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domingo, 22 de abril de 2018

Encuentros literarios Ateneo 1996-2001



ENCUENTROS LITERARIOS EN EL ATENEO RIOJANO, 1996-2001

En estos días de ordenar viejos papeles me he encontrado con las memorias de actividades del Ateneo Riojano desde 1996 hasta 2001. ¡Qué tiempos! La entonces presidenta, Rosa Herreros Torrecilla, me fichó con ese encanto suyo irresistible para que organizara los encuentros de autores jóvenes (o no tanto) junto con Jesús Miguel Alonso Chavarri, matemático y novelista.
            No fue tarea demasiado difícil. Eran los primeros años de la revista Fábula, que servía de catalizador de las inquietudes del puñado de escritores que surgía en cada nueva hornada de potenciales filólogos de la Universidad de La Rioja. Yo me acababa enterando de tales inquietudes porque, además de dirigir la revista, impartía, en primero de Filología Hispánica y de Humanidades, una asignatura titulada Historia de la Literatura Inglesa. Una mera introducción, doce siglos en cuatro meses, pero creo que a los alumnos les agradaba, aunque solo fuera por ser una de las primeras asignaturas de perfil literario que encontraban al poco de aterrizar en una facultad de letras. Luego a algún genio de la planificación universitaria (ignoro a quién) se le ocurrió que era mejor sustituir esta asignatura por otra de inglés práctico, un soso B1 que llovía sobre mojado. Pero, en fin, esa es otra historia.

            El caso es que por aquellos días invité a leer sus poemas o relatos a varios escritores en potencia o a jóvenes promesas, algunas luego cumplidas. Era enternecedor invitarles a subir al estrado y verles soñar con el (presunto) poder de su pluma, y oírles responder a preguntas que les tomaban totalmente en serio (“¿Cuál es tu rutina de escritor?”, “¿Cuál es tu próximo proyecto?”). Me anima pensar que, si no surgió alguna vocación literaria de esos encuentros, al menos sí se impulsó más de una (aunque, si se dio el caso, tendré que esperar a mi funeral para enterarme).
            Estos son algunos de los actos que he rescatado de los papeles. Soy consciente de que hubo alguno más, pero no tengo la referencia en este momento. También creo que empecé a colaborar con Jesús Miguel antes de 1998, así que pongo entre corchetes los encuentros de cuya participación mía tengo alguna duda. Mi reconstrucción es, pues, como sigue:

            [Begoña Abad y Elvira Valgañón, 26 noviembre 1996]
            [Eneko Ezquerro y Bruno Belmonte, 20 marzo 1997]
            [Pio García Tricio y Paulino Lorenzo, 14 mayo 1997]
            [Eugenio Sáenz de Santa María y Javier Jiménez, 20 noviembre 1997]
            María Luisa Lázaro, Álvaro de Apellániz y Ana Ruth Estebas, 22 enero 1998.
        Helena Ortíz, Óscar Hinojosa, José Luis Pérez Pastor, Santiago Vivanco (que sustituyó a Javier Sáenz Pinillos), 1 abril 1998.
           Manuel Prendes, Mireia Alonso, Ángel Fernández y Diego Marín A., 26 noviembre 1998.
            Vicky Pérez Herreros, Javier Solana, Miguel Zurbano, 25 marzo 1999.
            Begoña Abad, Javier Benayas, Elena Arnáez, 6 mayo 1999.
            Jorge Martínez Sanz, Carmen Beltrán, Miguel Solivera, 18 noviembre 1999.

          Rebeca Gómez Aiello, Luis Ángel Ruiz Ruiz, Vanesa Bobadilla Sáenz, 20 enero 2000.
            Eduardo Ochoa, Santiago Vivanco, 14 febrero 2000.
            Sonia San Román, David Moreno, Leonardo Soto, 23 noviembre 2000.
           Eduardo Ochoa, Santiago Vivanco, César Novalgos, Ignacio Balmaseda, enero 2001.
            Azucena Escalona, María José Marrodán, Carmen Loma-Osorio, 8 marzo 2001.
            Recuerdo este último recital con cierta melancolía. Mi padre había fallecido tres días atrás y no me encontraba con demasiado humor. No fue el último que coorganicé, pero sí del que tengo referencias, y posiblemente el principio de mi progresiva retirada de la organización de tales eventos, que me llevó a centrarme más en mi propia cantera de oportunidades, la revista Fábula.
            Y, aunque ante mi vista han seguido desfilando otras miradas de ilusión y sano (o no) orgullo autoral, en ocasiones recuerdo con cariño la sencillez entusiasta de estos encuentros literarios en el Ateneo, y deseo que el tiempo no me ponga demasiado de vuelta. Solo lo justo.


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