domingo, 27 de octubre de 2019

Franco redivivo


Como todo el mundo sabe, el problema más inquietante en España era el lugar donde reposaba el cadáver de Franco. Afortunadamente, nuestro valeroso presidente en funciones, don Pedro Sánchez, ha movilizado todos los recursos del gobierno para solucionarlo, y este pasado jueves 24 de octubre de 2019 ha llevado a cabo la histórica hazaña del desenterramiento del féretro y posterior enterramiento en otro lugar. A partir de ahora, ni la desaceleración de la economía, ni la nueva crisis que se avecina, ni el desgobierno sin visos de consenso, ni la falta de libertad en Cataluña, ni la violencia callejera, machista o independentista, ni siquiera el cambio climático nos tendrán que preocupar.

No es hazaña pequeña, no, y es posible que los votantes del señor Sánchez lo valoren en su elevada medida. Pero, ¿quién sabe qué otras consecuencias pueden tener tan encomiables actos? Para empezar, cuando nadie (especialmente los menores de cuarenta años) se acordaba ya de Franco, este asunto lo ha resucitado de alguna forma a las puertas del Día de Difuntos (para otros, Halloween). Y díganme, ¿es conveniente resucitar a un dictador?


Parece razonable despotricar del franquismo no tanto por la Seguridad Social o el desarrollismo o la inauguración de pantanos como precisamente por ser dictadura, es decir, un régimen no democrático en el que no se puede ejercer la libertad política. Pero el mejor legado de un dictador no son tanto sus restos mortales como el modus operandi, el control y la supresión de libertades. Ahora se da la paradoja de que los más acérrimos antifranquistas pueden estar homenajeando al dictador del mejor modo posible, es decir, empleando sus métodos. Por ejemplo, una ley –sea estatal o autonómica– que busque rescribir la historia y penalizar a quien disienta de la versión oficial, está utilizando métodos de dictador. Y podríamos seguir con más ejemplos.

Y otra cuestión no menor. Durante varias décadas las personas de derechas y de izquierdas han caminado juntas para hacer de España un país libre y moderno, del que estar orgullosos. Ahora, resucitar cadáveres propicia que “rojos y fachas” de nuevo se vuelvan a tirar los trastos a la cabeza, primero en el Parlamento, para que luego los más descerebrados se rompan el cráneo en la calle.

Y menos mal que no llegaron a abrir el féretro de Franco. ¡Igual todavía estaba vivo dentro! ¡Feliz Halloween!

domingo, 20 de octubre de 2019

No nos doblegarán. ¿O igual sí?


“Los violentos nunca podrán doblegarnos a los demócratas”. Frases similares se oyen en boca de altos mandatarios en actos públicos organizados para consuelo del pueblo ante catástrofes provocadas por grupos humanos (por llamarlos de alguna forma) que buscan imponer sus ideas con terror, violencia, o muerte. Pues bien, en estos días en que están sucediendo los episodios más negros de la historia reciente de España, tal consuelo parece necesario. El independentismo catalán, con la ayuda del anarquismo-antisistema internacional y nacional, ha cruzado una frontera extrema, ha empezado a recurrir al terror, la violencia y (pronto) la muerte para conseguir sus fines.



Se me ocurren unas cuatro formas en las que un movimiento independentista pueda triunfar. La primera es cuando el gobierno del país de origen decide que el territorio contestatario es más costoso que rentable, y gustosamente accede a dejar que se separe. La segunda, cuando la comunidad internacional presiona a favor de la independencia en función de las razones históricas o las graves condiciones de injusticia que los separatistas logran denunciar y probar. La tercera, cuando, sin darse los supuestos anteriores, el gobierno del país es demasiado débil o demasiado buenista, y por contentar las gargantas de los insaciables, o por no ser tachado de extremista, o simplemente por conservar a su líder en el sillón por un par de años más (acaso la situación más común), se deja llevar por la marea, accede a convocar una consulta vinculante que los independentistas bien organizados se encargarán de ganar, y, tras este punto de no retorno, consumará la pérdida irreversible de ese territorio con sus gentes.

Tal como yo lo veo, el independentismo catalán aspiraba en un principio a conseguir sus fines mediante el segundo método, y luego, ante la imposible justificación, a través del tercero. Esta estrategia podía llevar su tiempo, pero planteaba un horizonte de futuro posible. Pero ahora, con la excusa de una sentencia judicial relativamente moderada y muy susceptible de reducción e incluso indulto, el proceso se ha acelerado y se está aplicando al cuarto método, el de la violencia, acaso el más eficaz cuando se reúnen las condiciones. En este, cuya eficacia está contrastada a lo largo de los siglos, no cuentan las razones, ni el talante democrático, ni siquiera la historia. Lo que cuenta son las armas, el músculo, la brutalidad.

Pues eso, los violentos no nos doblegarán a los demócratas. No. Salvo que los violentos sean fuertes, y los demócratas débiles.

domingo, 13 de octubre de 2019

Gélidas aulas de octubre

        --Te lo juro, tía. La Jessy es una empalmada.
        Lo primero que atrajo mi atención fue precisamente este vocablo, “empalmada”. Hacía poco que había constatado nuevas acepciones coloquiales en idiolectos adolescentes, además de las de ámbito etílico-festivo o falocéntrico (sic). Pero ahora, a mis espaldas, surgía una nueva evidencia lingüística.
El discurso provenía de un diálogo entre dos voces femeninas, presumiblemente jóvenes, detrás de mí. Yo caminaba sin prisa pero sin pausa por el campus de camino a mi facultad, y las voces parecían mantener un paso y rumbo similares. Lo digo para que no se me malinterprete y se me achaque injusta olisconería.
–Joder, y ahora cágate, me toca clase con [beep]. Menudo coñazo me espera.
Al llegar a este punto mi interés se derivó hacia el sujeto marcado con un elíptico pitido en mi texto, aunque he de aclarar, con alivio, que no se trataba de mí. Con todo, el trayecto no era muy largo, y nuestra procesión llegó pronto a su destino. Aquí las voces parecieron despedirse.
–Y lo peor es que el aula es un frigorífico, tía. Joder qué corrientes. Y qué frío se pasa. Venga, te veo luego.
La anónima hablante no dejaba de sorprenderme. El presente sol de octubre está aún más cerca del verano que del invierno, aunque sí es cierto que no resulta superfluo llevar al menos un jersey o chaqueta. Entramos en el edificio y yo, con más curiosidad que cortesía, le cedí el paso sosteniendo la puerta. La joven no reparó en mí, pues en esos segundos desde su despedida de la amiga había sacado el móvil y lo manipulaba con pericia. Pronto entendí la raíz del problema: vestía una ligera indumentaria que exponía hombros, ombligo, riñones y siete octavos de pierna a la intemperie.
Aún estoy plantado ante la cabina del conserje preguntándome si debería pedirle que encienda la calefacción. Yo creo que sería pertinente.



domingo, 6 de octubre de 2019

Cosas de Clara

En esta tarde en la que aún estoy algo aturdido por el jetlag y con poca inspiración, opto por volver a los orígenes de mi blog. En efecto, este arrancó porque quería promocionar mi (entonces) reciente novela Mientras ella sea clara. Angelito ... Como en estos nueve (!) años se han incorporado nuevos lectores, hoy vuelvo a reproducir algunos fragmentos de la novela que aún me divierten. Por supuesto, como todo lo que escribo, a la vuelta de los años siempre me apetecería reescribirlo. Pero quizá sea mejor no meneallo.


LA ESENCIA DEL PROBLEMA
《Y ahora que ya conocéis a los tres causantes de mi terrible desazón, ya va siendo hora de que os mojéis un poquillo, ¿no? A ver, ¿con quién os quedaríais? Venga, mojaros, mojaros, ya vale de hablarlo yo todo... Míchum es un pedazo de pan, o mejor dicho, un mendrugo de pan. Míchum es mi mejor pasado y mi más incierto futuro. Con él tendré mucha ternura y mucha discusión, muchas hipotecas y muchos churumbeles gritando y volviéndome loca. Martello es la seguridad, el poder, la protección, el sentirme princesa de cuento, el dejarme llevar por un suave hipnotismo. Pelayo significa pasión, erotismo, la reinvención continua de lo cotidiano, la perenne incertidumbre que a la vez te llena de entusiasmo, el no-sé-qué-hago-aquí-pero-me-encanta. Y, lo que es peor, los tres representan facetas de mi vida a las que no quisiera renunciar. Quizá yo sea de esas que tienen múltiple personalidad, o personalidad desintegrada, o esas zarandajas que tuve que estudiar (…). Pero lo cierto es que no me siento con fuerzas ni ganas de desprenderme de ninguno de los tres y de lo que representan en mi vida.》
 (p. 147)

A CLARA NO LE GUSTAN LAS BODAS (AUNQUE PREPARE TRES)
《Estaba comentando lo de la boda del Tenis, y yo empezaba a despotricar contra la manía superextendida de invitar a gente que casi no conoces, no sé si para que te hagan más regalos o para que la boda suba de categoría o qué. Seguro que tenéis la experiencia de que os toque una mesa entre gente que no has visto en tu vida y con la que no tienes ningún punto en común, pero a la que tienes que besar como si fueran colegas de la infancia y con la que tienes que aguantar las tres horas que dura la comilona hablando de memeces. Y todo esto se agrava si el resto de los comensales de tu mesa ya se conocían y son de la misma “panda” (qué palabra tan cursi), y se ponen a repasar la lista de amiguetes, enemiguetes y conocidetes, o a contar anécdotas del pasado desternillantes (para ellos y su pastelera madre, claro), y cuando llega el solomillo te vuelven a preguntar, “Clara, y tú a qué te dedicabas?”, y les vuelves a decir que eres técnico en aprendizaje, adaptación y psicomotricidad infantil y contestan “ah, qué interesante”, y cuando llegan los postres los novios vienen a retratarse con los de la mesa, y la novia (a la que quizá has conocido esa tarde) te pregunta dulcemente si te lo estás pasando bien, y tu contestas que de maravilla, que es el día más feliz de tu vida y tal. Y luego el bailongo, con la gente volviéndose progresivamente más y más pedo, con el corrito para dejar que los novios bailen un vals que llevaría a Strauss al suicidio, con la típica pareja de resabidillos con miles de horas de bailes de salón humillando al resto y quedándose solos en la pista, con el tío de la novia divorciado y prematuramente curda dedicado a sobar a toda hembra menor de setenta y cinco, con la casposa conga de jalisco de remate... Un martirio chino, vamos.》
 (p. 168)

CLARA NO QUIERE SER FAMOSA


《Me pasa justo lo contrario que a las chicas de mi generación: todas quieren ser famosas. En cuanto una es un poquito mona y tiene unas piernas no demasiado espantosas y la piropean los cuatro pichabravas recién bajados del andamio que te cruzas a diario, ya se pone a soñar con sus posibilidades de ser modelo, o actriz, o bailarina, o gran hermana, o todas esas fritangas del rollo Operación Triunfo o Un Paso Adelante. A mí, sin ir más lejos, que cada vez que me miro al espejo me parezco más fea, hace un par de años me llegaron a ofrecer la posibilidad de hacer carrera como modelo de una firma de ropa nacional. Un tío que me conocía de la uni, y que ahora se dedicaba en Madrid a cazar talentos. Me decía que tenía una mirada que seducía a la cámara. Qué gilipollez. No lo dudé un minuto, le dije que ni de coña bendita, vamos. Cuantos menos me conozcan, mejor. ¿Cómo puede haber gente tan majadera que piense que salir en la tele o en las revistas es la meta de su vida? En cuanto eres famosa ya se acabó tu intimidad, ya perteneces al dominio público. Cualquier maruja con rulos, patillazas y lamparones en la bata puede pontificar sobre tu vida y milagros, sobre tus manías, tus lugares de veraneo y lo resultona que eres como amante. No puedes ir a la playa sin que haya algún paparazzi oligofrénico dispuesto a hacer carrera contigo. Caminas por la calle y a cada segundo se te cruza gente que te reconoce, que suelta risitas bobas, o que directamente te para para que le firmes en la escayola o le beses el muñón. No tienes el más mínimo derecho a la intimidad, derecho que, para una santanderina de pro con sangre inglesa, juzgo el más irrenunciable de la entera existencia.》
 (pp. 178-9) 
A CLARA LE ASUSTA EL COMPROMISO 
《Sin embargo, Míchum cree en el matrimonio cristiano y para siempre, y en el rollo de tener hijos y de acompañarlos al cole y a los partidos de fútbol y a las funciones cutre que dan en el colegio por Navidad y demás. Y yo no es que lo rechace de plano, pero en ocasiones vomito de pensarlo. Pasar toda la vida con el mismo hombre, viviendo bajo el mismo techo, cambiando pañales, cocinando y fregando y planchando (aunque vayamos a medias, ojo), con todo el peso de la rutina cayéndote encima un año tras otro... La atadura es lo que agobia, ¿me entendéis? Saber que estás atada. ¿No es mucho mejor vivir al día, pasarlo bien hoy y ahora, sin comerte el tarro sobre el futuro?》
 (pp. 41-2)


POR QUÉ CLARA NO EJERCE DE MAESTRA
《Como ya os he dicho, soy diplomada en Magisterio especialidad educación infantil. La carrera me costó sangre y sudor, pero creo que no es culpa mía, ni que mi capacidad intelectual no sobrepase con mucho el nivel requerido. Lo que pasó fue que a mitad de carrera me entró la crisis: me empecé a plantear que los niños no me gustaban un pimiento. Quizá si me fuera al Perú o a Ruanda y tratara a niños indígenas desnutridos y sonrientes, que se emocionan si les regalas el palo de un chupachups, me cambiaría el concepto. Pero los niños occidentales, y en concreto santanderinos, malcriados por papá y mamá, tíos y tías, abu y abá, vecinos y vecinas, atiborrados de regalos en navidades y Reyes, en cumpleaños y nocumpleaños, en santos y San Dejamenpaz, acostumbrados desde la cuna a ser los tiranos sátrapas de la casa; cuyas mamás les defenderían como leonas ante todo el claustro escolar aunque ellos le hayan pegado fuego al colegio; cuyas abuelas, aunque sean nonagenarias y catalépticas, si queda un solo asiento en el autobús se lo dejarán a ellos indefectiblemente, y luego ellos no se lo agradecerán ni por el forro... A esos niñatos, yo sinceramente los detestaba. ¿Y cómo iba a dedicarme de por vida a ser maestra si detestaba a los niños?》
 (pp. 74-5)

MÍCHUM Y CLARA HABLAN DE SEXO TRAS UN SONORO CORTE DE ROLLO
 《         —Míchum, ahora sí que no te entiendo nada. ¿Qué mal puede haber en disfrutar un poco de la vida, que ya es bastante puta? ¡Qué pecado ni qué mierda! No me pidas que te comprenda. Lo único que entiendo es que no me quieres. No lo suficiente. Tus curas te han metido esas ideas de que el sexo es malo y que hay que evitarlo, y tú no eres capaz de levantar la cabeza de esas supersticiones. Pero si el sexo es lo mejor que tenemos, Míchum.
Él se quedó un momento pensativo, como buscando una respuesta, rascándose la cabeza. Al cabo se le iluminó un poco la cara. 
          —Mira, Clara. Cuando eras cría, ¿no te hacía ilusión esperar al día de Reyes para recibir los juguetes? Imagínate que te los hubieran regalado según los iban comprando. Seguro que apetecía más en el momento, pero luego... no era lo mismo ¿No me entiendes?
           —Has puesto un ejemplo pésimo. A mí nunca me regalaron juguetes en navidades...   
        —Vale, vale, lo que quiero decir es que no se trata de evitar el sexo, sino de cuidarlo. Cuidarlo, eso, protegerlo. Es tan importante que hay que guardarlo de los ladrones. El sexo y el amor, el amor y el sexo, son dos líos alucinantes. No hay quien se aclare con ellos. Si tienes suerte, te pueden hacer muy feliz, pero también te pueden amargar la vida, o las dos. Pero yo al menos sé una cosa: los tesoros hay que guardarles. No se puede ir enseñándoles a todo quisqui. Si alguna vez me tocara la lotería, no iría enseñando los billetes por la calle. Los guardaría en el banco... hasta que llegara el momento de gastarlos... ¿Entiendes?》
 (pp. 212-3)

EL FISCO, SEGÚN EL HONRADO SEÑOR MARTELLO
《La verdad es que Hacienda cada año se excede más. En vez de ir a por los ricachones mangantes, los que cometen los grandes desfalcos, los altos funcionarios del sobre y la mordida, el fisco nos chupa la sangre a los honrados ciudadanos de a pie. Y quieren que los ciudadanos honrados paguemos y callemos, nos quieren indefensos jurídicamente ante esa  explotación impune que nos hacen de lo alto, con las armas del Estado. Por eso me parece muy encomiable el afán de usted por analizar maneras de desgravar. Es, yo diría incluso, heroico. —Y añadió, dirigiéndose a mí—: ¿Ha visto la película Matrix? (…) He aquí una buena imagen del estado que exprime a sus súbditos. Tenemos que procurar, como los protagonistas de Matrix, introducirnos en los vericuetos de la enorme maquinaria absorbente y conseguir minar el sistema desde dentro, sin que nos puedan atrapar.》  
(p. 55)

LA PROVIDENCIA, SEGÚN MÍCHUM 
《Mi experiencia me dice que, por mucho que reces y estés en grupos cristianos y tengas una cierta vida de creyente, el de Arriba no siempre te saca las castañas del fuego. Muchos familiares de víctimas de accidentes, por ejemplo, se preguntan por qué Dios les ha dejado tan tirados, cómo se puede justificar tanto sufrimiento, y algunos pierden la fe como consecuencia. (...) El de Arriba no se dedica a impedir que la gente sufra, ni que muera. Lo que le interesa es que la gente muera bien, en su onda, podríamos decir. Por eso permite cosas que nosotros no entendemos a la primera, ni quizá a la segunda, ni a la tercera. Y justo por eso, por no entenderle, nos parece que nos deja tirados (...), y nunca tienes claro si Dios piensa como tú o justo al revés que tú. 》
(pp. 118-9)