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domingo, 17 de septiembre de 2017

DOS POEMAS BREVES

Esta semana ha sido de calma tras el paso del huracán, de ver cómo la vida sigue y el daño se empieza a reparar, salvo que haya sido irreparable. En la cabeza me rondan una serie de poemas provocados por la situación y por este viaje tan especial, pero aún no me atrevo a adelantar nada. Ya veremos si sé responder a la inspiración.

A cambio, reproduzco dos de los poemas más cortos de Nada personal, que además de su parvedad tienen en común que tratan del viaje de la existencia. "Nada original", claro, pero la poesía no deriva su valor de la novedad de sus temas, ¿verdad?


CHECK POINT
Para el viaje decisivo
ya no hay equipaje que valga;
todo nos quedará confiscado
en el registro aduanero. 


SINO

Y a fin de cuentas, a todos
se nos va poniendo cara
de muñecos de guiñol.

 


 

miércoles, 13 de septiembre de 2017

EN EL OJO DEL HURACÁN



(Escrito hace dos días, pero he estado incomunicado hasta ahora)

EN EL OJO DEL HURACÁN
No me refiero a otro caso de persecución ideológica, como la semana pasada, sino, literalmente, al Huracán Irma, considerado el más peligroso que ha asolado Norteamérica en las últimas décadas. Por azares del destino me encuentro, mientras escribo estas líneas, en medio de la rugiente “hermana”, y quisiera compartir mi conciencia de vulnerabilidad con el puñado de lectores y voyeurs que me sigue.
         Llegué a Miami el 1 de septiembre a ultimar el libro que tengo entre manos, y el lunes 4 empecé a oír hablar de la amenaza. Al principio me lo tomé a la ligera (ah, estos norteamericanos, tan tremendistas), pero el martes ya me quedó claro que no era moco de pavo. En estos días previos todos los telediarios se centraron en el inexorable avance del huracán caribeño más devastador que se recuerda, que llegaría a Florida el fin de semana. Una cadena se dedicó exclusivamente a seguir su evolución minuto a minuto. El consejo generalizado, en ocasiones mandato, de las autoridades ha sido la evacuación, lo que ha provocado un éxodo masivo de millones de floridianos que han optado por quitarse de en medio. A los que nos hemos quedado nos han urgido a tomar medidas extremas de precaución y almacenamiento de agua y víveres.
         Por deformación cinematográfica, la imaginación convoca escenas de películas del género catastrófico, en las que tanto los que se quedan como los que huyen acaban pereciendo frente el avance devastador de la amenaza (salvo que seas el prota, o incluso ni siquiera). A veces el miedo te hace ver más de lo que hay, pero tampoco conoces el alcance real del peligro, por lo que no sabes si la aprensión es sabia o exagerada. Este ambiguo consejero, el miedo, señala la existencia de peligro, pero no puedes dejarte dominar por él o te paralizará.
         La sensación producida por la tensa espera resulta bastante inédita. Lo más parecido entre mis recuerdos es la antesala de una operación hospitalaria, pero la semejanza es muy incompleta. Supongo que también se acerca, a pequeña escala, a la resignación del soldado que es transportado al frente y sabe que no volverán todos los que salen con él. Afortunadamente para mí, este símil es meramente especulativo.
         En fin, Irma ya está aquí y tras la ventana veo palmeras azotadas, árboles caídos y mucha, muchísima agua. Los telediarios, cuando no se pierde la señal, muestran reporteros empapados arriesgando el pellejo por su empleo, o por una imagen para la posteridad.  En las últimas horas las estimaciones del avance del huracán calculan que su centro se ha desviado hacia el oeste de Florida. En lo que a mi respecta, esto significa menos devastación en la zona donde me resguardo, y un poco más de alivio, pero también es un sentimiento ambiguo. Me acuerdo de una escena de mi infancia, en el Conservatorio de Música de Santander. El profesor de Coral, el Sr. Tavera ­ --quien no consiguió enseñarme casi nada—ha echado una bronca destemplada a uno de clase, no recuerdo quién ni por qué. A la salida, los del grupito de amigos de diez u once años comentamos la jugada. Yo salía algo consternado por el desagradable episodio, pero “Chino” sonreía despreocupado. Cuando le hice notar el contraste, Chino contestó: “Mejor una bronca a otro que a mí”. Tal comentario entonces me pareció muy insolidario, pero hoy, al oír que el ojo de Irma atosiga un poco menos, pienso que todos podemos caer en la misma tentación.
         Y en fin, ya que he acabado parafraseando palabras de lo que para Charles Ryder sería una “fórmula antigua, recién aprendida”, concluiré con otras de la misma fuente, y que quisiera se extendieran a todas la víctimas de cualquier catástrofe: “líbranos del mal”.

domingo, 3 de septiembre de 2017

MUERTE AL DISIDENTE



En mi última entrada me preguntaba si había, tras cuarenta años de costosa democracia, verdadera libertad en España. Pues bien, en el mes de agosto he presenciado un triste caso que lo pone en duda. Se trata de un escritor de un lugar de la Mancha (prefiero no acordarme para no dar más pistas a descerebrados) que con cierta periodicidad escribe en su periódico local columnas de opinión. Nuestro hombre es inteligente y culto, pero, ay, adolece de un defecto imperdonable: es un irredento conservador.
         Pocos días atrás, al hilo de los atentados catalanes, se le ocurrió escribir una columna muy crítica con el Islam, donde se lamentaba de que nuestras autoridades facilitaran cada vez más la penetración de lo islámico al tiempo que cortaban las alas a lo católico. La reacción de colectivos “libertarios” no se hizo esperar: Podemos y otros grupos de izquierda encabezaron una virulenta persecución por delitos de odio y pidieron la cabeza del “islamófobo”. El linchamiento de los bienpensantes se centraba en varios frentes: por un lado, el laboral, pues pedían la suspensión de empleo y sueldo del autor; desde el penal, han anunciado una querella criminal por incitación al odio; desde el intelectual, apoyados por diarios digitales comprometidos con la izquierda, han desprestigiado este y otros escritos anteriores del autor mediante la táctica de la cita descontextualizada y la descalificación a priori. No han faltado insultos personales, pero acaso lo más grave sea la latente amenaza a la vida del autor, pues mediante este revuelo sus promotores están animando tácitamente a que algún integrista se tome la justicia por su mano al estilo Charlie Hebdó.

         Ni que decir tiene que nuestro escritor se encuentra desolado. No calculaba que tendría que pagar un precio tan alto por expresar sus opiniones en una España supuestamente libre. Puede estar equivocado en el fondo o la forma, pero no hay odio en sus críticas, a menos que se defina que todo objeto de crítica es objeto de odio. Desde hace siglos, tras la Ilustración, los cristianos de occidente han tenido que acostumbrarse a oír descalificaciones de su religión. Lo paradójico es que ahora los mismos que abanderan las críticas incendiarias (en ocasiones literalmente) a lo cristiano se erigen en paladines contra quien se atreva a criticar al Islam. Y lo más  chocante es que previamente se arrogan una superioridad moral para consumar el linchamiento, mediante la atribución de innombrables fobias a su víctima.
         Este es un caso patente de acoso y derribo al disidente. Pero no está pasando en China, en Corea del Norte, en Cuba o Venezuela (¿hay algún denominador común entre estos países?): está pasando en la libre España.  Y no se dan muchos más casos porque no hay demasiados disidentes que se atrevan a hablar en público contra los dogmas actuales, quizá por escarmentar en cabezas ajenas. Tal es el poder del miedo. Y aunque no se cumplan las amenazas que han caído sobre nuestro escritor (aún tardaremos un tiempo en descartarlo), sin duda el acoso de esta jauría libertaria con apetito de sangre tendrá efectos a corto plazo. De entrada, nuestro hombre se lo pensará mil veces antes de atreverse a expresarse de nuevo con libertad, esa libertad que nos ha costado tanto ganar y que nuestra Constitución debería garantizar.
         En fin. Consolémonos pensando que “si no la hay, sin duda la habrá”.