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domingo, 5 de noviembre de 2017

Dos poemas de muerte



En algunos contextos esto puede significar que son poemas increíblemente buenos. No creo que sea así, pero se me ocurre reproducirlos hoy para dar la bienvenida a noviembre. Aunque sea el mes que menos quiero del año, no solo se saluda a los amigos, ¿no? Y además, su llamada inequívoca, desde múltiples rincones, a recordar que algún día seremos esa hoja ambarina del suelo, supone un revulsivo fecundo para hacer poesía (entre otras cosas).

En fin, de nuevo tomo mis poemas, dedicados a mis padres, de Nada personal, para así seguir compensando con atención postrera a esa criatura libresca que nació en noviembre rodeada de mucho, mucho silencio.


INCIERTA AMIGA

Mi madre no se fía de la muerte;
eso me hizo entender. Y yo, anegado
en mundos de papel, no lo sabía
o no lo quise ver.       Pero es tan obvio
cuando piensas en ello y ves que el ciclo
de realizar la compra en el mercado,
limpiar el polvo en clave impresionista,
los lunes con sus clases de acuarela,
o noches de hacer zaping distraído,
no puede ser eterno.
La muerte acecha, y no es que sea fea
por ser muerte, sino porque es extraña
porque se salta todas las presentaciones
precisas entre seres educados,
y porque siempre quiere jugar sola
pues sabe que sus chistes no hacen gracia.
O acaso es que se vea acomplejada
por ser la eterna intrusa incomprendida
que solo busca el bien de sus amigos
y allegados.                Bien pensado,
no es justo que hoy angustie a un ser tan puro
que no merece sino el alba eterna.

Mi madre no se fía de la muerte
a pesar de que cada noviembre de agua y hielo
cotejan listas de amigos comunes.




DISCRECIÓN

Para escándalo de artistas y poetas,
de políticos con cuota, de aprendices
de arribista, de putón de gran hermano,
para escarnio, por qué no, de delincuentes
que acaparan las noticias de sucesos,
de cualquier bípedo implume que habitara
la otra orilla de tu tele,
de todos, pues, aquellos que requieren
ese otro yo que posa en letra impresa
para considerarse al fin personas:
la única aparición en titulares,
de tu bendito nombre, fue tu esquela.

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