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domingo, 24 de diciembre de 2017

FELIZ... LO QUE SEA

En estos días todos estaremos recibiendo inifinidad de felicitaciones, en persona, por email, por carta (a extinguir) o por whatssap. Algunos se limitan a mandar una imagen, sea piadosa o paisajística, a sus numerosos contactos del móvil. El problema es que no siempre es fácil saber qué nos están deseando los respectivos interlocutores colmados de buena intención. Mi empresa hace tiempo que no felicita la Navidad, sino el Año Nuevo. Otros se limitan a felicitar unas fiestas indefinidas, algunos acaso mencionan el solsticio de invierno (incongruentemente, pues nunca cae en 25 dic, sino entre el 20 y 22), y otros se limitan a desearnos que "lo pasemos bien" o "lo mejor posible". Hay colegios que, poco después de celebrar el halloween a todo trapo, mantienen una rigurosa asepsia de símbolos navideños ante las "vacaciones de invierno", esgrimiendo el principio de neutralidad religiosa y de solidaridad con otras sensibilidades.

Es cierto que la Navidad inculturizó una fiesta anterior pre-cristiana, pero también que en occidente llevamos muchos siglos celebrándola como la venida de alguien que cambió la Historia. La alegría que se nos desea proviene de creer en una providencia que nos acompaña en nuestro caminar por este valle de lágrimas. El sentimentalismo dickensiano y el consumismo (también inglés, pero del Corte), que acompañan a la fiesta son corruptelas mucho más recientes.

La Navidad es parte de nuestra herencia cultural, y avergonzarse de ella es avergonzarse de nuestra identidad. Y eso, creo yo, debe de conllevar algún descalabro personal y social.

En fin, dicho esto, me dispongo a compartir con mis amigos, lectores y voyeurs mi felicitación navideña de este año. Ya advertí de que estos días iba a ser un poco monotemático...



¡Feliz Navidad y un 2018 repleto de buenas noticias!


domingo, 17 de diciembre de 2017

Presentaciones "Descubre por qué te mato"



Semana de presentaciones en mis dos tierrucas, Logroño y Santander, jueves y viernes respectivamente, en sendas librerías de referencia —­Santos Ochoa y Estvdio­— con un amigo en cada estrado conduciendo sendas conversaciones, que acabaron puntuales a las 20:30, a tiempo para que los asistentes acudieran a sus cenas de empresa (o de solaz).
  
Es destacable el acierto del formato. Me he dado cuenta de que con dos en la mesa es suficiente. Aún recuerdo presentaciones pasadas con cuatro intervinientes en las que, cuando me llegaba el turno, hasta yo tenía ganas de terminar. En cambio, tengo la impresión de que estas dos sesiones funcionaron muy bien y resultaron amenas. A esto contribuyó, por supuesto, el buen hacer de mis dos presentadores. Carlos Santamaría es un profesional de la comunicación como la copa de un pino, y consiguió guiar con soltura la conversación por los derroteros oportunos, y tirarme de la lengua en más de una ocasión. Manolo Pérez, profesor y novelista, incidió en cuestiones textuales e intertextuales, y me empujó a hablar de la novela con un entusiasmo que hasta a mí me sorprendió. 
            En la presentación del jueves conseguí una meta sin precedentes: agoté las existencias. Ahora bien, si me prometéis que no sale de aquí, os confesaré que estas no eran muy abundantes. Quedémonos, pues, con el titular.
(La fase de firmas de ejemplares me inspira otra observación que añadir a los síntomas del novelista en post-parto, pero lo dejo para más adelante). 
            También debo destacar la estupenda cobertura informativa en periódicos y televisiones locales. Las respectivas entrevistas en sendas cabeceras de región, La Rioja y El Diario Montañés, son de lo mejorcito en su género que recuerdo haber experimentado en mis carnes. Vinculo a continuación  la primera y la entrevista en RTVE:


RTVE (Cantabria) 28/12/2017






domingo, 10 de diciembre de 2017

Confesiones de un autor en postparto



En Santander será el viernes 15, a las 19:30, en la Librería Estvdio

Me vais a perdonar que esta semana entrante sea un tanto monotemático. En efecto, el jueves 14 y viernes 15 presento mi última novela, Descubre por qué te mato, y, como buen parto, provoca todo tipo de complicaciones psicosomáticas al parturiento.

Algo similar me sobrevino en el pasado, en torno a las presentaciones de mis cuatro anteriores libros de narrativa, en 1999, 2004, 2011 y 2012, aunque reconozco que ahora la intensidad es menor, quizá como consecuencia de la edad, o de que las ínfulas estén más domesticadas.

Uno de los síntomas es la polarización de atención. Por suerte o por desgracia, la vida no me permite una exclusividad total ­–ni siquiera altamente parcial– en lo tocante a mis creaciones literarias, pero es cierto que el tiempo que me deja permanece bastante absorbido por ellas. 

Así, te entra un deseo algo obsesivo de que el libro se conozca, que se hable de él, que acuda gente a las presentaciones, que los medios no lo ignoren, que esté a la vista, etcétera. Si algún moralista (aunque sea de pacotilla) me está leyendo, declaro que no creo que se trate de un arranque de feo orgullo (y eso que ahora el orgullo es digno de fastos), y quizá tampoco de malsana vanidad, sino acaso de esa vanidad inofensiva de la radiante madre que enseña a su bebé neonato ante la mirada ambigua de vecinos y amistades.
Estas alteraciones a las que me refiero me afectan con los libros de narrativa, pero apenas con los académicos, las traducciones o la poesía. De hecho, mi último libro fue un poemario, Nada personal, ante el que me propuse, algo cansado, apenas mover un dedo para promocionarlo, con la excepción de un par de actos en la cuasi intimidad. Pero tal dejación de responsabilidad en el editor tampoco me contentó. Cada libro es, en cierto sentido, un hijo, y a mi conciencia paternal en el fondo le pesa haber dejado de ejercer la paternidad con uno de sus vástagos. Quizá sea por eso, para aliviar esa mala conciencia, que voy colgando poco a poco poemas “nada personales” en este blog.

En fin, aunque repito que esta afección postparto me aparece menos aguda que en el pasado, no conviene despreciarla. Y además del tratamiento farmacológico (sea cual sea el equivalente del símil), requiere para su curación del cariño y atención de los allegados. Cada vez veo más claro que, cuando un autor pide que le acompañen en el bautizo de su criatura, no lo hace tanto para vender (¿quién se lucra con el mísero 10% del PVP, si es que llega?); lo que necesita es el calor de su gente para superar el trance. Y, por supuesto, sospechará del amigo que se ausente sin al menos aportar una buena excusa.


domingo, 3 de diciembre de 2017

FÁBULA 41, CUENTA ATRÁS

Quedan dos días para la presentación de Fábula 41. Este es el cartel anunciador del feliz evento.




Aporto una semblanza de Teodoro Rubio, para que os vaya sonando:



Teodoro Rubio Martín (Peñaranda de Duero, 1958) es doctor en Filología Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis sobre Gerardo Diego. Ha publicado varios poemarios, entre los que destacan Arañando tu niebla, Fría desnudez del calendario, Tu mano todo el día, La memoria se cuelga en los balcones,  o Ascender muchas noches. Entre sus libros en prosa destacan Una aventura con vosotros, Gerardo Diego y el Pensamiento religioso, y La obra religiosa de Gerardo Diego: Verso y Prosa.

Profesor durante el curso escolar, realiza proyectos solidarios durante el verano, como Presidente de la ONG Comunidad de Ayuda a Niños De América del Sur. Es miembro de la Academia Dominicana de la Lengua, y miembro de la Academia de Juglares de Fontiveros (Ávila).

Ha escrito varias antologías, una de ellas como coordinador del Grupo de investigación PRECU de una Universidad de Guayaquil (Ecuador). Algunos de sus libros se han traducido al árabe, al italiano y al portugués. Bastantes de sus poemas se han traducido al sueco, al inglés y al warao.

El evento promete ser memorable. No te lo pierdas (sin una razón de peso...)