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domingo, 26 de mayo de 2019

Sé dónde vives



Domingo electoral en España, por partida triple. A ver si a partir de ahora los políticos dejan de prometer y empiezan a cumplir (aunque en algunos casos igual es mejor que no cumplan lo que prometen). En fin, con ocasión de tantas citas con las urnas para ejercer nuestra ínfima parcela de libertad de elección, he comprobado la también ínfima privacidad de la que gozamos los españoles hoy en día.

Como mis compatriotas habrán comprobado en carne propia, estos días hemos recibido montones de cartas de los partidos políticos. Este año más, pues más organizaciones maman de la ubre y, por consiguiente, disponen de más dinero (público) para invertir en propaganda. Pero lo curioso del caso es que todas esas cartas de partidos llevan mi nombre completo, dos apellidos y dirección. Es decir, que yo, como usted, estoy fichado en las bases de datos de organizaciones que no me interesan lo más mínimo y que, al menos, saben dónde vivo.

En estos tiempos en que te marean con cláusulas para salvaguardar la privacidad y que a cualquier colectivo le obligan a contratar dudosos servicios de agencias de protección de datos, resulta que nuestros datos de residencia está en manos de personas a las que nunca se los darías. Sí, los copian del censo, claro, pero entonces, ¿por qué el censo está al alcance de cualquiera?

Esto me trae a la memoria una anécdota que me contó un escritor conocido, columnista en un diario de izquierdas. En una ocasión publicó un artículo muy crítico con una medida del gobierno, y al poco tiempo recibió una llamada directa del entonces ministro del Interior (a la sazón Rubalcaba, q.e.p.d) para pedirle cuentas por el tono y contenido, dejándole claro el estribillo de la canción de Police: "Every step you take..."

En el creciente clima político de agresividad y cainismo, cuando muchos se empeñan en desarrollar el peligroso juego de las dos españas, no me deja tranquilo que nuestros datos obren en poder de manos extrañas. ¿Hay algo que se pueda hacer?

domingo, 19 de mayo de 2019

FAUNA URBANA VII: VOCIFERUS RECLINANTIS

Esta especie tiene su hábitat natural en los autocares de media y larga distancia, en los que construye su nido al cabo de unos pocos instantes del ingreso.



Un primer rasgo que define al espécimen es que considera su derecho inalienable apurar el ángulo de reclinación de su respaldo abatible, independientemente de que detrás viaje una persona de gran volumen o un jugador de la NBA, a quien por supuesto no mirará ni avisará en el momento de descargar todo el peso de su derecho sobre las incautas rodillas de aquel.

Una vez instalado en el asiento a su entera satisfacción, el Vociferus saca su adminículo de telefonía móvil y comienza a organizar sus variados e interesantes asuntos de tal modo que hace copartícipes de estos tanto al conductor como el viajero del fondo que intentaba sestear.

Si acaso consigue culminar sus negocios, demorados hasta poder ser despachados en pleno transporte público, nuestro espécimen aprovechara la estupenda cobertura con que le obsequia su compañía para saludar a ese amigo al que nunca visita, para recordar a su madre que le tenga preparado un buen cocido de pochas con chorizo, o acaso para debatir con su expareja los motivos por los que lo suyo no podía funcionar, todo ello ante la admirada curiosidad de los más oliscones del autocar, o el prolongado fastidio de quienes quisieran dormir, leer, o simplemente no ser vulnerados en su delicada sensibilidad




domingo, 12 de mayo de 2019

Dos microrrelatos aumentados

En su extraordinaria intervención en el pasado taller de crítica y creación literarias, Leticia Bustamante nos dio una lección sobre los diferentes tipos de microrrelatos aumentados, entre los cuales se hallaban los inspirados por/ complementados por/ ininiteligibles sin/  una imagen.

Sesiones como aquella te amplían enormemente los horizontes, y aprendes que el microrrelato puede surgir de donde menos te lo esperas. Confieso que no he practicado demasiado tal tipo de narración aumentada, pero a veces recuerdo esta amplitud de posibilidades y me veo inclinado a proponer un minitexto asociado a una imagen. Valga este modesto ensayo en el subgénero como iniciación sin la menor pretensión,  salvo la de contar con la benevolencia de mis sufridos lectores.

El primero debe su inspiración a la campaña primavera-verano de Cortefiel.

¿Y DESPUÉS?
por Cortefiel 2019



–Bueno, preciosa, y después, ¿qué te apetece hacer? [Con la pasta que me llevo gastando, a ver si consigo llevármela al huerto].

–Ay, no sé, la noche es joven. ¿Qué propones? [Cómo me aburre el viejuno. A ver si se traga lo de la jaqueca y me vuelvo a casa a engancharme al Netflix].
















El segundo es aún más breve. Debe su inspiración a una tarde de piedad popular y de poner mis varices a prueba.



NANA

Algún día,  hijo mío...
por CVF 2019




domingo, 5 de mayo de 2019

No es fácil ser madre

Hoy domingo, Día de la Madre, recupero un micorrelato (navideño, sí) que demuestra que la labor materna nunca fue fácil.
Felicidades, mamás...

by CVF 2019
EPIFANĪA

La revelación fue demoledora. Y Toñín no se esperaba hoy semejante demolición de uno de los pilares en que reposaba su plácida infancia. Pero Mamá había decidido que, de no hacerlo ella, a la vuelta de las vacaciones navideñas lo haría algún compañero de cole maleado por sus hermanos mayores, o por sus amigotes. Y, en ese caso, sin duda el efecto sería aún más traumático.
            Si acaso Mamá había llegado a sospechar que su hijo ya lo sabía, ahora comprobó que se equivocaba de plano. Es más, sus entrañas maternales se desgarraban al contemplar el llanto desconsolado de Toñín. “A lágrima viva” o “a moco tendido” son expresiones gráficas insuficientes para describir lo que estaba presenciando, ese vaciarse del alma inocente a través de las lágrimas, esa indefensión hermanada con la amargura por la que se estaba escapando la primera infancia de su hijo, acaso la etapa más entrañable de su vida.
Cuando por fin el niño se repuso un tanto, lo primero que farfulló fue esta quejumbrosa súplica:
            –Pero júrame que el Ratoncito Pérez sí que existe. Júramelo, Mamá. Pérez es de verdad, ¿a que sí?