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domingo, 30 de septiembre de 2018

FAUNA URBANA II: MOVILADICTO

Entrada no tan nueva, pues reciclo una anterior. En realidad no debería incluir esta especie entre la fauna urbana, pues sus síntomas constituyen ya una pandemia universal harto evidente, no solo entre jóvenes, ni mucho menos. Aunque siempre se pueden alcanzar nuevas cotas: este verano había muchas chicas que paseaban por la orilla de la playa con el móvil ajustado entre las cintas del escueto bañador.




Desde que se inventó el smartphone se acabaron las esperas aburridas en la parada del autobús o en la consulta del médico, o los viajes tediosos, y ya no se sufre en las conferencias de obligada asistencia ni en las clases tostón. Los parlamentarios sestean menos en sus escaños, y en las reuniones de trabajo los voceros vocean menos. Podría decirse que todo son ventajas.

¿Todo? Bueno, nuestro espécimen de hoy se caracteriza porque, además de llevar el bendito aparato en todos los ambientes arriba descritos, resulta incapaz de apagarlo cuando la prudencia podría así aconsejarlo. Puede estar presenciando un espectáculo por el que ha pagado una entrada no barata y, en el punto más álgido, dedicarse a contestar al whatsapp entrante o testificar por Facebook que le “gusta” la última monada de sus colegas. Igualmente puede hacer lo propio en medio de una clase interesante, durante la homilía del funeral de su tío, o en la cena de los treinta años de su promoción. Se da incluso la posibilidad de que dos amigos se digan todo por Messenger y, cuando se ven en persona, se remitan a la información allí contenida.

Con todo, esta especie también puede inspirar poesía y arte. He aquí una muestra:


LA JOVEN DEL SMART-PHONE

Sentada bajo urbana marquesina,
cruzadas esas piernas transitivas,
pulgares en furioso movimiento,
el autobús esperas sin urgencia.
Ignoras las miradas dedicadas
por tus hordas admiradas de devotos
–si fuera yo un ulises navegante
tendría que amarrarme bien al mástil
para no sucumbir–. Pero tú sigues
ajena a distracciones, perseveras,
no hay nada en esta hora que te aparte
de lo que reverbera en tu pantalla.
Y tras tu eternidad de vigilancia
sobre otros mundos que no son el tuyo,
y antes de que el ómnibus te lleve
y salgas para siempre de mi vista,
consumas tu labor,

marcas: “Me gusta”.

domingo, 23 de septiembre de 2018

Saludos desdr Brighton

La verdad es que pensaba haber empezado con más rigor la nueva temporada bloguera, en concreto el nuevo comienzo de la serie "Fauna urbana". Pero hay cosas que se anteponen en mi vida. Ahora, por ejemplo, escribo desde Brighton, donde pasaré un mes. Ya os contaré si encuentro huellas del pobre Pinkie. De momento, os mando saludos desde el Royal Pavillion. Que disfrutéis del otoño veraniego mientras yo me acostumbro al invernal.

domingo, 9 de septiembre de 2018

FAUNA URBANA I: PLAYEROS VERTEDEROS


Hace tiempo que pensaba recomenzar una serie que inicié años atrás, Fauna urbana, apuntes sobre congéneres nuestros que dan alguna nota.

Como los ecos de la playa ya han pasado a ser parte de mi nostalgia veraniega, aprovecho para reinaugurarla con una fauna playera que hace lo que puede para aliviar aquella.

Lo más divertido, por supuesto, ha sido desempolvar los lápices.


FAUNA URBANA I
PLAYEROS VERTEDEROS



Les oyes llegar, les oyes instalarse, y también les oyes (¡oh!) marchar. Parecen estar enfadados entre sí, pero tal apreciación es inexacta. Son una manada unida, y, a su modo, se quieren. Solo que cualquier pequeño detalle, hasta dónde plantar la sombrilla, es objeto de discusión bronca aireada a las cuatro brisas.
   Aportan el hilo musical (valga el optimismo) al entorno cercano y hasta lejano, y ayudan a sus vecinos a ponerse al día en lo último de reggaetón, flamenco o chunta-chunta. Con frecuencia se agrupan con manadas afines y comentan incidentes de su cotidianidad a voz en grito, salpicando su anecdotario con juramentos o risotadas, y todo sin necesidad de bajar el volumen del aparato.
    No son muy dados al ejercicio físico, salvo el relativo al flexionamiento de codo y de musculatura maxilar. Por este comprensible motivo tampoco son muy dados a caminar hasta el cubo de basura playero más próximo para depositar los innumerables restos orgánicos e inorgánicos de sus avituallamientos. No pretenden privar al que venga detrás de la ocasión de agacharse y recoger sus plásticos, mecheros, envases, briks, compresas, etc.
   La teoría que afirma que un botellín de Cacaolat tarda quinientos años en degradarse, o que envenena fatalmente al ecosistema marino, no les parece suficientemente contrastada científicamente, y por tanto la desdeñan desde una postura crítica.
   Aunque cueste entenderlo, la opción de este grupo humano es, sin embargo, radicalmente democrática. Hasta las piscinas públicas requieren de algún tipo de suscripción o entrada. Pero la playa es del pueblo, la playa es de todos, ¿no es verdad?


domingo, 2 de septiembre de 2018

BIEN HALLADOS

Estimados amigos, lectores y voyeurs:

Espero que hayáis tenido un buen agosto. Yo, como podéis comprobar, me he tomado durante este mes un descanso en mi modesta faceta de bloguero. Sí, he vacacionado en mi Santander natal, pero que conste que tampoco me he estado rascando demasiado la barriga, pues, además de otros asuntos que no son del caso pero que han absorbido muchísimo tiempo y energía, me he ocupado en menesteres creativos. Por ejemplo, la redacción de algún nuevo microrrelato y la revisión y reorganización de los que ya tengo, casi ochenta. En este punto quizá me anime pronto a mandarlos a algún editor receptivo (¿hay alguno en ese lado?). El libro tendrá al menos dos partes, y en la segunda figurarán continuaciones, ecos o microhistorias relacionadas con las de la primera. Algunos ya los he ido publicando en estas páginas, y les podéis echar un vistazo AQUÍ.

Alargada sombra de bloguero...
También he podido leer bastante a la orilla del mar (ha caído, entre otros títulos, el afamado Patria, del que quizá escriba algo), y a mi discreto modo he contribuido a que no se extinga del todo la figura del lector playero, especie en serio peligro. También he asistido a tertulias con amigos de letras, y me he dejado caer por actos culturales (como la charla de Álvaro Pombo en el Casino de Santander, donde pude  escuchar las excesivas digresiones de un ponente que sabe encandilar a su público sin acaso molestarse en preparar sus intervenciones).

En fin, supongo que he recargado algo las pilas y me dispongo a afrontar un nuevo curso (es curioso que esta unidad escolar acabe determinando gran parte de nuestra organización temporal) con interesantes metas en el horizonte. Así, confío en que mi libro sobre los viajes de Graham Greene por España, que ya doy por terminado, vea pronto la luz en una editorial seria. También espero presenciar el comienzo de una nueva etapa en la vida de la revista Fábula, pues a partir de noviembre, gracias a los esfuerzos de un renovado equipo de entusiastas, cambiará el formato y el enfoque de sus contenidos. Me esperan también viajes a Brighton, Córdoba y Barcelona relacionados con trabajos de literatura inglesa.

Cosas que os iré contando. Pero sin prisa, ¿vale?